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Textos para talleres literarios. Rebeldes, S. E. Hinton

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Robert  Frost

 

Nada dorado dura

 

El primer verde de la Naturaleza es oro,

el tono más difícil de conservar.

La hoja temprana es una flor,

pero tan sólo un rato:

después la hoja se reduce a ser hoja.

Así el Edén se hundió en la pena,

así el alba se rebaja a ser día.

Nada dorado dura

 

Es  cierto que cuando el profesor quiere congratularse con sus alumnos suele proponer libros que ahonden en sus problemas, de manera que su lectura  se convierta en una diapositiva más o menos fidedigna de las relaciones de éstos con su entorno; pero no siempre acierta, porque hay alumnos que prefieren que la literatura les adentre en un universo paralelo que  lo desintoxica de lo cotidiano. A estos últimos no les gusta  que lo que están leyendo  sea un espejo más o menos distorsionado  de su propia realidad.   Ni siquiera  una obra como Rebeldes  es una garantía, uno puede llevarse sorpresas porque no todos se sienten identificados  con la historia de Ponyboy. 

 Aunque esto es así, lo cierto es que Rebeldes se ha consolidado a lo largo de los años como la clásica novela que desenmascara los problemas a los que se enfrentan los adolescentes en el duro museo de cera de una sociedad escindida, donde unas bandas o tribus luchan contra otras. En ese territorio la única ley que se respeta es la ley del más fuerte y el que no se haga el duro o se defienda con una faca está perdido. Los jóvenes se refugian en sus amigos y los adultos, obcecados  en sus propios problemas, son incapaces de educarlos, abandonan a sus hijos en el cruel anonimato de sus experiencias o simplemente han muerto, como le ocurre al protagonista de esta novela.   

Puede parecernos extraño que una adolescente de 16 años fuese capaz de escribir una novela así, pero Susan únicamente hace un retrato fiel de lo que ve con sus propios ojos. Cuando escribe Rebeldes su padre se está muriendo de un tumor cerebral y la relación que mantiene con su madre sólo le produce más dolor, puesto que ésta es incapaz de tratarla debidamente, insulta a su hija o le pega. La novela refleja lo que la joven ve todos los días en el instituto o en los barrios por donde pasea. Son las vivencias de sus primeros años en el Hill Rogers High Schol, ese mutismo con el que asiste a  las peleas callejeras  en los  barrios obreros de Tulsa ( Oklamoma) en la  década de los 60. Puede que nos parezca curioso que firmase la historia únicamente con sus iniciales, pero en la opresiva sociedad del momento  nadie se hubiera molestado en leer la historia de Ponyboy, el chico protagonista,  contada por una joven, de ahí que evitase identificarse.

La escritora admite que la obra haya sido catalogada como juvenil, pero matiza que en su momento no existían ese tipo de etiquetas, y que si se considera juvenil es única y exclusivamente porque ella era muy joven cuando la escribió. Este hecho, como ya ha pasado con otras obras (obras como Ana Frank o incluso Eragon, por poner un ejemplo más actual) han sido escritas por adolescentes, y este hecho no ha menoscabado su calidad.

Rebeldes ha merecido el reconocimiento de la crítica y ha figurado entre los ranking de lectura con gran solvencia.  Después vendría la versión cinematográfica de Coppola que aunque no tuvo casi reconocimiento en su momento, hoy es una obra de culto, entre otras cosas porque muchos de esos jovencísimos actores, han triunfado.   Aquella pandilla de mocosos se ha ido forjando poco a poco su  pedacito de cielo, en un mundo poblado de caimanes y de sombras.   Sus nombres son de sobra conocidos: Mat Dillon, Patrick Swayze, Rob Lowe, Ralph Macchio, C. Thomas Howell, Tom Cruise, Emilio Estevez, Diane Lane... En cuanto a Susan, la escritora, con el paso del tiempo su carácter se ha vuelto más  introvertido, vive rodeada de sus caballos y su familia y no concede entrevistas, de esta manera preserva para muchos su aura de leyenda.  El resto de sus obras, siguen la estela de Rebeldes. Su homónima,  La ley de la calle, mucho más dura que Rebeldes, también forma parte de las listas de éxito. Presenta además una coincidencia nada aleatoria: el propio  Coppola se encargó nuevamente de trasladarla al cine y entre sus protagonistas  destaca la figura de Mickey Rourke.  

