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Textos para talleres literarios.

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 La gente le da al Karaoke de lo lindo. Da lo mismo lo que pongan, todos se desgañitan en la pista... Si Pablo, el dueño, está de buen rollete nos suelta toda la retahíla del pop español. Y ahí sí juego yo, ahí me juego el pellejo.  Hoy, sin embargo, no estoy de humor, me he quedado en la retaguardia observando.  Chavales avispados mojan el gaznate y miran el percal desde su puesto estratégico. Las tías hacen lo propio. Se quedan aparentemente en el limbo, pero en el fondo están controlando a los tíos que entran.  Cada vez que aparece alguien escucho siseos, ojos alzados, intromisión hasta la médula. Si es un habitual, camina tuteando a los amigos, esbozando sonrisas o saludos; pero los nuevos, son como especímenes a explorar. Sus pies rasgan el suelo con premeditación hasta que encuentran ese lugar que les permite pasar inadvertidos o  a la chica con la que han quedado. Cuando llegan a su altura se sienten salvados. Se  apoyan en la barra, piden algo  y se hacen los interesantes. No hay un ápice de remordimiento en sus miradas, cuando ven una chica  que les gusta, se giran sin conmiseración. Si tienen novia  intentan el disimulo, pero claro a más de uno se le ve el plumero.

 Por fin aparecen ellas, mis amigas, menos mal porque estoy más sola que la una. Jaime en otra mesa, charla con Fran, David y Luís. Aunque me lanza furtivas miraditas, en ningún momento se digna a  saludarme. Aparentemente, yo no existo.

Pero todo es diferente cuando llegan Inma, Lorena y Ágata. Instintivamente ellos se levantan, yo también. Inma,  la más cabra de todas, ni corta ni perezosa se dirige a su mesa, y me hace un gesto para que me levante y vaya  en su misma dirección. Alza el brazo y yo sé lo que eso significa, que hoy quiere  guerra. También los chicos la miran, es el imán que rompe el hielo circundante.

Hoy  está dispuesta a todo. Por teléfono me lo ha dicho y cuando ella se propone algo, lo consigue. Es capaz  de toda clase de desafíos. Es la que monta las movidas más disparatadas, es capaz de meterse en toda clase de berenjenales para que vayamos a todas las fiestas que se montan. No importa lo lejos que esté la discoteca, ella siempre consigue que los tíos nos lleve. Un chasquido de sus dedos y... los tiene a todos en el bote. Discoteca a la que le apetece ir, discoteca a la que vamos todas. Muchas veces en moto, o en bus; pero, si no podemos apañarnos, tampoco  le da apuro alzar el brazo y pedir socorro, que a falta de pan, buenas son tortas. Ella va al fin del mundo, si hace falta. Hoy ha puesto toda la cara en el asador: Su pelo lacio se muestra más brillante que nunca, se lo ha planchado a conciencia y se ha colocado esa mini tan mini que quita el hipo.

-Nerea, aquí - Me levanto, e intento mostrar seguridad en cada uno de mis pasos, mientras me dirijo hacia ella. Esas caderas mías se bambolean y atraviesan las mesas,   estoy a punto de tropezar y caerme. ¡Mierda! Veo muchas miradas unidas por un mismo deseo; ninguna me mira a mí, todos  miran a Inma. Noto en el aire la expectación que crea  la muy fiera... los ha dejado boquiabiertos. 

- ¿Qué, ya has alzado el hacha de guerra? -dice, mientras le doy dos besos. Todos los días con el mismo soniquete, que me lance, que dé el primer paso, que haga señales de humo si hace falta, si quiero conseguir que se fije en mí. Está como un cencerro, porque yo no pienso dar el primer paso, me muero de la vergüenza.

-Tía, menuda mini  te has colgado -le doy dos besos y me quedo mirándola, esquivando su pregunta- Seguro que Fran cae, si no mira, mira, si hasta babea y todo.

 -Bueno, bueno...No adelantemos acontecimientos - Suelta tal carcajada que casi estallan mis tímpanos. Su guiño disimulado me hace girarme. -  Por ahí vienen.

- ¿Me mira a mí? - Pregunto -  Alza la vista y ve cómo se fija en ella misma.

- No te quita el ojo -  Lo dice sin demasiada convicción.

 Una mano la rodea por la cintura, sin miramientos. A ella se le ilumina la cara y se vuelve, cruzando los dedos. Efectivamente, es Fran quien la aborda. 

