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Talleres literarios. Literatura infantil y juvenil. Alas de Fuego. Laura Gallego

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www.lauragallego.com

Alas de Fuego  Laura Gallego García

Poco podemos añadir sobre Laura Gallego que no sepa el lector habitual del género fantástico. Dos años consecutivos ganó el premio  Barco de Vapor, su pericia como escritora la ha hecho merecedora de todo tipo de comparaciones y halagos por parte de la crítica, y se ha convertido gracias a su capacidad de fabulación, en una de las autoras más traducidas a otras lenguas, o sea, que su éxito a traspasado ya nuestras fronteras, algo difícil para una autora joven.  A continuación os proporcionamos su lista de libros publicados con una pequeña sinopsis.

LIBROS PUBLICADOS

Memorias de Idhún, Crónicas de la Torre, Un fantasma en apuros, Alba tiene una amiga muy especial, Max ya no hace reír, La hija de la noche, Alas de fuego,Fenris, el elfo,

El coleccionista de relojes extraordinarios, ¿Dónde está Alba?,Mandrágora,La llamada de los muertos, 2003, La leyenda del Rey Errante,Las hijas de Tara, Retorno a la Isla Blanca,El cartero de los sueños, El Valle de los Lobos, 2000, editorial SM, Finis Mundi, etc. 

 Un diez para esta joven escritora que encandila a mi hija María

 En esta historia, la autora nos habla de cómo un ángel protector, en este caso Ahriel, asiste a a la traición de su propia protegida, que se ve obligada a drogarla y encerrarla en prisión, pues es consciente de que ella nunca secundará sus planes. Sus planes romperían el equilibrio, según su ángel,  volviendo a lo de siempre:  un rey o reina omnipotente que gobierna tiránicamente a todos, después de conquistar los territorios limítrofes.

Ahriel se siente confusa por momentos, son demasiadas emociones encontradas las que bullen en su cabeza mientras está prisionera; además, su desgracia acaba de empezar. Parece ser- intuímos- que lo peor aún está por llegar.

La protagonista se echa la culpa, siente que le ha fallado a su protegida y piensa que todo es culpa suya por haberla dejado pensar por sí misma y no haberse dado cuenta a tiempo de sus intenciones. Incluso llega a pensar que todo se debe a su inexperencia y que sería mejor que viniesen otros ángeles más experimentados para subsanar su error y reconducir el garbanzo negro.

La propuesta  que te hacemos es que le eches una mano, metafóricamente hablando, y la ayudes a escapar o consigas  que sus captores la liberen. Piensa en el tipo de poderes que puede tener un ángel, en su capacidad de convicción. Puedes conseguir que tenga una entrevista con la reina. ¿Serías capaz de  hacerle cambiar de opinión? ¿Crees que podrías tener la suficiente imagión para urdir un plan que la ayudase a escapar?

También puedes pensar que el resto de ángeles se apiadan de ella y acuden en su ayuda. En el libro se nos dice que los ángeles no interfieren en las actividades de los humanos, pero en este caso, se trata de salvar a alguien que es de su propia raza. ¿Crees que podrías introducirlos de tal manera que lo que es una novela larga, se convierta en un cuento o incluso, una fábula? Si rizamos el rizo podríamos conseguir que Ahriel convenciera a Marla, la reina, una adolescente de 17 años de su error. ¿Qué argumentos esgrimirías? ¿Cómo lo harías? Implanta el terror en sus ojos, que vea como se destruye todo, todo lo positivo que existe en el mundo, deja que vea su fracaso  a través de los  ojos de Ahriel.

Debes tener cuidado de no trastocar la fuerza del personaje, subraya y anota aparte todos los rasgos que hacen referencia a sus características. También puedes dibujarla si eres capaz o buscar dibujos en Internet y crearte una imagen, así te será más fácil. Puesto que ahora tú mismo te has inventado una imagen cabal del personaje, que puede ser distinta a la que se forjo tu amiga Laura,  ahora sabes cómo es y cuáles son sus rasgos esenciales.

 

Dibujos de ángel 

 

Entonces, ¿qué?

Pensó en regresar con los suyos, pero enseguida se preguntó cómo iba a explicar a los demás ángeles que había fracasado en su misión, y que el equilibrio del continente estaba a punto de romperse en mil pedazós, como un frágil cristal. Se dio cuenta de que no tendría valor para volver a casa y mirarles a la cara.

¿Qué otras opciones tenía? ¿Enfrentarse a Marla? No podía. Había hecho un juramento...

Ahriel había había sabido siempre, desde que podía recordar, que su destino era ser un ángel guerrero. Había aprendido el arte de la lucha y había puesto su espada al servicio de la justicia y el equilibrio. Nunca había empleado tretas sucias ni trucos bajos. Siempre había  peleado cara a cara, noblemente y con honor.

