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Talleres literarios. Alejandro Magno Gerhart Ellert

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Selección textual Alejandro Magno Introducción

Alejandro Magno fue un gran rey macedónico (356-323 a.C). Un carismático estratega, educado por Aristóteles que al suceder a su padre Filipo II en el trono extendió el imperio macedónico: venció a los persas en Gránico ( Asia Menor), y en Issos (333), a las puertas de Siria. Ocupó luego Siria y Fenicia, expugnó Tiro y Gaza y pasó a Egipto., donde fundó Alejandría. En la llanura de Guagamela (Mesopotamia) derrotó al último ejército de Darío, adueñándose de todo el imperio. Tras ocupar Babilonia, Susa, Ecbatana y Persiápolis, se dispuso a conquistar la India, pero llegado al Hifasis , afluente del Indo, tuvo que renunciar a su empresa, ante la negativa de su ejército a seguirlo ( 324). Murió al año siguiente en Babilonia.

 

Propuestas

- La primera actividad  supone una introducción a la figura de Alejandro Magno, los alumnos buscarán información biográfica sobre este personaje y el profesor hará una introducción comentando sus rasgos más sobresalientes y su importancia.

- Explicaremos ahora de forma breve la tradición literaria sobre su figura, comentando de forma breve  porqué esta figura es capital en el mundo de las letras hispánicas. Se puede hacer una  pequeña introducción sobre "El libro de Alexandre", anónimo que conservamos en dos códices. El personaje se nos presenta como un paradigma de caballero perfecto, cuyo único error es el pecado de soberbia que le absorbe y es el eje sobre el que se sustenta su muerte.

La obra, de la que se presenta el fragmento es la biografía que escribió Gerhart Ellert sobre este rey.  Presentamos dos textos emblemáticos. En el primero la figura de Agias (el narrador de toda la historia) cuenta su experiencia como paje a las órdenes del rey. 

Alejandro Magno es considerado por muchos como un Dios. Pero la pregunta que podría servirnos de detonante es lógica: ¿Cómo lo consideraban sus contemporáneos?

Pero podríamos preguntarnos cúal era la visión que tenían los personajes que convivían con él cada día. Para ellos quíen era Alejandro, un Dios con todos los condiciones que esto significaba o un conquistador sin escrúpulos.  

1. Fragmento

He elegido este fragmento porque supone un ejemplo muy claro del carácter del personaje y tambien algunas de las premisas que suelen repetirse al narrar una batalla:  

 momento prebélico, horror ante la hecatombe final, celebración de la victoria, visita a los prisioneros... Es conviente que los alumnos se fijen en cómo se  cuenta la trama: una cámara cinematográfica sigue al personaje de Agias, desde que escucha la arenga militar hasta que es conducido a las tiendas de campaña de las prisioneras.

1 .¿Cuál es el sentido de la palabra Patria? Fijémonos en cómo el personaje de Agias, que sirve como paje a Alejandro pero que no es macedónico sino un superviviente de Tebas, duda sobre el sentido de esta palabra. Invitaremos a los alumnos a que reflexionen sobre la inutilidad de las guerras, que no ocasionan sino horror, como el que ve el joven personaje, mientras atraviesa el campo de batalla.

En este fragmento se habla de los militares que siguen al otro bando: soldados que luchan por dinero o coaccionados. La arenga apuesta por la victoria ya que éstos no pueden luchar con la misma convicción. Dada la fuerza de los medios de comunicación y de las agencias de prensa que son las que facilitan la información   explicaremos a los alumnos que casi siempre se nos muestra una realidad velada, siempre condicionada por un punto de vista, ocultándonos el otro lado de la realidad: los "enemigos" suelen ser terroristas, gente sin escrúpulos. Pero nadie habla ni dice nada de los miles de civiles que mueren y cuya única culpa es vivir en un país o territorio determinado. Piensa -por ejemplo- en la situación de las familias que se ven separadas por vivir en territorios que están en guerra, y sienten que tienen que luchar contra su propia sangre.

