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Textos para talleres literarios: Mi padre, Manuel Toro.

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Mi padre

Es fácil que te imagines esta escena narrada. El chaval se avergüenza del comportamiento de su padre, al que cree carente de valor; un cobarde, en suma. Sin embargo el clímax narrativo va creciendo hasta detenerse en la escena de ese bar, al que siempre acuden todos los bravucones  y al que nunca ha visto entrar a su padre. Fíjate cómo el narrador ya nos había adelantado en el primer párrafo, algunos nombres a los admira. Ahora, mientras se esconde entre las piernas de su padre, observa a esos hombres, que pasan su tiempo ociosamente, bebiendo o jugando. El ambiente se crispa por momentos, y ante la provocación el niño siente cómo le flaquean las piernas. Pero el comportamiento de su padre es ejemplar, no vacila y responde, primero, con palabras comedidas, después con coraje. Ante su asombro, el colorao reconoce su hombría, todos aplauden su actuación. A partir de ese momento, no es un rostro cualquiera, es todo un hombre.

Quiero que observes con detenimiento cómo el autor construye la escena, como desciende su mirada y se fija en lo verdaderamente significativo, obviando aquellos detalles que son accesorios o irrelevantes. Las reiteraciones de las expresiones contribuyen a crear el efecto climático necesario... para que el lector se forje una imagen nítida de lo que sucede:

Veinte manos se hundieron en las camisetas sucias, en los pantalones raídos, en las botas enlodadas...Veinte manos surgieron....

Y en ese momento climático, la narración sufre el quiebro necesario, ofrece ese cambio de orientación de todo buen cuento u estampa, de manera que el lector se siente atrapado por el juego, siente como el emisor ha creado una expectativa determinada y luego la ha moldeado a su imagen y semejante hasta provocarnos la sorpresa necesaria, para que la escena se quede en nuestra retina como un aguafuerte.

Ahora es el momento de la transformación. En primer lugar, voy a pedirte que pienses cómo se transformaría la narración si verdaderamente el colorao acepta el ofrecimiento y se entabla una pelea entre ambos. Imagina el terror del pequeño, el flaqueo de su piernas, los huesos de todo su cuerpo se han paralizado y por no molestar, ni respira.

En segundo lugar, voy a pedirte que te pongas en situación e imagines una escena similar. Imagina lo que sucede cuando alguien se siente poderoso, hasta el punto de creer que su poder se consigue, metiéndose con el prójimo, aplastando al más débil, o al nuevo o nueva. Seguro que has visto esa escena multitud de veces en tu Instituto. Piensa en el poder de las palabras, si sabemos responder a tiempo y somos inteligentes, evitaremos muchas peleas y malos rollos. Imagina esa situación y cómo la solventarías sin necesidad de lanzarte al degüello, simplemente haciendo uso del lenguaje, ese instrumento fiel que utilizamos para comunicarnos y que nos retrata, mostrando cómo somos, según la forma que tenemos de emplear las palabras.  Escoge el marco espacio- temporal, el motivo del conflicto... que muchas veces es baladí, y ponte manos a la obra, congela la pelea, usa el cerebro, no los puños. ¡Empléate a fondo!

De niño tuve siempre el temor de que mi padre fuera un cobarde. No porque le viera correr seguido de cerca por un machete como tantas veces a Paco el Gallina y a Quino Pascual. ¡Pero era tan diferente a los papás de mis compañeros de clase!  En aquella escuela de barrio donde el valor era la virtud suprema, yo bebía el acíbar de ser el hijo de un hombre que ni siquiera usaba cuchillo. ¡Cómo envidiaba a mis compañeros que relataban una y otra vez sin cansarse nunca de las hazañas de sus progenitores! Nolasco Rivera había desarmado a dos guardias insulares. A Perico Lugo lo dejaron por muerto en un zanjón con veintitrés tajos de perrillo. Felipe Chaveta lucía una hermosa herida desde la sien hasta el mentón.

Mi padre, mi pobre padre, no tenía ni una sola cicatriz en el cuerpo. Acababa de comprobarlo con gran pena mientras nos bañábamos en el río aquella tarde sabatina en que como de costumbre veníamos de voltear las telas del tabaco. Ahora seguía yo sus pasos hundiendo mis pies descalzos en el tibio polvo del camino y haciendo sonar mi trompeta. Era un tallo de amapola que mi padre con aquella mansa habilidad para todas las cosas pequeñas había convertido en trompeta con sólo hacerle una incisión longitudinal.

Al pasar frente a La Aurora me dijo:

  • - Entremos aquí. No tengo cigarrillos para la noche.

Del asombro por poco me trago la trompeta. Porque papá nunca entraba a La Aurora, punto de reunión de todos los guapos del barrio. Allí se jugaba a la baraja, se bebía ron y casi siempre se daban tajos. Unos tajos de machete que convertían  brazos nervudos en curtos muñones. Unos tajos largos de navaja que echaban afuera los intestinos. Unos tajos hondos de puñal por los que salía la sangre y se entraba la muerte.

