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Textos teatrales: El sí de las niñas

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El Sí de las niñas

Argumento:

La joven Paquita ha sido convencida por su madre de que debe casarse con don Diego, un caballero entrado en años y al que no quiere, pero que puede sacarlas de los apuros económicos por los que están pasando. La muchacha está enamorada de un sobrino de don Diego, don Carlos, que la corresponde. Será precisamente don Diego, quien al enterarse de la existencia de esta relación, renuncie a su propia boda, permitiendo la de los jóvenes. Don  Diego se muestra prudente y razonable, pues reconoce que su matrimonio con Paquita hubiese sido absurdo y desgraciado.

Este final feliz supone el triunfo de la Razón, representada por el personaje de don Diego, frente a la hipocresía y a los convencionalismos sociales.

La obra sigue fielmente la regla de las tres unidades: toda la trama gira en torno a este asunto (unidad de acción), sucede en menos de veinticuatro horas (unidad de tiempo) y en un único espació (una posada de Alcalá de Henares).

Moratín pensaba que creando una obra de estructura sencilla, en prosa, y con personajes inspirados en la realidad, su crítica a la falta de libertad en la juventud podía llegar de forma más directa al público.

DON CARLOS, DON DIEGO, DOÑA IRENE, DOÑA FRANCISCA, RITA.

Sale DON CARLOS del cuarto precipitadamente; coge de un brazo a DOÑA FRANCESCA, se la lleva hacia el fondo del teatro y se pone delante de ella para defenderla.  DOÑA IRENE se asusta y se retira.

DON CARLOS.  Eso no… Delante de mí nadie ha de ofenderla.

DÑA. FRANCISCA. ¡Carlos!

DON CARLOS.  (A DON DIEGO.) Disimule usted mi atrevimiento…He visto que la insultaban y no me sabido contener.

DOÑA IRENE. ¿Qué es lo que me sucede, Dios mío? ¿Quién es usted?... ¿Qué acciones son estas?... ¡Qué escándalo!

DON DIEGO.  Aquí no hay escándalos… Ese es de quien su hija de usted está enamorada… Separarlos y matarlos viene a ser lo mismo… Carlos… No importa… Abraza a tu mujer. (Se abrazan DON CARLOS  Y DOÑA FRANCISCA, y después se arrodillan a los pies de DON DIEGO.)

DOÑA IRENE. ¿Conque su sobrino de usted?...

DON DIEGO.  Sí, señora; mi sobrino, que con sus palmadas, y su música, y su papel me ha dado la noche más terrible que he tenido en mi vida… ¿Qué es esto, hijos míos, qué es esto?

DOÑA FRANCISCA. ¿Conque usted nos perdona y nos hace felices?

DON DIEGO.  Sí, prendas de mi alma… Sí. (Los hace levantar con expresión de ternura.)

DOÑA IRENE. ¿Y es posible que usted se determina a hacer un sacrificio?...

DON DIEGO. Yo pude separarlos para siempre y gozar tranquilamente la posesión de esta niña amable, pero mi conciencia no lo sufre… ¡Carlos!... ¡Paquita!... ¡Qué dolorosa impresión me deja en el alma el esfuerzo que acabo de hacer!... Porque, al fin, soy un hombre miserable y débil.

DON CARLOS. Si nuestro amor (Besándole las manos), si nuestro agradecimiento pueden bastar a consolar a usted en tanta pérdida…

DOÑA IRENE. ¡Conque el bueno de Don Carlos! Vaya que…

DON DIEGO.   Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras que usted y las tías fundaban castillos en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño… Esto resulta un abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece; éstas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas… Por una casualidad he sabido a tiempo el error en que estaba…

DOÑA IRENE. En fin. Dios los haga buenos y que por muchos años se gocen… Venga usted acá, señor; venga usted, que quiero abrazarle. (Abrazando a DON CARLOS, DOÑA FRANCISCA  se arrodilla y besa las manos de su madre.) Hija, Francisquita. ¡Vaya! Buena elección has tenido… Cierto que es un mozo muy galán… Morenillo, pero tiene un mirar de ojos muy hechicero.

