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La vuelta al cole

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¡La vuelta al cole!

¡Ay! Se acabó lo bueno. Después del Crucero de una semana y de estar aquí en casa y no creáis que he estado precisamente “tumbada a la bartola”, pues hemos estado pintando, ahora toca volver a las clases. De hecho tengo muchísima tela este fin de semana: los exámenes de recuperación de septiembre y sus correspondientes trabajos. La verdad es que no me esperaba que algunos alumnos –que durante el curso apenas se han involucrado en la clase y no han pegado ni golpe- me hayan entregado los trabajos, incluso algunos pulcramente escritos. Hasta los textos –si ya sé de quién os habéis acordado estas vacaciones-, pero ya sabéis lo importante que es desarrollar la competencia escrita. Si no leéis ni escribís adecuadamente, entonces ¿para qué creéis que os servirá el sufrido Complemento Directo? Sí, reconozco que ha sido una sorpresa ver esa letra de imprenta y que he creído tocar el paraíso. Pero chicos, hay que fijarse…. ¿Os habéis dado cuenta de los errores? ¿Habéis desempolvado el libro? He visto muchos errores, tal vez demasiados y el lamento de tantos arañazos se ha cargado a Euforia. Estaba aquí a mi lado, pero la muy maleducada, se ha largado sin decir ni pio.

 

Y por si fuera poco, este año tengo más niveles curriculares. Pero, ¡eh!, no creías que voy a quejarme o a poner el grito en cielo, porque yo no soy así. En realidad estoy contenta. Casi me había olvidado de mis queridos alumnos de 3º ESO y no digamos nada, de los alumnos de 1º de Bachillerato científico que vuelven a mi casa, como hijos pródigos. Por supuesto, también continúo dando 1º de la ESO. Así que con tanto empacho curricular, tendré que ponerme las pilas. De hecho ya he comenzado. Estoy releyendo los libros de textos, desempolvando apuntes y releyendo mis queridas obras clásicas. Desconozco los libros que propondrá el Departamento como lecturas, tal vez  este año no me comporte como la “enfant terrible” que se salta las reglas y siga los preceptos religiosamente. Eso de llevar a clase tus propios libros y repartirlos a los alumnos, según sus gustos o aficiones,  puede resultar agotador. Tantas lecturas diversas, tantas propuestas de exámenes o trabajos… Es extenuarte. Ya sé que yo misma lo he creído la panacea de los remedios, el remedio eficaz para despertar neuronas y “revolucionar” conciencias, pero este año he decidido no jugar a los malabarismos y aceptar las normas. Y si hay que leer a los clásicos, pues ayudaré a mis alumnos a que pongan la mano en el fuego. ¡Prometo no chamuscarlos! Siempre es un placer esa vuelta de tuerca y si alguno lo desconocía que yo soy la fans número uno de La Celestina, por poner un ejemplo. Mi dulce Melibea, volvemos a cruzarnos en el camino.

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