En cierto modo la historia de Ponyboy es una historia sencilla y emotiva, el resultado de un trabajo escolar, pues la redacta para la clase de lengua.  El bueno de Ponyboy es en realidad un chaval inteligente e hipersensible, al que le gusta leer y escribe. Sus padres murieron en un accidente y desde entonces vive con sus hermanos.  A él no le gusta el mundo que le ha tocado vivir ni tampoco las peleas callejeras o la dureza de Darry, su hermano mayor, que siempre está recriminándole cosas, pero que en el fondo lo único que quiere es protegerlo. A él le exaspera su dureza y por eso se apoya en Soda, su otro hermano y en sus amigos.  Todos ellos forman parte de los greasers ( los grasientos), la clase pobre del East Side.

El mismo identifica  a su grupo:

"Somos más pobres que los socs y que la clase media. Seguramente también somos más bestias. No al estilo de los socs, que andan por ahí asaltando greasers y destrozando casas a patada limpia con botes de cerveza, y que les dedican un artículo en el periódico por ser una vergüenza pública un buen día y una deuda de la sociedad al día siguiente. Los greasers somos un poco como los hoods, robamos cosas y conducimos viejos coches trucados y atracamos gasolineras y armamos una pelea entre pandillas"

No obstante, admite que él es diferente:

"No es que yo haga cosas así. Darry me mataría si me metiera en líos con la bofia. Desde que mamá y papá murieron en un accidente, nosotros tres hemos aprendido a estar unidos comportándonos debidamente. Así que Soda y yo nos mantenemos apartados del jaleo todo lo posible, y cuando no hay más remedio, tenemos mucho cuidado de que no nos pille en medio. Quiero decir que muchos greasers hacen cosas de ésas, igual que nosotros el pelo largo y vestimos con vaqueros y camisetas y nos ponemos cazadoras de cuero y playeras o botas. No pretendo decir que los socs o que los greasers sean unos mejores que otros, qué va; simplemente, así son las cosas"

 Su grupo es el más duro,  los malhechores, los delincuentes que siempre están robando cosas o atemorizando a otros, los que se meten en problemas con la bofia, incluso algunos han pasado por el reformatorio. Frente ellos están los socs,  los niños ricos del  West Side. Según el chico, ellos  lo tienen todo, al menos en apariencia. Se pasean con sus  coches y se meten en peleas  por placer, para divertirse. Llevan la vida cómoda y su futuro no es un neumático roto. Siempre los  están insultando, por lo que ellos se defienden, defienden con uñas y dientes su  territorio.

La vida para  Ponyboy es como un castillo de naipes a punto de derrumbarse:

-No es justo- grité yo apasionadamente-. ¡No es justo que lo tengamos todo en contra¡- ni siquiera sabía con exactitud qué quería decir, pero estaba pensando en que el padre de Johnny era un alcohólico y su madre una egoísta detestable; y que la madre de Two-Bit era camarera  en un bar para mantenerle a él y a su hermana pequeña después  de que su padre se largara de casa por las bravas; y pensé  también en el viejo Dally, en el salvaje y astuto Dally, que se iba convirtiendo en un malhechor simplemente porque si no fuera así se moriría y en Steve, en el odio que sentía por su padre, en cómo aparecía en su voz suave amarga y en violencia de su temperamento. Sodapop..., un dropout para así poder conseguir un trabajo para que yo siguiera en el insti, y Darry, que envejecía antes de tiempo en su intento por mantener una familia y que tenía dos trabajos y nunca se divertía lo más mínimo... Mientras que los socs tenían tanto tiempo libre y tanto dinero que simplemente nos asaltaban y se peleaban entre sí para pasarlo bien, que daban juergas de cerveza y fiestas en la parte baja del río porque no se les ocurría nada mejor que hacer. Las cosas estaban crudas por todas partes, de acuerdo. En todos los rincones del East Side. Simplemente, no me parecía justo.

Pero, qué puede haberle  pasado para que se decida a escribir una historia tan larga. El chico nos cuenta  lo sucedido: se fue al cine con sus amigos y  allí conocieron  a unas chicas socs,  muy simpáticas y guapas. Ninguno de ellos apoya a Dallas cuando las molesta; ellos se portan bien, como es debido y las acompañan a casa cuando acaba la película. Pero aparecen sus novios socs y Cherry y Marcia evitan la inminente pelea, yéndose con ellos. Los socs van borrachos y las chicas saben que en esas condiciones puede producirse un altercado desagradable.

