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Textos para talleres literarios: Pinocho. Edición especial para Círculo de Lectores.

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Os presentamos un fragmento de "Las aventuras de Pinocho" de Collodi. Es muy probable que este texto os resulte extraño, ya que seguramente en vuestro inconsciente aparecen las imágenes de la película de dibujos animados, mientras que yo manejo con gran cariño un libro que para mí es toda una joya.

 Me refiero a la edición especial de Círculo de Lectores con fotografías del film que realizó Luigi Comencini. Aunque se trate de una película antigua podría ser interesante verla, si el profesor o profesora lo cree conveniente, ya que es una película realizada con mimo y guiños de pantalla, una versión que simpatiza inmediatamente con el espectador, capaz de sentir todo el mimo y el encanto que supo dotar el director a un libro por el que siempre había sentido una gran atracción y simpatía, lo que se refleja una y otra vez las distintas visiones de los personajes.

Escuchemos a Comencini:  

 

Quien escribe un libro, es decir, quien elige la palabra para contar una historia, deja al lector la libertad de figurarse hechos y personajes como su fantasía, estimulada por el texto, se los imagina.

También yo soy lector de Collodi  y, al ponerme a traducir en imágenes su texto, no podía menos de remitirme a lo que su libro me había sugerido, no hoy, sino hace muchos años, cuando, de niño, lo leí una y otra vez ávidamente.

Entonces, por ejemplo, sentía simpatía y admiración no sólo por Pinocho, sino también por mecha; y así, en el filme he presentado a un Mecha simpatiquísimo. Sentía menos admiración por el hada, aburrida y pedante, y así la he representado, me producía cariño Geppetto, y espero que este afecto se refleje también en el filme.

En una palabra, he realizado un Pinocho <<mío>>, diverso sin duda a otros filmes rodados antes, de igual manera que se podrían hacer muchos otros, siempre nuevos, dando otras interpretaciones al libro. Y esto por tratarse de un libro muy bello, un libro lleno de sugestiones, un libro que no envejece nunca.

Luigi Comencini.

Director

Creo que todos comprendemos perfectamente las palabras del Director que en definitiva se ha dejado arrastrar por las vivencias que penetraron en su retina mientras leía el libro, de niño. Lo que vamos a pedirte ahora es que seas tú quién escriba tu propia versión de la historia.  Para ello puedes optar por cambiar el punto de vista narrativo ( imagina que habla el propio Pinocho, el Grillo- Parlante, el Hada...), lo que transformaría la forma de relatar los acontecimientos. También puedes cambiar a los personajes ( el Perro, no es un perro; el hada no es un hada,  el halcón no es un halcón; tampoco los médicos son los mismos). En principio respetaremos al personaje principal... para que nuestra historia siga partiendo de la misma base narrativa. Puedes introducir una descripción de la estancia del hada, puedes describirnos con trazos precisos algunos de los personajes e incluso puedes alterar los acontecimientos; hasta incluso puedes introducir un pequeño monólogo o discurso libre con los pensamientos de Pinocho... Ordena los elementos de modo que pese a los giros, se reconozca la filiación... Una vez hayas escrito todo la secuencia, quizá seas capaz de ponerle una nueva máscara al personaje, de manera que tú eres más mentiroso que él, ya que has conseguido ponerle un antifaz diferente... ¡Ahora sí, ahora si que has creado tu historia!

Escoger entre todos aquella historia que os parezca más sugestiva e innovadora e intentad una escenificación teatral de la misma. Es importante que participéis todos... unos serán los protagonistas, pero el resto... ¡Cuánto trabajo!, debéis realizar todo el aparejo de la escenografía, la iluminación, los diálogos. ¡Seguro que la escenificación de la obra será excelente!

Mientras el pobre Pinocho, ahorcado por los asesinos de una rama de la Encina Grande, parecía más muerto que vivo, la hermosa niña de los cabellos azules se asomó a la ventana y apiadada ante la visión de aquel infeliz que, colgado por el cuello, bailaba el rigodón sacudido por el viento norte, dio tres palmaditas con las manos.

A esta señal se oyó un gran ruido de alas, que volaban con precipitación, y apareció un hermoso Halcón que vino a posarse sobre el alféizar de la ventana.

-¿Qué ordenáis, mi graciosa Hada?- dijo el Halcón, bajando el pico en señal de reverencia ( porque hay que saber que la hermosa niña de cabellos azules no era sino un Hada bonísima que desde hacía más de mil años vivía en las cercanías de aquel bosque).

-¿Ves aquel muñeco que cuelga de una rama de la Encina Grande?

-Lo veo.

-Pues bien, vuela hacia allá inmediatamente, rompe con tu fortísimo pico el nudo que lo tiene suspendido en aire, y colócalo con suavidad sobre la hierba, al pie de la Encina.

El Halcón salió volando y después de dos minutos, volvió diciendo:

_Ya está hecho lo que me ordenasteis.

-¿Cómo lo has encontrado? ¿Vivo o Muerto?

-A primera vista parecía muerto, pero no debe de estar aún muerto del todo, porque apenas he soltado el nudo corredizo que lo apretaba la garganta ha dejado escapar un suspiro, balbuceando a media voz: <<Ahora me siento mejor>>.

