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Teatro medieval: La Celestina

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Teatro medieval. La Celestina

A excepción del Auto de los Reyes Magos, no se conservan textos anteriores al siglo XV. En este siglo, las primeras manifestaciones del teatro son de carácter religioso: la representación de los episodios más importantes de la vida de Jesucristo, particularmente de su nacimiento y su muerte, en las fechas de Navidad o Viernes Santo.

El primer autor de piezas dramáticas es Gómez Manrique, autor de la Representación del Nacimiento de Ntro. Señor, conjunto de escenas de escasa acción teatral.

Ya hacia finales del siglo, aparecen las obras del que será considerado el padre del teatro castellano, Juan de Encina. Dentro de un tipo de teatro primitivo, es el primer autor cuyas obras presentan una acción escénica perfectamente estructurada. Sus quince piezas dramáticas pueden dividirse en dos grupos: religiosas o populares, continuando con la tradición medieval, y las de tema amoroso y festivo que reflejan ambientes de la época. Son piezas cortas de un solo acto, escritas en verso, que se representaban generalmente en el interior de los palacios.

 

La Celestina

Ediciones de la obra. La primera edición aparecida en Burgos es de 1499, consta de 16 actos y lleva como título Comedia de Calisto y Melibea. Con los mismos actos y el mismo título se editó por segunda y tercera vez en 1500 (Toledo) y 1501 (Sevilla). Sin embargo, en las ediciones de 1502 (Sevilla, Salamanca y Burgos), se añaden cinco nuevos actos, intercalados entre XIV y el XV, de la versión principal y la obra es titulada Tragicomedia de Calisto y Melibea, es, con veintiún actos, la versión definitiva, que pasó a llamarse La Celestina a partir de su edición de 1507.

Autor: Fernando de Rojas. El nombre del autor aparece en unos acrósticos (versos cuyas letras iniciales, leídas verticalmente, forman una palabra o frase), en la segunda edición de la obra. También en esta edición figura la carta de El autor a un amigo, en la que Rojas afirma que, estando en Salamanca, llegó a sus manos el primer acto de la obra, sin firma del autor, y que él decidió continuarla. Los estudios críticos parecen confirmar lo que se dice en la carta: que el acto primero es de autor desconocido y tanto los quince restantes de la Comedia, como los cinco añadidos en la Tragicomedia pertenecen a Fernando de Rojas.

De Rojas se sabe que nació en Puebla de Moltabán (Toledo), hacia 1475, que procedía de una familia de conversos y que murió en 1541.

Género literario: La originalidad de La Celestina hace de ella una obra de difícil clasificación. Algunos, debido a las dificultades que plantea su puesta en escena (por los múltiples lugares en que transcurre la acción, demasiado lenta y extensa), la consideran una novela dialogada. Otros la sitúan dentro del género de la comedia humanística, creado en el siglo XIV por Petrarca. En la actualidad, tiende a considerarse como una obra esencialmente dramática, pero sabemos que no fue escrita para la representación teatral, puesto que lo fundamental en ella es el diálogo. El cambio en el título de Comedia (desenlace feliz, personajes populares), por Tragicomedia (final trágico, personajes nobles), indicaría una preocupación por situarse dentro de las convenciones del género teatral.

Argumento: Calisto, joven noble y rico, se enamora perdidamente de Melibea, tras un encuentro casual. Rechazado por ella, decide recurrir a los servicios de la vieja Celestina, bruja y alcahueta. Con gran habilidad, Celestina logra vencer la resistencia de Melibea y despertar en ella el amor por Calisto. Pármeno y Sempronio, criados de Calisto, exigen a Celestina que comparta con ellos los regalos que obtiene de su amo. Al negarse a sus peticiones, la matan y son decapitados poco después por la justicia. En una de sus citas nocturnas, Calisto muere, al intentar saltar la tapia del jardín de Melibea, con una escalera. Melibea, desesperada tras conocer el trágico final de su amante, se suicida arrojándose desde una torre. La obra termina con el llanto de Pleberio, padre de Melibea.

Personajes:

Calisto: dominado por la pasión amorosa, inseguro, egoísta, dominado por los criados y por Celestina; la posesión de Melibea, por los medios que sean, es la única guía de su conducta. Es un ser ridículo, que pierde dignidad, riquezas e incluso su vida (de forma ridícula, se cae por la escalinata al querer ayudar a sus criados).

Melibea: más apasionada y decidida que Calisto. Es un personaje inteligente, que aunque se deja llevar, es consecuente con su acción y decide lavar su honra suicidándose en un acto de valentía.

Celestina: Especie de hechicera, oficio que ella considera honrado. Astuta y hábil para halagar y engañar, su único objetivo es sacar provecho personal de cualquier situación, intermediaria en los amores de Calisto y Melibea. Se ha convertido en el símbolo de la alcahueta, cuyo precedente literario es Trotaconventos del Libro de Buen Amor. Es un personaje muy inteligente, lúcido, perverso, avaricioso, cruel, artero y egoísta. Ella alimenta las pasiones de los demás personajes, cuyo desencadenamiento precipita el cruel desenlace, al que ella también sucumbe.

Los criados: sólo les mueve su propio interés económico: la usencia de relación afectiva les hace ser falsos y desleales con su amo.  También aparecen los padres de Melibea, que no se dan cuenta de lo que está sucediendo, hasta que se desencadena el trágico final.