2. Descripción de una batalla. Invitaremos a los alumnos a que se imaginen y describan la situación del campo de batalla tomando como referencia películas que han sido reconocidas internacionalmente y que muestran con rudeza -cuánta más mejor- el desarrollo de la batalla: momento prebélico, la arenga para exhortar a las tropas, el clamor de la batalla, la espeluznante visión del campo de batalla una vez terminada la contienda y el momento en  el que el ejército vencedor celebra su victoria.

Películas como Braverheart o El patriota de Mel Gibson, El señor de los anillos ( Las dos torres) e incluso La guerra de los clones  de la saga La guerra de las galaxias  ( fantasía intergaláctica), son ejemplos que pueden servirnos para abrir boca, pero existen muchísimas otras.  

3. Estudio del personaje. ¿Cuáles crees que son los rasgos que  definen a Alejandro  como caudillo militar y como ser humano? Coméntalos. Fíjate que en  un principio oímos  veladamente el final que sufren los agonizantes que no pueden ser curados de forma rápida, estos son rematados por el enemigo sin contemplaciones; no así los personajes que sobreviven o cuyas heridas pueden ser solventadas por los médicos del campo contrario, ellos serán quienes formen parte del  botín en calidad de prisioneros.

El personaje, sin embargo, nos muestra su lado más humano: primero, cuando ordena a Agias y Kleitos  que tranquilicen a la madre y a la esposa de Darío (el rey persa) informándoles sobre su supervivencia: no ha muerto, sino que ha huido; y después, cuando se presenta en la tienda, conversa con la madre de Darío y preserva la intimidad de las damas. ¿Muestra debilidad Alejandro en ese momento? ¿Por qué?

¿Por qué Alejandro  echa la culpa a los dioses de su enemistad con Darío? ¿Razona la respuesta?

La madre de Darío nos es presentada con una fuerza fuera de lo corriente.  En muchas obras de este tipo su única función es llorar la muerte del hijo, desesperarse ante la angustia de la duda sobre su paradero o morir acribillada. En ese caso toda la trama posterior es la sed de venganza que arrastra al personaje sumido por el dolor. Sin embargo, aquí la mujer muestra una serenidad fuera de lo común, diríamos que presenta una de las características con las que siempre suele asociarse a los personajes épicos "la mesura" o"templanza", cualidades que suelen asociarse con los héroes épicos. ¿Cómo te la imaginas? ¿Cuál es tu opinión sobre la frase final que cierra el texto?

-Escribe una narración que tenga en cuenta los siguientes  parámetros: arenga militar  (momento prebélico), desarrollo de la batalla (donde se muestra la crudeza de la contienda), momento posbélico, celebración de la victoria y visita a los prisioneros. Puedes partir - como en el texto comentado- de la visión de un personaje determinado o bien imaginarte que participas de lleno.

-Escoge uno de los textos de la Guía de Age of Empires. Investiga con tus compañeros acerca de la civilización escogida: el período en que se desarrolla su imperio, sus características más sobresalientes ( costumbres, cultura) y después crea una táctica militar para vencer a uno de tus enemigos  teniendo en cuenta las opciones que presenta el juego. Describe su armamento, sus estrategias de guerra y cómo has conseguido la victoria.

 

Alejandro Magno

-¡Soldados¡ decía, son los mismos enemigos que en Gránico. Un conjunto de todos los pueblos de la tierra que no sirven a los persas más que coaccionados y obligados. No os será difícil vencerlos...

Y oí, como en el Gránico:

-¡Los únicos que importan son los mercenarios griegos. Pero esos luchan por dinero, mientras que vosotros lucháis por la patria!

¡La patria! ¿Dónde estaba nuestra patria? ¿Quién la atacaba? ¿No era Tebas mi patria? ¿Y quien la había destruido? ¿Quizás los persas? No quería volver a oír esos lugares comunes. Me tapé las orejas.