Entonces el Hada dio dos palmadas y apareció un magnífico Perro lanudo, que caminaba erguido sobre las patas de atrás, como si fuera un hombre.

El Perro lanudo estaba vestido de cochero con librea de gala. Tenía en la cabeza un gorrito de tres picos, con galones de oro, una peluca blanca con rizos que le bajaban a lo largo del pescuezo, una levita color chocolate con bolsillos brillantes y con dos bolsillos grandes para meter allí los huesos que, a la hora de comer, le regalaba su ama, unos calzones cortos de terciopelo carmesí, medias de seda y zapatos escotados, y detrás llevaba una especie de funda de sombrilla, toda de raso azul para esconder allí el rabo cuando se ponía a llover.

-¡De prisa, Medoro!- dijo el Hada al Perro lanudo-. Haz que preparen inmediatamente la mejor carroza de mi caballeriza y emprende el camino del bosque. Una vez que llegues debajo de la Encina Grande, encontrarías allí tendido sobre la hierba a un pobre muñeco medio muerto; recógelo con cuidado, colócalo sobre los cojines de la carroza y trámelo aquí. ¿Entendido?

El perro lanudo, para demostrar que había entendido, meneó tres o cuatro veces la funda de raso azul que llevaba detrás y salió como un rayo.

Poco después se vio salir de la caballeriza una bonita carroza del color del aire, toda almohadillada con plumas de canario y forrada en su interior con nata y crema de bizcotelas. La carroza iba tirada por cien parejas de ratoncitos blancos, y el perro lanudo, sentado en el pescante, restallaba el látigo a derecha e izquierda como un cochero cuando teme llegar tarde.

No había pasado todavía un cuarto de hora y la carroza estaba ya de vuelta; y el Hada, que esperaba a la puerta de casa, tomó en sus brazos al pobre muñeco, y llevándolo a una habitación que tenía las paredes de madreperla, mandó inmediatamente llamar a los médicos más afamados de los contornos.

Los médicos llegaron en seguida, uno tras otro. Eran un cuervo, un Mochuelo y un Grillo-parlante.

-Querría saber de ustedes- dijo el Hada, dirigiéndose a los tres médicos reunidos en torno al lecho de Pinocho, querría saber de ustedes si este desgraciado muñeco está vivo o muerto.

Ante la invitación, el Cuervo, adelantándose, tomó el pulso a Pinocho. Después le tocó la nariz, los dedos meñiques de los pies y, cuando lo hubo examinado completamente, pronunció solemnemente estas palabras:

-A mí juicio, el muñeco está bien muerto; pero si por desgracia no estuviera muerto, ¡entonces es indicio seguro de que está vivo!

-Siento mucho- dijo el Mochuelo - tener que contradecir a Cuervo, mi ilustre amigo y colega. Para mí el muñeco está vivo; pero, si por desgracia no estuviera vivo, entonces sería señal segurísima de que estaba muerto.

_ Y usted, ¿ no dice nada?- preguntó el Hada al Grillo- parlante.

-Yo digo que un médico prudente, cuando no sabe lo que dice, lo mejor que puede hacer es callarse. Por lo demás ese muñeco no me es una cara desconocida. ¡ Lo conozco hace tiempo!...

Pinocho, que hasta entonces había estado inmóvil como un verdadero trozo de madera, sufrió una especie de convulsión que hizo mover toda la cama.

-¡Ese muñeco que veis ahí- continuó el Grillo-parlante- es un bribón de profesión!

Pinocho abrió los ojos y los cerró inmediatamente.

-Es un travieso, un perezoso, un vagabundo...

Pinocho escondió la cara entre las sábanas.

-¡Ese muñeco es un hijo desobediente, que hará morir de disgustos a su pobre padre!...

En este momento se oyó en la habitación un sonido ahogado de llantos y sollozos. Figuraos cómo se quedaron todos cuando, levantando un poco las sábanas se dieron cuenta de que quien lloraba y sollozaba era Pinocho.

-Cuando un muerto llora, es señal de que está en vías de curación- dijo solemnemente el Cuervo.

-Me disgusta tener que contradecir a mi ilustre amigo y colega - repuso el Mochuelo-; pero, a mi modo de ver, cuando un muerto llora es señal de que le disgusta morir.

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Comentarios Textos para talleres literarios: Pinocho. Edición especial para Círculo de Lectores.

guapa¡¡
espero que estés bien¡¡¡¡¡¡

besossssss¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Yo tambien espero que estes bien, ya nos contarsa.
singapur singapur 17/03/2009 a las 09:49
Muchas gracias Marlen, muchas gracias Singapur. En realidad no estoy bien. Me tienen que operar nuevamente. De veras, no quiero hablar de eso.
En fín, todo sea para mejorar.
Saludos a los dos.
Hola, me parece muy buena esta version, el poder utilizar como base a los personajes de los cuentos clàsicos, el utilizar nuestra imaginaciòn es un gran aliciente para poder formar a nuestros alumnos y encaminarlos hacia un mundo de jovenes lectores.
Flor Areli Vàzquez Flor Areli Vàzquez 12/05/2010 a las 16:15

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