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Textos periodísticos. Selectividad

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Textos periodísticos

 

Aire fresco
Poco a poco el español se tendrá que ir vacunando contra esa desconfianza que le produce el que se va a vivir fuera. Provocaba una simpatía lógica el obrero que se veía obligado a emigrar al norte de Europa en los años de desarrollo, y un resquemor torvo quien se marchaba por aburrimiento o porque buscaba nuevos horizontes en un tipo de trabajo cualificado. Hoy sigue siendo una experiencia común a aquellos jóvenes profesionales que trabajan en el extranjero que, al volver a su pueblo o a su barrio, se les desautorice cuando opina sobre algo que sucede en España: <<Tú es que, como vives fuera, ya n sabes de qué va esto>>. Ni tan siquiera se les concede la posibilidad de tener una visión más amplia o menos intoxicada sobre el propio país por haber probado otros sistemas de vida.
Pero este mal tan arraigado que se llama mezquindaz tendrá que ir curando. La realidad se ha impuesto crudamente a algo tan difícil de cambiar como es la costumbre de respirar un ambiente poco aireado. Y los primeros que están empezando a pensar que en España no se vive mejor que en ningún sitio son esos padres que han luchado porque sus hijos tengan una preparación solida y ahora ven cómo han de marcharse lejos de casa para labrarse un futuro o, al menos, un presente digno. o es extraño que uno de aquellos hombres que se fueron a Alemania a trabajar con un mono vea ahora cómo es su hijo ingeniero o informático quien tiene que emigrar. Y si bien es cierto que lo hace en otras condiciones, con más experiencia y una dosis mínima de cosmopolitismo, también lo es que a nadie le gusta marcharse por obligación. O que a casi todo el mundo le gusta volver. Y qué sería deseable que nuestro país pudiera albergar en un futuro a esa gente a la que formo. Nos aportarían la excelencia de su trabajo, para también algo que nos falta: aire fresco. Aire fresco.
Elvira Lindo, El País.

 

 

Al margen de que el periodismo impreso sobreviva o no, tan transformado como cada cual requiera, el quiosco digital al que nos acercaremos en la nueva era ofrecerá una variedad fascinante. Pero no hay que perder la calma. Esto que viene es lo de siempre, en su nuevo formato. El fondo, el mismo: libertad de expresión, que necesita de democracia consolidada; mercado, que por encima de todo debe ser regulado, de lo contrario se convierte en una bestia depredadora; periodistas, que deben ser formados en la ética del oficio, pagados con justicia y leídos con confianza. Y, más allá de cualquier duda, los indispensables lectores que sepan lo que quieren y a quién reclamárselo.
Será un inmenso quiosco en el que cabrá de todo <<desde los espontáneos que mandan sus vídeos hasta los redactores que nos cuentan que se han sacado un moco>>,, habrá de todo –intentos logrados de grandes reportajes, blogs de buenos escritores, buenos columnistas-, y tendremos que pagar por ello. Porque el único poder real que se nos deja ejercer a los lectores, aparte de las cartas al director, las protestas a los defensores del lector y los comentarios a una información, es el poder de dar la espalda a lo que no nos guste. Eso, en el quiosco se escenifica fácilmente: pasas de largo o cambias de diario. Para que nuestra actitud funcione en el quiosco digital que se aproxima, hemos de ser lectores de pago. De lo contrario se nos pasarán por el forro.

 

 

 

Desde que comenzó la persecución contra los fumadores, muchos adoptaron un tema biensonante: <<Por un aire puro>>. Esa máxima siempre me ha hecho reír: ¿aire puro…? ¡Si vivimos contaminados por toda clase de malos humos, los de las fábricas y, sobre todo, los del tráfico…! La cosa suena un poco ridícula, la verdad. y como nadie da puntada sin hilo, al final una acaba preguntándose si tanta máquina contra el tabaco no será consecuencia de las presiones de las petroleras y los fabricantes de coches sobre los obedientes políticos: <<mientras le echemos la culpa de todo a los cigarrillos, los automóviles y sus gasolineras apestosas podrán seguir envenenándonos –a nosotros y al planeta- sin que nadie se lo cuestione.
Perseguimos la nicotina, pero España sigue siendo el país donde más se utiliza el coche para trayectos breves, que podrían hacerse a pie. El parque de motores diesel –mucho más contaminantes que los de la gasolina normal- no hace más que crecer. Y en las grandes ciudades los alcaldes no se atreven a tomar medidas de restricción del tráfico, que serían muy impopulares.
Ahora sabemos que Madrid y Barcelona superan con mucho los índices de polución procedentes de los automóviles fijados por la Comisión Europea. Miles de personas mueren cada año a causa de ese problema, y el cambio climático continúa con su proceso destructivo, cada vez más intenso. Pero estoy segura de que no que no pasará nada: los políticos harán oídos sordos y los automovilistas seguirán encantados, a lo suyo. Eso sí: hasta en los parkings de aire irrespirable está prohibido fumar. Así que todos tranquilos. (Que conste que no tengo coche).