- Hola Fran - Él  rebobina en su mente lo que está viendo. La niña está que arde. Sus ojos negros se abren como platos y se fijan en sus piernas, poco a poco van subiendo hasta que se tropiezan con los ojos de ella.

- ¡Qué guapetona  estás hoy1¡ ¡Hay que ver! -  El mismo es consciente de que sin darse cuenta la está apretujando demasiado e intenta frenar el carro.

No es que sea el chico más guapo de la pandilla,  pero como no se corta un duro, casi siempre cae en gracia.  Su camiseta gris  está medio empapada del sudor,  es el sudor frío que le produce tener a Inma tan cerca. Cuando Inma se empina para darle dos besos, sus ojos se abren como platos.  Hoy es el día de la estacada. Ni un mohín de disgusto,  ella mísma se apretuja. Es increíble cómo se palpa en el aire el enamoramiento. Está todo decidido. Va a salir con él. Ella lo sabe y yo, también. Casi todos se percatan de lo acaramelados que están.

-Hola Fran, ¿qué tal? -  Mis besos en su mejilla son observados por Jaime. Me gusta mucho la cazadora de cuero negro que se ha colocado, aunque creo que no le pega con el gris. En fin... Fran  baja la vista para mirar mis plataformas, con asombro y cuando va a besarme hago el gesto de pisarle.

-Por todo lo que me haces sufrir - digo riéndome, aunque de reojo miro a Jaime.

- ¿Estás loca, tía? -  Dice, retirando los pies inmediatamente- Pero Nerea ¿qué te he hecho yo para que quieras lesionarme?  Comienza a reírse, mientras me besa rozando deliberadamente mis labios. Inma saca las uñas inmediatamente.

- ¡Eh, Casanova! -  Grita - Vas a asustar a la pimpollo -  Inmediatamente me lanza un gesto de desaprobación, como si yo tuviera culpa de algo, como si fuese yo la que  me he tirado encima de él.

- Perdona, tío. Ha sido sin querer evitarlo -En esta ocasión le piso deliberadamente la punta del pié, por fantasma y se aparta algo mosca, aunque sigue con el buen rollito. Hoy va a por todas, lo leo en su mirada. 

Tanto Lorena como Ágata se unen al grupo. Venga...venga o se nos harán las tantas - chilla Inma, impaciente por entrar en la discoteca, para perderse con Fran.  Es de locos la vitalidad que se gasta. En cuanto veo a Ágata se me ilumina la cara, pero detrás de ella viene Lorena  y toda mi alegría se va al traste en un instante. Ahora sí que se me pone mala uva,  con esta  no puedo fingir.  Tampoco ella se alegra de verme. Me está mirando con una cara de asco... Ninguna puede disimular y para colmo, a las dos nos gusta el dichoso Jaime.

¡Vaya trazas, me lleva la niñata! La lleva clarita. Se acerca a Jaime y le estampa dos besos en los mofletes. La que sea más lista se llevará el gato al agua.  Hoy fue ella la que me saludó primero, pero nunca  seremos íntimas. Ella se acuerda muy bien de la putada que le gastamos Ágata y yo, hace un año en el examen. No sé el porqué a Ágata la ha perdonado, mientras que a mí, no.  Cómo me gustaría que no le comiese la bola de esa manera. Si Jaime se decidiera por ella....lo que sería un doloroso puñetazo para mí,  perdería el tiempo. Pero a ver quién le dice que Lorena es ligerita de cascos, que esa es capaz de enrollarse a un rinoceronte, aunque el rinoceronte sea el mismísimo profesor. No le dará vergüenza ir a por mayorcitos, con la de tíos que pasan hambre. Pero claro, es muy fácil aprobar un examen si el profesor no para de mirarte las pantorrillas, cuatro carantoñas, cuatro tonterías...y en el bote. Era increíble. Y lo peor era que nos ponía de las casillas, cuando nos lo contaba y hablaba de la mini de los exámenes. Mientras nosotras nos dejábamos los ojos estudiando juntas hasta las tantas; ella, con un morro impresionante, seguía a la suya...estudiaba un poco... porque tampoco era tan idiota...luego la mini completaba el examen. Con qué descaro se plantaba delante de las narices del profesor y se agachaba para coger el bolígrafo, que desgraciadamente se había caído.

