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El texto instructivo

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El texto instructivo


Uno de los principales objetivos de la educación debe ser ampliar las ventanas por las cuales vemos al mundo. Arnold H. Glasow.


En nuestra vida diaria existen multitud de aparatos, libros u objetos que nos facilitan la realización de determinadas tareas: manuales de cocina, aparatos electrodomésticos, etc. Para saber cómo tenemos que utilizarlos, contamos con manuales de instrucciones.


La finalidad de estos textos instructivos es informarnos de manera clara cómo debemos usarlos para conseguir que desarrollen sus destrezas con eficacia. Así estos textos explican cómo elaborar una receta determinada, cómo debemos mezclar los ingredientes para hacer un remedio natural para curar una afección determinada, cuál es la posología de una receta médica, cuáles son las normas de convivencia de un centro escolar, etc.


Su estructura es muy clara:
a) En primer lugar se nos dice cuál es la tarea que tenemos que tenemos que realizar.
b) Seguidamente se nos da el material, los ingredientes o elementos que vamos a necesitar para conseguirlo.
c) A continuación se nos muestra de forma clara, concisa y ordenada las etapas y el orden que debemos seguir para conseguir el objetivo. Es habitual que los pasos aparezcan enumerados, que se introduzcan dibujos, etc., que faciliten su compresión.
d) Muchos de ellos muestran una imagen final del resultado o simplemente informan de la finalización de un proceso. Suele ser frecuente que aparezcan conectores que clarifican las ideas: en primer lugar, seguidamente, a continuación, después, finalmente, etc.


El lenguaje que se emplea en estos textos es un lenguaje sencillo para que la información dada sea exacta y precisa: Añada harina y no deje de remover hasta que cuaje la masa. Puesto que se nos da una serie de indicaciones que debemos seguir suele ser frecuente que aparezca el imperativo, modo verbal que se utiliza para dar órdenes u recomendaciones: Ajusta, haz, realiza, coloca….


Es obvio que estos textos utilicen un vocabulario preciso, que se ajuste al tema que se está tratando, por lo que es frecuente la presencia de palabras técnicas o tecnicismos.


Actividades
Justifica por qué este texto es un texto instructivo. Seguidamente explica sus partes y las características que se refieren a su estructura y lenguaje empleado.


Cómo operar con un cajero automático


1. Para ingresar al cajero pase la tarjeta por la ranura que se encuentra junto a la puerta vidriada del Banco en la posición señalada en la imagen. 2. Aguarde a que se encienda la luz y empuje la puerta. 3. Inserte la tarjeta en la ranura señalada, en la posición correcta (observar ilustración). 4. Ingrese su código de seguridad o pin, luego de que el mismo sea solicitado en la pantalla. Luego oprima el botón confirmar. 5. Seleccione la operación a realizar. 6. Seleccione finalizar operación. 7. En caso de realizar una extracción, retire el dinero. 8. Retire el comprobante de la operación y luego la tarjeta.


Vamos a jugar con tu capacidad de inventiva. Para ello cada grupo se inventará un objeto y tratará de dar las instrucciones para que éste funcione con eficacia. Si explicas de forma clara y precisa sus características estás uniendo dos tipologías textuales: el texto instructivo y el texto descriptivo.


Instrucciones para hacer un poema dadaísta. Tristan Tzara
Por unos momentos vamos a transformarnos en seres de otra época, personajes de las vanguardias (artistas, en definitiva) que intentaron sacarle el mayor partido a las palabras y para ello jugaron con todo tipo de procedimientos. El siguiente procedimiento lo desarrollaron los poetas dadaístas, como Tristan Tzara y eso es precisamente lo que vamos a hacer en clase. Los resultados no fueron muy productivos, pero quizá tú sí seas capaz de lograr un buen poema siguiendo estas sencillas reglas:

Sigue las recomendaciones de Tristan Tzara.
Coja un periódico.
Coja unas tijeras.
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.
Recorte el artículo.
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.
Agítela suavemente.
Ahora saque cada recorte uno tras otro.
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa.
El poema se parecerá a usted.
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo.


