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Texto para el Comentario de Selectividad :No vale llamarse a andanas

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Bueno como me van a operar y no sé cuando volveré entre vosotros/as dejo este comentario de Selectividad, un texto que no tiene desperdicio.

Además de la Coherencia, cohesión y adecuación, quiero que hagáis una buena valoración personal de las ideas que aquí se exponen. Además la respuesta a lo que se dice aquí, no sólo es de las Instituciones, también es vuestra. ¿Estáis de acuerdo con lo que opina el autor? El debate está abierto, lanzad vuestras cartas.

 

No vale llamarse a andanas

ALEJANDRO SÁNCHEZ CALVO/

 

Son nuestros hijos, o nuestros sobrinos, o nuestros nietos. En fin, que no nos son algo extraño; los conocemos de sobra: sabemos cómo son y los aceptamos, cómo no. Independientemente, claro está, de que cada uno tenga su propio carácter y de que, al tiempo que van creciendo, se nos vayan mostrando cada vez un poco más distantes. Sobre todo, en la adolescencia. Y es lógico: son el resultado de un aprendizaje en el que no sólo participamos nosotros; tienen presencia también otros muchos factores -la calle, la escuela o la televisión, por mencionar algunos- que les van incorporando a una cultura donde no parecen tener cabida aspectos que nos han venido caracterizando. La realidad es que ya no creen en esos grandes relatos que, al decir de Lyotard, daban cohesión al grupo y legitimaban sus proyectos. Son distintos; otra casta de gatos, como alguien ha dicho.


Pero, como decimos, los conocemos de sobra. Como también sabemos que no todos son iguales; y es que lo raro sería que lo fueran en una sociedad que viene asistiendo a tantos cambios sociales y a un espectacular crecimiento de la inmigración en los últimos diez años. La realidad es que se ha conformado una juventud tremendamente heterogénea en la que, junto a jóvenes adolescentes apegados a su propia cultura pero que participan en la vida pública y que se afanan por conocer cosas o comprometerse en las más nobles causas colectivas, no es raro observar también aquellos que, desatendiéndose de la sociedad y de sus normas de convivencia, se expresan con agresividad y malos modos, hasta el punto de que llegan a resultarnos tremendamente distantes y, en ocasiones, hostiles. En fin, que hay de todo.

Habida cuenta, pues, de las diferencias tan apreciables que existen entre ellos, no resulta razonable generalizar y tachar a toda la juventud de displicente o de agresiva, y de que ésta es la forma de mostrarse en la calle o en las aulas. Cuando tratamos de los jóvenes y de la violencia, estamos obligados a individualizar, a decir quiénes son; entre otras cosas, porque sabemos que no existe el joven en abstracto, sino aquél condicionado por un entorno familiar y social que le va haciendo. Sólo después de conocer el porqué de su comportamiento, estaremos en condiciones de saber en qué aspectos deberíamos actuar para corregir las conductas irrespetuosas.

Porque lo que no se puede negar es la existencia de estas maneras en la calle y, cada vez con más frecuencia, en los ámbitos escolares. Sobre todo en los institutos, donde más se palpa el rechazo de muchos individuos al hecho escolar. Es verdad que, como nos recuerda el profesor José Antonio Marina, el problema no adquiere aún entre nosotros la misma gravedad que en otros países desarrollados; pero nos recomienda que no nos durmamos. Y tiene razón. Seguramente no alcanza la dimensión que ha llevado a Le Monde de l'education a titular en su portada 'Violencia. El planeta escolar movilizado'; pero es ya tan importante que no debemos llamarnos a andanas. No podemos ignorar que en nuestros Institutos, al tiempo que se vienen incrementando problemas de la entidad del fracaso escolar o del abandono, están tomando carta de naturaleza otros aún si cabe más perniciosos para el normal desarrollo de la tarea educativa, como son la creciente indisciplina o un repugnante acoso que degrada a los centros y que llena de sufrimiento a muchos jóvenes y a sus familias.


Precisamente hace pocos días un grupo de estudiantes de 1º de Bachillerato publicaba un breve artículo en el que, con el título de Miedos mudos en las aulas, recordaban que el «48% de los escolares españoles sufren acoso por parte de sus compañeros». Suficientemente expresivo. La lástima es que nada tengan que decir ni que hacer quienes están obligados a promover algún remedio a tanta vejación.

En definitiva, problemas que en muchos casos tienen que ver con alumnos que manifiestan unos modos que perturban el clima de trabajo en las aulas. Los mismos que, a la más mínima, abandonan el centro para irse a la plazoleta, al cibercafé o a pulular en pandillas por ahí sin hacer nada y sin ningún objetivo por delante. En fin, los candidatos al fracaso escolar. Como en muchos casos lo fueron sus padres. Con la diferencia, todo hay que decirlo, de que éstos no formaban parte entonces de esa minoría selecta para la que se reservaba la Secundaria y se quedaron al margen. Eran otros tiempos. Rechazar hoy un alimento educativo tan necesario que se ofrece a todos resulta difícilmente comprensible, y no digamos ya cuando quienes lo hacen son los que más lo necesitan para salir de la servidumbre e integrarse de manera activa en la sociedad. Sólo se explica por la tenaz presencia de enormes desigualdades sociales creadoras de entornos marginales nada apropiados al hecho escolar.

