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Textos para talleres literarios: El alce Skutt y la pequeña princesa Tuvstarr

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Vamos a trabajar este cuento que, pese a su sencillez, presenta algunos procedimientos constructivos de calidad. En primer lugar, vemos que el narrador se dirige al lector, mediante el uso de la segunda persona. Pretende pues introducirnos en esa atmósfera necesaria para el posterior desarrollo de los acontecimientos. Así nos muestra una naturaleza animada, capaz de sobrecogernos. Los árboles, las flores, el lago...  todo cobra vida: son personajes animados que ocultan secretos. El narrador nos recuerda el poder de la naturaleza y confía en que nosotros, los lectores, le demos la razón. Por lo tanto se entromete en nuestras conciencias, para conseguir que los puntos equidistantes que nos separan de la fantasía se diluyan, con este procedimiento consigue crear la expectación necesaria y así ya puede introducir al alce,  Patas Largas.  Este es un animal impresionante, capaz de hacer enmudecer a toda la naturaleza cuando pasa,  todos esos elementos omnipotentes que nos ha presentado  se sobrecogen a su paso, todos se postran ante él. Parece que hasta este momento el narrador sólo nos ha contado lo que sucede en la vida del bosque;  todavía no ha comenzado el cuento.

Después de esta diapositiva, el narrador nos dice que ahora ya puede emprender el trayecto de la historia, lo anterior le ha servido de marco, para que comprendamos la fuerza, la majestuosidad del alce que se topa con la princesa del Palacio del sueño.  Este encuentro,  es el detonante de los acontecimientos.   El encuentro es apariencia, trivial, lo sucede es que los personajes que se cruzan son especiales. La niña no es una niña cualquiera, aunque sí lo sean sus motivaciones: la curiosidad, la ingenuidad.  Tampoco el alce es un animal cualquiera, sino un ser majestuoso, que produce en la niña un efecto hipnótico.  Ella le pide que le muestre el mundo, que la conduzca fuera de los confines de su reino; él, a su vez, se siente irremediablemente atraído por su ingenuidad y accede. Antes de claudicar, le advierte; el mundo es oscuro, frío, malvado... y ella un ser endeble, apenas una niña que no sabe nada de la vida.  Pero el alce no puede negarle su capricho y se dispone a socorrerla, a protegerla ante la adversidad, ante los desencuentros.  Ella escucha sus advertencias, pero actúa imprudentemente. Cada nuevo elemento es un obstáculo en su aventura. Lo que sucede es que es demasiado pequeña, lo que sucede es que la naturaleza se va apropiando de una parte de sí, le va robando conciencia, primero le desnuda el cuerpo y luego la indefensa y le quita su don más preciado.

Lo que te proponemos es bastante sencillo. Se trata de que transformes los elementos de la historia, pero respetando sus elementos estructurales.  Debes hacer, en primer lugar, una introducción similar a la presentada por el narrador. Él nos habla de un alce, pero tú puedes elegir, puedes decidir quién va a acompañar a nuestro protagonista, que no necesariamente tiene que ser una niña aunque, eso sí, debes respetar su ingenuidad, ese deseo de conocimiento perpetuo. Después deberás introducirla en la profundidad de... un bosque, una ciudad extraña, un barco, una feria, etc.; se encontrará con... Recuerda que cada obstáculo provoca una pérdida, poco a poco va perdiendo sus dones.  De tu capacidad para conseguir crear una atmósfera determinada, de la elección de los personajes y de  la destreza para cruzarlos depende el éxito del cuento.  Recuerda  que el lector que  atraviesa el laberinto de la fantasía, espera hallar un tesoro, espera sorprenderse, emocionarse con lo que se le está contando, de ahí la necesidad de un comienzo que enganche y de un final inédito, capaz de engancharlo. Lanza el anzuelo con destreza y seguro que consigues una buena pesca.

