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Volverás a Región, Juan Benet. La narrativa de los sesentas

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Juan Benet

 

Aunque por edad pertenece a la llamada generación de medio siglo nunca se integró en su corriente estética. Por el contrario se orientó hacia la experimentación formal llevada al extremos. Buen conocedor de los grandes renovadores de la novela contemporánea se le relaciona con Proust, Kafka y Faulkner. Su primer libro fue una recopilación de relatos (Nunca llegarás a nada, 1961), siete años más tarde aparece Volverás a Región.

 

El autor crea en ella un espacio simbólico al que regresa una mujer. Allí se entrevista con el doctor y entre ambos se establecen se establece la comunicación, aunque más que de diálogos, tendríamos que hablar de largos monólogos, en los personajes hablan de sus experiencias vitales, de la guerra civil, de sus avatares amorosos, presididos por el azar que domina sus vidas.

 

La estructura es tan compleja que difícilmente puede reconstruirse la línea argumental. Se distinguen dos anécdotas paralelas: la guerra civil y la aventura de un jugador donjuanesco poseedor de una moneda mágica con la que consigue ganar en un juego de cartas al coronel, desposeyéndolo de este modo de su dinero y de amante. Son pues el juego y la guerra los elementos que rigen y dominan el destino de los hombres.

En cuanto a la perspectiva esta es triple: la del narrador, impersonal y aparentemente objetiva; la del doctor, cuyos juicios se corresponden con los del autor y, finalmente, la de la hija de Gamallo que cuenta sus experiencias vitales en el conflicto.

 

El mismo argumento aunque más difuminado aparece en Una meditación, donde salvo algunos momentos alusivos a la guerra, la reflexión ocupa el libro. En el interrumpido monólogo se evocan experiencias infantiles, decadenccias familiares y la ruína. Benet recoge a través de la memoria del meditador todo el mundo generacional, social y familiar de Región, trasunto de la España contemporánea.  Con estas novela se inicia un ciclo novelesco centrado en ese pasiasaje simbólico de Región, ahí todo parece poblado por la ruina y la destrucción física y moral, que se convierten en constantes leitmotivs.

 

En general sus argumentos se caracterizan por la desfiguración espacio-temporal de una historia que carece de linealidad, deliberadamente camuflada en literatura críptica. En sus novelas, el asunto es lo que menos importa, lo importante es la disertación intelectual sobre algunos de los motivos literarios: el tiempo, la muerte, la historia, el sentimiento.

Sus argumentos caracterizados por la desfiguración espacio-temporal con una historia carente de linealidad y deliberadamente camuflada se convierten a menudo en literatura críptica. En las novelas el asunto importa menos que esa especie de disertación muy intelectualizada sobre una constelación de temas: el tiempo, la muerte, la historia, el sentimiento.

 

Otras obras del autor: Una tumba, Un viaje de invierno, Saúl ante Samuel, El aire de un crimen, etc.Por otra parte sos de destacar sus ensayos: Puerta de la tierra; El ángel del Señor abandona a Tobías, Del pozo y del Numo, etc.

 

Volverás a región Fragmento

 

La gente de Región ha optado por olvidar su propia historia: muy pocos deben conservar una idea veraz de sus padres, de sus primeros pasos, de una edad dorada y adolescente que terminó de súbito en un momento de estupor y abandono. Tal vez la decadencia empieza una manañana de las postrimerías del verano con una reunión de militares, jinetes y rastreadores dispuestos a batir el monde en busca de un jugador de la fortuna, el donjuán extranjero que una noche de casino se levantó – con su honor y su dinero; la decadencia no es más que eso, la memoria y la polvareda de aquella cabalgata por el camino del Torce, el frenesí de una sociedad agotada y dispuesta a creer que iba a recobrar el honor ausente en una barranca de la sierra, un montón de piezas de nácar y una venganza de sangre. A partir de entonces la memoria es un dedo tembloroso que unos años más tarde descorrerá los estores agujereados de la ventana del comedor para señalar la silueta orgullosa, temible y lejana del Monje donde, al parecer, han ido a perderse y concentrarse todas las ilusiones adolescentes que huyeron con el ruido de los caballos y los carruajes, que resucitan enfermas con el sonido de los motores y el eco de los disparos mezclado al silbido de las espadañas al igual que en los días finales de aquella edad sin razón quedó unido al sonido acerbo y evocativo de triángulos y xilófonos. Porque el conocimiento disimula al tiempo que el recuerdo arde: con el zumbido del motor todo el pasado, las figuras de una familia y una adolescencia inerte, momificadas en un gesto de dolor tras la desaparición de los jinetes, se agita de nuevo con un mortuorio temblor: un frailero rechina y una puerta vacila, introduciendo desde el jardín abandonado una brisa de olor medicinal que hincha otra vez los agujereados estores, mostrando el abandono de esa casa y el vació de este presente en el que, de tanto en tanto, resuena el eco de las caballerías. Cuando la puerta se cerró – en silencio, sin unir el horror a la fatalidad ni el miedo a la resignación – se había disipado la polvoreda: había salido el sol y el abandono de Región se hizo más patente: sopló un aire caliente como el aliento senil de aquel viejo y lanudo numa, armado de una carabina, que en lo sucesivo guardará el bosque, velando noche y día por toda la extensión de la finca, disparando con infalible puntería cada vez que unos pasos en la hojaresca o los supiros de una alma cansada, roben la tranquilidad del lugar.

 

Juan Benet

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