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La vuelta al mundo en ochenta días

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La vuelta al mundo en 80 días

Cuando el barco Mongolia llegó al puerto de Suez, el miércoles 9 de octubre, el inspector Fix ya esperaba a los dospasajeros enlas oficinas del muelle. De hecho, solo Picaporte bajó del barco para sellar el pasaporte de su amo. Pero las autoridades exigieron la presencia del titular del documento, el señor Phileas Fogg, que se vio obligado a desembarcar. Mientrasun policía lo interrogaba, en la oficina de al lado, el inspector Fix escuchaba la conversación. El pasaporte estaba en regla y el  cónsul británico en Suez no tuvo más remedio que sellarlo y permitir el viaje. La orden de detención y captura aún no había llegado de Londres, y, por tanto, ni las autoridades pudieron hacer nada para retenerlos. El señor Fogg volvió a su camarote. Picaporte salió a pasear por el muelle antes de que zarpase el Mongolia, y coincidió con el inspector Fix. Se pusieron a hablar como dos turistas que se encuentran en el extranjero. Evidentemente, el inspector no le dijo quién era ni qué hacía allí.

-¿Así que no hacen un viaje de turismo?

-Pues no, señor- explicó Picaporte-. ¡Mi amo se ha propuesto dar la vuelta al mundo en solo 80 días!

-¿Qué me dice? ¿Su amo tiene tanto dinero para pagar un viaje como este?

-Pues sí. ¡Tiene un montón de dinero! ¡Y no le importa gastarlo!

¿Y usted, hace mucho tiempo que lo conoce?

-¡Yo? ¡Poquísimo! ¡Entré a trabajar en su casa el mismo día que empezamos el viaje! Parece increíble, ¿verdad?¡ No sé nada de su vida anterior!

Aquellos comentarios inocentes de Picaporte reafirmaron las sospechas del inspector. Los dos hombres se despidieron cordialmente. Desde aquel momento, el inspector Fix estuvo seguro de que Fhileas Fogg era el hombre que buscaba: el ladrón disfrazado de gentleman. Y decidió subir al Mongolia con ellos para no perderlos de vista hasta Bombay, donde estaba previsto la siguiente escala del barco. Allí esperaría la orden de arresto para detenerlo, puesto que los ingleses habían ocupado India en 1756 y el Imperio británico tenía gobernadores en las ciudades más importantes de ese país ¿A qué se dedicó el señor Fogg durante los trece días que duró la travesía? No se preocupaba por el estado del mar Rojo, a menudo alborotado, ni por los fuertes vientos que soplaban u movían el barco de un lado para otro. No.  El señor Fogg, tranquilo y educado como siempre se dedicaba a jugar a las cartas con otros pasajeros ingleses tan distinguidos como él. Una mañana mientras paseaba por la cubierta, Picaporte se encontró con el inspector Fix. Se sorprendió de ello, pero no se preocupó. El inspector quería saber si Fogg salía de su camarote y le preguntó a Picaporte:

-¿Está seguro de que el señor Fogg hace este viaje sólo para ganar una apuesta? ¿No es un simple pretexto para ocultar unas intenciones que nosotros ignoramos?

-¡Le aseguro que no, señor mío!

Finalmente, el barco llegó a la costa de la India y fue bordeándola hasta Bombay. Picaporte pudo admirar las construcciones indias, la vestimenta de la gente y la mezcla de razas. Pero todo ello desde cubierta, por supuesto, porque su amo y él sólo bajaban del Mongolia para ir a sellar los picaportes. Llegaron a Bombay el 20 de octubre, sin novedad. Es más: habían ganado dos días. Desde Bombay salía el tren hacia Calcuta que Fogg y su criado tenían previsto coger. El inspector Fix supo que la policía de Bombay no había recibido la orden de arresto contra Fogg, y no paraba de pensar en la forma de retenerlo antes de que cogiese el tren. Mientras el señor Fogg cenaba en la estación, Picaporte fue a pasear por la ciudad y a comprar la ropa que su amo le había encargado. El ambiente de las calles lo fascinaba. Aprovechó para entrar en una pagoda, pero no se quitó los zapatos y eso molestó a los sacerdotes.

