Avisar de contenido inadecuado

Transforma el romance del conde Olinos en un texto narrativo

{
}

 

El Conde Olinos

Érase una vez una reina que había perdido la voz. Todo el reino se preguntaba por qué, después de la fatídica muerte de su hija, ella había perdido la voz, por qué nunca más se había oído el sonido cortante de sus palabras, ninguno de sus sirvientes había vuelto a palidecer después de sentir esos sonidos estridentes que escupía su boca.  Ella parecía impasible ante el paso de los días y más de uno la había visto llorar, mientras miraba por la ventana de su alcoba.

<<Aún me acuerdo de ellos. Siempre tan enamorados, aún recuerdo aquellas tiernas flores que corté, por culpa de un arrebato de ira>>

Ella, esa paloma; él, el fuerte gavilán.

Él murió a media noche; mi hija, cuando los gallos comenzaron a cantar.

<<Tan enamorados estaban. ¿Cómo pudo cegarme la ira? ¡Ay!, me equivoqué. Corté la rosa y el tulipán con mis propias manos, los prive de su último aliento. ¡Pobre del conde Olinos y pobre de mi hija a la que también llegué a matar!

La reina no podía borrar aquel dulce momento que ella había quebrado, cuando el conde Olinos se detenía cerca de palacio y cantaba con aquella dulce voz, para que su hija lo escuchase. No los dejé casarse. ¡Demasiado tarde para rectificar!

Así seguía el curso de sus tristes pensamientos. La llaga del tiempo se abría y el abismo de su corazón era como un pantano de arenas movedizas. ¡Cuán insensatas sus manos!¡Cuán dolorosos los recuerdos!

Ella misma cavó sus tumbas, ella los estranguló con sus propias manos, secó las raíces de sus sueños. Pero aquella mañana… El sol parecía sonreírle, parecía llamarla a través del cristal de la ventana. La reina la abrió y dejó que sus rayos la acariciaran. Entonces lo vio, el gavilán bajó majestuoso y se posó en el alfeizar de la ventana. Sus ojos negros le recordaron otros, tan hermosos, tan altivos.

-¡Conde!- casi chilló.

Ni siquiera pudo contestar. Una paloma cayó en picado y se posó en su mano. Su pico apenas le rozó las yemas de los dedos. El corazón le dio un vuelco.

-¡Hija! ¡Hija mía! Quiso llamarla con todas sus fuerzas, quiso pedirle perdón, pero la vergüenza le atenazó la garganta, hasta asfixiarla. Su propia crueldad selló sus labios para siempre. Desde aquella mañana ni una sola palabra volvió a salir de sus labios, ninguna orden volvió a sesgar el aire como un cuchillo afilado, ninguna orden volvió a herir el dulce canto de los enamorados.

Pablo Picazo.

 

Más allá del amor

 

Érase una vez un conde, conocido como el conde Olinos, que paseaba junto a su caballo por la orilla del mar,  la mañana de San Juan.

Mientras disfrutaba del paisaje, empezó a cantar una voz tan dulce que la propia reina se paró a escucharlo, creyendo que era el dulce canto de una sirena. Fue la propia princesa la que confesó la verdad: era la voz de su gran amor, la triste pena de su enamorado.

Cuando la reina escuchó lo que la hija dijo; ella le comunicó que puesto que no tenía sangre real, su amor era imposible. Nunca podrían unirse en matrimonio, lo mandaría matar por su atrevimiento.

Aunque la princesa suplicó, la madre no quiso escucharla. Encerró a su hija en la torre más alta del castillo y ejecutó su insensible orden. El conde murió a la media noche y al día siguiente, cuando los gallos empezaron a cantar, la primogénita murió, ante la consternación de la reina.

Como ella era de sangre real, la enterraron en el altar y a él, lo enterraron unos pasos más atrás, puesto que era hijo de condes.

Después de un tiempo, de la princesa nació una rosa y del conde, un tulipán. La reina mandó las flores, porque estaba celosa. Finalmente, como el amor supero la maldad de la reina, volvieron a nacer de la princesa, una paloma y del Conde, un gavilán. Ambos surcaron el cielo, y día a día fueron creando un sendero de palabras, bellas palabras que ninguna espada pudiera sesgar.    

Robert, 1º F

Amoríos complicadillos

Érase una historia que no sé cuándo ocurrió, debéis ser vosotros mis queridos lectores los que tenéis que hacer uso del músculo de la imaginación para colocarla en la balanza del tiempo.

En aquel tiempo desconocido había una princesa joven de pelo largo y brillantes ojos tan claros como el mar, finas pestañas y vestidos con olor a azahar.

Un día necesitaba ayuda para ponerse un vestido y llamó a la sirvienta, pero ésta estaba ocupada, así que fue su propia madre, la reina, la que fue a socorrerla. Por las escaleras oía un canto dulce y agudo que le erizaba el pelo de los brazos.

Cuando entró en el cuarto de su hija le comentó:

-Hija, ¿oyes el maravilloso canto de la sirena?

-No, mamá, es el hijo de los condes llamándome para que baje a abrirle la puerta.

-No bajarás, hija, no le dejes entrar.

-¡Ay! Puñetas, déjale al pobre pasar. Él me quiere y yo le amo, ¿por qué no le dejas   entrar?

La madre, enojada y nerviosa, salió de la habitación como un rayo y ordenó a los guardias que encerraran a la princesa en la torre más alta y que al hijo de los condes hicieran matar.

La niña, que oyó todo, se puso a llorar. Y entre sollozos le gritó a su madre por las escaleras.

                -Madre, ¡si lo matas me suicido!

Pero fue en vano, ya que la reina ya no la oía.

A media noche la niña escuchó el grito de su amado y reaccionó cogiendo una horquilla de oro y clavándosela en el corazón. Murieron los dos en el acto.

Al enterrarlos a pocos metros de sí, salió de su tumba una rosa, tan hermosa que daba gozo mirarla; hasta que la reina vio con cuanto mimo se enredaba con el tulipán que había brotado de la tumba del conde.

La madre, todavía enfadada y triste a la vez por lo sucedido, cortó las dos flores y se las dio a comer a las vacas.

Pero el amor de los dos jóvenes no podía esperar. Entonces de la princesa nació una tierna paloma y del niño, un gavilán. Las dos aves volaron hasta el fin del mundo y allí construyeron libremente ese nido de amor, sin que la reina pudiera jamás encontrarlos, pues todos aquellos que salieron en su busca, perecieron en el intento.

Ana, 1º F

{
}
{
}

Comentarios Transforma el romance del conde Olinos en un texto narrativo

Deja tu comentario Transforma el romance del conde Olinos en un texto narrativo

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.