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Tiempo de silencio: La narrativa de los sesenta

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Pedro volvía con las piernas blandas. Asustado de lo que podía quedar atrás. Violentado por la náusea contenida. Intentando dar olvido a lo que de absurdo tiene la vida. 

 

Publicada en 1962, esta novela supuso en su  momento el revulsivo necesario para cerrar la etapa obsoleta del realismo social, al  lanzar la llave mágica de la experimentación lingüística a los  nuevos fabuladores, ávidos por encontrar nuevos mecanismos narrativos. Los nuevos autores se sacarán de la manga a todos esos gurús de la narrativa contemporánea (Joyce, Proust, Kafka, Woolf) y buscarán a través de la experimentación lingüística o el desconcierto que produce la perspectiva múltiple, allanar senderos vírgenes, con el deseo de impulsar un nuevo aliento a la narrativa.  

 

La novela continúa con los mismos  motivos existenciales: el desarraigo, la impotencia, la anulación de los sueños; los temas no  varían, nos encontramos  una y otra vez  con un personaje que choca con esa  telaraña invisible que frena sus sueños. Nuevamente se enardecen las causas sociales que provocan ese descenso a los infiernos y cuya raíz más dolorosa continúa siendo el aislamiento personal, la falta de valores espirituales, la sensación de que no puede alterarse la realidad, pero a diferencia de otras novelas sociales, aquí el mundo del proletariado o del hampa no es tratado con simpatía, ni siquiera  ese mísero escalafón social se salva de la denuncia, de hecho aquellos que son débiles o que buscan salvarse apuntalando su vida a otros –como hace Dorita- perecen.

 

La novela analiza la realidad desde una perspectiva múltiple, escinde así la conciencia del personaje  y nos muestra sus más oscuras obsesiones. El autor, sin embargo, no se olvida de la omnisciencia, es más este recurso le sirve para la parodia, para mostrar ese “mundo al revés” donde se hunde tanto la intelectualidad  burguesa como los miserables que luchan por la supervivencia.

 

Pese a las referencias míticas constantes que nos recuerdan a Ulises (Pedro es Ulises, Florita es Nausicaa, Cartucho, el Cíclope, Dorita, Calipso y Penélope, etc.), el personaje no tiene el carisma necesario para ser un héroe, puesto que fracasa y ese fracaso le conduce a la huída –como el Bloom-Ulises de Joyce. Pedro huye, no quiere regresar a Ítaca, que en este caso es su investigación. El autor muestra al personaje en su desnudez, en su debilidad. No es más que un pobre médico becario, que realiza un proyecto de investigación sobre el cáncer y que a través de Amador, su ayudante, entra en contacto con el mundo de las chabolas, ya que busca   cobayas,   ratones que le sirvan para sus investigaciones. La fatalidad se yergue sobre él cuando se ve implicado en un aborto clandestino en el que perece la joven (Florita), lo que desencadena la tragedia: es apresado, acusado de practicar la medicina sin licencia y, aunque las acusaciones son retiradas, la mancha en su expediente queda ahí. Le despiden, y tras la muerte de Dorita, decide abandonarlo todo, cierra los ojos a la dolorosa realidad y huye de Madrid para hacerse  médico rural. El autor nos recuerda la dificultad del estimulo intelectual, el muro de contención que se cierne amenazante sobre aquellos hombres que pese a sus conocimientos no pueden dedicarse profesionalmente a sus sueños, porque la crudeza del entorno los asfixia.

 

El protagonista es vapuleado por todos, es incapaz de controlar las situaciones y después de su encarcelamiento se dirige inexorablemente a un tiempo de silencio. El personaje que le acompaña, Matías, es un ser superficial e inútil que pertenece a la alta burguesía, con dinero, elegante; Pedro critica continuamente su vacuidad, pero al mismo tiempo envidia la seguridad de su clase y le gustaría formar parte de ella.  Tampoco siente simpatía ni apego por los desarraigados, a los que desprecia, aunque sea precisamente la madre de Florita, la que acuda a sacarlo de la cárcel al saber la injusticia que se ha cometido.

 

Nuevamente los personajes son descritos por lo que hacen o dicen en sus diálogos o monólogos. El autor llega incluso a animalizar o cosificar a algunos de estos personajes, recordando la técnica del esperpento de Valle. En ocasiones el perspectivismo adquiere tal destreza que asistimos al monólogo simultáneo de varios personajes, como sucede en la secuencia 41, cuando los monólogos de Cartucho, Matias, Amador y Similiano se superponen. Nos recuerda así a los grandes hacedores de la técnica, los maestros Joyce y Virginia Woolf, cuya obra Las olas, es uno de los ejemplos de mayor prestigio.  Esa fluctuación ilógica de las ideas  nos sirve para caracterizar a los personajes, pero a su vez es un recurso eficaz para retratar de forma retrospectiva sus aventuras, de modo que facilita la reflexión e interpretación de la realidad. De hecho son el primer y el último monólogo de Pedro los que nos señalan las pistas, las claves constitutivas de la novela. En la obra se suceden las innovaciones: diálogos inmersos en monólogos, ausencia de convenciones ortográficas (eliminación de puntos, comillas o guiones), el uso del estilo indirecto libre.