 

El alce Skutt y la princesa Tuvstarr

 

Quizá hayas estado alguna vez en los grandes bosques, y quizá hayas visto algunos de esos pequeños lagos tan negros, extraños y mágicos, y tan escondidos entre los bosques, que casi dan  miedo.  Todo está en calma, y los abetos y los pinos están  muy juntos, rodeando silenciosamente el estanque. A veces, tímida y cuidadosamente te asomas un poquito guiado por la curiosidad de conocer qué es lo que se esconde en las negras profundidades. También allí, reflejado en las aguas, crece un bosque igualmente curioso y sosegado como el anterior. Pero los dos bosques nunca han podido hablarse el uno al otro. Y eso es lo más extraño.  Cerca de la orilla del lago, fuera del agua, crecen montoncitos blandos de hierbas cubiertos con musgo verdoso y marrón, y encima de todo hay unas flores peludas, pequeñas y blancas. Todo está en calma, no se oye ni un ruido, ni un movimiento de vida, ni un pequeño soplo, es como si toda la naturaleza estuviera pendiente de escuchar algo; de escuchar algo mientras el corazón está latiendo: <<¡Pronto, pronto, pronto!>>. Y entonces empiezan las copas de los pinos a moverse lentamente, como si murmuraran entre sí, diciendo: <<¡Sí, lo han visto, lejos, muy lejos de aquí, pero pronto estará aquí, vendrá, vendrá!>> El murmullo pasa por los bosques, los matorrales crujen y se hacen confidencias, y las pequeñas flores blancas se inclinan la una frente a la otra como diciendo: <<¡ Sí, él vendrá, él vendrá.>>

 A lo lejos, se oye de cuando en cuando un chasquido, el ruido se acerca y cada vez es más fuete, crece, suena como un estallido de matorrales y ramas rotas, se oyen unos pasos ligeros, una respiración jadeante y, con el lomo sudoroso aparece el alce y se acerca a la orilla, se para moviendo su morro de un lado a otro y olfatea. Sus grandes cuernos ondean, sus narices tiemblan y durante unos segundos se queda totalmente inmóvil, pero en seguida se pone en movimiento saltando sobre el musgo blando y desaparece en el bosque, al otro lado del lago.

Esto es la vida real. Y ahora empieza el cuento.

 

El sol brilla como el oro sobre la pradera del palacio de sueño. Es verano y la pradera florece  con  miles de perfumadas flores. Allí, entre las flores, está sentada una niña pequeña, rubia e inocente, peinando su largo pelo dorado. ¡Ah, el pelo pasa entre sus pequeños dedos como chorros de rayos dorados del sol veraniego! Junto a ella, entre la hierba, ha dejado su corona de oro.

La niña es la pequeña princesa del Palacio del Sueño, y hoy ha salido a escondidas del grande y espléndido salón donde están sentados en sillas doradas su padre rey y su madre reina, con el cetro y el orbe en la mano, símbolo del gobierno que ejercen sobre sus ciudadanos. Le apetece estar sola y libre y se va hacia la florida pradera. Allí ha tenido siempre su lugar de juego más querido.

La princesa, pequeña y delgada, es una niña todavía. Permanece sentada con un blanco vestido de sedas y muselina tan fino como la gasa.

Todos la llaman Tuvstarr. Con sus dedos pequeños y delgados desenreda su pelo dorado por el sol y sonríe mirando los brillantes mechones. Y cuando un alce pasa de largo, bramando, ella levanta la cabeza.

-¿Y tú, quién eres?

-Yo soy Skutt Patas Largas - contesta el alce-, ¿Y a ti cómo te llaman?

-Me llaman princesa Tuvstarr, ¿sabes?

Diciendo esto recoge la corona del suelo y se la enseña.

El alce se para y mira la princesa un rato bajando un poco la cabeza.

-Eres muy bonita, pequeña.

Tuvstarr se levanta, se acerca con cuidado y apoya su cabeza en su tembloroso morro, acariciándolo con cuidado.

-Qué grande y espléndido eres. ¡Pero si tú también tienes una corona! ¡Llévame contigo! ¡Déjame sentarme detrás de tu cuello y llévame a ver el mundo!

El alce duda un poco.

-Pequeña niña, el mundo es frío y grande, y tú eres tan pequeña...  El mundo está lleno de maldad y malicia, y podría hacerte daño.

-¡Qué va! soy joven y llena de vida, tengo calor suficiente para todos. Soy pequeña y buena, y quiero dar mi bondad.

-Princesa Tuvstarr, el bosque es oscuro y el camino es peligroso.

-¡Pero si tú estás conmigo! Tú eres grande y fuerte, y puedes defendernos a los dos.

Entonces el alce mueve de un lado a otro su cabeza agitando sus grandes cuernos. Hay como fuego en sus ojos. Tuvstarr aplaude, aplaude con sus pequeñas manos.

-¡Bien, bien! Pero eres demasiado alto para mí, si te agachas me podré subir.

El alce se echa obediente, y Tuvstarr se coloca sobre él sujetándose con fuerza.

-Yo ya estoy lista. Ahora puedes enseñarme el mundo.

