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Terror, Manuel Hidalgo

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Comentario de texto

Lee el siguiente texto y contesta a las preguntas.

Tema, resumen y estructura.

Funciones del lenguaje principales y secundarias.

Analiza la estructura morfológica de las siguientes palabras: cineastas, precipitación, inmediatamente.

Analiza sintácticamente la siguiente oración:

Desde antiguo, escritores y cineastas se han aventurado en la fantasía a la animación de los objetos”.

Terror

Manuel Hidalgo

Desde antiguo, escritores y cineastas se han aventurado en la fantasía a la animación de los objetos. Las máquinas y cualquier clase de artilugio mecánico o eléctrico están pensados para seguir un comportamiento limitado a las utilidades para las que han sido diseñados y acondicionados. ¿Pero qué pasa si esos artefactos, pequeños o grandes, toman conciencia por su cuenta, se desmandan de las reglas a las que están sometidos? ¿Qué pasa si entran en acción sin ser accionados, si inician una actividad sin haber sido requeridos para ello mediante el botón o el interruptor de turno, si su proceder, además, se separa de las pautas a las que deben obedecer? La imaginación ha dado lugar a ejemplos muy clamorosos y aparatosos, pero, más allá de los fenómenos con los que pueda especularse, el terror elemental y básico que tales episodios suscitan se basan en un principio muy simple. Del mismo modo que los muertos no pueden resucitar, volver y deambular, sea cual sea su actuación – y aún siendo muy inocente-, sin provocar espanto, los objetos tampoco pueden cobrar vida por su cuenta sin volver nuestra lógica del revés con un resultado de miedo. El principio es muy sencillo: lo muerto no puede regresar a la vida, lo inanimado no puede tener animación sin mediación del mecanismo que lo faculta para ello. Todo lo que contradiga está simple regla, sea lo que sea, da motivo al pánico.

Ayer estaba hablando largamente con una amiga por teléfono, en  mi mesa de trabajo, cuando escuché un murmullo más o menos eléctrico a mis espaldas. No presté mayor atención, pero el ruido –sinuoso, como de frotación y avance- persistió. Después, demorando en mi charla, pude oír el impacto de un golpe. Inmediatamente más tarde, el silencio. Pero, segundos después, el murmullo se reanudó, y cada vez, siempre a mis espaldas, sonaba más cercano.

Me volví y no vi nada. Pero estaba inquieto. El ruido prosiguió, cada vez más cerca y, cuando me giré hacia atrás por segunda vez, pude ver en el suelo mi maquinilla de afeitar que avanzaba sin control hacia mi despachó. Compré hace unas semanas con prisa una maquinilla de afeitar de cuchillas como las de toda la vida. Pero por error indeseado, y por la precipitación, m e lleve un absurdo artefacto que va a pilas y vibra como si se tratara de la clásica máquina de afeitar eléctrica. Ya me ha dado varios sustos, pues entra en funcionamiento –tal vez por no haber sido correctamente manipulada- a su arbitrio.

Nada como lo de hoy, cuando la he visto avanzar hacia mí por la tarima después –deduzco- de haberse deslizado sola por la repisa del lavabo, de haber caído al suelo, haberse recuperado del golpe y haber reanudado la marca descabezada. Sí, porque, con el impacto había perdido el rastrillo de las cuchillas, y progresaba hacia mis pies amuñonada, como si fuera un punzón amochado. Otro día es el móvil el que se mueve solo sobre la mesa. Tenemos demasiados cacharros en casa que van a su aire.

El Mundo, 23 de octubre de 2007

 

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