Avisar de contenido inadecuado

Talleres literarios. Literatura infantil y juvenil. El herrero de Wootton Mayor Tolkien

{
}

 El herrero de Wootton Mayor

 

 

Introducción

Tolkien no escribió únicamente "El señor de los anillos". Aquel que sea un fan incondicional de su obra lo sabe. Antes de la magna historia, se ensayo con cuentos de diversa índole y después siguió escribiendo.  

El archiconocido autor nació en Sudáfrica, aunque su madre se traslaría a Inglaterra con sus hijos minetras el padre permanecía en Sudáfrica. Pasados cuatro años murió su madre y  él se trasladaría,  junto con su hermano, a vivir a casa de su tía.  Más tarde volvería a Oxford con la finalidad de acabar su licenciatura que ya había comenzado en 1908.  Se casó con Esith Bratt, su novia de toda la vida. Durante el servicio militar en el frente francés, lo hirieron con una granada. Este accidente sería productivo para su obral, porque mientras se recuperaba el inquieto Tolkien comenzaría  El Silmarillion, poco antes del nacimiento de su primer hijo, John que sucedió en 1917.

Termina la guerra y nuestro autor vuelve a Oxford y se une al equipo que prepara el  New English Dictionary, trabajando además como tutor independiente.

En 1920 se le reconocerían méritos y sería nombrado Lector de lengua inglesa en la Universidad de Leeds, al mismo tiempo que nacería su segundo hijo. Cuatro años más tarde nacería el tercero. Tolkin junto con E. V. Gordon publicaría Sir Gawain el caballero verde en 1925 y, pasado un año, conocería a C. S. Lewis con el que comenzaría una gran amistad. Más tarde nacería su hija, Priscila. Ya en 1936 acaba El Hobbit publicándolo al año siguiente y a continuación comienza a escribir El Señor de los Anillos, libro en el que trabajaría durante la segunda guerra mundial. Cuando acaba la guerra se le nombraría Merton Professor de la lengua y literatura inglesa en Oxford.

Ya en 1947 envía una prueba del libro a sus editores hasta que es completado con éxito en el 48. Pasado el año, el autor publicaría Egidio, el granjero de Ham. Pero no sería hasta el año 1954, cuando los volúmenes dos y tres de su obra fueran publicados. Al año siguiente lo completaría añadiendo el volumen tercero. Ya, en 1959, se jubila como profesor y después publicaría en ediciones de bolsillo Treed and leaf, El herrero de Wootton Major . A los 82 años murió su esposa en 1971. Él moriría dos años después, tras  recibir la Cruz del Imperio Británico de manos de la reina, en  1973.

 La editorial Timun Mus recoge unos pocos cuentos  de los que seleccionamos, en este caso, este entrañable cuento, que en algunos momentos recuerda por el trazado de los personajes a El señor de los anillos

 El lector se queda fascinado ante lo que lee, ante esa condensación de situaciones, personajes y aventuras en un espacio mínimo pero lleno de recursos lingüísticos.

Esta pequeña muestra relata la historia de un herrero, su engrandecimiento interior gracias a las enseñanzas de los que se constituyen como maestros.

En ocasiones la arrogancia de los maestros pretende empequeñecer al aprendiz, como ocurre en el inicio de nuestra historia. El maestro se muestra incrédulo ante la ingenuidad del niño que cree que la estrella que va a poner en la tarta es mágica.

Todos los niños reciben su porción de tarta, pero una vez acabada ésta, ninguno haya la estrella, hecho que les decepciona y hace creer al maestro pastelero que no era de plata, razón por la que se ha derretido. 

Pronto  se nos revela la verdad: la estrella ha sido tragada por uno de los niños al que  deparará buena suerte. A partir de esta premisa el autor plantea el cuento.  Nosotros no conocemos como continua, por lo tanto nuestra misión va a ser imaginarnos lo que sigue e inventad una continuación. Ese niño tendrá un destino  predeterminado. Imaginémosle acometiendo una gran hazaña, consiguiendo llegar a ser el rey de la región, salvando a su pueblo de una desgracia. Inventemos  nuestra propia historia y después podremos contrastarla con el original. ¡Atrevámonos pues¡

 No existen límites a nuestra imaginación e incluso, si lo creemos conveniente, podemos imaginarnos otro principio similar, o bien cambiar el objeto encontrado, respetando sus propiedades mágicas. 

Otra forma de cambiar la historia sería asistir al tópico ritual en el que un joven se convierte en adulto.  En este caso en esa ceremonia -que deberemos improvisar- uno de los aprendices- al que no creían suficientemente preparado- descubre un objeto mágico. ¿Qué es lo que descubre o encuentra que hace que el maestro se dé cuenta de que   su joven aprendiz está preparado para el ritual, para convertirse en adulto?