Por eso le gastamos la putada. Quizá nos pasamos de rosca, pero es que no había quién aguantase a la espabilada esa. En uno de los exámenes, dejamos su  libro abierto debajo de la mesa y cuando ella se marcho,  ambas hicimos lo imposible para que don José se fijase en nosotras y por nuestra mirada...y sin que ninguna de las dos abriese el pico, descubriese el libro de Lorena abierto de par en par. Nosotras nos reímos de lo lindo, aunque intentamos consolarla. Sin un ápice de aplomo se condolía de su suspenso. Parecía que una bomba hubiese estallado en medio de la clase o que todos estuviesen contra ella. La cuestión es que al final se dio cuenta de que habíamos sido nosotras, sus propias amigas, las que le habíamos hecho la púa...A mí nunca me perdonó, pero Ágata - como es tan buena -  le ayudó  a sacar las preguntas del examen, que ambas robaron del despacho del profesor. Ella enterró el hacha de guerra, en esa ocasión. Yo no.

- Estás tremenda, tía - digo. Mientras por dentro me aflora la rabia. Ella también ha optado por  esa mini roja de cuadros escoceses. Es su mini infalible. Pero hoy no le va a surtir efecto... Lo peor son esos zapatos de tacón de aguja. En vez de pintarse se ha pintarrajeado a conciencia. No voy a decirle lo que parece la pobrecilla, porque salta a la vista. Mentalmente me comparo con ella. Quizá mi falda larga y mi suéter de pico no sean tan atrevidos, pero estoy convencida de que al menos yo parezco una chica normal. Esta falda azul semitransparente me sienta de maravilla, al menos, eso creo. 

- ¡Hola, Nerea! ¿Cómo es que has venido?  No tenías un porrón de temas que estudiar. ¡Qué suerte, chica, que hayas podido venir hoy! ¡Hoy viene Luís! Por fin podrás ligártelo -  ¡Y dale con Luís, que no me gusta ese tío! Giro compulsivamente la cabeza hacia el moscón de turno. Ha sido un giro inconsciente, porque probablemente Luís venga con David, y yo sé que Ágata está colada por David, pero el gesto da pie a la cretina  y vuelve a las andadas.

- ¡Menos mal que no te gusta!

¡Qué pesada es! Ella la deja caer y esa bola que ha lanzado ahora tiene que masticarla la gente. Pero...Es una mentira como una casa. Lo hace para que todos  se lo crean  y esa inercia nos enrolle. Pero, por muy pirradito que esté Luís por mí y sintiéndole mucho, a mí no me gusta. Está claro que sólo quiere que me quite de en medio.

Ágata, en la retaguardia, no le quita los ojos a David. Está tan enamorada que noto como comienzan a sudarle las manos,  se toca el pelo con un gesto de coquetería. Es la rubiales del grupo, una gran tía y  mi mejor amiga.  Hoy sé que está muy depre,  porque - según las malas lenguas - David  bebe los vientos por otra, nada menos que por Inma. Un pajarito que yo me sé se lo ha dicho. ¡Pobrecilla! Cómo está  por sus huesos, no hace más que lanzar indirectas; pero él, embobado con Inma,  ni se entera.  A mí me parece que pegan, pero, no soy yo quién decido.

 Mientras se acercan, observo cómo  se desabrocha el botón de su blusa, se sube la mini y se hace la distraída. Su corazón se mueve a cien por hora.  Sabe que la he descubierto. Conozco sus movimientos como la palma de mi mano y por eso me lanza una mirada... de penita. 

- Hola Jaime -  digo yo. Es horroroso cómo se dilatan mis ojos, cómo se me acelera el pulso. Vaya tela, esos ojos verdes...vaya tela, cómo miran. Alzo el brazo en un intento de forzar una camaradería y le rozo el pelo.

-  Hola, Mamen. Vaya -  por una vez su tono parece sincero - hoy todas estáis  guapísimas. Sé que es cierto, porque sus ojos también se han dilatado y han mantenido mi mirada.

Luís también se acerca. No es un mal chaval, pero yo no lo soporto: se pone a hablar de motos y cilindradas y a fardar e inmediatamente me piro, es que no  aguanto sus tonterías.

- Hola, tía,  ¡qué guay que hayas venido! -  Intenta agarrarme por la cintura pero yo me pongo tensa y mantengo las distancias. No me gusta ese sobeo inocente que se gasta. No me gusta nada de nada. Sólo hay una cosa que hace bien y ahí sí que me quito el sombrero: su forma de convertirse en el centro de atención en la pista. ¡Cómo se mueve! ¡Lleva la música en su sangre de horchata!

