Avisar de contenido inadecuado

Traición, Scott Westerfeld

{
}

-Pero no te han cambiado la sangre. Sea como sea, compartimos eso…

Por fin, Peris la miró directamente a la cara, sin dar un respingo como ella temía, y le dedicó una hermosa sonrisa.

-No, no me la han cambiado. Una piel no es nada del otro mundo. Y dentro de tres meses podremos reírnos de esto. (…)

 

Traición

 

¿Cómo te sentirías si durante tu infancia y adolescencia las personas de tu entorno pusiesen el dedo en la yaga de tus imperfecciones?  En ese período de aprendizaje se te convence sutilmente de las ventajas de una operación que te transformará en perfecto/a, y te dará acceso al mundo de Nueva Belleza.  Sólo deseas cumplir 16 años para que se produzca la anhelada operación  que permitirá “vivir la vida”. Será entonces cuando podrás aprovechar el mundo, cuando vivas fiestas interminables y seas feliz junto a los perfectos. A partir de ese momento ya nada podrá angustiarte, todo te lo darán hecho, no tendrás que trabajar ni preocuparte por  qué sucederá mañana. Cualquier adolescente entraría con los ojos vendados, en la máquina de tortura si todo eso fuera cierto.

En ese mundo perfecto en miniatura Scott Westerfeld (Texas, 1963) construye los parámetros de una historia de ciencia-ficción que nos recuerda a las obras ya clásicas del género (Un mundo feliz, Farenheit 451, etc.) aunque aquí obvie las respuestas, pues lo que le preocupa es estimular la reflexión ética de los adolescentes, que sean ellos los que  extraigan sus propias conclusiones.

Tally, la protagonista, ha vivido toda su vida pendiente de esa anhelada “ceremonia de iniciación adulta”, que transformará su cuerpo, borrará todas las imperfecciones y la transformará en una joven bellísima. Lo que al autor le interesa es plantear las reacciones, dudas, miedos y decisiones que la asaltan cuando la burbuja protectora se desmorona.  Si quiere acceder a ese  mundo de ensueño deberá traicionar a Shay, su nueva amiga. Shay se lo ha dicho con claridad, ella no desea que la transformen en una muñeca perfecta, no desea ser un eslabón frío ni que la liguen a la cadena. Según ella la operación se llevará consigo su identidad y no está dispuesta a consentirlo; es más, piensa huir a “Humo”, el único territorio virgen que queda, la ciudad en la viven los que luchan por mantener limpia de “perfecciones” su libertad.

Tally se presta al juego, aunque las dudas le correen, emprende la “fuga” porque nada puede ser más terrible que la amputación social. Sigue las propias indicaciones de su amiga, algunas incluso absurdas en apariencia. Tiene que cruzar el abismo, cometer errores, escoger “el lado que desprecias”, incluso mirarle a los ojos al “pirómano”. Esa bajada a los infiernos simbólica le sirve al autor para mostrarnos el micro-cosmos, espacios donde poder ligar la crítica implícita y ecologista que aparece diseminada a lo largo de la obra.  Además las situaciones extremas ahondan en la psicología de la protagonista, en la inconsciencia de la juventud, en su valentía.

Pero parece ser que la doctora Cole, no ha previsto cómo pueden afectarnos los sentimientos, cómo la debilidad humana puede torcer nuestras convicciones.  Allí conoce a David y se enamora. Es él quien le abre los ojos; si lo traiciona, traiciona la confianza que ha depositado en ella. Ella no puede aplastar los sueños  de todos esos seres que la han recibido con los brazos abiertos. David le cuenta el secreto: la operación provoca imperceptibles lesiones cerebrales que ahogan nuestras íntimas motivaciones en un mar sin arenas movedizas. El autor logra en todo momento conectar con los adolescentes, desenmascara sus obsesiones más íntimas, nos presenta lo que piensan y sienten a través de los diálogos que desarrollan los personajes.  Esos diálogos son una de las fuerzas motrices que mueven el engranaje de la trama, los que hacen más verosímiles las dudas y obsesiones de la protagonista.

Los personajes conforman pues una telaraña en torno a la protagonista: la malvada doctora Cole, Shay, David. En ocasiones sus reacciones nos plantean dudas, como la aparente abnegación que siente David por Tally, que aunque marca las reacciones de los protagonistas, resulta poco creíble en un líder que pretende preservar su ciudad de los intrusos.

            La novela nos abre muchos interrogantes. Denuncia el culto a la belleza que sesga la identidad, el dirigismo que succiona las mentes, la impunidad con la que actúan quienes pretenden transformarnos en máquinas indoloras, la mano del hombre que asfixia los recursos de la naturaleza.  Es una obra que aproxima la ciencia ficción a los jóvenes pues plantea dilemas que ellos pueden entender y lo hace con una naturalidad innata.  Tal vez le falta una mayor profundización en la temática, pero es evidente que el autor no busca ofrecer consignas ni soluciones, sino abrir mentes, invitar a los jóvenes para que sean ellos los que encuentren las respuestas.