RITA.  Sí, dígaselo usted, que no lo ha reparado la niña… señorita, un millón de besos. (Se besan DOÑA FRANCISCA Y RITA.)

DOÑA FRANCISCA.  Pero, ¿ves qué alegría tan grande?... ¡Y tú, cómo me quieres tanto!... Siempre, siempre serás mi amiga.

DON DIEGO.  Paquita, hermosa (Abraza a DOÑA FRANCISCA), recibe los primeros abrazos de tu nuevo padre… No temo ya la soledad terrible que amenazaba mi vejez… Vosotros (Asiendo de las manos a DOÑA FRANCISCA   y a DON CARLOS) seréis las delicias de mi corazón; el primer fruto de vuestro amor… sí, hijos, aquél… no hay remedio, aquél es para mí. Y cuando le acaricie en mis brazos, podré decir: a mí me debe su existencia este niño inocente; si sus padres viven, si son felices, yo he sido la causa.

DON CARLOS.  ¡Bendita sea tanta bondad!

DON DIEGO. Hijos, bendita sea la de Dios.

(LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN; El sí de las niñas)

 

Explica el significado de la siguiente expresión del texto: usted y las tías fundaban castillos en el aire: Significa que se hacían ilusiones excesivas, con poco fundamento.

¿Cuál es, según don Diego, la costumbre que en su época arrastra a las chicas a matrimonios desgraciados?  Según don Diego, el hecho que en su época arrastra a las chicas a matrimonios desgraciados es el abuso de autoridad, la opresión que la juventud padece.

¿Cómo se presenta la lucha entre la razón y los sentimientos en don Diego? ¿Cuál de las dos partes sale vendedora en esa lucha? La lucha entre la razón y los sentimientos en don Diego se presenta a través de la duda que siente entre casarse con Paquita o dejar que sea su sobrino quien se case con ella. Inicialmente, estaba ilusionado con casarse joven, pero, al final, opta por una idea más razonable, en contra de sus sentimientos, y permite el matrimonio entre los jóvenes.

¿Por qué temía don Diego la vejez? ¿Por qué no la teme ya? Don Diego temía la vejez, porque no tenía hijos ni esposa que pudieran cuidarlo, pero ahora ya no la teme porque sabe que su sobrino, Paquita y el futuro hijo de ambos serán su familia, serán como sus hijos y su nieto y se ocuparán de él.

Resume brevemente, usando la tercera persona y el presente de indicativo, lo que sucede en esta escena.

Don Carlos, el sobrino de don Diego, se presenta ante éste, ante doña Paquita (de la que se ha enamorado) y ante doña Irene, la madre de doña Paquita. Don Diego, que iba a casarse con la joven, descubre que, en realidad, ella está también enamorada de don Carlos y decide renunciar al matrimonio para que sean ellos dos quienes puedan contraerlo. Doña Paquita, al principio, muy sorprendida, también lo acepta y todos se sienten felices. Don Diego abraza a la pareja de futuros esposos pidiéndoles que sea para él el primer hijo que tengan.

El sí de las niñas tiene un final feliz, como se aprecia en esta escena. ¿Qué final o finales desgraciados se te ocurre que podría haber tenido la obra, si don diego hubiera sido menos generoso o don Carlos y doña Francisca menos sumisos?

Si don diego hubiera sido menos generoso, el final de la obra podría haber sido desgraciado, habría cumplido el proyecto de casarse con doña Paquita y ésta y don Carlos habrían visto malogrado su amor. Si Don Carlos y doña Francisca hubieran sido menos sumisos, podrían, por ejemplo, haberse fugado para que la joven se librara de un matrimonio desgraciado y don Diego se habría quedado sin la esposa que deseaba.

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