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El viaje de “Luchy Dragon”, Jack Bennet.

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Busca el significado de las palabras que aparecen en negrita.

Analiza morfológicamente el siguiente fragmento:_

Pero para los dueños de los puestos se trataba simplemente de un grupo de viajeros, sucios y evidentemente cansados, así que prestaron poca atención a la familia mientras esta se reponía y se animaba para el siguiente movimiento. Un movimiento que les iba a poner a todos ellos, final e irrevocablemente fuera de la ley.

Escribe una continuación de la historia.

Justifica los acentos del primer párrafo.

 

Fan Thi Chi cerró los postigos por última vez a las siete de la tarde del sábado. Él, su mujer y su hija comieron un poco de arroz frío y bebieron un vaso de té, recogieron las bolsas y salieron discretamente por la puerta trasera. Dejaron encendida la luz de la cocina, de forma que los transeúntes curiosos – y en esos días había muchos- creyesen que la familia estaba viendo la televisión en la cocina como siempre. Después atravesaron callejuelas oscuras llenas de la basura del día y calles secundarias mal iluminadas. y poco a poco, se fueron alejando del número 13 de Bach Dang, en Gia- Dinh, su hogar durante muchos años. Estaban demasiado asustados para sentir pena.

En la tienda vacía se asomaron con mucho cuidado las grandes cucarachas. Movían las antenas nerviosamente como si esperasen una trampa. Después se envalentonaron y pronto sus carreras se convirtieron en un suave susurro por toda la tienda y las escaleras, hasta las habitaciones vacías del piso de arriba. Era como un sonido de hojas secas que vuelan.

Al cabo de un rato también salió una rata. Una rata grande, gorda, de color castaño, que trepó a la mesa y vio los restos de la última comida de la familia. Se comió el arroz con delicadeza, mientras observaba, con ojos tan brillantes como pedacitos de zafiro, a las atareadas cucarachas.

De modo que todos llegaron a Rach Gia. En tren, en autobús, en barco, en ferry y en carrito. Ah Sung habría utilizado hasta un rickhaw, si le hubiese hecho falta, y si todavía existiera ese vergonzoso vehículo. Pero los grandes y viejos autobuses japoneses llevaron a ella y a la tía Bihn a Rach Gia la mañana del lunes muy temprano. Tuvieron tiempo para lavarse la cara y cepillarse el pelo. Por el polvo rojizo, parecía que las mujeres llevaban en la cabeza un casquete sin gracia. Ah Sung era una mujer mayor. Había pasado las últimas veinticuatro horas de forma muy incómoda. Los autobuses de Vietnam del Sur son viejos, están escacharrados y mal de ballestas. Ah Sung había ido de pie durante más de doscientos kilómetros para que la tía Bihn pudiese meterse en los únicos centímetros de asiento disponible. El domingo por la mañana, Ah Sung se sintió feliz cuando encontró agua hirviendo, en el recinto gris arenoso, maloliente a causa de las aguas residuales, de una estación del norte de los autobuses de My Tho. con ella hizo varias tazas de té para ella y para la debilitada tía Bihn y calentó un poco de arroz. Cuando terminaron de comer se lavó la cara y también lavó a tía Bihn. Después se estiró la falda negra, que se había arrugado terriblemente durante la noche, y se limpió algunas manchas de la blusa. cuando el autobús comenzó la etapa siguiente del viaje dando botes en dirección al suroeste, Ah Sung estaba tan fresca, tan lista y fuerte como siempre. Solamente alguien que la conociese muy bien (y todos ellos habían muerto hacia tanto tiempo, debido a la edad, a la pobreza, la guerra o las enfermedades) se habría dado cuenta de que había unas pocas arrugas mas alrededor de sus ojos y de que el rostro parecía un poco más cansado. Pero, ¿quién nota esas cosas en el rostro de los criados? Los criados son como las madres. Ah Sung no había sido madre nunca, aunque siempre había sido criada. Y como a la madre, siempre la habían visto igual. Ah Sung siempre estuvo con ellos. Y este húmedo lunes en Rach Gia, Ah Sung estaba todavía con ellos.

Y ahí estaba en la polvorienta plaza cerca de la oficina de correos cuando Fan Thi Chi llegó, con calor, cansado, con su mujer y su hija. Estaba ahí con el tío Tan, con ganas de bromear todavía a pesar del cansancio que mostraba su rostro y del dolor que tenía en el muñón que parecía arderle, llegó con Quan.

Poco a poco la familia se encaminó hacia las mesitas y los puestos de comida que había a la sombra de los árboles. Encontraron tres mesas apartadas de la calle, y despacio, cuando vieron que nadie se fijaba en ellos, pidieron te y arroz con verdura e hicieron una comida sencilla y barata. Hablaron en voz baja. Pero para los dueños de los puestos se trataba simplemente de un grupo de viajeros, sucios y evidentemente cansados, así que prestaron poca atención a la familia mientras esta se reponía y se animaba para el siguiente movimiento. Un movimiento que les iba a poner a todos ellos, final e irrevocablemente fuera de la ley.

El viaje de “Luchy Dragon”, Jack Bennet.

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