 

 

",¿Qué va a hacer con la estrella, Maestro?"- preguntó el Aprendiz.

"Colocarla en la Tarta", naturalmente", contestó el Cocinero. "Nada más propio, sobre todo si procede de Fantasía", ironizó. "Seguro que has ido, y no hace mucho por cierto, a esas fiestas infantiles en que se esconden en los dulces, baratijas como ésta y calderilla, y cosas por el estilo. Al menos así se hace en este pueblo. A los niños les gusta."

"Pero eso no es una baratija, Maestro, es una estrella mágica", arguyó el Aprendiz.

"Ya te lo he oído antes", replicó el Cocinero. "Muy bien. Se lo diré a los niños. Les hará reír".

"No lo creo, Maestro", dijo el Aprendiz. "Pero es lo que hay que hacer, de acuerdo en eso."

"¿Con quién te crees que estas hablando?"- dijo Nokes.

A su debido tiempo la Tarta estaba fabricada, pasó por el horno y se la cubrió de azúcar; casi todo lo hizo el aprendiz.

"Como estás tan empeñado con lo de Fantasía, te dejo hacer la Reina", le dijo Nokes.

La tarta se alzo durante la Fiesta en el centro de una larga mesa, rodeada por un círculo de veinticuatro velas rojas. Remataba en una pequeña montaña blanca por cuyas laderas brotaban arbolillos que relucían como cubiertos de escarcha; y en la cumbre se veía una figura blanca y menuda apoyada sobre un solo pie como nívea bailarina; llevaba en la mano una diminuta varita mágica de azúcar, resplandeciente de luz.

Los niños la miraron con ojos extasiados, y uno o dos aplaudieron y exclamaron: ¡Es preciosa, como en un cuento de hadas¡" Al Cocinero le agradó el comentario, pero el Aprendiz parecía contrariado. Allí estaban los dos: el maestro para cortar la Tarta cuando llegase el momento, y el aprendiz para afilar el cuchillo y entregárselo.

El Cocinero lo tomó por fin y se acercó a la mesa. "He de deciros, queridos niños", comenzó, "que bajo esta capa de azúcar hay una tarta con muchas cosas sabrosas; y muy dentro hay también hay también otras muchas cosillas bonitas, chucherías, pequeñas monedas y así, y me han dicho que trae suerte encontrarlas en el trozo que os toque. Hay veinticuatro en toda la Tarta, de modo que toca una a cada uno, si la Reina de las Hadas juega limpio. Aunque no siempre lo hace, porque es algo tramposilla. El señor Aprendiz lo sabe muy bien". El aprendiz se apartó y observó con atención las caras de los niños".

"¡No¡ ‘ Se me olvidaba¡"- dijo el cocinero. "Esta tarde hay veinticinco. Hay también una estrellita de plata con una magia especial, o eso dice el señor Aprendiz,. Así que tened cuidado. Si os rompéis con ella uno de esos preciosos dientes, la estrella mágica no os lo podrá arreglar. De todas formas espero que dar con ella os traiga una ventura especial."

Fue una buena Tarta y nadie pudo ponerle reparos, a excepción del tamaño, que no fue el que se requería. Una vez cortada cada niño recibió un gran trozo, pero no sobró nada, así que no hubo segunda vuelta. Pronto se acabaron las porciones, y de vez en cuando aparecía una chuchería y una moneda. Hubo quién encontró una, otros dos y algunos ninguna; así es la suerte, tanto si hay una figura con varita mágica en la Tarta como si no la hay. Mas, cuando terminaron con todo el dulce, no apareció rastro alguno de la estrella maravillosa.

"Vaya por Dios"- dijo el Cocinero. "Eso quiere decir que después de todo, no era de plata: debe de haberse derretido. O quizá el señor Aprendiz llevaba razón y era realmente mágica, y se ha esfumado sin más y ha regresado al País de Fantasía. No me parece una broma muy adecuada". Sonrió al Aprendiz con afectación y éste le devolvió una mirada seria y en ningún momento sonrió.

No obstante, la estrella de plata era en verdad una estrella encantada; el Aprendiz no solía equivocarse en este tipo de cosas. Lo que había sucedido es que uno de los muchachos de la fiesta se la había tragado sin percatarse, si bien había encontrado en su porción una moneda de plata y se la había dado a Nell, la niña que tenía al lado y que parecía algo contrariada por no haber hallado nada en su trozo. A veces el muchacho se preguntaba qué habría sido de la estrella, sin saber que la llevaba dentro, escondida en algún lugar donde pasaba inadvertida, que era lo que se pretendía que sucediese. Allí permaneció durante mucho tiempo, hasta que también le llegó su hora.

{
}

Deja tu comentario Talleres literarios. Literatura infantil y juvenil. El herrero de Wootton Mayor Tolkien

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.