 

La  estructura externa  se distancia del capítulo, al organizar la acción en 63 secuencias más breves  y separadas por espacios en blanco y sin numeración. Por su parte la estructura interna se puede diseccionar en la consabida tripartición: planteamiento, nudo y desenlace. El planteamiento abarca las once primeras secuencias. En ellas se nos presenta al protagonista y se nos da noticia sobre sus circunstancias. Se cierra con ese primer núcleo climático, la bajada al suburbio, el contacto con la realidad más desfavorecida. Una vez se nos sitúa los condicionantes, el autor nos conduce al núcleo, al corazón de la historia, que abarca las secuencias 12-56. Asistimos a la famosa noche del sábado (en el café, en le suburbio), es allí donde Pedro asiste a Florita y donde ésta muere. La joven es enterrada y posteriormente se detiene al médico que es llevado al calabozo (otro de los momentos climáticos de la novela). El periodo se cierra cuando confiesa la madre de la joven y el médico es liberado. Finalmente se produce las secuencias 57-63 del desenlace. En ellas el médico es despedido de su trabajo a consecuencia del  escándalo, asiste a la verbena con Dorita y cuando esta es asesinada por un antiguo novio de Florita, decide huir de Madrid y ejercer su profesión como médico rural.

 

El tratamiento temporal fluctúa. Si bien en las primeras secuencias se nos presenta un tiempo rápido e indefinido y no sabemos exactamente cuántos días trascurren, después el autor se recrea en el tempo lento para contar lo que sucede en una sola noche. El autor utiliza con destreza el tiempo: lo acelera en los episodios que constituyen preámbulos o consecuencias previsibles y lo demora cuando lo considera necesario. Estos cortos provocan el contraste y contribuyen a la participación atenta de un lector que debe reconstruir mentalmente las síncopas temporales. Se calcula en total el período temporal es de seis días en los que se suceden la búsqueda de los ratones, la noche del sábado, la detención y el encarcelamiento del protagonista y su marcha de Madrid.

            Pese a todos procedimientos, Tiempo de Silencio destaca ante todo por el uso de los procedimientos lingüísticos. El autor acentúa su postura crítica o irónica a través de un lenguaje que multiplica las resonancias como si  de una lupa gigante se tratase. Es justo en la amalgama de procedimientos retóricos donde la novela muestra su carisma, donde el autor despliega toda su maestría. Es una novela barroca, cuya lectura puede resultar por momentos tediosa dada la abundancia de metáforas, bimembraciones, anáforas, paralelismo.  La variedad de registros y códigos es asombrosa. En la obra encontramos cultismos, tecnicismos, extranjerismos, neologismos… pero lo es novedoso es el desfase entre las anécdotas y el enfoque con el que el autor las aborda. Observamos una realidad degradada, cruel, vulgar, pero esa realidad nos es presentada a través de un lenguaje barroco, metafórico, rico en referencias mitológicas y culturistas. Es justo ahí, en ese alejamiento de la realidad, donde el autor consigue llamar la atención del autor.   A través del lenguaje apreciamos los rasgos de ironía o distorsión de la realidad. Las descripciones impresionistas del suburbio, de la atmósfera del burdel o de la cama de Pedro en el calabozo, se acopian de las sensaciones. En la bajada al burdel –por ejemplo- el narrador- observador nos describe la atmósfera del salón como si se tratara de un cuadro impresionista y sensorial. Las impresiones olfativas nos muestran cómo se entremezclan los olores y el desagrado que eso provoca: las toses de la entrada se mezclan con las sensaciones visuales y auditivas, como la tumultuosa escalera. La ausencia de diálogo sugiere ese deseo mudo que expresan las miradas, el silencio avergonzado de los asistentes a esa “trata de blancas”.  También apreciamos la destreza descriptiva cuando el autor nos describe la cama de Pedro en el calabozo, recordando la minuciosa técnica del Nouveau Roman ( Grillet, Buttor, Duras, etc.)

             Finalmente otro elemento importante en la novela son las abundantes digresiones, que llegan a conformar pequeños ensayos donde el autor aborda temas sociales, históricos o nacionales.  Una de ellas es la digresión sobre Cervantes, y en ella el autor se cuestiona el papel social del escritor, si este puede contribuir a la mejora del mundo. Pero no es la única, también encontramos la digresión sobre un cuadro de Goya, la conferencia del “Maestro” o la que habla de los toros y su violencia.  El autor insiste en que la actividad intelectual pura por mucho que consiga hombres lúcidos no capacita al hombre para afrontar los problemas inmediatos de la sociedad y tiende al desencanto.

