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El texto expositivo

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Texto expositivo


¿Cuándo asumiste que los sueños
eran los irreconocibles orfebres de tu destino?


Micropigmentaciones, Mari Carmen Moreno Mozo 

El texto expositivo
Aunque a veces no os deis cuenta, estáis rodeados de textos expositivos. Todos los libros de texto, se basan en ellos, pues una exposición es una forma textual que ofrece como contenido la explicación de un tema. En este tipo de textos se pretende comunicar ideas y conocimientos, por lo tanto su finalidad es que el lector entienda los contenidos.
Son textos expositivos la conferencia, el trabajo escolar, la explicación del profesor sobre un tema determinado, etc.


Una exposición puede dirigirse a diversos receptores: Si se dirige a receptores expertos en el tema profundizará en su contenido (exposición especializada) mientras que, si se dirige a receptores no especializados, evitará palabras o expresiones técnicas que no puedan resultar fácilmente comprensibles (exposición divulgativa).


¿Qué pasos debemos seguir si queremos realizar una buena exposición?
En primer lugar, para que nuestra exposición sea entendida por los receptores, debemos elegir bien el tema, así como la documentación que aportará los datos, ejemplos, explicaciones, etc. Es necesario que consultemos fuentes variadas de información: enciclopedias temáticas, revistas especializadas en la materia, diccionarios, etc. Esta búsqueda puede llevarse a cabo tanto analizando fuentes en soporte tradicional, como utilizando referencias más dinámicas, como Internet y sus innumerables bibliotecas virtuales o temáticas.
Una vez tengamos la documentación seleccionada, ya podemos elaborar un guión para que sepamos qué vamos a decir en la introducción o comienzo, cómo desarrollaremos las ideas y cuáles serán las conclusiones apropiadas.

Comenzaremos presentando el tema y su idea general para que el lector sepa de qué vamos a hablar. Seguidamente iremos introduciendo de forma adecuada datos o ejemplos que creamos pertinentes y después redactaremos una conclusión que sintetice la información de forma clara y concisa. Es importante que en el guión cada idea directriz ocupe un párrafo y que además se siga un tipo de estructura: pregunta- respuesta, causa- efecto, cronología, etc.
Por otra parte, si tu exposición es oral, tendrás en cuenta otros aspectos, como la entonación, los gestos, la mirada, etc.


Recuerda además que una exposición es objetiva, o sea, que trataremos el tema de forma imparcial, sin añadir opiniones o valoraciones personales. Atendiendo a estos requisitos, el lenguaje de la exposición deberá reunir una serie de características básicas y afines a su género textual: a) Un vocabulario preciso, que evite las ambigüedades. Son frecuentes las palabras técnicas o tecnicismos. b) La utilización de ejemplos y citas, para que su comprensión sea más fácil. c) Uso habitual de la tercera persona y de oraciones impersonales. d) Predominio de las oraciones enunciativas, que introducen una perspectiva unívoca.

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Los textos expositivos  esquema

Los textos expositivos: Su finalidad es informar, trasmitir datos, explicar hechos o ideas. Las explicaciones deben ser claras y precisas, sin ambigüedades y adoptan un punto de vista objetivo.

Se dividen en:

a) Textos divulgativos: dirigidos a un lector no especializado en el tema, por lo que el lenguaje suele ser claro y donde son frecuentes conectores explicativos o de reformulación: es decir, o sea.

b) Textos especializados: dirigidos a los especialistas en un tema. En este caso el lenguaje es más preciso y son frecuentes los tecnicismos.

Estructura:

a) Introducción: Comprenden las primeras frases o párrafos del texto. Sirven para que conozcamos el tema, la idea principal y los primeros datos.

b) Desarrollo: analizan o profundizan en el tema. Pueden estar separados por apartados.

Veamos ahora cómo avanzan y se relacionan las ideas en este apartado.

Simplemente enumerando las características, propiedades, clases o ejemplos. Se conoce como enumeración o adición porque se suman ideas.

Explicando cómo evoluciona un problema a lo largo del tiempo: por ejemplo explicando cómo ha evolucionado el concepto de vivienda a lo largo del tiempo. En este caso, los hechos se exponen de forma cronológica.