            Traición (Uglies), es la primera parte de una tetralogía de la que la editorial Montena ya ha publicado la segunda parte, Perfección. Una obra que ha creado muchas expectativas y que será también llevada al cine, pues la Fox ha comprado sus derechos.

 En Perfección, su segunda parte, el autor se adentra en la punta del iceberg, en ese mundo perfecto que ha absorbido a las dos protagonistas. Tally y Shay, parecen haber olvidado su vida pasada, las traiciones y rencillas del pasado se han eclipsado. Ambas son ahora perfectas y su universo se reduce a ser “chispeantes”.  Lo único que desean es que el grupo de Zane las admita como iguales, la aceptación del grupo más irreverente de todos, algo que pueden entender a la perfección los adolescentes de hoy en día. Parece ser que la fama de sus correrías pasadas son las que garantizan su entrada en el círculo de los “rebeldes”, los jóvenes habituados a hacer de las suyas en un mundo que se mueve entre algodones.

            Pero nuevamente su mundo se tambalea cuando se encuentra a Croy (que se cuela en la fiesta de disfraces), él tiene un mensaje para ella. El pasado la zahiere cuando descubre la nota que ella escribió de su puño y letra. Su estancia en Nueva Belleza no es gratuita. Ella accedió a la operación para probar una cura, se ofreció como conejillo de indias para probar  un medicamento experimental. A partir de ahí el autor vuelve a demostrar su pericia a la hora de retratar las reacciones de los personajes. El apoyo de Zane, el histerismo de Shay, la visita de la doctora Cole, el abandono de Peris. Todos esos pasajes crean horizontes de expectativas, que se van resolviendo con solvencia, ya que los diálogos vuelven a ser cruciales. Una vez la protagonista sale de la ciudad, la narración se difumina en exceso, los acontecimientos son lentos, y nos cuesta asumir su credibilidad: como sucede con el encuentro de los “preoxidados” que la consideran un dios, etc. No sabemos muy bien a dónde se dirigen las digresiones, los continuos altos en el camino. Sin duda la obra hubiera cobrado mayor vitalidad, si el autor hubiese agilizado el desarrollo de los acontecimientos, en lugar de ralentizarlos.

            No obstante nos encontramos con una historia digna, que consigue que nos miremos el ombligo. Nos invita a adentrarnos en esa rica belleza interior, en la que oscilan nuestras emociones. El autor invita a los adolescentes a que descubran cuáles son los roles que nos identifican como seres humanos, con que papeles debemos presentarnos a la fiesta de la madurez.

Aghata

 

La operación

 

Cuando llegó el día, Tally esperó sola el coche.

Al día siguiente, cuando la operación hubiese terminado, sus padres estarían esperándola en la puerta del hospital, junto a Peris y sus amigos mayores. Esa era la tradición. Era extraño que no hubiese nadie para despedirla. No había nadie para decirle adiós, sólo unos cuantos imperfectos que pasaban por allí. Ahora le parecían muy jóvenes, sobre todo los recién llegados de la nueva promoción, que la miraban boquiabiertos como si fuese un viejo dinosaurio.

Siempre le había gustado mucho ser independiente, pero ahora se sentía como la última pequeña que venían a buscar a la escuela, abandonada y sola. Septiembre era un mal mes para nacer.

-Eres Tally, ¿verdad?

Ella levantó la mirada. Era un nuevo imperfecto que se adaptaba con torpeza a la estatura poco familiar y que daba tirones al uniforme de su residencia como si ya le quedase demasiado ajustado.

-Sí.

-¿No eres tú la que va a convertirse hoy?

-Soy yo, Pequeñajo.

- ¿Y cómo es que pareces tan triste?

Tally se encogió de hombros. De todos modos, ¿qué podía entender aquel medio pequeño, aquel medio imperfecto? Pensó en lo que Shay había dicho de la operación.

El día anterior le habían tomado las últimas medidas,  dándole vueltas a través de un tubo catódico. ¿Debía contarle a aquel nuevo imperfecto que, esa misma tarde, iban a abrirle el cuerpo, a rellenar los huesos para darles la forma adecuada, a estirar o rellenar algunos, a quitarle el cartílago nasal y los pómulos y sustituirlos por plástico programable, a lijarle la piel y volver a sembrarla como a un campo de fútbol en primavera? ¿Qué le tallarían los ojos con láser para toda una vida de visión perfecta, que le colocarían implantes reflectantes bajo el iris para añadir motas doradas a su mediocre castaño?¿Que le arreglarían todos los músculos con una noche de electrólisis y le succionarían toda la grasa infantil para siempre? ¿Qué le sustituirían los dientes por cerámicas fuertes como el ala de una aeronave suborbital y blancas como la porcelana buena de la residencia?