Fran - por su parte - se dirige con paso marcial hacia Lorena y Ágata, como si cronometrara su tiempo de dedicación para que ninguna se sienta ofendida y les dirige sendos saludos. También David se acerca a nosotras. Mira a Inma con mucha timidez y después del saludo de rigor le da un beso suave e inocente.  Es un sol. Da un gusto hablar con él, es el típico chico que te comprende y te apoya y nunca lo hace con dobles intenciones sino que va de tranqui y de legal. Yo, al menos, suelo hablar bastante con él, e intento sonsacarle cosas para luego contárselas a Ágata.  Pero, está claro que  si ella no pone toda la carne en el asador, poco podemos hacer sus amigas. Se corta bastante cuando le habla y hasta a veces lo evita por miedo a comenzar a ponerse ñoña o   hacer el pavo y así no va a conseguir nada, aunque no creo que yo sea la más indicada para dar lecciones. Después se dirige a Lorena y Ágata. A la primera casi ni la mira, pero observo cómo saluda con cariño a mi amiga. Tal vez, si se lo trabaja a conciencia, exista una esperanza sobre todo teniendo en cuenta que con Inma no tiene nada que hacer, porque ella está por Fran y hasta que no lo consiga, el pobre pierde el tiempo.

Por fin, una vez  estamos todos juntos, nos dirigimos alegremente al meollo. Salimos del paf, ahí enfrente está la discoteca. De lejos observo al  memo de la puerta y se me ocurre una idea... No es una idea tan descabellada, porque ya lo he hecho en otras ocasiones, aunque ahora me la juegue. Tal vez hoy no ocurra y entonces, adiós. Pero sí, nuevamente mi aspecto aniñado vuelve a hacerle dudar y me pide el carné, parece que disfruta  detrás de la tarima.

 Es la hora del teatro. Una risita falsa imperceptible se escucha detrás, aunque con el ruido de la música y con tanto barullo casi nadie se percata. Yo sí sé quién se ríe. Es Ágata, que sabe de antemano, lo que voy a hacer. ¡Vaya por dios! Me lo he  dejado en casa. Noto en la nuca esa mirada de mi amiga que me pide que me lance al vacío, que me saque ese as de la manga. Ahora no caben las medias tintas.

- Sin carné, no entras - vuelve a repetir. Se escucha más de una protesta en el grupo. Fran y Jaime flipan en colores porque yo soy la mayor, Luís pone cara de pocos amigos y se le encara.

- Oye tío -  menuda mala leche le ha entrado de repente -. ¡Venga ya!,  no ves lo crecidita que está la niña.  Se gira y me lanza una mirada que pretende ser respaldada por mi complicidad, pero menudo jarro de agua fría se le avecina.

- Jaime -  digo, aparentando en el tono de mi voz toda contrariedad que puedo -  me llevas a casa, me he dejado el carné y éste idiota, no se cree mi edad. Es mejor que vaya. No tardaremos. Ya sabes dónde vivo, ¿no?

Todos se ríen ante mi ocurrencia. De veras que hace gracia que no me dejen entrar. Quizá es una cuestión de seguridad, de cómo los demás les plantan cara a los de la puerta, vamos que le echan morro. Esa seguridad es su triunfo. Nunca tienen problemas.

Otra mirada, en este caso asesina, se clava en mi espalda, es la mirada de Lorena que echa chispas. Jaime ¡qué milagro, dios mío! me dice que sí de inmediato, se lo he pedido con esta carita de tristeza, ¡cómo va a negarse! Por una vez he hecho lo que debía: ¡Me he sacado el as de la manga! A la pobre de  Lorena no le queda más remedio que entrar con el resto. Mira al Seguridad y cuando este le devuelve la mirada dirigiendo la vista a sus  piernas, le suelta deslenguada:

- ¿Tú que miras, idiota? - Por dentro, yo... claro que me río, Inma se ríe, Jaime y Fran y David, también; hasta Luís, no puede disimular la befa.  Todos se dan cuenta de que está haciendo el ridículo. Todos, menos ella, que inmediatamente desaparece.

Ágata levanta el brazo, guiñándome el ojo, como diciéndome que aproveche mi oportunidad, la mentirijilla. Eso de aparentad menos edad, nunca me ha molestado incluso  me ha sacado de más de un apuro. Yo me quedaba fuera; Ágata, como buena samaritana, se ofrecía a quedarse conmigo  y de esta forma podíamos charlar de nuestras cosas,   contarnos nuestros amoríos  o los chismes que corren de boca en boca. 

- ¿Me sigues, princesa? -  dice Jaime mirándome. Luego añade,  para quitarle hierro al asunto - ¡Ahora verás, voy a  hacer un caballito que flipas!

Sé que está bromeando, pese a ello pongo mala cara.

-  ¡Ni se te ocurra o no me subo!

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