Ponyboy y Johnny, por su parte, se tumban un poco en el parque y se quedan dormidos. Cuando despiertan se ha hecho tarde y Ponyboy sabe que su hermano estará preocupado por él y le reñirá. Pero Darry va más allá de las palabras, está furioso y le larga una bofetada. Esta escena violenta desencadena los acontecimientos: el chico sale corriendo y se une con Johnny, tampoco este desea volver a casa, porque su padre siempre le pega, mientras su madre se se comporta como una histérica y no hace nada para defenderlo.  Es muy tarde. Caminan despacio y de pronto se dan cuenta de que los siguen los socs en su coche. Saben lo que va a pasar, también saben el motivo: ellos se han atrevido a hablar con sus chicas, y eso es atravesar el muro. Son más y se envalentonan. Comienzan a ahogar a Ponyboy en la fuente. Johnny recuerda la pelea que le metieron tiempo atrás, no puede permitirlo. Los socs van a matar a su amigo, enloquece de ira, él que siempre ha sido el más tranquilo, mata a Bob, el soc que ha cogido por el pescuezo a su amigo.

 Ambos están aterrados, por eso acuden a Dallas, él más duro de todos, sólo él puede ayudarlos. Dallas les presta algo de dinero y una pistola; luego, improvisa un plan: deben huir inmediatamente. Se colarán en el tren de cargas e irán al campo para esconderse en una iglesia. Él irá a visitarlos en cuanto pueda. Un escalofrío recorre sus cuerpos, pero no ven otra escapatoria.  Ambos salen corriendo, hacen lo que les ha recomendado Dalla y una vez en la iglesia deciden aclararse el pelo con agua oxigenada, para no ser reconocidos. Mientras llega su amigo, pasan el tiempo  leyendo Lo que el viento se llevo, novela que le gusta a Ponyboy,

Lo prometido es deuda, Dallas acude al lugar y los invita a desayunar. Sin embargo, cuando regresan, los acontecimientos han cobrado un giro inesperado, les espera una amarga sorpresa: la iglesia está en llamas, seguramente alguna colilla ha prendido. Los padres se desesperan porque sus hijos han quedado atrapados entre las llamas. Ponyboy corre sin pensárselo en su ayuda, seguido por Johnny. Consiguen sacar a los niños, pero al saltar por la ventana, una viga golpea a Jonny, obligando a Dallas a acudir para sacar a su amigo malherido.

Ahora ya no son unos fieros asesinos, sino unos héroes. Los jóvenes son trasladados al hospital y allí se produce el  emotivo reencuentro de Ponyboy con sus hermanos. Ponyboy sólo tiene magulladuras y puede volver a casa con sus hermanos; tampoco  las  heridas  de Dallas son importantes, aunque permanece en el hospital; solo   Johnny está grave, hasta el extremo de que su vida corre peligro.

Ya nada es igual, los acontecimientos se precipitan: los socs y los greasers organizan una pelea entre las bandas y aunque el amigo de Bob (el chico fallecido) hable con Ponyboy y lo felicite por haber salvado a los niños, las cosas siguen igual. Todos acuden a la pelea, hasta Dallas se escapa del hospital para ir. Por fin, parece que la suerte les sonríe, están exultantes. Han vencido, han expulsado a los socs de su territorio. Ahora irán a decírselo a Johnny, todo cambiará a partir de ese momento. Pero la vida ofrece sorpresas crueles, capaces de herirnos en lo más profundo. Johnny muere. Sus últimas palabras son para Ponyboy, le pide que siga siendo dorado, que siga siendo ese gran chico, que él sabe que es.

Dallas no puede soportarlo, para él sólo sus amigos cuentan. La cólera que siente contra sí mismo y contra el mundo se dispara. Sin pensarlo coge su pistola. Los policías sólo divisan a un chico que lleva una pistola, y los apunta desafiante. Disparan, Ponyboy entiende que eso es lo quería Dallas. . Esa es la historia, lo que ha pasado.

Aunque ahora ya Darry no le chille, aunque le hable con cariño e intente comprenderlo, a Ponyboy le cuesta mucho pensar en cómo seguir el rumbo, en lo que se supone que debe hacer con su vida. La redacción le ha servido de desahogo, se ha vaciado su conciencia y sus ojos han relatado lo que ha vivido, lo que ha sentido.

