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Talleres literarios. El almohadón de plumas. Horacio Quiroga

 

 

 

  

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decálogo del perfecto cuentista

I -Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II -Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III -Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV -Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V -No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI -Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII -No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII -Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX -No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X -No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento. Horacio Quiroga (1879-1937)

Horacio Quiroga 

El almohadón de plumas.

 

Introducción

Es indudable la maestría con la que Horacio Quiroga aborda cada uno de sus cuentos. Date cuenta de que nada es gratuito. Todo está perfectamente  engarzado, sin embargo, el final  y de ahí la gracia de los cuentos, es sorprendente e inusual, como el final de una película trepidante.

Quiroga, nació en Uruguay en 1878. Perseguido por la fatalidad, todas las personas (tanto esposas como hijos), con las que se vio relacionado tuvieron un final truncado  ya que se suicidaron, incluso años después de muerto el autor.  Sus obras, especialmente los cuentos, lo señalan como uno de los autores prolíficos, capaz de atrapar al lector desde la primera a la última página. Nadie puede negarle su gran capacidad para crear esa atmósfera que capta al lector de una forma fascinante. Destacamos, sobre todo, los "Cuentos de amor, locura y muerte", "Cuentos de la selva y  Los desterrados.

El propio Quiroga explica qué cualidades debe tener un buen cuento y escribe el "Decálogo del perfecto cuentista". Ese estandarte o declaración explicita, nos informa de las cualidades que  hacen genial a un buen cuento, a modo de aguafuerte. Claro que una explicación más premeditada requeriría un tratado que abordase cuestiones más peliagudas: el punto de vista, el tipo de narrador, decidir el tono de nuestra alocución, etc.  Por otra parte, es importante recordar los  modelos que - según Quiroga- deben servir como acicate para una buena narración y cuyos cuentos debemos leer y releer una y otra vez.: Poe, Maupassant, Kipling, Chejov.

 Expliquemos a los alumnos que muchos autores o escritores recuerdan con verdadero apego aquellos primeros textos literarios que leyeron en su juventud y cuyas historias han constituido el caldo de cultivo de sus narraciones porque las leen y releen con verdadera pasión.  

Sugerimos que los alumnos hagan lo mismo con el siguiente cuento, que  se fijen en todos y cada uno de los elementos que introduce, sobre todo en aquellos que hacen referencia a la creación de la atmósfera.

Es habitual en este tipo de cuentos que se presente a la protagonista como una soñadora, capaz de amar por encima de los límites razonables, que busca el apoyo incondicional de su marido. Ella desea que éste se  muestre cariñoso, que atienda sus necesidades, que esté pendiente en todo momento de ella.  La ambientación romántica es típica: la construcción del personaje masculino sigue las mismas directrices pero a la inversa: él es  una persona fría, incapaz de mostrar su debilidad hacia su esposa, que oculta sus sentimientos y que en ningún momento le muestra el amor que  siente por ella.   Hasta aquí nos encontramos con una presentación propia -por ejemplo- de la novela realista. Muchas heroínas  son caracterizadas de la misma manera, como personajes impávidos, de una belleza alabastrina, inmaculada, aparentemente sumisas a su marido. Cuando surge el contraste entre los sueños de la protagonista y la realidad, acontece la desgracia.

El inicio del cuento consolida la hipótesis inicial: en la luna de miel no se  han cumplido las expectativas que esperaba la esposa. La casa, el entorno tampoco acompaña a la joven: es de una blancura tan perfecta que sólo sirve para que la protagonista se sienta más sola. Su nueva vida es tan insustancial que poco a poco va languideciendo. Hasta ahí parece normal el desarrollo de los acontecimientos. La tensión va creciendo hasta que ocurre la desdicha: la protagonista no puede curar su anemia, languidece y muere sin que ni el marido ni los médicos puedan curarla ni descubrir qué extraña enfermedad es la que la ha postrado hasta ocasionar su muerte. Sólo tras el infeliz desenlace se descubre el pastel, como en las mejores películas: el almohadón de plumas es el causante de su muerte.

Nadie podía sospechar que dentro del almohadón hubiera un monstruo que poco a poco fuera succionándole la vida a la infeliz. Es por lo tanto el causante de la muerte, aunque este descubrimiento sea posterior.