Por comparación o analogía: se explica un caso o cuestión comparándolo con otro similar, para que su comprensión sea más sencilla. También nos encontramos ante esta estructura cuando se contrastan dos objetos u problemas y se explican las diferencias, ventajas e inconvenientes que presentan: por ejemplo tipos de energías renovables, ventajas e inconvenientes.

Idea principal – ejemplo: Se explica – por ejemplo- lo que es un verbo y después se ponen ejemplos.


Problema- solución: se presenta un problema y sus soluciones.

c) Conclusión (no siempre aparece): resume la idea central, da la última información o concluye con un ejemplo que justifica lo dicho.

Además se han señalado otras cuatro posibles formas de organizar la información:

a) Estructura analizante: se expone una idea al principio y luego se ejemplifica con datos objetivos.
b) Estructura sintetizante: la idea final es una conclusión que se deducido de la anterior.
c) Estructura encuadrada: La idea final reafirma lo expuesto en la introducción del texto.
d) Estructura paralela: las ideas que se exponen no están jerarquizadas, sino que tienen igual importancia y no dependen unas de otras.

Rasgos gráficos y gramaticales de los textos expositivos:

Rasgos tipográficos de relevancia: sirven para hacernos una imagen visual del texto: Títulos, epígrafes (anotaciones a pié de página), tipos de letras (cursiva, palabras resaltadas en negrita…) Suelen ser habituales en algunos textos expositivos específicos (una enciclopedia) los cuadros sinópticos, que sintetizan lo dicho. También pueden aparecer flechas para relacionar las ideas, diagramas (cuadros de llaves, por ejemplo), fotografías o dibujos explicativos, etc.

Rasgos morfológicos: adjetivos especificativos, complementos adnominales y aposiciones, verbos en presente de indicativo o en pretérito. Uso del modo indicativo y del presente gnómico.

Rasgos léxicos: a) Palabras clave repetidas o sustituidas mediante pronombres o sinónimos. b) Uso de tecnicismos (palabras específicas de cada ciencia o disciplina que indican precisión y dan objetividad a lo expuesto). Uso denotativo del lenguaje. Objetividad.

Rasgos sintácticos:
Conectores o marcadores discursivos: conjunciones o expresiones que relacionan lógicamente las ideas y los párrafos (porque, por consiguiente, primero, por ejemplo).
Oraciones enunciativas; son las que dan informaciones sin indicar lo que piensa el hablante: El profesor viene hoy. Dependerá del tono, o de la expresión de nuestra cara, nos parecerá bien o mal.

Además la oración sigue un orden lógico. Sujeto+ verbo + complemento.                 La objetividad se logra mediante el uso de oraciones impersonales y pasivas reflejas.

Rasgos textuales:
Uso de conectores de tipo lógico: porque, para que, por consiguiente…
Uso de marcadores discursivos para señalar las partes del texto: en primer lugar, para concluir, a continuación, seguidamente…
Relaciones con otros textos mediante citas.
Procedimientos tipográficos para ordenar.
Anáforas o reiteraciones.

Actividades

Texto expositivo

Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas. 
a) Resume el contenido del siguiente texto. b) Seguidamente explica a qué tipo de público va dirigido. c) ¿Qué tipo de lenguaje utiliza el autor? ¿Es culto o popular? Justifícalo con ejemplos del texto.