Hoy, después  de tantos años, sé que discursos de este estilo son habituales y quizás necesarios cuando se quiere ganar una batalla. Tampoco las palabras, desde entonces lo he comprendido, tienen mucha importancia. Lo que importa es el gesto, es el impulso, es el tono de voz. En esos tiempos eran muchos los soldados que no podían comprender las palabras de Alejandro porque estaban demasiado alejados de él. Pero le miraban subyugados el movimiento de sus  labios, y cuando las trompetas tocaron la orden de ataque, se lanzaron hacia delante con gritos de entusiasmo y de alegría guerrera.

La formación de la batalla me pareció idéntica a la del  Gránico. Como entonces, la caballería de <> se mantenía a la derecha dispuesta a atacar; Parmenión mandaba el ala izquierda, y la falange, en el centro avanzaba hasta el curso del río.

-Ha dicho:<>, me murmuró Kalas

(Hermolaos y él habían ayudado a Alejandro a ponerse la armadura.) ha dicho: <>

Nosotros esperábamos, escuchábamos. Se sucedían las mismas señales. El centro se enfrentaba al enemigo. La derecha atacaba. Era insoportable tener que permanecer inmóvil. Detestaba el trabajo de paje. ¡Ya tenía edad ahora de formar parte de la tropa! Hoy mismo, después de la batalla, pediría al rey que...

En el centro el frente parecía haberse estabilizado. El ruido seguía viniendo de la misma dirección. Pero, ¿y a la izquierda? ¿No se había acercado? Unos segundos después, aún me pareció más cercano. ¿Habría cedido Parmenión? ¿Retrocedería?

-¡A las armas! Gritó de repente. Peukestas, que mandaba la guardia personal del rey. ¡A las armas! ¡Defendeos!

Kalas sacó su espada, yo cogí la mía. Pero aún no había comprendido lo que sucedía cuando los jinetes persas se nos echaron encima.

-<< ¡Esta vez es el fin! pensé. ¡El fin!...>>

Pero al mismo tiempo se oyeron clamores a la izquierda, del mismo lado de donde veían los persas.

-¡Darío ha muerto! ¡Darío ha muerto! Y unos segundos más tarde: ¡Darío ha huido!¡Darío ha huido¡¡Retroceded!¡Volved!¡Media vuelta!

Justo ante mí, un jinete persa hizo girar su caballo que escapó a todo galope en la dirección opuesta. El peligro se esfumó como una pesadilla. El ruido disminuyó. Vimos nuestro ejército que avanzaba por el centro y por la izquierda.

Tres horas más tarde, nos llegó la orden de atravesar el río y de presentarnos ante la tienda de Darío. Ahí era donde nos esperaba Alejandro; precisaba de nuestros servicios. Rápidamente, recogimos lo que pudimos de nuestros efectos personales y nos apresuramos a obedecer, demasiado dichosos por escapar al espectáculo de devastación que ofrecían nuestras propias tiendas.

Caía la noche. Tras una niebla azulada, un sol rosa se hundía en el mar. En el aire flotaba un olor a sangre. Pregunté si tendríamos que atravesar el campo de batalla para ir a donde estaba Alejandro. Peukestas me miró con una sonrisa cruel:

-¿Temes la vista de la sangre, jovencito? ¡Será mejor que te acostumbres!¡Claro que tendremos que pasar por encima de cadáveres enemigos. Siempre es el camino más corto para llegar a Alejandro!

No respondí nada. Pero pensaba en Tebas. Hermolaos. Me había comprendido: él sabía perfectamente que no se puede ser cobarde y retroceder ante el horror que supone un campo de batalla. Caminaba con su brazo bajo el mío y creo que compartía mis pensamientos. Los muertos eran muchos. Pero eso no era lo peor. Lo peor eran los agonizantes: hombres y caballos que gemían y gritaban...gritaban. Miembros de la falange macedonia venían hacia nosotros en orden disperso; pasamos fácilmente entre sus hileras. Tenían orden de <> el campo de batalla y llevar a los médicos a nuestros propios heridos y a los enemigos menos graves que aún podian servir como prisioneros o como esclavos. Los heridos graves y los agonizantes eran ejecutados donde estaban. Detrás de ellos venían los recaudadores encargados de recoger el botín, arrastrando carros donde se amontonaban las armas, las corazas y las prendas quitadas a los muertos. Sobre cada carro había un pequeño cofre donde se colocaban las monedas de plata y las joyas.

