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Tibulo, el gran poeta clásico del amor

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 Tibulo, el gran poeta  clásico del amor

 

preboda Besnan y Dioni

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Tibulo, el gran poeta clásico del amor.

 

 " No se sosiega corazón y angustias con riquezas

pues la Fortuna dicta la ley de sus vaivenes.

Séame dichosa a tu lado, Neera, la pobreza;

que sin ti no quiero dádivas de reyes"

                                 ( Tibulo., III, 3-21-24)

Considerar a Tibulo uno de los grandes poetas del amor de todos los tiempos no cuesta esfuerzo ni supone ninguna gratuita alabanza; en verdad la emoción contenida con la que expresa su sufrimiento y esperanza es toda una sabia lección para todo aquel que piense desvelar como siente un poeta cuando ama.

            Todavía existen lagunas en su biografía, pero lo que sí es cierto es que nació en una ciudad del Lacio, concretamente en Gabios. También sabemos que sus progenitores procedían de una familia acaudalada del orden ecuestre que había sufrido las confiscaciones del segundo triunvirato. Sin embargo, el poeta se codearía con algunos de los personajes más importantes de su tiempo, por ejemplo, Mesala, que fue uno de sus íntimos amigos y de ahí que le dedicase un panegírico que todavía se conserva. También sabemos que formo parte del bando de Augusto y que combatió en la Guerra Civil, aunque una enfermedad le obligase a recluirse en la isla de Córcira. Pese a ello, su poesía añora la paz y el descanso en el campo, tema muy habitual en los poetas clásicos.

            Sus elegías han pasado a la posteridad gracias a esa dulzura con la que relata su pasión. Un amor total y pleno nos abre el corazón, en unas elegías donde se reinventa continuamente el tópico del amor desgraciado. Es un sentimiento incondicional, no exento de decepción, que pasa por diversas fases: desde el ofrecimiento inicial hasta la desilusión, pasando por la esperanza, los celos, el deseo de retenerla, el erotismo, etc.

            El poeta extrae toda una gama de ilusiones de la chistera de ese sentimiento ciego que le ha provocado Amor y contra el que no puede luchar. Vuelca sus emociones en una sola dirección, incluso se muestra magnánimo con los deslices de la muchacha, pensando que si es capaz de describir hasta qué punto ama, ella será incapaz de resistirse y se vera abocada a la misma pasión desenfrenada.

            En su poesía las imágenes  despliegan  una tenue pero intensa luz que incita a la meditación. El lector se desliza por los versos indagado con el poeta en la yaga y lo acompaña en su devenir y desasosiego.

            Una vez más sorprende la perfecta trabazón entre forma y fondo que provoca una lectura automática. Tibulo conversa con nosotros desde la lejanía y hace que sintamos la fuerza de sus sentimientos, que nos contraigamos y que se encoja nuestro corazón cuando nos habla de desesperanza o que nos sintamos prematuramente extasiados y contentos cuando vislumbra un rayo de esperanza.

Fragmento

No me afano  por ser laureado, Delia mía, contigo

en tanto esté, quiero ser llamado cobarde e indolente.

¡Ojala te esté viendo, cuando llegue la postrera hora,

te3 tenga moribundo en mi trémula mano¡

Llorarás y tendido, Delia, yo en la pira a punto de arder,

me darás besos empapados también de tristes lágrimas.

 

Llorarás: no están tus entrañas de duro hierro

ceñidas, ni en tu tierno corazón hay un pedernal.

De aquel funeral no podrá joven ninguno

ni muchacha traer secos sus ojos a casa.

Tú no turbes mis manes, pero deja tus sueltos

cabellos y tus delicadas mejillas, Delia, déjalas.

Entre tanto, mientras los hados lo consientan, hagamos

                                   uno nuestro amor,

ya vendrá de tinieblas la Muerte cubierta la cabeza

ya de rondón se colará la edad cansada y amar no cuadrará

ni decir con la cabeza cana ternezas.