Él se levanta lentamente, con miedo de hacer un movimiento brusco y tirar a la pequeña.

-Agárrate fuerte a mis cuernos.

Luego sale andando con grandes pasos. Tuvstarr no recuerda haberlo pasado nunca tan bien. Ve tantas cosas bonitas y nuevas... Nunca antes había estado fuera de la pradera del Palacio del sueño. Y ahora pasan por colinas y montañas, valles y llanuras.

-¿A dónde me llevas ahora?- dice Tuvstarr.

-A Skogmossebo- contesta Skutt-, porque soy de allí. Allí no nos molestará nadie. Pero todavía nos queda un buen trecho.

Se acerca la noche y Tuvstarr empieza a sentirse cansada y hambrienta.

-¿Ya te has arrepentido?- se burla el alce-. Ahora es demasiado tarde para volver. Pero estate tranquila. En las aguas pantanosas hay muchas y maravillosas frutas que puedes coger. Y allí en medio tengo mi hogar.

Siguieron andando un poco más, y al rato apareció un claro en el bosque. Tuvstarr vio delante de sí una zona pantanosa grande, de varios kilómetros de largo, donde el musgo crecía frondoso en pequeños lugares.

-Aquí nos quedamos- dice Skitt, agachándose mientras Tuvstarr se baja-. Y ahora cenaremos tranquilamente.

Tuvstarr olvida que tenía sueño y salta con ligereza de un pequeño montículo a otro como le acaba de enseñar Skutt, y recoge en pequeños cucuruchos, hechos de hojas, grandes y sabrosas frutas, las come con gusto, invitando al mismo tiempo a Skutt Patas Largas.

-No, ahora tenemos que darnos prisa para llegar a mi casa antes de que oscurezca demasiado- dice Skutt, y Tuvstarr se sube otra vez a su gran lomo.

Skutt camina con seguridad por el pantano y no necesita probar si los pequeños setos aguantan su peso o no. Es evidente que ha nacido aquí.

-¿Quiénes son los que bailan allí, a lo lejos?- pregunta Tuvstarr.

-Son ninfas. ¡Pero ten cuidado con ellas! Parecen nobles y buenas pero no son de fiar. Y recuerda lo que te digo: no les contestes, agárrate con fuerza a mis cuernos y no les hagas caso.

Tuvstarr promete que sí.

Pero ya les han visto las ninfas. Se acercan como flotando en el aire, bailando, serpenteando arriba y abajo delante del alce y haciendo gestos burlones a Tuvstarr. Ella piensa en todo lo que Skutt acaba de decir y se siente inquieta y se coge con más fuerza a sus cuernos.

-¿Quién eres tú, quién eres tú?

Cientos de preguntas susurran a su alrededor, y ella siente como si tuviera numerosas bocas de frío aliento cerca de sí. Pero no contesta.

Entonces se animan aún más las pequeñas y frágiles ninfas de blancos velos e intentan tirar de su vestido y su pelo largo y rubio, pero no logran agarrarlo del todo. Skutt se limita a resoplar y a correr.

De repente, Tuvstarr tiene la sensación de que se afloja su corona y teme perderla. ¡Qué dirían su padre el rey y su madre la reina, que se la han regalado! Por eso, olvida lo que le había dicho Skutt y deja escapar un grito, suelta una de sus manos y se la lleva a la cabeza. Deberías haber visto lo que pasa a continuación.

Las ninfas han ejercido ya su poder sobre ella, aunque no totalmente, ya que todavía se sujeta con la otra mano a los cuernos del alce, y con risitas burlonas y alegres le arrancan la dorada corona y desaparecen flotando en el aire.

-¡Oh, mi corona!-lloriquea Tuvstarr.

-¿Por qué no me obedeciste?- le reprocha Skutt-. Ahora te aguantas. Quizá no vuelvas a ver tu corona, y estate contenta de que no haya sido peor.

Skutt sigue andando, y Tuvstarr puede distinguir de pronto un pequeño grupo de árboles que forman una isla en el centro de la ciénaga.

-Allí está mi casa- dice Skutt -, y allí vamos a dormir.

Llegan en seguida. Se trata de un pequeño cerro que se eleva sobre el terreno pantanoso que lo rodea y en su interior, entre pinos y abetos, está todo seco y resulta agradable.

Tuvstarr da un beso de buenas noches a su querido amigo Skutt, se quita su vestido, lo cuelga cuidadosamente en una rama y se echa sobre el suelo quedándose dormida, mientras el alce con sus patas largas permanece de pie junto a ella para protegerla. Ya es casi de noche y comienzan a brillar algunas estrellas.