Decían que no dolía, salvo la piel nueva, que durante un par de semanas producía la misma sensación que una quemadura solar.

Mientras los detalles de la operación zumbaban en su cabeza, pudo imaginar por qué se había escapado Shay. Sí, parecía que había que sufrir demasiado sólo para tener un aspecto determinado. Ojalá la gente fuese más lista, lo bastante evolucionada para tratar a todas las personas igual aunque tuviesen un aspecto diferente. Un aspecto imperfecto.

Ojalá a Tally se le hubiese ocurrido el argumento adecuado para hacer que se quedase.

Las conversaciones imaginarias habían vuelto, pero mucho peores que cuando se marchó Peris. Mil veces se había peleado con Shay mentalmente, tras largas discusiones inconexas sobre la perfección, la biología y el significado de crecer. Las veces que habían estado en las ruinas, Shay había hecho observaciones sobre los imperfectos y los perfectos, la ciudad y el exterior, lo falso y lo real. Pero Tally no se había dado cuenta ni una sola vez de que su amiga podía escaparse de verdad, renunciando a una vida de belleza, sofisticación y elegancia. Ojalá hubiese dicho lo apropiado. Lo que fuese.

Allí sentada, le parecía que ni siquiera lo había intentado.

Tally miró a los ojos al nuevo imperfecto.

-Porque todo se reduce a esto: toda una vida de perfección bien vale dos semanas de quemadura solar.

El chaval se rascó la cabeza.

-¿Cómo?

-Nada. Sólo algo que debería haber dicho y no dije. Eso es todo.

 

El aerovehículo del hospital llegó por fin y se posó en los terrenos de la escuela, con tanta ligereza que apenas agitó el césped recién segado.

El conductor era un perfecto mediano que irradiaba confianza y autoridad. Se parecía tanto a Sol, que Tally estuvo a punto de pronunciar el nombre de su padre.

-¿Tally Youngblood?- dijo él.

-Sí, soy yo- respondió Tally, aunque ya había visto el destello de luz que había leído su huella ocular.

El perfecto mediado tenía algo que impedía la frivolidad. Era la sensatez personificada. Sus modales eran tan serios y formales que Tally deseó haberse arreglado un poco más.

-¿Estás preparada? No llevas gran cosa.

Llevaba el petate de lona medio lleno. De todos modos, todo el mundo sabía que los nuevos perfectos acababan reciclando la mayoría de las cosas que llevaban al otro lado del río. Le darían toda la ropa nueva, por supuesto, y todos los juguetes para nuevos perfectos que quisiera. Lo que sí había conservado era la nota manuscrita de Shay, oculta entre unas cuantas fruslerías cogidas al azar.

-Ya tengo bastante.

-Muy bien, Tally. Eso es muy maduro.

-Yo soy así, señor.

Se cerró la puerta, y el vehículo despegó.

 

El gran hospital estaba al otro extremo de Nueva Belleza. Era allí donde iba todo el mundo para las operaciones graves: pequeños, imperfectos e incluso perfectos mayores desde Ancianópolis que acudían para tratamientos de prolongación vital.

El río brillaba bajo un cielo sin nubes, y Tally se dejó arrastrar por la perfección de Nueva Belleza. Incluso sin las luces y los fuegos artificiales que se encendían por la noche, el vidrio y el metal hacían brillar las superficies de la ciudad, las inverosímiles agujas de las torres de fiesta proyectaban delgadas sombras a través de la isla. Tally vio de pronto que resultaba mucho más vibrante que las Ruinas Oxidadas. Tal vez no era tan oscura ni resultaba tan misteriosa, pero allí había más vida.

Había llegado el momento de dejar de preocuparse por Shay. En adelante, la vida iba a ser una gran fiesta llena de gente guapa. Como Tally Youngblood.

El aerovehículo descendió hasta una de las X rojas de la azotea del hospital, y el conductor de Tally la acompañó hasta una sala de espera del interior. Un celador consultó el hombre de Tally, volvió a comprobar su ojo con un destello y le dijo que esperase.

-¿Te las arreglarás bien?- preguntó el conductor.

Ella levantó la vista hasta sus ojos claros y apacibles, deseando que se quedase. Pero pedirle que esperase con ella no parecía muy maduro.

-Sí, estoy bien, gracias.

El sonrió y se marchó.