Ponyboy nos cuenta  todas esas vivencias levantando la película de los sueños que se rompen, de la frustración y el miedo, del deseo de extirpar el dolor que anida en sus ojos. Nos ha explicado cómo ve a sus amigos, lo que sienten y piensan. Ha alzado la voz por todos y cada uno de ellos y se ha peleado con su conciencia y con sus sueños. Ha descrito su afición por la lectura y ha vaciado los corazones de todos y cada uno de sus amigos y sus circunstancias.  Ha intentado incluso penetrar en la conciencia de aquellos que los detestan y que no son tan diferentes, porque ellos también se pelean y se frustran, aunque lo tengan todo.

La historia de Ponyboy ha conmovido a muchos adolescentes y hoy sigue siendo un clásico aunque hoy los pandilleros, los que defienden su territorio y sus señas de identidad con uñas y dientes sean otros, aunque hoy intentemos entre todos paliar los odios y las barreras

 

1 Actividad:

Nuestra pandilla.

Lee primero las descripciones de estos personajes y después intenta tú mismo describir cómo son tus amigos. En realidad Susan se mete muy bien en la piel de Ponyboy, porque su descripción no sólo es selectiva, explica mediante sus actos y sus respuestas cotidianas como son los chavales, de manera que se sugiere mucho más, es una descripción profesional, capaz de introducirnos en sus conciencias, en su modo o comportarse. El narrador hace apreciaciones personales, nos informa de cómo es visto cada uno a los ojos de otros, incluso nos explica cómo actúan o sienten, cómo lo ven a él, cómo se compenetran o se distancian. Es necesario que observes bien estas apreciaciones y busques el tono apropiado para lograr un efecto similar.

 

Steve Randle tenía diecisiete años; era alto y flaco, con un pelo espeso y grasiento que llevaba peinado en complicados rizos. Era un tío chulo, agudo y el mejor amigo de Soda desde que dejó la escuela. Su especialidad eran los coches. Era capaz de quitar un tapacubos más deprisa y haciendo menos ruido que cualquier otro del barrio, pero también conocía los coches de arriba abajo y por delante y por detrás, y sabía conducir cualquier cosa con ruedas. Él y Soda trabajaban en la misma gasolinera - Steve por horas y Soda todo el día-, que tenía, por cierto, más clientes que cualquier otra en la ciudad. Quizá fuera porque Steve era tan bueno con los coches o porque Soda atraía a las chicas como la miel a las moscas, no sabría decírtelo. Me gustaba Steve sólo por ser el mejor amigo de Soda. Yo no le hacía ni pizca de gracia, pensaba que era un perrito faldero y un crío. Soda siempre me llevaba con ellos cuando iban por ahí, siempre que no fuesen con chicas, y eso a Steve le fastidiaba. No era culpa mía: Soda siempre me llamaba, no era yo quien se lo pedía. Soda no piensa que soy un crío.

 

Two-Bit Matthew era el más viejo de la panda y el mayor bromista de todos. Medía uno noventa más o menos, bastante robusto, y estaba muy orgulloso de sus largas patillas color rojo oxidado. Tenía los ojos grises y una ancha sonrisa, y no podía dejar de hacer comentarios divertidos ni aunque le fuese en ello. Era imposible hacerle callar, siempre se las arreglaba para decir sus dos paridas. De ahí el apodo. Hasta los profesores olvidaron que su verdadero nombre era Keith, y nosotros apenas si recordábamos que alguna vez lo hubiese tenido. La vida era una enorme broma para Two-Bit. Era famoso por su habilidad para mangar en las tiendas y por su faca de cachas negras ( que no podría haber adquirido sin ese primer talento), siempre andaba de bromas y cachondeo con los polis. En realidad no podía evitarlo. Todo cuando decía era tan irresistiblemente divertido que pura y simplemente tenía que hacer que la bofia se enterase, aunque sólo fuera para iluminar sus aburridas vidas. (Así al menos es como me lo explico)  Le gustaban las peleas, las rubias y, por alguna insondable razón, la escuela. A los dieciocho aún seguía en el instituto y nunca había aprendido nada. A mí me gustaba mucho porque nos hacía reír de nosotros mismos tanto como de otras cosas. Me recordaba a Will Rogers, quizá por la sonrisa.