A la mañana siguiente, Tuvstarr se despierta temprano, porque Skutt le roza la frente con el morro. Se levanta y estira su cuerpo a la luz amarillenta de la mañana, luego recoge rocío en sus manos y bebe. Tiene un pequeño corazón de oro en una cadena alrededor del cuello, y brilla como el fuego a la luz del sol.

-Hoy quiero ir totalmente desnuda- exclama-, pongo mi vestido delante de mí, tú me pones en tu lomo y me enseñas más el mundo.

El alce hace lo que ella quiere. No le puede negar nada. Ha estado despierto toda la noche contemplando a la extraña, blanca y pequeña niña, y al llegar la mañana tenía lágrimas en los ojos. No sabe por qué, pero siente como si estuviera empezando el otoño de nuevo, y le invade un deseo interno de pasar por luchas y peligros, así como unas enormes ganas de no andar más solo.

De repente, sale corriendo en dirección al bosque. Le cuesta a Tuvstarr seguir sujetándose. Las ramas la golpean con fuerza en la cara y en el cuerpo y su pequeño corazón de oro salta de arriba abajo. ¡Así de rápido va!

Pero Skutt se tranquiliza poco a poco y afloja la velocidad. Ahora están pasando por un bosque grande y extraño. Los abetos tienen ramas largas y pesadas, las raíces se enroscan como serpientes en el suelo y a lo largo del camino hay grandes piedras cubiertas de sombrío musgo. Nunca antes había visto Tuvstarr cosas tan extrañas.

-¿Qué es eso que se mueve en el interior del bosque? Parece algo así como una larga melena con un par de blancos brazos saludando.

-Pues sí, es la ninfa del bosque- dice Skutt-. Háblale con amabilidad, pero no se te ocurra contestar a ninguna pregunta que te haga y, por Dios, no sueltes mis cuernos.

No. Tuvstarr tendría mucho cuidado.

Ahora se acerca la ninfa del bosque como flotando en el aire. No se deja ver bien del todo, siempre se esconde un poco detrás de un árbol y desde allí, mira con curiosidad, diríase que como al acecho.

Tuvstarr apenas se atreve a mirar hacia allí, aunque si llega a ver que la ninfa tiene ojos verdes y fríos y una boca roja como la sangre.

La ninfa del bosque se mueve con rapidez de un árbol a otro siguiendo al alce mientras este corre. Conoce a Skutt desde hace tiempo, pero eso pequeño y blanco de pelo dorado que el animal lleva sobre su espalda no sabe bien lo que es. Tiene que averiguar lo que es aquello.

-¿Cómo te llamas?- grita de repente.

-¡Me llamo Tuvstarr, la princesa del Palacio del sueño! -contesta tímidamente la pequeña, teniendo mucho cuidado en no preguntar su nombre a la ninfa, aunque ya lo conocía.

-¿Qué es eso que llevas delante de ti?- dice otra vez la ninfa del bosque.

-Pues es mi mejor vestido- contesta Tuvstarr con un poco más de confianza.

-Oh, déjame verlo- pide la ninfa del bosque.

Por supuesto que le permite verlo, y Tuvstarr suelta su mano de los cuernos y le enseña su vestido. Pero no debería haber hecho eso, porque la ninfa coge la prenda y desaparece rápidamente por el bosque.

-¿Por qué tenias que soltar la mano?- murmuró Skutt-. Si hubieras soltado la otra mano también, hubieras tenido que acompañarla y entonces es muy posible que no hubieras regresado con vida.

-¡Sí, pero mi vestido, mi vestido!- sollozó Tuvstarr-

Sin embargo, a pesar de su tristeza, poco a poco fue olvidando el vestido. También aquel día transcurre, y Tuvstarr pasa la noche durmiendo debajo de un abeto, mientras que Skutt se queda inmóvil a su lado vigilándola.

Cuando ella se despierta al día siguiente el alce no está.

-¡Skutt, Skutt Patas Largas! ¿Dónde estás?- exclama asustada, mientras se apresura a levantarse.

Sí, observa, allí sale jadeando de entre unos matorrales. Ha estado en lo alto del monte mirando, olfateando hacia el oeste. ¿Qué olfateaba? Bueno, no puedo precisarlo, pero su piel está sudorosa y su cuerpo tembloroso.