Estamos pues ante una novela de crítica social, pero que se aparta del realismo social para hacer literatura. El psiquiatra Martín Santos desmenuza a través del testimonio de un joven científico ese “tiempo de silencio”, el desolador panorama de la ciencia y la cultura en la España franquista de los cincuenta. Es su apuesta autosuficiente que replantea el papel de la novela y abre el camino a la experimentación lingüística y estructural. Sin duda, este autor pese a la brevedad de su obra, también se publicaron póstumamente sus cuentos (Apólogos, 19709 y la novela Tiempo de destrucción, 1975),  camino con ligereza por el empinado sendero de la escritura creativa.

Aghata

 

Fragmentos

 

(…) Pedro volvía con las piernas blandas. Asustado de lo que podía quedar atrás. Violentado por la náusea contenida. Intentando dar olvido a lo que de absurdo tiene la vida. Repitiendo: Es interesante. Repitiendo: Todo tiene un sentido. Repitiendo: No estoy borracho. Pensando. Estoy solo. Pensando: Soy un cobarde. Pensando: Mañana estaré peor. Sintiendo: Hace frío. Sintiendo: Estoy cansado. Sintiendo: Tengo seca la lengua. Deseando: Haber vivido algo, haber encontrado una mujer, haber sido capaz de abandonarse como otros se abandonan. Deseando: No estar solo, estar en un calor humano, ceñido de una carne aterciopelada, deseado por un espíritu próximo. Temiendo: Mañana será un día vacío y estaré pensando,   ¿por qué he bebido tanto? Temiendo: Nunca llegaré a vivir, siempre me quedaré al margen. Afirmando: A pesar de todo quién puede desear con una así. Afirmando: La culpa no es mía. Afirmando: Algo está mal, algo no sólo yo.

(…) Atravesaba las vacías calles donde las luces amortiguadas apenas se separaban unas de otras las fachadas. Hombres de paso rápido, solitarios, ceñudos, con el sombrero hundido en la frente le evitaban. Ya no había autos. Sólo de lejos se sentía pasar alguna sombra cuadrangular y silenciosa. Los serenos se habían ido a dormir a desconocidas guaridas de las que no lograban extraerles las repetidas palmadas de los náufragos. Todavía quizá una mendiga- cigarrera podía estar oculta en el saliente de una casa de la calle de la Reina que protegía del viento.

Luis Martin Santos

Tiempo de Silencio

Seix Barral

 

(…) La atmósfera del salón a aquella alta hora de la noche era irrespirable. Las emanaciones de los cuerpos acumulados desde media tarde en tan reducido espacio, el humo del tabaco al que no había modo de de dar salida ya que toda apertura de ventana al exterior está rigurosamente castigada, el polvo levantado cuando el barro de los pies de los visitantes consigue paulatinamente desecarse, los perfumes baratos, las toses repartidas en mil partículas esféricas y microscópicas, la brillantina chorreante de muchas cabezas masculinas constituían un fluido denso sólo a cuyo través era dado admirar los cuerpos esculturiformes apenas velados por las vestimentas más inverosímiles y breves de las blancas de cuya trata era cuestión, apoyados en una de las largas paredes. Contrastando con el estruendo de la tumultuosa escalera y con la riqueza de elementos táctiles, aromáticos y visuales, un discreto silencio avergonzado daba un aire aún más litúrgico a la escena. El deseo mudo se expresaba en miradas casi de refilón, casi ocultas, casi disimuladas.

Tiempo de silencio,  Luis Martín Santos

Seix Barral

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Comentarios Tiempo de silencio: La narrativa de los sesenta

eres muy buena en tu trabajo pues al hacer el resumen que pones estas describiendo ese libro personalmente siempre claro es un pedazo pero a veces ni necesita uno comprarlo otros al rebes si tienen da ansia de leerlo y buscarlo me ha gustado ese medico mas hay algo puede ser por su cultura no se ve feliz en lo pobre normal no crecen sobreviven  pocos son los que buscan lucha de salir sabe que tienen que dar muncho  lo rico otra vida  puede ser den cultura  a veces dinero no es sinonimo de eso en otras si en fin es muy particular ese libro
Creo que no he tenido la oportunidad de leer lo interesante, me encanta el libro antes de leerlo, me encantó las primeras frases antes de terminarlas, creo que transmites los sentimientos captándolos tú primero, para mandar esa sensación de que te hierve algo por dentro o quizás las ancias de querer algo que desconozco...
Creo que lo leere
Saludos
Mariau
Gracias Luci. Reconozco que en su momento este libro no fue mi preferido. Pero ahora lo veo con otros ojos
Saludos
Querida amiga: Tal vez este libro... no te guste demasiado... Es bastante complicado...  Sí me dices qué tipo de libros te gustan tal vez pueda recomendarte alguno.
Se me ocurren muchos, pero prefiero que primero me des pistas.
Un beso gigante

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