Ahora hay que gustar la suave Venus, mientras echar

                                                 abajo puertas

no es para avergonzarse y el meterse en pendencias

                                                  agrada.

Aquí yo soy buen general y soldado: vosotras enseñas

                                                    y trompetas,

id lejos, a hombres ambiciosos llevadles las heridas,

llevadles también riquezas: yo tranquilo en mi ajustada

                                                               cuenta

desdeñaré riquezas y desdeñaré el hambre.

_____________________________________

Fragmento

 

De continuo para embaucarme, riente me ofreces tus

                                                          semblantes,

después, empero, eres para con el desgraciado, sombrío

                                                       y huraño, Amor.

¿A qué esa saña para conmigo? ¿Acaso es gran timbre

que trampas contra un hombre maquine un dios?

Se me tienden, en efecto, tramas: ahora Delia a mis

                                                       espaldas

y no sé quién en la callada noche, traviesa otorga su

                                                                cariño.

Ella, es verdad, tamaña cosa niega, pero creerle es duro:

de igual forma también de mí reniega siempre ante su

                                                               esposo.

____________________________________________

Fragmento

 

No he intentado hacerte daño a sabiendas: perdona a

                                                         quien te lo confiesa,

me lo impuso Amor, ¿ quién alzaría sus armas contra

                                                      los dioses?

Yo soy aquel mismo, no me sonrojará decir ahora la verdad,

a quien toda la noche acosaba tu perra.

¿ Por qué te es necesaria una dulce mujer? Si no sabes

                                                                    tu dicha

conservar, en vano una llave hay en las puertas.

Te tiene, suspira por otros amores ausentes

y simula de pronto dolerle la cabeza.

Pero confíamela para guardarla: no rechazo los crueles

azotes ni rehuyo los grillos en el pie.

Entonces marchaos lejos, cualquiera que con espero

                                              arregla sus cabellos

y a quien la toga suelta le cae con su pliegue ondulante.

Y quienquiera que pueda hacerse presente, para no caer

                                                        en la falta,

párese lejos o quédese antes lejos en otra calle.

Así ordena el dio que se haga, así la gran sacerdotisa

me lo vaticinó con su divino ensalmo.

Ella cuando está agitada por el frenesí de Belona, ni la

                                                               ardiente

llama ni enajenada, el retorcido azote teme.

Ella misma, en su furor, hace cortes con un hacha en sus

                                                                      brazos

e ilesa vertiendo en sangre rocía a la diosa,

permanece de pie, su costado abierto por un garfio, permanece

                                         en pie lacerado su pecho

y canta las premoniciones que la gran diosa  le comunica.

Dejad de atentar contra una muchacha, que protege Amor,

que nos pese luego el aprenderlo en medio de un gran

                                                           sufrimiento.

Que la toque, se volatizarán sus riquezas como de

                                                   nuestra herida

la sangre, como esta ceniza es esparcida por los vientos.

 

 

Y para ti no sé qué castigos, Delia mía, me predijo:

pero si te reconoces culpable, ruego te sea ella ligera.

 

 

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Comentarios Tibulo, el gran poeta clásico del amor

muy bueno tibulo..además me gusta el latín..así que nos veremos por éste interesante blog de vez en cuendo..saludos.
Hoteles Conil Hoteles Conil 09/10/2008 a las 11:47
Gracias por tu comentario. Es cierto, es un poeta excelente, uno de los recuerdo con más cariño.
Pues si, es realmenet precioso el poema, a mi me ha gustado muchisimo, asi que si pones mas, seria genial! :D
Descargar Descargar 09/10/2008 a las 14:17
[...]Mas paginas en La Red, sobre Tibulo:     El blog de Arlequini,  Aprendiendo en el ágora, Los foros de www.culturaclasica.com, Poétic[...]
Como el dulce calor de aquel niño al abrigo de su madre, es para un cansado corazon una frase de amor apenas...

Tibulo fue como somos nosotros un ser humano que de manera sencilla expreso lo complicado que es amar .

frank mendive frank mendive 04/07/2010 a las 03:24

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