Podemos presentar a la clase otros cuentos de estructura similar que nos sirvan de ejemplo. O incluso mostrar fragmentos de novelas tan importantes como Ana Karenina, La Regenta o incluso Madame Bovary.  Ha llegado el momento de la creación.  Instamos al alumno a que cambie sus elementos: la causa de la muerte -por ejemplo- o que construya un desenlace feliz para la historia, de tal manera que a una estructura premeditada, cuyo aparente final es trágico,  se le de un final sorprendente, divergente pero que sea verosímil. Para ello es fundamental que penetremos en la psicología de la protagonista y descubramos qué le hace infeliz, sobre todo si queremos trastocar ese final irremisible y construir un final que choque con este tipo de estructuras consabidas. Quizá podamos fingir que la fuerza del amor es capaz de transformar a los personajes. En definitiva se trata de que construyamos una historia nueva y demostremos una vez más que de un texto preestablecido  pueden salir muchos hijos, historias que nos sirven siempre para que reconozcamos  que somos capaces de construir fabulaciones si conocemos los instrumentos y procedimientos que son utilizados habitualmente por los maestros del género como Quiroga.

 

El almohadón de plumas

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia Lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía media hora. Él, por su parte, la amaba profundamente sin darlo a conocer.

Durante tres meses - se habían casado en abril- vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura, pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso-frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

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En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín, apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió enseguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ése el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida.

El médico de Jordán la examinó con atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de la calle, con la voz todavía baja- Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy llámeme enseguida.

Al otro día seguía peor. Hubo consulta. Se Constató una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Se paseaba sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su monótono vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán!- clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia, yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...

-¡Sólo eso me faltaba¡- resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio, de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en sincope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas olas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor!- llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras- murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz- le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero en seguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquel, lívida y templando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay?- murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho- articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó, pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó la funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandos: sobre el fondo, entre las plumas, moviéndose lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca - su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquella, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible.

La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de plumas.

 

            Biografía de Horacio Quiroga

            La biografía de Horacio Quiroga está muy relacionada con sus pesquisas narrativas, las turbulencias de sus obras narrativas, corren pareja suerte en su propio devenir personal. Aunque el autor nació en Salto, Uruguay; se afincaría en Argentina. Ambas ciudades se disputarían el magisterio de su obra narrativa.  Su propia vida estaría marcada por la tragedia, como si él mismo fuese un personaje de sus turbulentas historias: su padre moriría en un accidente de caza y su padrastro y su primera esposa se suicidarían; además, el propio autor viviría una escena macabra, se vería involucrado en la muerte de su amigo Federico Ferrando, al que mató de un disparo.

            A caballo entre el modernismo y las vanguardias, Eduardo Quiroga viviría de pleno esa gran simbiosis artísticas que supuso el fin del XIX; las dudas agónicas ante la existencia de Dios, los postulados de "El arte por el arte", la eclosión de las vanguardias. Todo ese espíritu  de renovación se vería de una u otra manera reflejado en su obra.

            El autor estudiaría en Montevideo y pronto sentiría el gusanillo de la escritura, la fascinación por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió, Una estación de amor, ya en 1898, y fundó en su ciudad natal la Revista de Salto. Pero su obsesión artística le llevaría al viaje europeo, ese leit-motiv necesario para conocer de primera mano las evoluciones del arte, la cultura, la literatura, etc. Los recuerdos de aquella experiencia quedarían gravados en Diario de viaje a París. Con esos aires renovadores, fruto de su viaje a la capital del arte, formaría el Consistorio del Gay Saber, en la ciudad de Montevideo que, pese a su corta vida, presidiría la vida literaria de la ciudad y las polémicas surgidas en el entorno de J. Herrrera y Reissig.

            Quiroga pronto se trasladó  a Buenos Aires y allí publicó Los arrecifes de coral, un compendio de poemas, cuentos y prosa lírica que seguía la estela de otros escritos modernistas. Luego aparecerían los relatos de El crimen de otro, la novela breve Los perseguidos, producto de su accidentado viaje con Leopoldo Lugones a la selva misionera, y la obra, Historia de un amor turbio. Su fascinación por lo salvaje haría que se instalase precisamente en la provincia de Misiones, donde desempeñó el cargo de juez de paz en el pueblo de San Ignacio,  famoso por sus ruinas y por haber sido uno de los enclaves de los jesuitas.

