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Teatro renacentista: Los pasos de Lope de Rueda

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Teatro renacentista

Los pasos de Lope de Rueda

Lope de Rueda desarrolla su labor en tres escenarios diferentes: en primer lugar, en los palacios, donde hace acopio de importantes recursos escénicos; en segundo lugar, en las procesiones del Corpus –normalmente por encargo municipal,  contexto en el que se desarrollan sus auto;  finalmente, en patios y corrales públicos, a los que se accedía previo. Será este teatro último el mayoritariamente aplaudido por el público.

En cualquiera de sus facetas (como autor, actor, director de una compañía, etc.), destaca siempre la influencia del teatro de enredo que habían difundido los cómicos italianos que recorrían el país.

Donde verdaderamente dejó su impronta de originalidad fue en sus pasos, piezas breves maestras, cuya gracia y espontaneidad fue muy alabada. En todas ellas, la comicidad es el rasgo sobresaliente. Estos pasos, habitualmente de tema popular, con un argumento prediseñado o sin él, solían representarse antes de las comedias o en los descansos entre jornadas. En ellos introdujo Lope de Rueda un nutrido grupo de personajes extraídos de la realidad cotidiana que él observaba a lo largo de sus andanzas por la geografía española: hidalgos, clérigos, estudiantes, mesoneros, celestinas…; así como otros más convencionales como el pastor, el bobo, el vizcaíno, que posteriormente se transformarán en personajes tipo del teatro en el siglo XVII.

La gracia y espontaneidad de sus diálogos es innegable. Entre los más conocidos destacan: La tierra de Jauja, Cornudo y contento, El convidado y el más conocido y traducido a varias lenguas, Las aceitunas, donde aparece una variante del Cuento de la lechera, tan del gusto de cuentistas y fabulistas de todas las épocas.

 

Las aceitunas

Toruvio, simple viejo. Águeda de Toruegano su mujer; Mencigüela, su hija, Aloja, vecino. (La 2ª persona del plural es un tratamiento corriente, incluso entre esposos), (…)

ÁGUEDA. Corre, muchacha, prepárale un par de huevos para que cene tu padre y hazle luego la cama. Yo os aseguro, marido, que nunca os acordasteis de plantar aquel de aceitunas que rogué que plantarais.

TORUVIO. ¿Pues en qué me he detenido en plantarlo como me rogasteis?

ÁGUEDA. Callad, marido. ¿Y adónde lo plantasteis?

TORUVIO. Allí, junto a la higuera breval, adonde, si os acordáis, os di un beso.

MENCIGÜELA. Padre, bien puede entrar a cenar, que ya está preparado todo.

ÁGUEDA. Marido, ¿no sabéis que he pensado? Que aquel retoño de aceitunas que plantasteis hoy, que de aquí a seis o siete años, llevará cuatro o cinco fanegas (medida de capacidad equivalente a 55 litros en Castilla) de aceitunas. Y que, poniendo plantas acá y plantas acullá, de aquí a veinticinco o treinta años, tendréis un olivar hecho y derecho.

TORUVIO. Esa es la verdad, mujer, que no puede dejar de ser lindo.

ÁGUEDA. Mirad, marido ¿sabéis qué he pensado? Que yo cogeré la aceituna y vos la acarrearéis con el asnillo y Mencigüela la venderá en la plaza. Y mira, muchacha, que te mando que no me des menos el celemín (doceava parte de una fanega) de a dos reales castellanos.

TORUVIO. ¿Cómo a dos reales castellanos? ¿No veis que es cargo de conicencia?

ÁGUEDA. Callad, marido, que es el verduño (olivo) de la cesta… de Córdoba.

TORUVIO: Pues aunque sea de la casta de los de Córdoba, basta pedir lo que tengo dicho.

ÁGUEDA. Ahora no me quebréis la cabeza. Mira, muchacha, que te mando que no las de menos el celemín de a dos reales castellanos.

TORUVIO. ¿Cómo a dos reales castellanos? Ven acá, muchacha, ¿a cómo has de pedir?

MENCIGÜELA. A como quisierais, padre.

TORUVIO. A catorce o quince dineros.

MENCIGÜELA. Así lo haré, padre.

ÁGUEDA. ¿Cómo <<así lo haré, padre>>? Ven acá… ¿a cómo has de pedir?

MENCIGÜELA. A como mandareis, madre.

ÁGUEDA. A dos reales castellanos.

TORUVIO. Dejad a la muchacha.

MENCIGÜELA. ¡Ay, madre! ¿Ay, padre, que me mata!

ALOJA. ¿Qué es esto vecinos? ¿Por qué maltratáis a la muchacha?

ÁGUEDA. ¡Ay, señor! Este mal hombre que me quiere dar cosas a menos precio y quiere echar a perder mi casa. ¡Unas aceitunas que son como nueces!

TORUVIO. Y juro a los huesos de mi linaje que no son ni aun piñones.

ÁGUEDA. ¡Sí son!

TORUVIO. ¡No son!

ALOJA. Bueno, señora vecina, os ruego que entréis allá dentro, que yo lo averiguaré todo.

ÁGUEDA. Averigüe o póngase todo del revés.

ALOJA. Señor vecino, ¿qué son de las aceitunas? Sacadlas acá fuera, que yo las compraré, aunque sean veinte fanegas (…)

MENCIGÜELA. ¿Qué le parece, señor?

TORUVIO. No llores, hija. La muchacha, señor, es como un oro. Ahora andad, hija, y ponedme la mesa, que yo os prometo hacer un sayuelo (saya, vestido) de las primeras aceitunas que se vendieren.

ALOJA. Ahora, andad, vecino, entraos… y tened paz en vuestra mujer.

TORUVIO. Adiós, señor.

ALOJA. Por cierto, ¡qué cosas vemos en esta vida que ponen espanto! Las aceitunas aún no están plantadas, y ya las hemos visto reñidas. (…) TAGS:

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Comentarios Teatro renacentista: Los pasos de Lope de Rueda

Me gustó el texto, esta genial.

Besos.

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