Las leyes más absurdas del planeta.
Poco le queda a la especie humana de materia gris, será mejor que lo reconozcamos y nos pongamos en guardia, antes de leer este atajo de sandeces tan absurdas, que me tapo la cara con la mano para que se me vea el plumero: yo también soy un ser humano. Para que luego digan que los animales no tienen sesera, que son incapaces de reconocerse detrás de la mirilla de la puerta.


Lo que voy a proponerte en esta ocasión es bien sencillo. No te pido que te conviertas en un policía, obligado a multar a alguien en esa situación tan surrealista, no soy tan mala, je, je, je... Inventa una situación irónica y divertida para un par de prohibiciones. Debes situar la narración en el lugar adecuado, para lo cual te pido que te documentes un poco. Si puedes conseguir los nombres de calles, cómo se dicen algunas expresiones en esa lengua determinada, pues mucho mejor. Ten en cuenta que te vas de viaje, eres un turista desorientado y encima, acabas de meter la pata hasta el fondo.
Las leyes más absurdas del planeta.


No hace falta trasladarse a un país exótico - o que padezca una fatal dictadura - para darse cuenta de lo aficionado que es el Estado a imponer restricciones a sus ciudadanos. Tanto, que llegan a prohibirse cosas tan insólitas como llevar sobrero en el banco (Lombard, EEUU), dormir en el coche, hacer dedo (Australia), volar cometas fuera de los límites de la ciudad (Chicago), tararear en domingo (Licero), bailar            ( Nueva York) o que las mujeres conduzcan (Arabia Saudí). Algunas de estas prohibiciones siguen ahí como herencia de una necesidad pretérita, hoy desfasada. Otras, son la prueba palpable de que la libertad que nos venden lleva mucha letra pequeña en el contrato. Así que disfruta, antes de que lo prohíban.
Ana Bretón


Manual de curiosos
Madrid: Una ordenanza prohíbe enterrar miembros amputados en la calle.
Italia: Es completamente ilegal que las máquinas tragaperras den premios en dinero.
Dinamarca: La ley no permite casarse con un extranjero antes de cumplir 24 años.
Corea del Norte: Los hombres no pueden llevar pelo largo (un signo de decadencia capitalista).
Japón: Si te quieres batir en duelo en el país nipón, olvídalo; está prohibido.
Grecia: Está prohibido seducir a una mujer virgen con la promesa de casarse.
Singapur: No sólo está prohibido masticar chicle, sino también importarlo o fabricarlo.
Nueva York: Prohibido coquetear con una mujer bajo multa de 25 dólares.
Chicago: Una peculiar ley seca prohíbe darle de beber güisqui a los perros. ¿Y a los gatos?
Pekín: Prohibidos los perros de más de 30 cm. de largo y que sobrepasen los 15 cm. de altura.
Utah: Quienes sientan la tentación de pescar montados a caballo, mejor abstenerse.
Suiza: Multa al canto a quién se le ocurra lavar el coche o cortar el césped en domingo.
Finalmente os voy a pedir que realicéis un decálogo (conjunto de diez principios básicos que deben seguir para el ejercicio de cualquier actividad). Este en concreto lo elaboré yo misma el año que fui tutora y si lo aplicas concienzudamente, seguramente obtendrás mejores resultados en clase.


Decálogo del buen estudiante


-"Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". Es obvio que existen materias plasta, que nunca te apetece estudiar. Pero esas también tienes que aprobarlas. Si dejas de hacer los deberes, te saltas las explicaciones del profesor, porque estás en Babia, dibujando, mirando las musarañas; no podrás aprobarlas. Y en la tercera evaluación ya se sabe que los milagros no existen.