EN EL NEOLÍTICO


Aunque no soy un crack para eso de las fechas creo que llegué a vuestro planeta hace unos seis mil años, milenio arriba, milenio abajo. Según se acercaba la nave, un poco antes de parar en la Luna a hacer mis necesidades y estirar un poco las antenas, la Tierra se veía azul. Más cerca, noté que ese calor lo causaban los mares, pero que también había cantidad de trozos verdes. Casi toda la tierra firme era verde, salvo los casquetes superior e inferior, que parecían muy blanquitos. El colega al que relevé, Cha Chix, me contó que al llegar él, otros cinco mil años o así antes, era mucho mayor la zona blanca en toda la parte de arriba del planeta, y que hacía un frío que pelaba, porque había una glaciación. Luego llegó el deshielo y mucho de lo blanco se volvió verde. En fin, que era muy bonito; más que al volverme a Q-3, pues entonces había ya más zonas marrones debido a la manía que les tenéis a las selvas, los bosques y las plantas en general.
Aterricé en lo que ahora es la India, en el valle del Indo, que era un río chachí, y todavía lo es, aunque está un poco más cascado. Por aquel entonces, los terrícolas andabais terminando el Neolítico o Edad de la Piedra Nueva. O sea, se os acababa la prehistoria. Ya no erais cavernícolas en casi ninguna parte. Tampoco necesitabais andar persiguiendo mamuts ni os entendíais a grito pelado. No. Los neolíticos que conocí eran majetes y listos. Hablaban, cultivaban la tierra, hacían casitas monas y sencillas, se vestían con ropas hechas de pieles de animales, fabricaban cacharros de barro y conocían, aunque no muy bien, el metal. No habían descubierto la rueda, lo cual me daba mucha rabia, porque no podía decirles cómo hacerla, y nos hubiera venido muy bien para muchas cosas, como por ejemplo, para llevar al poblado en un carro, y no sobre la chepa, los animalotes que cazábamos. Menos mal que no les dio por la caza de hipopótamos, que los había y muy hermosos, allí en el Indo. Tampoco habían descubierto la guerra, aunque andaban cerca de hacerlo. O sea, que eran prehistóricos pero pacíficos. En realidad, prehistóricos sólo quiere decir que son anteriores a la escritura y que por tanto no han dejado documentos y no se les puede hacer la historia.


Llegué a un poblado la mar de chulo, que estaba, como todos los de la zona, en una colina. Los ponían en alto porque en la época de lluvias el río crecía y crecía hasta que se salía en mogollón, o sea, que lo inundaba todo; y como, aunque no supieran escribir y no hubieran inventado el cole, eran neolíticos, pero no tontos, hacían los pueblecitos en alto para no tener que reconstruirlos cada año. Y para no ahogarse, claro.
Carlos García Retuerta, La divertida historia de la humanidad.

2. Busca información y después elabora un texto expositivo: El rap. Inicios y desarrollo de este movimiento callejero.

3. Lee el texto que aparece a continuación y después contesta a las siguientes preguntas. 

1. Indica cuál es la idea esencial en cada uno de los párrafos de este texto y elabora después un resumen. 2. ¿Cuál es su finalidad? 3. Busca en el texto ejemplos de oraciones enunciativas, adjetivos especificativos, presente gnómico o intemporal, tecnicismos, sintagmas en función de complemento del nombre. 4. Busca el significado de las palabras subrayadas en el texto.


Definido como la acción del tiempo sobre el organismo, el envejecimiento es un proceso biológico continuo que se desarrolla a una velocidad determinada según las categorías celulares, manifestándose a todas los niveles de la materia viva, desde las moléculas más simples hasta los órganos más complejos.


Los signos de envejecimiento cutáneo –deshidratación, arrugas, flacidez, pérdida de luminosidad, manchas… - no suelen manifestarse al mismo tiempo, pero basta con que observemos uno sólo para darnos cuenta de que la piel ha comenzado a envejecer.


La aparición de estas alteraciones se debe no sólo al paso del tiempo y a la radiación solar, también está estrechamente relacionada con el sistema de la vida; alimentación desequilibrada, tabaco, alcohol, descanso insuficiente, fatiga, estrés y ciertos estados de ánimo: problemas afectivos, pérdida de un ser querido, angustia u ansiedad.


Los laboratorios de investigación cosmética han demostrado que las fibras sintéticas de la piel son muy sensibles a dichos factores, en especial al estrés, definido como una <<repetición de la fatiga con sucesión de los intervalos de reposo que exigen la nutrición y la eliminación de los desechos>>. Hoy, los tratamientos de belleza tratan en gran medida de paliar estos desequilibrios aportando las vitaminas, minerales y oligoelementos que la piel necesita para preservar su buen aspecto.

El País Semanal, 10 de febrero de 2002.

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