Ángeles Caso, <<Aire puro>>, El Publico, 27 enero 2011.

 

 


Con motivo de la más o menos reciente elección de una filóloga y una novelista para la Real Academia Española y el ingreso de la segunda, y de la recientísima concesión del Premio Cervantes a una escritora, se han publicado unos cuantos artículos redactados por congéneres suyas en los que no se celebraban tanto estos reconocimientos como se aprovechaba la circunstancia para quejarse de la tradicional postergación de la mujer en el campo de las letras y el pensamiento, y, curiosamente, anatematizar a los actuales académicos y jurados, que son quienes intenta remediar la injusticia dentro de lo posible. (…)
Uno de los escritos más airados lo firmaba en este diario una catedrática de Lengua y Literatura, y en él se leía: <<Esta desconexión de la RAE con los tiempos que corren la paga la sociedad española, que recibe una proyección de lo humano cercenada. Pues se nos hurta la particular mirada de la mujer..., lo que deja a oscuras ciertas zonas de nuestro mundo: cierta sensibilidad, ciertas emociones, ciertas vivencias, ciertas emociones… En realidad, esta situación consiste en dejar fuera de la RAE a la mitad de la población, con su mundo y conocimientos particulares>>. Es difícil incurrir en un mayor desprecio y cosificación de la mujer. Según estos párrafos –y según tantos otros, igualmente llenos de lugares comunes-, las mujeres no son individuos con su propia inteligencia y sus propias características intransferibles e irrepetibles, sino que son homogéneas, monocordes e indistinguibles. ¿Qué quiere decir, si no, que <<se hurta la particular mirada de la mujer>>, como si todas ellas compartieran la misma? ¿Qué significa<<la mitad de la población, con su mundo y sus conocimientos particulares>>, como si el mundo y los conocimientos de cada mujer no fueran únicos y no divergieran los unos de los otros tanto como los de los varones? ¿Y cómo es que lo que se <<se deja a oscuras>>, son <<cierta sensibilidad, ciertas emociones, ciertas vivencias, ciertas sensaciones>> -atención a la lista de cosas más o menos de cosas más o menos epidérmicas, intuitivas, <<interiores>> o sensoriales, justamente las que el tópico más rancio atribuye a la literatura <<feminista>>, y a la mujer en general-, y no, por ejemplo, cierta inteligencia, cierto pensamiento, cierta capacidad narrativa o reflexiva?

Javier Marías, El País, 12/12/ 2010.

 

 

Aunque a fines del siglo XIX existía un cierto consenso sobre la necesidad de educar mínimamente a las mujeres, será a partir de entonces cuando el tema cobre mayor entidad y se produzca el acceso de estas enseñanzas. Al iniciarse la centuria los argumentos que se basaban en el bienestar de la familia eran los únicos mayoritariamente admitidos para justificar la instrucción femenina. Se trataba de educar a las mueres porque la naturaleza las llamaba a compartir su vida con los hombres y tenían que saber atenderlos; porque estaba en sus manos la dirección de sus hijos durante la infancia y debían estar preparadas para formarlos. Consecuentemente, sólo una <<adecuada educación>> que las preparaba ante todo para ser mejores esposas y madres era, a decir de sus defensores, la que les convenía y la única que las haría felices. Una instrucción elemental, con ciertos contenidos culturales, se consideraba suficiente, solo una minoría defendía la ampliación de aquella con vistas a l ejercicio profesional.
Así, concebida, la educación femenina cubría los requisitos del liberalismo, salvaba el teórico principio de igualdad, respondía a las exigencias del progreso y preservaba las estructuras sociofamiliares de cualquier peligro, al ser las exigencias de sexo y clase sus principios orientadores.
Sin embargo, esta educación no tardaría mucho en mostrar en mostrar sus insuficiencias y discriminaciones. En los comienzos del siglo XX la influencia exterior, el desarrollo de los servicios, la demanda de trabajo por parte de las chicas de clase media, la actitud de las interesadas y el efecto mimético de las pioneras harían que se debatiera y difundiera un modelo de enseñanza femenino acorde con el resto de países occidentales.

R. Capel y C. Flecha, <<La educación de las mujeres en el primer tercio del siglo XX>> en P. Alcalá at al Ni tontas ni locas. Los intelectuales del primer tercio del siglo XX.


