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Textos para el comentario filosófico de selectividad solucionados: Hume. Filosofía

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Cuando hemos considerado el movimiento comunicado de una bola a otra, no hemos podido descubrir en él otra cosa que contigüidad, prioridad de la causa y conjunción constante. Pero, además de estas circunstancias, se supone comúnmente que hay una conexión necesaria entre la causa y el efecto y que la causa posee algo que llamamos un poder, o fuerza o energía. La cuestión es ¿qué idea está ligada a estos términos? Si todas nuestras ideas y pensamientos derivan de nuestras impresiones, este poder tiene que descubrirse o bien a nuestros sentidos o bien a nuestro sentimiento interno. Pero tan escasamente se descubre a los sentidos poder alguno en las operaciones de la materia, que los cartesianos no han tenido escrúpulos en afirmar que la materia está totalmente desprovista de energía y que todas sus operaciones son efectuadas únicamente por la energía del Ser supremo.

Hume, D.: Compendio del Tratado de la Naturaleza Humana.

El texto, objeto de nuestro comentario, es un compendio que Hume publicó en 1740 de una extensa obra anterior titulada Tratado de la Naturaleza humana (1737). En esta obra el autor aplica el método de la física de Newton a los asuntos humanos, con la finalidad de realizar una “ciencia de la naturaleza humana”, según los principios de la nueva física. El Tratado sigue los principios de un empirismo radical y pretende ante todo explicar el funcionamiento del conocimiento, empleando el principio de la asociación de ideas y criticando las posiciones anteriores. Esta obra será ampliada posteriormente en otra obra posterior, que se conoce como la Investigación sobre el entendimiento humano (1848).

En este fragmento en concreto se halla parte de la argumentación sobre la causalidad que Hume desarrolla, mediante el conocido ejemplo de la relación que guardan dos bolas de billar cuando entran en contacto. Las dos bolas de billar que chocan entre sí le sirven de ejemplo para explicar algunos aspectos de la relación que se establece entre causa y efecto, ya que el movimiento de una de esas bolas parece ser la causa del movimiento de la otra.

Los argumentos principales del texto pueden ordenarse de la siguiente forma:

1. Las circunstancias que aparecen al analizar la relación existente entre las dos bolas de billar son las siguientes:

a) Contigüidad en tiempo y lugar: las dos bolas de billar son contiguas en tiempo y lugar.

b) Prioridad temporal de la causa sobre el efecto: una de las bolas de billar se mueve antes que la otra.

c) Conjunción constante entre la causa y el efecto: todo objeto similar a la causa produce algún objeto similar al efecto. Tal es el caso de la relación evidente entre la primera bola y la segunda bola que es movida por el impacto que le produce la otra: el movimiento de la segunda se sigue del movimiento de la primera.

2. Estas tres circunstancias son las únicas que se dan en la relación de causalidad y parecen ser cumplidas en el caso de la relación entre las bolas de billar.

3. Sin embargo, además de estas consideraciones, se cree que existe una “conexión necesaria” entre una bola y otra. De este modo, suele creerse que la causa posee un poder o energía especial que influye en lo que se considera su efecto.

4. Sin embargo, no hay nada en la experiencia sensible, ni en la experiencia interna de la mente que responda a esa conexión necesaria.

5. Por lo tanto, si se admite que cuanto pueda conocerse ha de estar basado en la experiencia, no parece posible admitir el conocimiento de ese elemento central que caracteriza a la relación de causalidad.

En su descripción de las relaciones que se dan entre las dos bolas de billar, Hume está preparando su crítica al concepto de causalidad. Este concepto – y en particular, la relación entre la causa y su efecto- no se da en la experiencia. Por lo tanto, la idea de causa es una idea sin fundamento, que debe ser puesta en entredicho: nada hay en la experiencia que corresponda a ella y pueda ser su fundamento.

De hecho, lo que supone ser una causa que tiene una fuerza especial sobre su efecto es tan inerte como el concepto de “materia” analizado por los racionalistas, quienes no le conceden poder alguno. No hay nada en la experiencia sensible que responda a la pretendida fuerza o capacidad de la causa para ejercer una acción determinada sobre su efecto.