No había nadie más en la sala de espera. Tally se arrellanó en su asiento y contó las losas del techo.  Mientras aguardaba, volvieron  de nuevo a su mente las conversaciones con Shay, pero allí no resultaban tan perturbadoras. Era demasiado tarde para arrepentirse.

Tally deseó que hubiese una ventana para contemplar Nueva Belleza. Estaba ya tan cerca… Se imaginó al día siguiente por la noche, su primera noche de perfecta, vestida con ropa nueva y maravillosa (con todos sus uniformes de la residencia metidos en el reciclador), mirando desde la cima de la torre de fiesta más alta que pudiese encontrar. Vería apagarse las luces al otro lado del río, la hora de acostarse en Feópolis, y tendría toda la noche por delante con Peris y sus nuevos amigos, toda la gente guapa que conocería.

Suspiró.

Dieciséis años. Por fin.

Durante una hora larga no ocurrió nada. Tally tamborileaba con los dedos sobre la silla, preguntándose si siempre harían esperar tanto tiempo a los imperfectos.

Entonces llegó el hombre.

Tenía un aspecto extraño, distinto del de cualquier perfecto que Tally hubiese visto jamás. Desde luego, era un mediado, pero su operación era una chapuza. Aunque sin duda era guapo, su perfección resultaba sobrecogedora.

En lugar de sensato y seguro de sí mismo, el hombre tenía un aspecto frío, autoritario y avasallador, como un regio animal de presa. Cuando se acercó, Tally empezó a preguntar qué ocurría, pero una mirada suya le impuso silencio.

Nunca había conocido a un adulto que la desconcertarse de aquella manera. Siempre sentía respeto cuando se hallaba cara a cara con un perfecto mediano o mayor. Pero en presencia de aquel hombre cruelmente guapo, el respeto aparecía saturado de miedo.

-Hay un problema con tu operación- dijo el hombre-. Ven conmigo.

 

Traición

Scott Westerfeld.

{
}
{
}

Comentarios Traición, Scott Westerfeld

Hola querida amiga, espero te encuentres bien.
Un fuerte abrazote!!!
...
  
no parece mal libro da munchas interrogantes sobre el mundo moderno con que muncha fantasia del to no es hoy a la minima corregimos todo sabes lo que nos queda por corregir de algunos sobre to los de dinero el no morirse  para disfrutar por que hoy si no tienes dinero o poco no vives y solo aquel que tiene sufrira emocionalmente mas no por calidad de vida mientras el pobre sufre de las dos primera al no tener es muy dificil sea feliz aparte los problemas de vivencias es decir todo se junta pero en fin el libro da bien pues es al mundo frio que damos hoy donde todo es pose y claro esta todo lo compra el dinero
Tus propuestas siempre tan interesantes y ... enganchantes
Pediré el libro para mi cumple ... queda poco
¿Has descansado? ... con tu Juan jejeje
Feliz retorno mi queridísima amiga viajera
Muackkkkk
Geniales marlen, aunque en la alcazaba pasé miedo. Era una subidita de nada, pero me entró el ahogo...María iba con tacones por el caminito de cabras ( ya sabes.... cómo eran los castillos) y yo... Jesús, María y José, no quería que subiera las escaleras de las torres, me mordía las uñas... Un desastre de madre, ¡¡¡ qué cuadro hice!!! Por lo demás genial: salimos de copa  y bailé como una posesa ( luego Juan me llevó en brazos) y estuvimos en una tetería... En fin, la vuelta sin comentarios... Íbamos detrás o delante de mi hermano y estaba muy nerviosa ( ya sabes... el coche...) Pero buenoooo. Estuvo genial... y las procesiones preciosas, diferentes a las de Valencia.
un beso gigante.
Así es Lucy, el mundo actual es muy frío... parece que hemos taponado las emociones con silicona, que nos hemos olvidado de mirar la belleza interior.
un beso gigante
Gracias María, nuevamente el libro me lo recomendó María, una devora libros de cuidado...
buenos dias aghata parece que es interesante  a ver si  me lo compro y te comento ya mas puesta vale jajja feliz dia cielo besitoss
<object width="480" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/eS2JdHKfw_M&hl=es_ES&fs=1&"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/eS2JdHKfw_M&hl=es_ES&fs=1&" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object>
Me alegro que estés de vuelta aghata y que lo hayas pasado tan bien en Almeria.
El libro parece genial. Me lo apunto para comprarlo cuando regrese a España!
Un besote agatha y demas comentaristas y blogueros!
Inma.
luzdeluna1 Inma 09/04/2010 a las 14:57

Un besote Aghata, demasiados días sin leer, me lo apunto.
luzdeluna Luz 11/04/2010 a las 20:08
wau exelente narracion. gracias por compartir lo que nos enseña sobre valores de la vida

Deja tu comentario Traición, Scott Westerfeld

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.