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El texto teatral

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Retiran la mesa los PAJES. EL CRONISTA vuelve con un MANCEBO al que dos guardias sujetan por las mangas. SANCHO  ocupa su sillón. Los guardias quedan nuevamente en el umbral)

SANCHO.- ¿Qué  pleito se trae ese mozo?

CRONISTA.-  Nada sabemos todavía. Según me dicen, se tropezó en esa callejuela con la ronda y, nada más verla, echó a correr como un gamo. Luego si corre de la justicia, señal que debe de ser un delincuente.

SANCHO.- Suéltenlo y veamos. ¿Qué delito es el tuyo, mancebo?

GRACIOSO.- Ninguno, señor.

SANCHO.- ¿Por qué corrías entonces de la justicia?

GRACIOSO. – Para evitar preguntas, que hacen demasiadas.

SANCHO.- ¿Cómo te llamas?

GRACIOSO.- Yo no me llamo, me llaman.

SANCHO.- ¡Ah! Graciosico me sois? ¡Pues a fe que tengo hoy el cuerpo para gracias! Cuidado, mancebo, que a veces el que va a por lana… ya me entiendes. Con que más respeto y responde discretamente a lo que te pregunten. ¿Adónde ibas cuando te topo la justicia?

GRACIOSO.- A tomar el aire.

SANCHO.- Muy bien, ¿Y dónde se toma el aire en esta ínsula?

GRACIOSO. – Como en las otras, donde sopla.

SANCHO.- ¡Burletas a mí! Pues mira hijo, hazte cuenta que soy el aire, y que te soplo en popa, que te encamino a la cárcel ahora mismo. ¡Hala, guardias! Llevadle a que duerma esta noche en el calabozo.

GRACIOSO.-  ¿A mí? Por Dios que así me hará vuestra dormir hoy en la cárcel como hacerme emperador de las Indias.

SANCHO.- Pues, qué, ¿no tengo yo poder para prenderte?

GRACIOSO.-  Para prenderme, sí. Para hacerme dormir hoy en la cárcel, ni vuestra merced ni veinte gobernadores juntos.

SANCHO.- Pues dime, maldito: ¿tienes algún ángel que te saque y te libre de los grillos que te pienso mandar echar?

GRACIOSO.- Vengamos a razones, señor gobernador: por más que me mandéis llevar a la cárcel y que me metan en el calabozo con grillos y cadenas… como yo me empeñe en no pegar ojo, ¿será vuestra merced bastante para hacerme dormir si yo no quiero?

SANCHO.- No está mal. Discreto eres, mancebo. Anda con Dios que n quiero yo quitarte el sueño. Pero para otra vez no te burles de la justicia, no sea que topes con alguna que te dé con la burla en los cascos. Y puesto que tienes ingenio, guárdalo para cuando haga falta y no lo gastes inútilmente. Que a todo hay quien gane… y en todas partes cada semana tiene su martes.

GRACIOSO. – Bésoos las manos, señor gobernador.

(Sale silbando tranquilamente entre los guardias)

Alejandro Casona, Sancho Panza en la ínsula (Retablo juvenil)

 

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