Da la sensación de que tiene prisa en marcharse de allí y, por tanto, él mismo ofrece su espalda a Tuvstarr y ella sube. Rápidamente se ponen en marcha hacia el oeste. ¡Hacia el oeste! El alce apenas oye lo que Tuvstarr le está gritando.  Por lo menos no le contesta. Él se siente como si tuviera fiebre en el cuerpo.  Y corre velozmente como si estuviera poseído por la rabia.

-¿A dónde me llevas?- dice Tuvstarr.

-Al pequeño lago- contesta-. Hay un lago dentro del bosque. Suelo ir allí cuando se acerca el otoño. Creo que nunca un ser humano ha estado allí, pero tú lo vas a conocer.

De repente se separan los árboles, el agua brilla, un agua marrón mezclada con tonos verdes y dorados.

-¡Sujétate fuerte- dice Skutt-, porque el fondo guarda muchos peligros y ten cuidado con tu corazón de oro!

-Sí, qué agua más extraña- contesta Tuvstarr, mientras se asoma para ver mejor; pero entonces, al inclinarse, se le resbala por la cabeza la cadena del corazón de oro y se cae al lago desapareciendo en sus profundidades.

-¡Oh, mi corazón, mi corazón de oro que me regaló mi madre cuando nací! Oh, ¿qué puedo hacer?

Ella está inconsolable. No quita la vista de las profundidades del lago y quiere buscar su corazón entre el traicionero musgo.

-¡Ven - dice Skutt-, esto es muy peligroso para ti! Sé cómo puede terminar esto. Primero sería la memoria, luego la razón.

Pero Tuvstarr se quiere quedar allí. Tiene que recuperar su corazón.

-Márchate tú, querido amigo, deja  que me quede aquí sola, yo encontraré el corazón.

Cuando el alce se agacha, ella abraza su cabeza agradecida,  le besa amablemente y le acaricia lentamente. Luego se aleja, pequeña, frágil y desnuda, y se sienta en un montoncito de musgo.

El alce se queda aún un buen rato mirando pensativo a la pequeña, hasta que aprovechando un momento en el que ella parece no percatarse de su presencia, se da la vuelta y desaparece con pasos lentos e inseguros por el bosque...

Han pasado muchos años desde entonces. Todavía está Tuvstarr sentada mirando el agua, añorando su corazón. En realidad la princesa, ya no se encuentra  allí, solamente queda una pequeña y blanca flor con el nombre de Tuvstarr en la orilla del pequeño lago.

De cuando en cuando el alce vuelve, se detiene y mira a la pequeña flor. Él es el único que sabe quién es la flor. Tuvstarr, la princesa. A veces, la saluda con la cabeza y sonríe, a fin de cuentas, él es un viejo amigo de ella; pero ella ya no quiere volver con él, tampoco podría hacerlo mientras dure el encanto en que se encuentra.

El encanto está allí abajo, y allí, en el fondo, muy en el fondo, hay un corazón perdido

 

Helge Kjellin

Cuentos suecos, Ed. Anaya

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Comentarios Textos para talleres literarios: El alce Skutt y la pequeña princesa Tuvstarr

Me encanta esta frase!!! "El sol brilla como el oro sobre la pradera del palacio de sueño..."

Un super post... puro, sencible, genial, humilde, sincero... transparente... en fin. muy bonito.
Un fuerte abrazo amiga.
Muchas gracias Yakely. Esta selección de cuentos es genial, a mi encanta y sus imágenes son estupendas. De todas formas, este es uno de mis preferidos. Su calidad es excepcional y está escrito con una sensibilidad exquisita.
Besos
La frase "De cuando en cuando el alce vuelve, se detiene y mira a la pequeña flor." Es tan linda sigue asi y seras el blog del mes te lo aseguro.
Y gracias por postear mi blog que buena eres
Saludos
Hola xD
no tengo flog
pero quiero decirte que tu historia es muy linda
y ami tambien me gusto esta frase:
"El sol brilla como el oro sobre la pradera del palacio de sueño"
ohh que linda =)
en fin, me voy
sigue escribiendo, escribir es una forma de echar a volar tu imaginacion, nunca dejes de hacerlo
Tu eres muy buena en eso de escribir =)

Yo escribo novelas jeje
pero estan chistosas XD
y se tratan de mis artistas favoritos como los de The Rasmus y HIM
y otros mas XD
bye..!!
Leila de Ylonen Leila de Ylonen 06/06/2010 a las 00:30
ahh y tus imagenes son realmente increibles y maravillosas =) jeje
Leila de Ylonen Leila de Ylonen 06/06/2010 a las 00:31

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