            Sin embargo volvería a Buenos Aires donde trabajó en el consulado de Uruguay. Es el momento de la publicación de uno de esos hitos literarios, aplaudido por todos aquellos que han penetrado en su intrincado universo. Se trata de Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), libro ya de una gran maestría sobre todo en la creación de la atmósfera y en la elaboración de ese ambiente decadente y sin sentido, siempre al límite de sus posibilidades. En 1918 aparecerían los Cuentos de la selva, dedicado especialmente a los jóvenes lectores. Poco a poco irían apareciendo jalonadamente otras obras que forjarían la leyenda: la obra teatral Las sacrificadas y El salvaje (1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos (1925) y Los desterrados (1926), libro de relatos muy apreciado por la crítica.  A esta labor de producción literaria se uniría su labor de colaborador en diversos medios como Caras y Caretas, Fray Mocho, La Novela Semanal y la Nación, etc.

            En 1927 contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Dos años después publicó la novela Pasado amor, aunque en este caso la obra no fuese aplaudida por la crítica. Horacio sentiría el rechazo de las nuevas generaciones literarias y retornaría a las Misiones para dedicarse a la floricultura.

 El año 1935 aparecería su último libro de cuentos, Más allá. Se le hospitalizó en Buenos Aires y se descubrió que padecía un cáncer gástrico, que probablemente fuese la causa de su suicidio. El autor ingeriría cianuro, para dar por finalizada su existencia.

            Sus técnicas como narrador han quedado perfectamente delimitadas en el famoso Decálogo del perfecto cuentista, que esboza pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, cómo consumar la historia o cuál debe ser el impacto final, una vez esté elaborada. Póstumamente han aparecido Cartas inéditas de Horacio Quiroga

(1959) y Obras inéditas desconocidas (1967-1969).

            Son evidentes las concomitancias con Allan Poe, Rudyard Kipling y Guyde Maupassant. Esos maestros nos tildan la precisión de su estilo, el modo impecable de narrar los actos de violencia y el horror que oculta una naturaleza. Muchas obras se centran en ese espacio obsesivo de la selva, que reescribe su propia experiencia en los escenarios que vivió de primera mano. Sus personajes suelen ser víctimas de un azar hostil y caprichoso. Ellos se adentran en el mundo bárbaro e irracional de la selva que no tiene parámetros ni leyes fijas, en ese espacio sólo campea la irracional naturaleza que se traga a los seres parásitos que se atreven a ponerle las garras a su piel, a su suelo, a sus ríos o árboles. Ese poder devastador de la naturaleza se pone de manifiesto en el movimiento salvaje y oscilatorio de sus torrentes, lluvias contra las que la mano del hombre nada puede hacer, tempestades incontrolables, y unos animales, que revientan de ira, que defienden su pedazo de tierra contra los hombres, intrusos usurpadores.

            En definitiva un maestro en el juego narrativo, que utiliza un lenguaje extremadamente plástico, con adjetivos precisos y coloristas, que consiguen siempre el efecto buscado. Aunque pertenecería al movimiento modernista, el autor fue hallando poco a poco un estilo muy personal, que anticipa muchas de las historias oníricas, con personajes y situaciones irracionales de amplia vigencia en el siglo XXI.

Comentarios Talleres literarios. El almohadón de plumas. Horacio Quiroga

ains.......aunque antes que me vaya a mi opinión de la lectura,
Horacio Quiroga, tendré en cuenta tus palabras con mayor peso que las mías ya que la experiencia grita mil veces más fuerte que las palabras de un desconocido.
ahora.....
mujer, o más bien Hombre (ya que es paar el autor, pero ya que tú me lo enseñaste...mmm), qué impresión de cuento! me amarro en un segundo y me dejo temblando al final...casi le temo ahora a las almohadas!...por si las dudas revisaré una a una a todas sin olvidarme de ninguna...
desde la impresión de las paredes de las que casi tuve idea exacta de la temperatura de sus heladas superficies, hasta el amor extraño y sin embargo no falso de esta pareja como hay tantas desiguales...
sincerament, qué logro! Menuda joyita esta!
Es un cuento impresionante y la atmósfera y la forma de contarlo me parece alucinante, una verdadera joya, porque Quiroga es un maestro, ¡eh¡ Me encanta este cuento.
Este libro me parecio super interesante, me encanto mucho .Ya que es muy sorprendente ver como ella va muriendo lentamente sin motivo alguno y nadie sabe la razon de su extraña enfermedad hasta que muere.Este me hizo transportarme y sentir como si fuera yo, que miedo saber que al dormir te puede pasar lo mismo. Se los recomiendo esta buenisimo.
OLIVIA OLIVIA 03/10/2008 a las 18:33
es nitida tu pagina pero podrias conceguir el vocabulario de el cuento del almohadon de plumas y ponerlo en tu blog
tachy 20/10/2008 a las 23:31
dberian tener informacion del texto
porque se nesesita informacion del autor
porque ni la nacionalidad esta i la prueba es
para el viernes i nesesita la