 

Si tuviese que elegir al verdadero personaje de la pandilla, me quedaría con Dallas Winston, Dally. Antes me gustaba dibujar su estampa cuando andaba cabreado, porque podía plasmar su personalidad con unos pocos trazos. Tenía cara de duende, con pómulos muy salientes y mentón huidizo, dientes pequeños y afilados, como de animal, y orejas como las de un lince. De tan rubio, tenía el pelo casi blanco, y no le gustaba cortárselo, así como tampoco la gomina, de manera que le caía en mechones sobre la frente y en crenchas por detrás, y se le rizaba tras las orejas y en el cogote. Tenía ojos azules, resplandecientes como el hielo y fríos de aborrecimiento por el mundo entero. Dally había pasado tres años en la parte más salvaje de Nueva York y había estado en el talego a la edad de diez años. Era más duro que el resto de nosotros, más duro, más frío, más mezquino. La sombra de diferencia que distingue a un greaser de un Hood no existía en Dally. Era tan bestia como los chicos de los suburbios, como la banda de Tim Shepard.

En Nueva York, Dally se desfogaba en peleas callejeras, pero aquí las bandas organizadas son una rareza; no hay más que grupillos de amigos que se juntan y la guerra tiene lugar entre clases sociales. Una riña, cuando se arma de veras, suele nacer de una pelea por rencor a la que los contendientes van con sus amigos. Bueno, sí que hay por aquí algunas bandas con nombre, como los Reyes del Río y los Tigres de la Calle Tíber, pero aquí, en el suroeste, no hay rivalidad entre bandas. Así que Dally, aunque a veces tenía la oportunidad de meterse en peleas de las buenas, no odiaba nada en especial. Ninguna banda rival. Sólo los socs. Y contra ellos no se puede ganar, ni por mucho que lo intentes, porque son ellos quienes tienen todas las ventajas a su favor. Y si ni siquiera zurrarlos va a cambiar los hechas. Quizá por eso Dallas era tan amago.

Tenía lo que se dice toda una reputación. Estaba fichado en la comisaría. le habían arrestado, se emborrachaba, participaba en los rodeos, mentía, hacía trampas, robaba, atracaba a borrachos, pegaba a los niños pequeños... de todo. No me gustaba, pero era listo y había que respetarle.

 

Johnny Cade era el último y el poquita cosa. Si puedes imaginarte un muñeco que ha sido vapuleado demasiadas veces y que está perdido entre una muchedumbre de extraños, ahí tienes a Johnny. Era el más joven, aparte de mí, y más pequeño que el resto, de complexión ligera. Tenía grandes ojos negros en una cara oscura, bronceada, el pelo era negrísimo y lo llevaba engominado, peinado hacia un lado, pero lo tenía tan largo que le caía a chorretones sobre la frente. Tenía una mirada nerviosa, suspicaz, y la paliza que le dieron los socs no le vino nada bien. Era la mascota de la banda, el hermano pequeño de todos. Su padre estaba siempre venga a pegarle, y su madre no le hacía ni caso excepto cuando estaba jorobada por algo, y entonces se la oía berrearle con toda claridad desde nuestra casa. Creo que odiaba más eso que las palizas. Si no hubiéramos estado allí, se habría escapado de casa un millón de veces. De no haber sido por la pandilla, Johnny nunca habría conocido qué son el amor y el afecto.

 

Actividad 2

 

Ahora quiero que escuches a Two-Bit. Escucha lo que piensa de las peleas que se producen entre ellos, él las distingue de las otras porque son a pecho descubierto. Según él, pese a que siempre se estén peleando, ellos se respetan y se apoyan. Lo que quiero es que te pongas en la piel de Ponyboy y pienses como él. ¿Qué diría Ponyboy? Escribe una respuesta que se adapte a la psicología del personaje.

-Una pelea a pecho descubierto no es nada rudo- dijo Two-Bit-. Las facas son rudas. Lo mismo que las cadenas y las pipas, y los palos de billar y las peleas de pandillas organizadas.  Pero pelear a pecho descubierto no es rudo. Es la mejor manera de desfogarse. No hay nada malo en soltar unos cuantos puñetazos. Los socs sí que son rudos. Caen toda una banda encima de uno o dos, y organizan peleas entre clubs. Nosotros, los greasers, solemos permanecer unidos, pero cuando peleamos entre nosotros se trata de peleas a pecho descubierto entre dos tíos. Y Dally se gana a pulso todo lo que le cae encima, porque rajarle a alguien los neumáticos no es precisamente una broma cuando ese alguien tiene que currar para ganarse unos nuevos. Además, le vieron y eso es culpa suya. Nuestra regla de oro, aparte de <<Permanecer unidos>>, es <<Que no te vean>>. Igual se lleva una paliza, igual no. De una manera o de otra no correrá la sangre por odio entre nuestro equipo y el de Tim Shepard. Si mañana los necesitásemos se dejarían ver. Si Tim le rompe la cabeza a Dally y mañana nos pidiera que le echemos una mano en una pelea, allí estaríamos. Dally quería entretenerse. Le pillaron. Tiene que pagar. Nada de apuros.

