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Si te dicen que caí Juan Marsé

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Uno de los escritores más sólidos del panorama literario actual, Juan Marsé (Barcelona, 1933) se inicia en los años sesenta con Encerrados en un solo juguete ( 1961), comenzando así una trayectoria que poco a poco irá consolidándose. Marsé escribe por aquel entonces algunas obras que se convierten en modelos incuestionables del período: Últimas tardes con Teresa (1965), La oscura historia de la prima Montse (1970) y Si te dicen que caí, la obra de la que te presentamos un fragmento. En esta última, Marsé fluctúa entre dos mundos: el de la burguesía corrompida y el de los muchachos apicarados de la baja sociedad. Estos mundos se engarzan con el de aquellos que en década de los cuarenta intentaron darle la vuelta a la tortilla, al resultado de la guerra civil, los conocidos <<maquis>>.  La endeble fusión de estos mundos le sirve al autor de escaparate para mostrar la cruda realidad de la posguerra, un mundo degradado y cuyas venas están  abiertas aún  por las heridas cometidas contra la condición humana.

Marsé construye con estos parámetros una gran novela, una de las más laureadas del realismo crítico. Narrada en primera persona, pero desde un yo plural en el que confluyen distintos narradores,  da fe del estrambótico mundo en el que se mueven los personajes.  

El autor sigue las nuevas directrices del género al romper la linealidad del espacio y el tiempo. Así el lector convive con tres grupos de personajes – burgueses, muchachos apicarados y maquis-,  cuyas historias se yuxtaponen y entrecruzan en ese magma complejo que es una novela. El lector debe ir paulatinamente atando los cabos sueltos, deshilvanando las historias, hasta encontrar la aguja que ha cosido cada una de ellas

Sin embargo, tampoco aquí  permite que el lector se relaje, el recurso de las <<aventis>> es un nuevo nivel estructural, un molde para que niños- testigos, cuezan las  historias oídas. Estos interpretan los hechos oídos a mitad y reconstruyen lo que falta, de este modo  logran un puzle disímil de una realidad poliédrica.

.  De ahí que uno de los narradores diga:

<< …era una voz impostada recreando cosas que todos conocían de oídas: ablar de oídas, eso era .contar aventis. Las mejores eran aquellas que no tenían ni pies ni cabeza, aquellas en las que no había que esforzarse para que resultaran creíbles: nada por aquel entonces tenía sentido. En realidad, sus fantásticas aventis se nutrían de un mundo más fantástico que el imaginado por ellos>>.

El escritor acrecienta la plasticidad de las escenas, gracias a las imágenes, que consiguen su máxima notoriedad en los momentos climáticos. Consigue en definitiva mostrar una realidad caleidoscópica y perpleja, que además nunca es la definitiva.

 

Cuenta que al levantar el borde la sábana que cubría al ahogado, revivió en  la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos un barrio de solares ruinosos y tronchados geranios cruzado de punta a punta por silbidos de afilador; un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la verdad. Y que a pesar de las elegantes sienes plateadas, la piel bronceada y las sortijas de oro que lucía el cadáver, le reconoció; que todo habían sido espejuelos, dijo, en aquel tiempo y aquellas calles, incluido este trapero que al cabo treinta años alcanzaba su corrupción final enmascarado de dignidad y dinero.

 

Su propia madre tenía el vientre más liso que una tabla y sin embargo la llamaban <<la preñada>>, recuerda: aquellas vecinas deslenguadas con rulos en la cabeza, enfermas de irrealidad, trajinando baldes de agua desde la fuete agobiada de avispas y habladurías, aquel certamen de infamias una tarde de otoño que sintió romperse bruscamente una burbuja de luz en su interior y se dijo ya soy mayor, ya soy memoria y no podréis conmigo, brujas. A pesar de ello, y durante mucho tiempo, las apariencias seguirían justificando el oprobio del vecindario y el estupor del hijo, que esa misma noche volvería a verla desde el catre, una gran barriga enlutada avanzando en la penumbra del cuarto y ella detrás balanceándose como una muñeca sobre los pies abiertos. En su desatino, él no sabía si salía del sueño o volvía a ingresar en él. Apuntaba el amanecer y a esa hora el hambre siempre le pateaba el estómago, despertándole, lo dejaba sentado en el lecho y entonces podía ver cómo todo le era desmentido por la luz, todavía vacilante, que entraba por las contraventanas cerradas: ese pistolero acribillado doblándose como si fuera a atarse el zapato, y sobre cuya frente resbala un sombrero de ala torcida, volvía a ser la americana de su padre colgada de la silla; esa granada estallando, esa llamarada roja sin estruendo escupiendo cristales y madrea astillada, pronto sería el sol colándose por las rendidas de la carcomida ventana; y el máuser colgado en la pared, una mancha de humedad. Pero su madre, aferrándose con desespero a los barrotes de la cama, persistía en su misteriosa condición de embarazada. Traía la cara contraída de dolor y gemía, espatarrada, él veía su vientre hinchado como de nueve meses pensando ya ésta, va a parir aquí mismo, de pie sobre las baldosas. En aquel desamparo, creyó ver a otra persona arremangarse las faldas de luto, congestionada por el esfuerzo, jadeando: cayó blandamente entre sus piernas un bulto que apenas tuvo tiempo de sujetar con las manos. De sus muslos escurrían hasta el suelo gruesos hilos de sangre, y sus dedos eran como afilados peces rojos. Transpirando un sudor de muerte, una fatiga infinita, se acurrucó en el lecho junto a su hijo, envolviéndole en un denso olor a legumbres secas, a vagones de tren pudriéndose en vías muertas.

Sí te dicen que caí, Juan Marsé

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Comentarios Si te dicen que caí Juan Marsé

Muchas gracias por el comentario. Mi nombre es Micaela, tengo 20 años  y me alegra mucho tener una lectora en Valencia. España, qué lindo país! Aunque vivo tan lejos, en Argentina, España siempre va a ser un lugar muy querido y con muchas ganas de recorrer.
No tenía idea de que eras (si me permitís tutearte) profesora de Lengua y hace tan sólo unos días que empecé a leer algunas notas de tu blog. Nunca estudié nada relacionado con la literatura y aunque me encante escribir, hago tan sólo lo que puedo con los escasos recursos de mi mente, pero escribir es una pasión al igual que leer y doy gracias de poder darme el gusto de imaginar tales historias y relatarlas. Espero más de tus notas, y a penas termine de leer "La sombra del Viento" de Carlos Ruiz Zafón, empezaré con La Huésped sin dudas. 
Reitero muchas gracias por los comentarios, es muy grato saber que alguien especializado en literatura lee algo escrito por mí.
Saludos!
Gracias Micaela... Como siempre la literatura es una pasión que une a muchas personas. Es fantástico. Espero que sigas escribiendo y leyendo con tanta pasión y tantas ganas.  Yo en la medida de mis posibilidades también lo hago y prometo visitar tu blog siempre que pueda para darte ánimos y comentar tus escritos.
saludos. También Argentina es precioso y también a mí me gustaria visitarlo

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