nacionalidad:
genero literario :
 porfavor xau i resp a msn ...
nicol alejandra nicol alejandra 04/11/2008 a las 13:08
:-P :-) hola sole le falta que le pongan mas obras escritas por HORACIO QUIROGA
vanessa vanessa 26/01/2009 a las 23:47
Lo tendré en cuenta Vanessa y subiré alguna historia más. Saludos desde Valencia.
Son buenos contos, pero hay que poner los análisis también.
Airton Lima Airton Lima 16/02/2009 a las 21:56
por favor ayudenme con que estilo y lenguaje utilizo quiroga en sus cuentos
yoselin yoselin 17/02/2009 a las 00:13
olle,¿alguien sabe esta pregunta? es para un trabajo:¿Qué género literario cultivó más Horacio Quiroga?
xio xio 26/03/2009 a las 16:53
:-) es cierto son excelente los contenidos d los cuentos!! pero muy aburridos  :-S para un studiante dl bachillerato, porque pierde mucho tiempo respondiendo sentenales d preguntas sin entender lo q stan haciendo :-) !!!!!
raf raf 21/05/2009 a las 20:35
hola ps la verdad sus cuentos estan y son
muy bonitos
todos tienen un buen relato :-)
pero no le hagan caso a esas personas que no leen solo ven :-)
ja
bueno ;-) felicidades
johanna velasco johanna velasco 09/06/2009 a las 23:00
Hola (: Yo lo tube que leer a los cuentos de la antología "Amor, locura y muerte" de él, para el colegio; en ellos se refleja la vida personal de Quiroga, la verdad están muy buenos!. Lastima que te vuelven loca con preguntas sobre éstos ¬¬ encima, mañana tengo que entregar un trabajo práctico de él :P .
Bueno, gracias por el artículo :D
Saludos!..
Laali.
PD: Si puede, ponga las síntesis de los cuentos, que ponga de él . Desde ya, gracias (:
Lali Lali 12/06/2009 a las 04:25
hola,el cuento me gusto mucho  por la forma en que la narra  ,pero tambien  la forma  en la que Jordan se preocupa por Alicia,la cuida y le procura todo
araceli avila araceli avila 24/09/2009 a las 23:37
:-P la verdad me gusto mucho pero me hubiera gustado k pusieran el No.de paginas :-D
gaara gaara 24/09/2009 a las 23:48
es un buen titulo
es d terror
 y .d tristeza me encanto ese cuento
espero
q
haya
otro
igual
ariana nohemi ariana nohemi 17/02/2010 a las 21:26
no sabo ni lo e leido nomas toy buscanda mi tarea

cristian cristian 01/03/2010 a las 21:25
pienso que el tema en el "Almohadón" es: la incomunicación en la pareja que la lleva a la soledad y a la muerte.Si bien los cuentos están escritos para deleitar, nosotros los lectores podemos reconocer una muy buena enseñanza.
MARA MARA 15/03/2010 a las 00:32
me parecio un cuento muy interesante y rigidooooo me podrian ayudar hacer un articulo de opinion de este graciasssssssss
yo yo 22/03/2010 a las 21:54
que tipo de narrador relata este cuento explica
mauro mauro 11/05/2010 a las 03:24
esta bn padre el libro
jonathan jonathan 05/08/2010 a las 02:13
El almohadon de plumas.. me parece un superdruperhipermegha cuento¡
esta muy bueno... y pues como que es de suspenso o algo asi por que me dejo temblando, no soy muy buena para leer libros ninada pero, este cuento me facino...¡¡
:)
alma danae alma danae 06/11/2010 a las 02:03
xr favor alguien me puede dejar el comentario de texto de esta obra¿?
adrian adrian 08/12/2010 a las 19:44
esta muy bonito y les recomiendo a todos :-D
ximena ximena 11/01/2011 a las 00:57
esta muy bonito y les recomiendo a todos :-D
ximena ximena 11/01/2011 a las 00:57
me encanto mucho la lectura del cuento el almohadón de plumas, Quiroga es un autor que trabaja al hondo el suspense, en esa trama hace eso del inicio hasta al fín ... muy bueno...
maria noronha es tau maria noronha es tau 08/03/2011 a las 18:47

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