 

Actividad 3:

Quiero que te metas en la piel del protagonista en este momento climático. Es el momento del reconocimiento, cuando nos descubre todo el horror que siente. Fíjate bien en la última frase.

 

Sigue el hilo de sus pensamientos y piensa en Darry, en Soda, en Cherry, en Bob (el chico asesinado), deja que tu conciencia multiplique todas esas emociones. Estás medito hasta el cuello en una situación desesperada, ¿cómo te sientes? ¿qué pasa por tu cabeza?

 

En ese instante, por primera vez, me di cuenta de en qué estábamos metidos. Johnny había matado a alguien. El pequeño, tranquilo y afable Johnny, que nunca haría daño a ninguna cosa viva adrede, se había llevado una vida humana. De verdad que huíamos, con la policía tras nosotros por un asesinato y una pistola cargada al lado. Ojalá le hubiésemos pedido a Dally un paquete de tabaco...

Me estiré y usé el muslo de Johnny a modo de almohada. Me encogí, y di gracias por tener la chupa de Dally. Era enorme, pero abrigaba mucho. Ni siquiera el traqueteo del tren era capaz de mantenerme despierto, y me dormí con la chupa de un malhechor puesta y con una pistola al alcance de la mano.

 

Actividad 4

Finalmente te presentamos el momento más duro de la historia, la escena de la muerte de Johnny. Dallas desafía al médico, amedrentándole con la navaja de Two-Bit.  Quiero que subrayes aquellos elementos narrativos que describen el pulso de los acontecimientos,  los que adelantan lo que va a suceder, los que subrayan la emoción que sienten los personajes. Exclúyelos porque ahora vas a ver lo que sucede con otros ojos: con los ojos de los padres, que acuden al hospital. Uno de ellos va a contarnos lo que está pasando, entonces las emociones son otras, no reconoce cómo se sienten sus amigos, no entiende que las últimas palabras de su hijo sean para Ponyboy, tal vez no comprenda nada de lo sucedido.

Corrimos por la entrada, que estaba atiborrada de gente, hacia el ascensor. Unos cuantos nos gritaron, pero creo que porque teníamos un aspecto lamentable, pero Dally no tenía en la cabeza otra cosa que no fuera Johnny, y yo estaba demasiado confuso para enterarme de nada, excepto de que tenía que seguir a Dallas. Cuando llegamos por fin a la habitación de Johnny, el médico nos detuvo.

-Lo siento, chicos, pero se está muriendo.

-Tenemos que verle -dijo Dally, y sacó la faca de Two-Bit. Le temblaba la voz-. Vamos a verle como sea, y si se te ocurre impedírmelo, ten por seguro que terminarás en tu propia mesa de operaciones.

El médico ni siquiera parpadeó.

-Podéis verle, pero porque sois sus amigos, no por esa navaja.

Dally le miró un momento y luego guardó la navaja. Entramos los dos en la habitación de Johnny y nos paramos un segundo a recuperar la respiración con pesados jadeos. Aquello estaba terriblemente en calma. Estaba tan en calma que daba miedo. Miré a Johnny. Permanecía muy quieto, y por un momento pensé angustiado. << Ya se ha muerto, llegamos tarde>>.

Dally tragó, secándose el sudor del bigote.

-¿ Johnnycake?- dijo con voz áspera-. ¿Johnny?

Johnny se estiró débilmente, luego abrió los ojos.

-Eh- consiguió decir con suavidad.

-hemos ganado - resolló Dally -.Hemos derrotado a los socs. Los hemos machacado, los hemos perseguido hasta echarlos de nuestro territorio.

Johnny ni siquiera intentó sonreírle.

-Inútil... pelear no sirve...- estaba terriblemente blanco.

Dally se mojó los labios con nerviosismo.

-Aún siguen escribiendo artículos sobre ti en el periódico. Por ser un héroe - hablaba demasiado deprisa y demasiado tranquilamente-. Sí, te llaman héroe y nos están convirtiendo en héroes a todos los greasers. Todos estamos orgullosos de ti, colega.