-¡Un turista! ¡Y además calzado!- exclamaron. Se echaron encima de él y le quitaron los zapatos y los calcetines. Picaporte repartió tres o cuatro puñetazos y después escapó corriendo. Llegó a la estación descalzo y sin aliento, cuando el tren estaba a punto de arrancar. En el compartimiento de Phileas Fogg y Picaporte viajaba también sir Francis Cromarty, un general del ejército británico que vivía en la India desde joven. Conocía la manera de ser de los indios, sus costumbres y sus tradiciones, tan bien como si fuera uno de ellos. Sir Francis había llegado a Bombay en el Mongolia, donde había conocido a Phileas Fogg.

-¡Usted no viaja, señor! ¡Usted da una circunferencia!- le había comentado sir Francis a Fogg cuando supo el motivo de su aventura. Al cabo de un par de días, el tren hizo una parada en Burhanpur. Picaporte la aprovechó para comprar unas babuchas en la estación. Poco a poco había cambiado de forma de pensar y cada vez le entusiasmaba más la apuesta de su amo, y sufría tanto como él por los posibles retrasos o accidentes. Un día, sir Francis le explicó el problema horario:

-Cuando más avanzamos hacia el este, los días son más cortos y ganamos horas. Debería cambiar la hora de su reloj: ¡ya llevamos cuatro horas de diferencia con respecto a Londres!

Pero Picaporte, aunque lo entendió, decidió no cambiar la hora de su reloj y conservar la de Londres como referencia. A las ocho de la mañana del día 22 de octubre, el tren se detuvo en la estación de Kholby. La línea férrea terminaba en aquel punto, porque el tendido de las vías no estaba acabado. Al parecer todo el mundo lo sabía, menos Fogg y sus acompañantes.

-Tendremos que hacer el trayecto entre Lholby y Allahabad en otro medio de transporte- informó sir Francis después de hablar con el maquinista del tren detenido-. Hay unas 50 millas de distancia y. si aún las encontramos, podemos disponer de carretas tiradas por cebúes o ponis, o de vehículos de cuatro ruedas que aquí llaman palki-ghatris… O bien a pie.

-¿Y si intentamos encontrar un elefante?- propuso Picaporte. Fogg tomó en consideración esta idea después de comprobar que en todo el pueblo no quedaba ningún transporte disponible.  El elefante que encontraron tenía amo, naturalmente, y estaba domesticado. Su alquiler era caro, pero había pocos elefantes. A estos animales les cuesta reproducirse en cautividad y quien tiene uno es porque lo ha cazado en la selva, lo que, como se puede imaginar, resulta muy difícil.

El propietario del elefante no quería alquilarlo así como así, quería hacer negocio con él. De tal manera que no aceptó el precio que le propuso Fogg, quien tuvo que aumentarlo poco a poco ante las negativas del indio. Finalmente llegaron a un acuerdo: el gentleman pagaría 2.000 libras por el animal. Picaporte se echó las manos a la cabeza: ¡nunca hubiera imaginado que un elefante fuera tan caro! Phileas  Fogg también contrató un guía: un joven que conocía bien la ruta. Cuando lo tuvieron todo listo, se pusieron en marcha. Fogg y sir Francis Cromarty se sentaron en los asientos dispuestos a ambos lados del cuerpo del elefante y Picaporte, montó directamente en el lomo. Sobre el cuello del elefante se sentaba el guía, que los condujo por un atajo. Cruzaron Bundelkund, una zona peligrosa porque estaba llena de fanáticos que practicaban las costumbres más salvajes de la religión hindú. Así que no podían descuidarse. Durante la primera jornada no sufrieron ningún incidente, excepto los saltos, los botes, los golpes y los contragolpes causados por el movimiento del animal. La noche también resultó tranquila, y los cuatro se tumbaron alrededor de una hoguera que el guía había encendido. Al día siguiente, sin embargo, mientras atravesaban un espeso bosque, el elefante se mostró nervioso: unos ruidos y unos gritos lo alarmaron. Se ocultaron entre la vegetación y vieron una extraña procesión. Al frente de ella iba un grupo de sacerdotes rodeados de hombres, mujeres y niños que recitaban una especie de plegaria y tocaban unos tambores. Detrás de ellos iba un carro con una estatua espantosa, de color rojo oscuro. Representaba a una mujer con cuatro brazos, de aspecto feroz, con el cabello alborotado y la lengua fuera: la diosa Kali.