Había caído la noche, se habían encendido antorchas. Su luz bailaba sobre el metal de las armaduras y en los ojos ávidos de los soldados. Después de todo lo que acababa de ver me sentía terriblemente enfermo.

-¡Ánimo, susurró Hermolaos, no queda ya mucho¡

Pero él también estaba mortalmente pálido.

No era necesario preguntar dónde estaba Alejandro. Se le veía y se le oía de lejos. Un pequeño montículo detrás del campo de batalla nos había escondido hasta entonces el campamento persa. Ahora se nos aparecía como una ciudad de tiendas iluminada por centenares de antorchas. En medio se levantaba una tienda color de púrpura, la más grande que haya visto en mi vida. El ruido que en todas partes era considerable ahí se hacía ensordecedor. Parecía que todos querían liberarse de la excitación de la batalla riendo, cantando, entrechocando sus armas, o simplemente rugiendo sin motivo aparente.

-¡Mira! Murmuró Hermolaos

Y con su mentón me señaló un lugar a la izquierda. Algunas tiendas habían sido retiradas para tener más sitio y depositar el botín. Ya comenzaban a amontonarse las corazas, enjaezamientos y armas.

Alejandro apareció  en la entrada de la tienda principal.

-¡Mis pajes! gritó. ¡Que mis pajes me traigan los esplendores de Persia!¡No quiero ser servido más que por mis pajes!

Noté que había bebido. Sus cabellos estaban desordenados; sus ojos normalmente tan claros y brillantes, estaban apagados y turbados, y una arruga desagradable, que nunca había visto hasta entonces, se formaba entre la raíz de la nariz y la comisura de los labios. No tuve tiempo de pensar mucho en ello. Nos precipitamos al interior, Kalas a la cabeza, Hermolaos, otros dos y yo. Arrancamos de las manos de los esclavos persas los platos y los cántaros de vino, pues habíamos comprendido que el rey no estaba de humor para esperar.

Hasta que no servimos los primeros platos y llenamos varias veces las copas, no tuvimos la posibilidad de mirar a nuestro alrededor y de observar atentamente lo que teníamos a la vista y en las manos

-¡Los platos! me susurró Kalas

Eran de oro macizo.

-¡Los tapices!

Toda la tienda estaba cubierta con tapices de colores maravillosos.

Había algunos esclavos negros alineados junto a las paredes, inmóviles como estatuas. Los alimentos en su vajilla de oro macizo eran depositados sobre unas pequeñas mesas con incrustaciones de materiales preciosos. Nuestros generales estaban reclinados sobre cojines de sena.

El negro Kleitos estaba echado junto a Alejandro. También él estaba borracho.

-¡Esta es otra vida! Intentó pronunciar ¡...una vida diferente de la nuestra pobre Macedonia! ¡Ofrezcamos una libación a los dioses de este país que nos ofrecen tan maravillosos regalos!

Levantó su copa y dirigió sobre el tapiz un chorro de vino dorado.

-¡Por un día como éste, dijo Enarca, estoy dispuesto a luchar todos los días!

Llevaba un brazo en cabestrillo, pero su herida no parecía grave.

El mismo Hefaistón, el silencioso, descubriendo la hilera de sus perfectos dientes con una sonrisa,. Dijo con su acostumbrada calma.

-¡Merecía la pena!

Parmenión estaba junto a él. Me preguntaba si tendría ese aspecto triste y taciturno porque el ala izquierda, que él mandaba, había cedido. Pero todos sabían, y él en primera lugar, que no era su culpa. Después observé su mirada. Primero miró a su propio hijo que, agotado por la bebida, se había dormido sobre los cojines. Después miró a Alejandro que reía cuidadosamente y relataba con frases entrecortadas las diferentes fases de la batalla; no se interrumpía más que para oír las exclamaciones admirativas de Enarca, de Tolomeo y de los demás. Contemplando ese espectáculo, creí comprender la razón de la tristeza de Parmenión.