Después de dar las buenas tardes, papá pidió cigarros. Los iba escogiendo uno a uno con fruición de fumador, palpándolos entre los dedos, llevándolos a la nariz para percibir su aroma. Yo, pegado al mostrador forrado de zinc, trataba de esconderme entre los pantalones de papá. Sin atreverme a tocar mi trompeta, pareciéndome que ofendía a los guapetones hasta con mi aliento, miraba a hurtadillas de una a otra esquina del ventorrillo. Acostado sobre la estiba de arroz veía a José el Tuerto comer pan y salchichón, echándole los pellejitos al perro sarnoso que los atrapaba en el aire con un ruido seco de dientes. En la mesita del lado tallaban con una baraja sucia Nolasco Rivera, Perico Lugo, Chus Maurosa y el colorao que yo no conocía. En un tablero colocado sobre un barril se jugaba a dominó. Un grupo de curiosos seguía de cerca las jugadas. Todos bebían ron.

Fue el colorao el de la provocación. Se acercó donde papá alargándole la botella de la ya todos habían bebido:

-Dese un palo, don.

-Muchas gracias, pero yo no puedo tomar.

-¡Ah! ¿con que me desprecia porque soy un pelao?

-No es eso, amigo. Es que no puedo tomar, déselo usted en  mi nombre.

-Este palo se lo da usted o sea... se lo echó por la cabeza.

Lo intentó pero no pudo. El empellón de papá lo arrojó contra el barril de macarelas. Se levantó medio aturdido por el ron y por el golpe, y palpándose el cinturón con ambas manos dijo:

-Está usted de suerte, viejito, porque ando desarmao.

-A ver, préstenle un cuchillo.

Yo no podía creerlo, pero era papá el que hablaba.

Todavía al recordarlo un escalofrío me corre por el cuerpo. Veinte manos se hundieron en las camisetas sucias, en los pantalones raídos, en las botas enlodadas, en todos los sitios en que un hombre sabe guardar su arma. Veinte manos surgieron ofreciendo en silencio de jíbaro encastado el cuchillo casero, el puñal de tres filos, la sevillana corva...

-Amigo, escoja el que más el guste.

-Mire don, yo soy un hombre guapo, pero usté es más que yo- Así dijo el colorao y salió de la tienda con pasito lento.

Pagó papá sus cigarros, dio las buenas tardes y salimos. Al bajar el escaloncito escuché al Tuerto decir con admiración:

-Ahí va un macho completo.

Mi trompeta de amapola tocaba a triunfo.

¡Dios mío, que llegue el lunes para contárselo a los muchachos!

 

Manuel Toro ( Puerto Rico, 1925)

 

Vocabulario:

zanjón: zanja

tajos de perrillos: puñaladas o navajazos

voltear: dar la vuelta

guapos. bravucones, perdonavidas

dese un palo, don: bébase un trago, señor.

macarelas: pescado ahumado del tipo de los arenques.

encastado: indio de raza, de casta.

sevillana: tipo de navaja.

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Comentarios Textos para talleres literarios: Mi padre, Manuel Toro.

pues la verdad q me ha gustado como ejercicio no tanto el cuento pero esta bueno como para comenzar y la verdad q me hacen faltan estos ejercicios como para comenzar a escribir narrativa y alejarme un poco de la poesia!!! saludos...
ah por cierto esta es la primera entrada o hay mas porq no veo nada mas!! bue tb tengo sueño y no me dedique a buscar mucho jeje suerte en todo.... te leo otro dia!
Anónimo Anónimo 17/02/2009 a las 06:29
Preciosa historia que me recuerda una experiencia personal,un saludo.
mart mart 17/02/2009 a las 20:05
Me podrian decir cual es el tema principal o la idea central del cuento... o si me pueden decir las dos cosas.... :D
Yely Yely 10/11/2009 a las 00:54
q lindo cuento
Anónimo Anónimo 22/09/2010 a las 00:18
q lindo cuento
Anónimo Anónimo 22/09/2010 a las 00:18
A mi me gustó mucho el cuento.
El narrador muestra el gran peso que tiene um padre para su hijo y también la importancia que possee el imagen del papá .
Neia Neia 17/10/2010 a las 22:49
Alghien me puede desir la idea central de este cuento y los temas secundarios por favor alludemen los nesecito para manana para un prollecto se les agradese la alluda pronto grax q dios los bendiga bye
Jehnsy Jehnsy 16/11/2010 a las 03:01
necesito ayuda.. por favor necesito saber la idea central o el significado del titulo !
nata nata 22/11/2010 a las 02:00
es una exelete historia deberian de ser los libros asi de narrativos para poner mas atencion jajajjajajaja
Anónimo Anónimo 07/12/2010 a las 05:20

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