La educación de la princesa Marla había sido su primera misión vital. Ahriel había sabido siempre que después de ella vendrían otras, puesto que los ángeles eran mucho más longevos que los humanos y ella seguiría siendo joven mucho después de que muriesen los hijos de Marla. Era una misión importante, pero aparentemente sencilla. Marla debía ser una soberana buena y justa, como lo había sido su padre, el rey Briand. Si un ángel la adiestraba desde su nacimiento, Marla no tenía por qué verse tentada hacia la senda del oido y la ambició. Y el equilibrio prevalecería dentre los humanos durante una generación más.

Ahriel había jurardo servir y educar a Marla, y protegerla con su vida. Pero Marla había renegado de todo cuanto Ahriel le había enseñado. A pesar de los desvelos del ángel, la joven reina estaba demostrando despreciar los ideales que regían la vida de su mentora... y durante diecisiete años se las había arreglado para convencerla de lo contrario.

¿Cómo lo había hecho? En el fondo de su corazón, Ariel sabía que debería haber adivinado por múltiples indicios, que Marla tenía sus propias ideas respecto a la justicia y el equilibrio. Pero lo había dejado correr, creyendo que era bueno que la muchacha pensase por sí misma, en lugar de obedecer ciegamente. Ahora comprendía que debería haber sido más dura con ella, cortando de raíz aquellas peligrosas ideas.

"La he perdido",  pensó Ahriel, desolada. "La he perdido. Le he fallado, a ella y a los míos".

¿Qué debía hacer? No podía enfrentarse a Marla, porque era su protegida y había jurado defenderla. Pero secundarla en sus ambiciosos planes de guerra iba en contra de sus principios más sagrados. Los ángeles eran observadores y pocas veces luchaban, pero cuando lo hacían siempre combatían por ideales de justicia, igualdad y equilibrio.

No, Ahriel no sabía qué camino tomar. Y no estaba acostumbrada a no saber.

Ahriel cerró los ojos. Estaba confunsa y perdida. Nunca antes se había sentido así. Su alma era un torbellino de sentimientos que jamás había experimentado antes: rabia, miedo, dolor, impotencia, remordimientos... pero lo peor era aquella espantosa sensación de fracaso.

Pensó entonces que, si el equilibrio del continente se había hundido por su culpa, sería mejor dejar que otros ángeles más competentes que ella se ocupasen de restaurarlo.

Repiró hondo y trató de relajarse. Logró sosegar los latidos de su corazón y consiguió dejar su mente en blanco. Poco a poco, fue entrando en trance, y al cabo de un rato su espíritu flotaba por encima del confuso océano de sentimientos contradictorios que albergaba en su interior.

Ahriel se dejó llevar. Cuando despertase del trance, las dudas se habrían disipado, y el dolor se habría calmado. Cuando volviese en sí, lo vería todo desde una perspectiva diferente.

No habría sabido decir cuánto tiempo permaneció de esta manera, sin moverse, sin pensar, sin sentir. Probablemente transcurrieron varias horas, pero el ángel ya no percibía el paso del tiempo.

Cuando despertó, horas más tarde, deseo no haberlo hecho nunca.

Kab la devolvió brutalmente a la realidad. Entró en la celda acompañado de una figura oscura, pero Ahriel no tenía fuerzas para alzar la cabeza y averiguar quién era el desconocido. Kab trató de ponerla en pie, pero el cuerpo de Ahriel seguía bajo los efectos del narcótico, y sus piernas no respondían, La dejó entonces sobre el suelo, boca abajo.

El desconocido se acercó y se inclinó sobre ella. Ahriel era vagamente consciente de sus movimientos. Su mente se despejó súbitamente, alertada por el roce de las manos del extraño sobre sus alas. Sus plumas se encresparon automáticamente.

Nadie tocaba sus alas. Y menos un humano.

Quiso moverse, pero no pudo. Quiso hablar, pero la lengua parecía un trapo, seco en su boca. Y entonces sintió que algo se movía entre sus alas, algo frío y viscoso. Ahriel dejó escapar un débil gemido de terror. Le respondió una especie de siseo: una serpiente enroscaba sus anillos en torno al nacimiento de sus alas. Pero no se trataba de una serpiente corriente; habiá algo extraño en ella. Ahriel pudo percibir claramente que rezumaba odio y maldad, y aquella sensación se iba transmitiendo a cada una de sus plumas, y a toda la superficie de su piel.

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Comentarios Talleres literarios. Literatura infantil y juvenil. Alas de Fuego. Laura Gallego

Se trata de algunos de los libros que recomiendo como lecturas. Un beso para ti y gracias por tus palabras de ánimo.
He leído en algún sitio que en marzo o abril se va a publicar la continuación, llamada ALAS NEGRAS. ¡Estoy contando los días para leerla!
ahriel ahriel 19/02/2009 a las 17:09

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