Súbitamente, al exterior se oyeron quejas y lamentos de mujeres. Alejandro se sobresaltó y se interrumpió en medio de una frase.

-¿Qué sucede? Preguntó en tono seco.

Hefaistón se levantó de un salto, salió y volvió.

-Son las mujeres persas. La madre del rey Darío y su esposa que están prisioneras en una tienda. Han visto pasar el escudo de Darío y creen que ha muerto. Es el motivo de sus gritos...

Alejandro se levantó, un puco inseguro, pero visiblemente desembriado.

-¡Kleitos! Ordenó. Ve a verlas. ¡Diles que Darío vive pero que ha huido!¡Diles que no deben temer nada de mi parte!

-Pero yo no puedo hablarles, dijo Kleitos.

Era evidente que no quería abandonar el banquete. Alejandro paseó su mirada por la tiende.

-¡Agias¡ llamó. Tú sabes el persa.

Me adelanté.

-Sí, rey.

-Kleitos, llévate a Agias como intérprete.

Kleitos se levantó a regañadientes y se apoyó sobre mi hombro. Nos dirigimos hacia la tienda de las mujeres. Observé entonces, que por orden de Alejandro, estaba severamente guardada.

Al vernos, las sirvientas persas retrocedieron lanzando gritos agudos. Penetramos en la tienda, en medio de la cual una mujer anciana estaba sentada sobre un cojín. No tenía velo sobre el rostro. Sus cabellos oscuros caían sobre sus hombros en pesadas trenzas. Llevaba un vestido gris muy sencillo, que hubiera podido parecer el vestido de una sirvienta de no haber sido por la enorme esmeralda en montura de oro, del tamaño de una nuez, que llevaba sujeta. Con una mano delgada y oscura, cogía un recipiente colocado ante ella, ceniza o polvo y lo dejaba caer sobre su cabeza.

-Dile, pues, que Darío no ha muerto, me dijo Kleitos

Era evidente que no sentía a gusto ante esa gran dama persa.

Me adelanté, y buscando mis palabras, traduje su frase a la lengua que me había enseñado mi madre. ¿Quizás hablaba ella otro dialecto? ¿Quizás no me comprendía? Pero la vieja reina comprendió inmediatamente. Se detuvo y dejó caer las cenizas de nuevo al recipiente.

-¿No ha muerto? ¿No ha muerto mi hijo? ¡Pero hace un momento hemos visto pasar su escudo!

-El rey Darío, en su huída ha perdido su escudo, su capa y su espada. El rey Alejandro, mi señor, me ha pedido que les diga que no deben ustedes temer nada de él.

Desde el fondo de la tienda me llegó el sonido de un profundo suspiro. Solamente entonces apercibí una segunda mujer. Seguro que era la joven reina, la esposa de Darío. También ella estaba vestida con prendas grises, pero no tenía ninguna joya y había un velo sobre su rostro.

-Agradece de nuestra parte al rey Alejandro, respondió la anciana con una voz muerta y sin que un solo rasgo de su rostro se moviese.

Nos inclinamos en silencio y volvimos apresuradamente a la tienda del banquete.

El día siguiente, escoltado por Hefaistón, Tolomeo, Hermelaos y por mí, Alejandro visitó a las reinas.

Ni el cansancio de la batalla, ni la fiesta de la noche habían alterado la frescura de Alejandro: estaba bello como el día. Antes de hacerse anunciar, nos pasó revista: obligó a Tolomeo a abandonar una capa persa procedente del botín de la víspera, y le hizo ponerse su vieja capa de soldado; no nos permitió coger la más pequeña joya persa.

-Esto podría, dijo, ofender la mirada de las mujeres...

Cuando penetraron en la tienda, la reina Sisygambis se levantó y se inclinó primero ante Hefaistón, memos rubio pero algo más alto que Alejandro, al que aparentemente tomó por el rey. Cuando un esclavo le hizo ver apresuradamente su error, Alejandro se adelantó y le dijo, con ese encanto irresistible que sabía mostrar:

-¡No has cometido ningún error, madre venerada! Este es mi mejor amigo, mi doble. El también es Alejandro.