De lo que venimos viendo se desprende que todos estos comportamientos tan incívicos que están llevando a muchos individuos al fracaso escolar y a la marginación social nos remiten a unos determinados ambientes de exclusión. Y es que, al margen de que en la base de la agresividad o de la violencia puedan estar muy diversos factores individuales, familiares o sociales, todo hace indicar que este tipo de conductas se da con mayor frecuencia en los entornos más desfavorecidos, en los más abandonados. En palabras de Luis Rojas Marcos, se fomenta más «en colectivos abrumados por la pobreza, el desempleo, la discriminación...». De lo que se infiere que, si se quiere remediar esta situación que tanto está limitando a muchos individuos y que tanto incomoda hoy a la sociedad y a los Institutos, hemos de ver cómo mejoramos la vida en estos contextos socioculturales con tantas carencias. Sería la manera de crear las condiciones para que se genere una juventud más respetuosa con los valores en que ha de asentarse la convivencia.


Por supuesto que, en este empeño, la institución escolar no debe quedar al margen; pero eso sí, considerada como una instancia social más que, con otras, colabora en que nuestras generaciones jóvenes aprendan a convivir. A integrarse en la sociedad, que es de lo que se trata. Si ello exige nuevas estrategias metodológicas o una determinada selección de contenidos, e incluso ciertas habilidades docentes o programas específicos para estos alumnos, habrá que hacerlo. Mas no esperemos que sea el Instituto el único responsable en la corrección de estas conductas, como se suele reclamar por ahí de manera un tanto irresponsable, o como ingenuamente se espera por el simple hecho de incorporar una nueva asignatura al currículo. Y es que no lo puede ser; no sólo porque sea la primera víctima de ellas, que sería ya suficiente motivo; sino porque además el Instituto no es ya aquel viejo instrumento que, con la familia, garantizaba casi en exclusiva la transmisión de saberes y valores con los que incorporaba al individuo a la sociedad.


Hoy ya no es así. En esta sociedad nueva -y tan cambiante que ha llevado a decir a Chesterton que con cada década se inaugura hoy un siglo- donde tiene que compartir esa función con unos poderosos medios informáticos y audiovisuales de gran atractivo para los jóvenes, la institución escolar necesita del concurso decidido de la sociedad en este empeño socializador y de corrección de las conductas incívicas. En otras palabras, necesita de unas nuevas formas económicas y sociales capaces de acabar con estos entornos marginales y de evitar así que se muevan por las calles y por las aulas jóvenes con tan escaso bagaje cultural y con tan malos modos. Cuando tratamos de los jóvenes y de la violencia estamos obligados a individualizar; entre otras cosas porque no existe el joven en abstracto, sino aquél condicionado por el entorno.

 

 

 

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Comentarios Texto para el Comentario de Selectividad :No vale llamarse a andanas

Realmente nuestra sociedad ya no es la misma, nisiquiera las personas... somos tan cambiantes que prefeririamos vender el alma con solo conseguir el obgetivo.

De hecho es muy bueno lograr el objetivo de la vida, pero como lo hacemos no esta bien, siempre buscamos lastimar a alguien con tal de conseguir lo que queremos, quizas seamos contadas las personas que nos esforzamos para salir adelante, por muy daño nos hagan... eso se llama... Valoración personal.

Un fuerte abrazo, Espero verte pronto amiga.

 Buena Suerte!!!
no sabia estabas mala sabia habias estado bueno me parece te he mandado sin saber dabas mala la virgen de joaky es muy salao muy noble  y es de agradecer seguro el verla te dara suerte como talisman y estoy de acurdo con la contestacion de yakely por completo cada vez somos mas egoistas yo mira hace dias al vecino campechano que da a la mujer mala al preguntarme le dije como andaba como es tan bondadoso a otro dia bajo con la hija vive encima de el es decir el perro con ella no se orino pudo ser al subir y las cacas llevo bolsas  esas las cojo pero pañales no he visto hayan sacado a el deben ponerle un bozal la medalla a la bondad no se la daba y hace asi que medio rabia nena eso esta y los mios no han sio no tiene lo quite pero to la mugre de una casa de tres pisos dos y atico la aguante yo hasta de vuelta de alta de un legrao me puse a limpiar cemento y no le he dicho na y asomar eso me encontre  lo mismo que cuando su padre cayo que vivia antes en la misma pero vieja al decir adios a la madre yo que iba por mis hijos a la escuela la puerta entorna y no se si providencia vi algo como un bulto que abro y me encuentro el padre tirao con sangre dando balbuceo incoherente las gafas rotas si doy idea no paro pero pare sola cuando vi no podia tirar pedi socorro acudieron y entre tos buscaron a hermana la hermana a el no se si alguien lo llevo al hospital la madre enferma del corazon quien le da la noticia en fin un bollo valian mas los padres que el  le hubiera dolio muncho el vientre como a mi esta tarde ese no piensa o mira quien se ha meao
Muchas gracias, Yakely...Las personas son en ocasiones bastante crueles y cuesta que seguir adelante, cuando todo son dificultades, pero hay que ser valiente y sobre todo hay que seguir los valores que cada una nos hemos forjado.
Un beso gigante
Ay Luci, a veces las personas nos ponemos en tejemanejes, criticando a los demás, chismorreando... Todo eso no tiene sentido. Lo que tiene sentido es que nos ayudemos entre nosotros, que miremos a nuestro vecino y sintamos que es nuestro hermano, y que en cualquier momento estemos ahí, para ayudarnos. Que la vida ya nos da sus palos, como para que encima entre nosotros nos tiremos los trastos.
Un beso gigante

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