"A buen entendedor con pocas palabras basta". Procura subrayar adecuadamente los temas y hacer esquemas, resúmenes. Antes de memorizar algo intenta comprenderlo porque si no es probable que cuando llegues al examen se esfumen las ideas y te quedes más blanco que la pared. Si no entiendes algo pide ¡socorro! pues nadie nace sabiendo y todo el mundo no tiene las mismas capacidades. Tus compañeros te lo agradecerán pues seguro que hay alguien más que no lo entiende.


-Ahorra tiempo. Date un respiro de vez en cuando, planifícate. Hazte un horario teniendo en cuenta todas esas actividades que te gustan hacer: quedar con el novio/ a, chatear, ver la tele, jugar a la play, escuchar música. En cuanto llegues a casa ponte manos a la obra, haz los deberes y estudia. Si un día, por cualquier motivo (por ejemplo, porque has tenido que estudiar otro examen, has ido al médico, has acompañado a la mamá a la peluquería y te has hecho mechas, has acudido a la llamada de socorro de un amigo que estaba fatal) justifícalo y al día siguiente procura subsanarlo para que el profesor / profesora comprenda que no ha sido porque no has querido. Ha sido por fuerza mayor.


-Deja intervalos de tiempo mientras estudies de 10 a 15 minutos entre unos deberes u otros pero no una hora, ya que después no te va a apetecer hacerlos ni podrás concentrarte. Las neuronas estarán en otra onda.


-Tranquiliza a tus padres si has suspendido alguna y promete superarla por ti mismo, por tu amor propio y no porque tus padres te castiguen o te prometan la moto o la play.
-No seas cobarde y tómate los exámenes con calma. Tranquilízate, que no se acaba el mundo si suspendes una, pero dale caña y estudia. ¡Ya verás cómo el próximo lo superas! ¡Échale morro!

-Sé compañero en clase y deja tus apuntes si te lo piden, pero nunca las chuletas porque si os pillan os la cargáis los dos. Hazte las chuletas en casa pero las alimenticias. Las chuletas que sirven son los resúmenes: en fosforito, en rotulador, a lápiz. Nunca viene de más, de vez en cuando, copiar lo que estás estudiando o repetirlo en voz alta. Pero ¡ojo!, no molestes a tu hermano o hermana.


-Sé educado, porque con educación te recibirán en todas partes. Si eres educado en clase y compañero y todos le quitáis hierro a los asuntos y os lleváis bien, o sea, que hay buen ambiente; los profesores se relajan y ya no parecen el enemigo, explican mejor y más a gusto, y de vez en cuando podéis hacer otras cosas: ver películas, ir de excursión o comentar algo muy divertido que os ha pasado.


-Nunca dejes de atender una explicación. Luego vienen los socorros y nadie te ayuda. Te fastidias, tenías que haber atendido. Y tú te quedas a dos velas. Aunque un compañero te haga señales de humo en clase porque quiere hablar contigo, dile que hablaréis luego, en el patio. ¡Para eso está! Ahí nadie te va a prohibir que hables.


-Procura hacer bien los trabajos. Pon títulos a los temas, deja espacios, cambia el color del bolígrafo dependiendo de si es un enunciado o una respuesta. No es tan difícil ni es cuestión de maña, es solo tener ganas. Haz buena letra. Si tu letra es ininteligible al profesor le costará mucho entender lo que dices e incluso puede entender otra cosa. Se fijará más en las faltas y en los errores. ¡Ah! Nunca entregues anónimos ni de trabajos ni de exámenes. Todo necesita un nombre o puede perderse o traspapelarse y entonces ¡vaya chasco!


-Cada vez que obtengas un resultado positivo o un logro date un respiro: descansa, date un capricho, pide una recompensa a tu esfuerzo. Pero ¡no te pases de la raya! porque entonces puedes creer que sólo estudias para conseguir premios.
-En realidad estudias por ti mismo, por tu futuro. Ni por tus padres, ni por tus profesores ni por ser mejor que nadie. Tú eres tú y sólo depende de tu esfuerzo y de tus ganas. Si te esfuerzas puedes lograr grandes cosas o acaso ¿qué se creían los demás?

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