Explique el concepto de ideas

Las ideas son un tipo de percepción menos vivaz que la impresión. En cierto modo dependen de las impresiones, pero también tienen su origen en la experiencia, que es el único ámbito posible del conocimiento. Las ideas son copias o derivaciones de nuestras impresiones y se derivan por tanto de la experiencia externa o interna, de los sentidos externos o internos. Hume otorga una extremada importancia a la leu de “asociación de las ideas”. La naturaleza humana posee una tendencia universal a asociar las ideas entre sí, como si se tratara de un principio de atracción semejante al de la gravitación universal. Estas leyes son tres, fundamentalmente: semejanza, contigüidad y relación causa-efecto. En este tipo de combinaciones y asociaciones, juega un gran papel la imaginación, que combina las ideas a su placer y sigue, la fuerza de la costumbre.

Teoría del conocimiento y de la causalidad en Hume.

Hume expone en el Tratado sobre la Naturaleza humana y en la Investigación concerniente al conocimiento humano su concepto de causa y su crítica al clásico concepto de causalidad.  

En estas dos obras plantea que todo conocimiento procede de la experiencia. Todo el material de la mente humana se compone de impresiones e ideas, que se originan en los datos de los sentidos. Conocemos tan sólo mediante ideas, que son derivaciones de las impresiones y se diferencian en cuanto a su vivacidad y cercanía con los objetos o realidades que las causan.

El autor piensa que todo objeto posible de nuestro conocimiento puede ser de dos tipos: “cuestiones de hecho” y “relaciones entre ideas”. Las “cuestiones de hecho” no son nunca necesarias y se deducen mediante razonamientos probables. Las “relaciones entre ideas”, por el contrario, se deducen de argumentos demostrativos necesarios y son siempre ciertas (parte Hume de la geometría, el álgebra o la aritmética). La mayoría de las cuestiones que se refieren al mundo real serán una “cuestión de hecho”, y en esa estructura juega un papel imprescindible la relación entre causa y efecto, que se encuentra en la base del conocimiento del mundo. El ámbito de análisis de la causalidad se identifica, pues, con el análisis de las cuestiones de hecho.

La experiencia nos muestra tan sólo relaciones de semejanza entre diferentes objetos naturales. Cuando hablamos de que algo es causa de un determinado efecto, no hacemos, más que afirmar que entre lo que denominamos causa y efecto existe una relación de semejanza, y que siempre que se da lo que denominamos causa ocurrirá, en el futuro, lo que denominamos efecto. Es decir, siempre que se produzcan determinados objetos que denominamos causas, esperamos que, en el futuro, se producirán objetos que denominamos efectos. La costumbre de que siempre ocurre así, nos induce a la creencia de que existe algo que se denomina causa y de algo que se denomina efecto. Pero no tenemos más argumentación que la costumbre para demostrar esa relación. No hay, por tanto, una experiencia directa de la relación de causalidad y, por ello, no hay argumentos racionales para sostener el principio de causalidad.

Hume distingue dos rasgos principales del concepto de causa: a) lo que denominamos causa es un objeto precedente en el tiempo y contiguo en el espacio a otro: hay una contigüidad espacial y una antelación en el espacio entre ambos; b) causa es un objeto procedente en el tiempo y contiguo en el espacio a otro, de modo que la idea de uno determina a la mente a formar la idea de otro, y la impresión del primero determina a formar una idea más viva del segundo. Tan sólo la prelación en el tiempo, la contigüidad en el espacio y la costumbre, que me hace pensar que siempre que se da la causa se produce lo que denominamos efecto, o sea que esa aproximación es la que me permite hablar de causalidad.

Por lo tanto, la causalidad no es, para Hume, más que el producto de la memoria y de la costumbre. Nunca podemos tener una experiencia directa de la relación de causalidad. Y, por lo tanto, no podemos afirmar que exista realmente algo como la causalidad. De hecho, el conocimiento de la causalidad no es más que un conocimiento probable, guiado por la costumbre, y nunca un conocimiento racionalmente fundamentado.

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