Alrededor del carro caminaban unos faquires. Tras ellos unos soldados llevaban a una prisionera, una joven de piel blanca y cubierta de joyas. A duras penas se mantenía en pie, como si le hubiesen dado alguna droga.

Detrás iban unos guardias armados que llevaban un bulto sobre una plataforma. Era el cadáver de un hombre viejo, vestido con ropas adornadas con brillantes y con un turbante en la cabeza. Cerraba la procesión un grupo de músicos, y más hombres y mujeres que gritaban como locos.

-¡Un sutty!- exclamó sir Francis.

-¿Qué es eso?- preguntó Fogg, con curiosidad.

-Un sutty es un sacrificio humano, señor Fogg. A esa mujer la quemaran mañana a primera hora. El cadáver es el de su marido. Según las costumbres de esta gente, cuando el marido muere, la viuda sólo puede hacer dos cosas: o bien morir voluntariamente con el hombre, o bien convertirse en una pordiosera y ser tratada como un perro.

-Pero en este caso- intervino el joven guía-, el sacrificio no es voluntario. Todos conocemos la historia de la bella Aouda. Pertenece a una familia acomodada de Bombay, y se ha educado a la manera occidental. Pero quedó huérfana y la obligaron a casarse con el viejo rajá de Bundelkund. Tres meses después, su marido murió, y ella huyó porque sabía la suerte que le esperaba. Pero la atraparon enseguida, y ahora, quiera o no quiera, morirá.

-¡Qué injusticia!- dijo Picaporte impresionado.

-La salvaremos- decidió Phileas Fogg.

-Veo que tiene buen corazón, señor Fogg- dijo sir Francis con admiración.

-A veces. Solo cuando dispongo de tiempo- respondió Fogg con la calma acostumbrada.

Vocabulario:

Cónsul: representante de un gobierno en una ciudad extranjera que se encarga de proteger los intereses de las personas de su país. Camarote: pequeña habitación de un barco que sirve de dormitorio. Zarpar: un barco zarpa cuando hace subir a bordo el ancla para empezar a navegar. Hacer escala: un barco hace escala cuando se para en un puerto para que suban o viajen pasajeros antes de llegar a su destino. Pagoda: templo formado por torres, una sobre otra, cada vez más pequeñas. Es una construcción característica de la India, China y Japón. Babuchas: zapatillas de suela delgada, sin tacón y abiertas por detrás. La milla terrestre es una unidad de longitud que equivale a unos 1600 metros. El cebú es un mamífero parecido al toro, pero más pequeño, con joroba y cuernos muy largos. El palki-.ghari es un vehículo típico de la India, de cuatro ruedas y cuatro platas tirado por dos caballos. La religión indú o hinduismo es la religión típica de la India. Cabello alborotado: Si lo lleva despeinado y enredado. Faquir: es un mago que camina descalzo sobre vidrios o brasas, se acuesta en una cama de clavos… Dicen que no siente dolor. Un rajá es un príncipe de la India.

Actividades:

1. Resume brevemente el fragmento anterior. Utiliza expresiones y conectores. La historia narra lo que le sucede a Fogg… El personaje se dirige a…. donde. En este capítulo se nos narra/ cuenta/ acaece que/ se dice que…. Seguidamente/ a continuación/ después… Por una parte, por otra… Más tarde. Es obvio que Fogg… Ante tal situación, decide… Sucede entonces que…

2. ¿Qué tipo de narrador aparece? ¿En primera o tercera persona?

3. ¿En qué lugares suceden los hechos? Elige una de las ciudades nombradas y realiza un pequeño folleto publicitario en el que invites a los turistas a visitarla.

4. ¿A qué categoría gramatical pertenecen las  palabras subrayadas en el texto?

5. Analiza sintácticamente las siguientes oraciones: Un rajá
es un príncipe de la India.  Todos conocemos la historia de la bella Aouda.

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