Noticia comentada
Geogle ha estado trabajando en secreto, aunque a plena vista de los demás conductores, en vehículos que pueden circular solos, utilizando un programa artificial para detectar cualquier cosa cerca del coche e imitar las decisiones que podría tomar un conductor humano.
con alguien al volante para hacerse con el control si algo sale mal y un técnico para supervisar el sistema de navegación, siete coches de prueba han recorrido 1600 Km sin intervención humana y mas de 225000 solo con control humano esporádico. Uno incluso condujo solo por Lombard Street, en San Francisco, una de las calles más empinadas y con más curvas de Estados Unidos. El único accidente, dicen los ingenieros, se produjo cuando uno de los coches de Geogle fue embestido por detrás mientras estaba parado en un semáforo.
Todavía falta unos años para que los coches automáticos sean fabricados en masa, pero los tecnólogos que llevan mucho tiempo soñando con ellos creen que pueden transformar la sociedad tan profundamente como lo hizo Internet.
Los conductores robot reaccionan más rápidos que los humanos, tienen una percepción de 360 grados y no se distraen ni adormecen y tampoco se embriagan, sostienen los ingenieros. Se refieren a las vidas que se salvarán y a las lesiones que se evitarían. Los ingenieros aseguran que la tecnología podría doblar la capacidad de las carreteras al permitir que los coches conduzcan de manera más segura y más cerca unos de otros. Al tener menos probabilidades de sufrir accidentes podrían ser más ligeros y se reduciría su consumo de combustible.

 


El estereotipo de belleza, una esclavitud.

Feministas como Susie Orbach identifican el culto al cuerpo como una forma de violencia contra las mujeres. Para orbach, detrás del culto al cuerpo están los intereses comerciales.


SUSANA HIDALGO


Un vagón de metro lleno de mujeres. Entra alguien. A todas les hace la misma pregunta: ¿Qué te gustaría cambiar de tu cuerpo? Todas enumeran, al menos, cinco partes: ojos, tripa, piernas, pechos. ¿Y qué te gusta de tu cuerpo? Entonces las mujeres se vuelven silenciosas, se angustian, no saben qué contestar. Este ejercicio lo propuso la semana pasada en Madrid la psicóloga Susie Orbach a un grupo de feministas durante la conferencia organizada por el Lobby Europeo de Mujeres. <<Hay una violencia real hacia la mujer para que no acepte su cuerpo, y está promovida por los intereses comerciales>>, afirmó Orbach, micrófono en mano, y ante un auditorio entregado.
Orbach es una gurú en contra del culto al cuero. Esta terapeuta y columnista del diario The Guardian está detrás de la campaña publicitaria de una conocida marca de cosméticos que fomenta la belleza natural de las mujeres reales: <<Una realidad manipulada por los retoques hechos con photoshop para los anuncios. Así, las mueres construyen en sus mentes una imagen de su cuerpo y una cara que no son reales>>, critica Orbach y recuerda los beneficios millonarios que ganan empresas dedicadas a las cremas de belleza o a las dietas. <<Estar sano ya no es un deseo y una aspiración natural, sino una especie de tiranía que ha convertido la salud en un deber que, según la industria del bienestar, sólo podemos satisfacer mediante el consume de determinados productos y servicios comerciales>>, señalan José Antonio Díaz Rojo y Ricard Morant, investigadores de la Universidad de Valencia en un artículo de 2007, <<Esta muestra de mensajes forma un agobiante y tiránico discurso por la belleza muchas veces falaz que, a pesar de su eficacia persuasiva, provoca una reacción en personas comprometidas con la verdadera salud y conscientes de los límites reales de la belleza>>, agregan.
Guapas y jóvenes
Son muchas las feministas que han volcado su activismo en denunciar la presión que sufren las mujeres para estar siempre jóvenes y guapas. Desde la feminista Naomi Wolf en su libro El mito de la belleza (1991) y hasta el grupo feminista francés La Barbe, cuyas socias basan sus intervenciones en interrumpir actos públicos protagonizados por hombres disfrazados con barbas postizas.
Para Myria Vassiliadou, secretaria general de Lobby Europeo de Mujeres, en la actualidad parece que <<sólo haya un concepto único de cuerpo, el que nos han impuesto, que no hay variedad>>. Idea en la que redunda Susie Orbach: << No nos sentimos mal con nuestra condición social, sino con nuestro cuerpo. Llevo 30 años en el feminismo y los 30 sigo hablando de lo mismo>>. Hay comportamientos que ni siquiera son naturales, opina la feminista, como la obsesión con cómo quedará el físico tras el parto o sentir el acto de comer como un sufrimiento.
El problema es, además, generacional. Las madres transmiten su culpabilidad por no estar guapas y perfectas a sus hijas. <<Hay una sensación muy grande de infelicidad mental entre las más jóvenes. y es porque las marcas comerciales ya utilizan a niños de 3 años para sus campañas y retocan sus fotografías>>, apunta Orbach.
La idea de las activistas es que la tiranía del cuerpo sea tomada en serio por los políticos y la incluyan en las políticas contra la violencia machista. Para los próximos meses, Orbach ha organizado un congreso en Londres sobre este asunto. <<Solo falta que haya voluntad de las autoridades>>, concluye.

Público.

 

 

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