A Johnny le brillaron los ojos. Dally estaba orgulloso de él. Eso es lo que Johnny siempre había querido.

-Ponyboy.

Apenas si le oí. Me acerqué y me incliné sobre él para escuchar lo que iba a decirme.

-Sigue siendo dorado, Ponyboy. Sigue dorado...-la almohada pareció hundirse un poco, y Johnny se murió.

Habrás leído que la gente parece dormir tranquilamente cuando está muerta, pero no es cierto. Johnny simplemente parecía muerto. Como una vela de la que hubiese desaparecido la llama. Intenté decir algo, pero no conseguí emitir ni un sonido.

Dally tragó y se acercó a echarle el pelo a Johnny hacia atrás.

-Nunca lo pudo llevar bien peinado... Eso es lo que consigues por intentar ayudar a la gente, pequeño idiota, eso es lo que consigues...

Se giró de repente y se dejó caer hacia atrás, contra la pared. Se le contrajo la cara de dolor y el sudor le cayó a chorros por la cara.

-Mierda Johnny...- suplicó, descargando el puño contra la pared y martilleando con él, como si así pudiera hacer realidad su deseo-. Mierda, Johnny, no te mueras, por favor, no te mueras...

De repente salió como una centella por la puerta y escapó corriendo.

 

Actividad 5

Por último te presento estos poemas para que puedan comentarlos en clase. Pertenecen al libro Feroces, antología presentada por isla Correyero (Editorial, DVD).  Su título es bastante sugestivo y apareció publicada en 1998:"Radicales, marginales y heterodoxas de la última poesía española". Aunque hoy no sea una selección tan novedosa, ya que han surgido otros poetas, y muchos de estos poetas se han consolidado, es obvio que estos poemas, por su tono pueden servirnos de reflexión y estímulo.

Lo que se os pide es que escojáis uno de estos poemas y lo trabajéis. Se trata de que introduzcamos versos nuevos, de nuestra propia cosecha, sin que desentone el conjunto.

También podéis optar por transformar el texto en una pequeña historia o escribir una pequeña carta al desconocido autor, explicando vuestras impresiones sobre el poema.

 

Graciela Baquero

                                                     Esto no tiene remedio,

                                                        ya estoy andando.

                                                                                                                Santoka

                                            ( poeta mendigo japonés, 1882-1940)

Cuando llega el frío, la ciudad se hace pequeña como una casa inútil. No tenemos adónde ir. Sabemos de una cita que no hemos concertado y ello nos permite ir hacia alguna parte.

Olvido se impacienta si me distraigo. Por el camino no deja que me entretenga con las manos del hombre que recoge cartones y los va apilando sobre el cochecito de un niño. No quiere que me ponga a sentir en las ancianas el penetrante perfume de la abuela. Ni tan siquiera seguir con los ojos a la adolescente que cruza la calle enamorada.

Tira de mí cuando descubro en un zaguán a dos muchachos con limones, cucharas y heroína su próxima evasión o cuando intento no mancharme los zapatos y voy sorteando el abismo entre los coches.

Tenemos una cita para salir del frío. Por ello me hace correr. Tenemos prisa. Vamos hacia un lugar que se aleja de aquí.

 

 

 

 

 

Javier Bello      La jaula del que ha visto

 

En la noche ese niño ha abierto la cerca de su nombre

y ha mirado dentro del cajón.

¿Qué ha visto?

Jaurías, avestruz, incendios, vástagos,

enfermedades, ráfagas,

ha visto

a su lado ese sol que maldice

el dibujo callado del suburbio

con su pico de pájaro en el mapa,

ha visto

que el mundo un está bien cuando señalan

con linternas de gas a las mujeres

que se deshacen bajo el aluvión, que el mundo

no está bien

si sólo quedan cuerpos que le griten no.

 

Viaja en el tren, en la cama de arriba

duerme la madre, y a su lado la hermana.

No tiene tundra en las manos

ni hierbas que les crecen en el cráneo.

Dormidas lo han llamado por su nombre

y escucha ya con vértigo jaurías,

alacrán, vendajes, hilo,

hembras...

No duerme, mira por la ventanilla rota

el tejado indiscreto de la lluvia que todo se lo cuenta sin razón

y lo dice y lo vuelve a decir

y todo se lo dice, todo.