Sempronio es el falso sirviente de la comedia romana. Pone a su amo en manos de Celestina y participa en las ganancias que Calisto reparte a la vieja. Luego la mata, movido por la codicia. Pármeno, sin embargo, es más complejo. Es un personaje que evoluciona de la fidelidad a Calisto a su conversión en criado desleal, harto de los desplantes de su amo.

Elicia y Areúsa: son las prostitutas, amigas de Celestina. Sus relaciones con los criados sirven de contrapunto a las relaciones que mantienen Melibea y Calisto. Representan una realidad descarnada y cruda. Ellas planean la muerte de Calisto, en venganza por la pérdida de sus enamorados.

Pleberio y Alisia: El primero adquiere relevancia al final, sobre todo, en el planto final de la obra, donde se conduele de lo acontecido. Su mujer, Alisia, es un personaje muy secundario, que se despreocupa, y no ve el peligro que se cierne sobre su hija.

Tiempo y espacio: No se nos dice en qué tiempo ocurren los hechos. Pero es evidente que hay un tiempo oculto que no es narrado, pero sí supuesto: desde que Melibea conoce a Calisto hasta que se deja arrastrar por su amor. En cuanto al espacio, éste tampoco aparece concretado (aunque sean importantes las casas: la de Celestina, donde se ven sus doncellas con los criados de Calisto, el huerto de Melibea, etc.

Lengua y estilo:  En la obra aparecen claramente dos registros lingüísticos: el culto de tono elevado y retórico, utilizado particularmente por Calisto y Melibea y el popular espontáneo, directo y con abundantes refranes, usado por Celestina y los criados. Pero el registro empleado no depende únicamente de la condición del personaje, sino también de la situación comunicativa. Así, por ejemplo, Celestina y los criados cuidan más su lenguaje cuando hablan con Calisto.  El personaje de Calisto utiliza un lenguaje ridículo, excesivamente ampuloso, el autor carga las tintas sobre él, para desprestigiarlo. Los criados, por su parte, utilizan habitualmente un registro en el que son normales los tacos, los juramentos y las blasfemias.

Modalidades del discurso dramático:

Diálogo: el diálogo presenta una gran variedad: algunos parlamentos son largos y retóricos, con réplicas extensas; otros ofrecen un intercambio verbal rápido, conciso, de cortísimas réplicas y contrarréplicas.

La tragicomedia incorpora también el monólogo para la expresión en soledad y la exposición de las debilidades, temores e intenciones de los personajes.

El aparte, mecanismo de comicidad en la comedia romana; no siempre tiene función humorística en La Celestina; en algunos casos, el otro personaje no oye nada;  en otros, pide que se repita lo dicho; otras veces, finge no oír.

Significado de la obra. Publicada en el paso de siglo XV al XVI, La Celestina refleja dos concepciones del mundo y de la vida,  la medieval y la renacentista. Parece clara la intención de Rojas por mostrar los efectos destructivos de las pasiones (el amor, la avaricia). Recordemos que la obra fue compuesta en represión de los locos amadores, como dice él mismo. Pero también es probable que deseara criticar el amor cortés a partir de la figura de Calisto.  El autor pone en evidencia su pesimismo ante la vida, pero también muestra la crisis de valores del XV: el deseo de libertad, el sentimiento de que no existe ningún compromiso que ligue a los criados con sus señores y de ahí que éstos busquen su propio provecho, aunque éste perjudique a sus señores.  La obra retrata las pasiones, instintos, vicios, debilidades y fracasos de los comportamientos de los personajes. Las circunstancias se van complicando a medida que la acción avanza. El amor pasional y el egoísmo humano son dos pilares sobre los que se asienta la obra.

 

Celestina: Acude a la magia para que Calisto consiga a Melibea. La alcahueta utiliza lo que se conoce como la philo-captio (<<captación de amor>>), práctica por la cual se creía que se podía provocar una pasión amorosa. Para ello conjura al demonio:

CELESTINA. _ (Sola.) Conjúrote, triste Pluton, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hirvientes étnicos montes mana, gobernador y veedor de los tormentos y atormentador de las pecadoras ánimas, regidor de las tres furias, Tesífone, Megera y Aleto, administrador de todas las cosas negras del reino de Estigie y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales y litigioso caos, mantenedor de las volantes arpías, con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras. Yo, Celestina, tú más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerza de estas  bermejas letras, por la sangre de aquella nocturna ave con que están escritas, por la gravedad de aquestos hombres y signos que en este papel se contienen, por la áspera ponzoña de las víboras de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado: vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad y en ella te envuelvas y con ello estés sin un momento te partir hasta Melibea, con aparejada oportunidad que haya, la compre.  Y con ello de tal manera quede enredada que, cuando más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición y se le abras y lastimes del crudo y fuerte amor de Calisto; tanto que, despedida toda honestidad, se descubra a mí y me galardone mis pasos y mensaje. Y, esto hecho, pide y demande de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento, tendrasme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceles tristes y oscuras, acusaré cruelmente tus continuas mentiras, apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre. Y otra y otra vez te conjuro; y así, confiando en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.

 

Fernando de Rojas

La Celestina, Castalia. TAGS:

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