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Nosotros también somos Quijotes

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Nosotros también somos Quijotes


Con motivo del homenaje a Cervantes el otro día les pedí a los alumnos y alumnas de mi tutoría que contasen una acción de la que se sintiesen especialmente orgullosos. Estás son algunas de esas respuestas.


Acababa de salir del cine con una amiga y ya nos íbamos a casa cuando cruzamos la calle y vimos una señora mayor. Se había caído delante nuestra pero nadie le hacía caso y mi amiga tampoco la quería ayudar porque pensaba que no podríamos levantarla, pero yo, por lo menos, quería intentarlo. La ayudé a levantarse y, a continuación, la llevamos al hospital. Cuando ya estaba bien, me dio las gracias por haberla ayudado y yo me sentí muy realizada conmigo misma.

 

Muchos días, un amigo mío y yo íbamos a comprar chuches. Un día no tenía bastante dinero y yo le presté un poco. Después, compartí lo que yo me había comprado con él.

 

Cuando mi madre estaba embarazada siempre la veía hacer faena hasta que llegó un día en que la barriga le creció tanto que no podía levantar nada de peso. Entonces yo decidí hacer todas sus responsabilidades hasta que llegó el día del parto y se fue de casa durante dos días. Recuerdo que el día del parto la acompañé al baño para sujetar su pelo, mientras ella vomitaba. Luego le preparé la mochila. Después me fui al hospital para consolar a mi madre por la pérdida de mi hermano.

Yo me acuerdo de cuando mi mejor amiga tenía problemas familiares y yo la acogí y la traté como si fuera de mi familia. Me siento bien al saber que en todos los casos, sean momentos difíciles u otras situaciones, la seguiré ayudando.


Esa semana, ella se quedó dos días conmigo y le hice sentir como si estuviera en su casa. Ella me contaba cosas y yo la atendía, la entendía y la apoyaba. Al final le dije que siempre sería bienvenida a mi casa y le prometí no dejarla nunca sola.

 

Yo creo que la mayoría de las personas no actuaría así, como actué yo cuando  murió la abuela de mi amigo y lo apoyé emocionalmente. También ayudé a mi padre hace siete años cuando mi abuela se puso muy enferma. Fue ver a toda su familia junta y unos minutos después, murió ante todos. Mi padre estaba destrozado y también lloraba. Entonces le dije: —Tranquilo, papá. Te quiero mucho y yo estaré aquí—. En ese momento mi padre sonrió y me abrazó. Aquello me marcó y siempre me he sentido feliz de poder ayudar a mi padre a que mirara al frente.

 

Yo considero que la semana pasada actúe de forma honesta y creo que nadie hubiera hecho lo que yo hice. Un señor mayor, que vive en mi finca, se dejó el coche abierto y yo bajé a la calle y cerré el maletero. Luego lo llamé para decirle que se había dejado el maletero abierto y que tuviese más cuidado la próxima vez.

 

Pues estaba en el parque jugando al fútbol con mi mejor amigo cuando este se torció el pie. Lo cogí a caballo y lo llevé a su casa. Allí le conté a su madre lo que había pasado y la acompañé al médico. Después me sentí orgulloso de lo que hice por mi mejor amigo.

 

Cuando empezó el instituto, había un chico que no me caía muy bien, pero, conforme fue pasando el tiempo y conociéndolo más, fui apreciándolo más. El 21 de febrero celebré mi cumpleaños e invité a unos amigos. Dos de ellos fueron ese chaval y, una chica de 2º B. Esa chica me gustaba, pero también le gustaba al otro chico. Un día él me pidió ayuda para poder hablar con ella y yo le di consejos y lo ayudé. Ahora mismo ellos se llevan bien, aunque él no sabe que a mí también me gusta. Pero yo quiero esforzarme en los estudios y no sé qué hacer con este sentimiento que siento por ella. Espero que él tenga lo que hay que tener y le pida de salir.

 

Recuero que una vez me escapé y fui a casa de mi amiga a las 12:00 porque su hermana había tenido una crisis y ella se había quedado toda la noche en vela. Esa fue una de mis acciones, aunque no ha sido la única.


El sábado estábamos unos amigos y yo en el centro comercial y en un paso de cebra vimos un móvil tirado. Llamamos a uno amigo de sus contactos para que llamase al propietario a su casa. Luego quedamos con él y se lo devolvimos.

 

 

Yo estoy orgulloso de haber entrenado a un amigo mío que es como mi hermano, también me siento feliz por haberlo ayudado cuando estaba mal. Mi amigo quería aprender Parkour y yo le enseñé algunos trucos y maniobras.

 

Pues yo recuerdo un día por la tarde cuando me enteré que los padres de un amigo mío iban a divorciarse. Enseguida fui a hablar con él por whatsapp para intentar animarlo y que se sintiese mejor. Y creo que gracias a eso, él se sintió mejor, apoyado y reanimado.

 

Yo ayudo especialmente a mi hermana todos los días, apoyándola en todo y ofreciéndole lo mejor de mí, pero si tengo que recordar alguna acción de la que me sienta orgullosa, recordaré una tarde nublada. Había ido con mi madre a comprar a un supermercado que estaba cerca de mi casa. Al entrar nos fijamos en una mujer que había en la puerta y tenía un niño de cuatro años a su lado y un bebé en brazos. Se la veía triste y no pedía para ella, sino para los niños. El hombre que se hallaba delante nuestro, le dijo alzando la voz que no le iba a dar nada.
Nosotras entramos, compramos lo que nos hacía falta y, acto seguido, cogimos leche, madalenas, queso y otras cosas para la mujer que había fuera.
Ella nos lo agradeció muchísimo y nosotras nos sentimos muy bien. Como ya había dicho antes era una tarde lluviosa (chispeaba). La mujer nos ofreció algo para taparnos. Se lo agradecimos pero no nos hizo falta.

 

Hace dos años amenazaron a mi mejor amigo que es ecuatoriano y yo me puse en medio para que no le hicieran nada. Gracias a mi valentía a mi amigo lo dejaron en paz y no le pegaron.

 

Era una tarde calurosa. Yo estaba dando un paseo con un helado en la mano, cuando vi a dos chicos de alrededor de 13 años pegándole a una chica. Rápidamente lancé el helado al suelo y corrí todo lo que pude. En cuanto llegué me abalancé sobre uno de ellos y, aunque, salí mal parado, me sentí orgulloso por haber defendido a aquella mujer.

 

Yo lo que he hecho es darle un trozo de mi bocadillo a mi amigo porque tenía hambre y no puedo ver a un amigo mío sin comer y, por ese motivo, siempre le doy algo.

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