 

El niño mira

lo que puede ver,

se desliza muy ciego sobre sus manos duras

de sostener la piedra de una cabeza rota.

El niño

mira lo que no puede ser:

sobre un país descalzo

los hombres que castigan deben ser saciados.

 

Es que toda la noche le dicta la noche su noche,

es que toda la noche le dicta la noche  otra noche

proscrita entre las rosas

que se desangra herida

por el vendaval de las poleas del tren.

 

Es que sólo en la noche puede oscurecer hasta encontrar las aldeas quemadas,

sólo en la noche puede hallar ese lugar con piedras, de memoria,

sólo en ella puede ver cómo crece la tundra en las manos

de las madres y las hermanas que no huyen.

 

En la noche ese niño ha abierto la cerca de su nombre

y ha visto:

memoria,

cajón con duende, tijeras mano a mano.

 

Este poema se lo dicta la noche

herida por las poleas que desangran al tren.

 

Este poema se lo obliga a escribir su memoria,

este poema se lo obliga a escribir su memoria.

                     A Diego Jesús Jiménez

 

 

Violeta C. Rangel

Plaza de Urquinaona

 

 Rojo es el cielo y aún más rojo

es este bolso. Me subo a dos payeses

que quieren hacérselo a la vez

y con descuento.  Negro es el cielo

cuando vuelvo y aún más negro

es este bolso. Del humus de la tierra

sale basca a bofetadas. Pillo el siete,

bah, me desayuno, doy de cuerpo.

 

Estos mismos cincuenta pasos

y aunque parezca esta tu casa

tu sombra la que plancha ese sofá,

la que gasta por los lados los zapatos

a veces te levantas y no sabes

qué haces todavía tirada en este sitio,

qué esperas de esta gente

que pule las aceras, que rumia rumia

rumia en los tejados.

 

Jesús Llorente

Azul transparente

( Ryu Murakami)

 

Anuncios de neón que taladran mis pupilas,

cemento y figuras afiladas,

faros de coches viniendo de frente,

cortando el cuerpo en dos,

el humo azul de la mañana

abriéndose a la vida con pasos sigilosos,

camiones que pasan con el fragor de enormes cataratas,

hierba crecida danzando con el viento,

la enorme soledad de las gasolineras,

un transformador eléctrico,

veredas bordeando viejas naves industriales

y oscuras direcciones que nos llevan

a casas abandonadas al margen de la carretera,

y está derramándose

como acero fundido en unos altos hornos.

 

Gotas de lluvia

que atraviesan la luz de las farolas

como agujas plateadas

convirtiendo las cunetas en espejos.

Olor a asfalto y gasolina,

a cal, distancia y alquitrán,

ciclistas apresurados, ruedas recalentadas,

anuncios y chabolas,

fachadas y jardines con piscina,

el limpio azul del cielo,

y curvas que evocan

estrechas camas de hospital

futuras guerrillas urbanas

y viajeros en medio del vacío.

Gastados itinerarios, nuevos hoy.

Sendas perdidas, hoy encontradas

por nosotros que escapamos del tiempo

para intentar vencerle en su terreno.

 

Y todo refulgiendo con luz propia,

sin pertenecerme como antes.

 

Juan Carlos Reche Cala

 

Jeremy, amor joven

                                    -N.Y., años 70-

 

Jeremy, nuca más tocará piezas tristes

porque su tiempo ya no muere en este mundo;

ha jurado por todas las aceras de Nueva York

que la seguirá recordando,

al menos mientras las carreteras tengan

sus tres direcciones: la del norte, la del sur

y la de la incertidumbre.

Pero él ha jurado que no va a quemar ninguna toalla,

lo ha jurado por su pelo lacio,

por la rebeca de lana, por la primera

de sus pechos y las carreras de caballos.

Jeremy sólo tiene quince años

y ya sabe lo inútil de vivir sin trampas.

J. sale de la despedida

como un avión clavado en la desdicha.

Un avión camino a otro mundo o a otra costa.

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Comentarios Textos para talleres literarios. Rebeldes, S. E. Hinton

Buenos días Aghata.
Como estas princesa ?
Recuerda, disfrutar el día y salir al sol.
Como siempre,,,aquí aprendo!
Un beso
lerna Lerna 07/05/2009 a las 08:50
la verdad es que hoy no me encuentro muy bien, estoy cansada, triste y no sabría decir el porqué.
Saludos amiga

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