Me apresuré a traducir. La anciana se incorporó. En su rostro inmóvil apareció una especie de sonrisa. Respondió lenta y claramente, habiendo comprendido mi falta de entrenamiento en su lengua.

-Hijo mío, puesto que me das el nombre de madre, quiero esperar que lo has mandado decirnos es cierto: que no debemos temer nada de ti.

-¡Desearía con toda mi alma que el rey Darío y yo no fuésemos enemigos! Respondió Alejandro con vivacidad y calor.

Su tono reflejaba la sinceridad.

-¿Y por qué lo sois?

-Porque los dioses lo exigen, respondió Alejandro.

Y esas palabras, desprovistas de sentido, que permiten explicar y disimular todas las injusticias del mundo, supo pronunciarlas de tal forma que parecieron nuevas y convincentes. Además siempre creía en lo que decía.

-¿Deseas ver a la reina y a sus hijas? Preguntó Sisygambus, y con la mano señalo tres formas veladas que se apretaban unas a otras en un rincón oscuro de la tienda.

Alejandro levantó la mano en señal de protesta.

-¡De ninguna manera¡ respondió. Estoy obligado a hacer la guerra al rey Darío, pero nada más ajeno a mí que la intención de ofenderlo.¡el honor de la reina y de sus hijas es sagrado para mí!

-Hijo mío, respondió la reina, si debemos ser tus prisioneras, tenemos al menos el consuelo de pensar que somos prisioneras de un rey digno de tal nombre.

II Fragmento

Este fragmento acomete uno de los momentos estelares del final de la obra: la muerte de Alejandro Magno. He escogido el fragmento que vuelve a unir a los dos personajes del principio (Agias y Alejandro). Alejandro Magno vuelve a mostrarnos su carácter humano.  Cree que todavía tiene tiempo para realizar su sueño, pese a las premoniciones. En su agonía consiente que la tropa le rinda honores, ve a sus amigos e incluso a los que no lo habían sido tanto. Antes del entierro se nos cuenta las disputas, la herencia, todos quieren tomar parte del festín. Para ello es necesaria la muerte de sus herederos legítimos. En el  texto seleccionado el personaje  le echa la culpa nuevamente a los dioses. Los hombres se creen capaces de  arrebatar el orden establecido en aras de un nuevo orden, enfadan a los dioses. El final siempre es idéntico: "el caos".

Le pedimos al alumno que lea  el texto con detenimiento. Pretendemos  que observe cómo el narrador va asomándose a la muerte del personaje, cómo relata sus dudas, como lo humaniza, hasta el punto de hacerle dudar de su naturaleza divina, como presiente las dudas en Agias.

-¿Cómo aparece retratado el personaje de Agias? ¿Por qué no desenmascara la realidad? Fíjate en este otro fragmento.

"...Ya no queríamos a Alejandro. Pero más que nunca teníamos miedo. Si era un dios, ya no se parecía ni al dulce Dionisio, ni al alegre y valiente Heracles, ni al tranquilo y majestuoso Zeus. Se nos aparecía más bien como una de esas siniestras divinidades asiáticas, que exigen sacrificios cruentos y cuyos misterios permanecen secretos para el corazón de los mortales.

Sus humores, sus decisiones, alternaban sin cesar, imprevisibles, súbitas con una edad de oro que se establecería en el momento en que toda la tierra estuviese sometida a su cetro. Pero, al día siguiente, cuando se enteró que los ceceos habían fomentado rebeliones -era una tribu salvaje que vivía en las montañas, más allá del Tigrís- se encolerizó terriblemente y declaró que desde lo alto del Olimpo, Hefaistón había exigido un sacrificio sangriento. Partió inmediatamente. Afortunadamente yo me pude quedar en Babilonia, y, todavía hoy doy gracias a los dioses. La tribu de los coceos fue total y salvajemente eliminada. ¡Tras el paso de Alejandro, fue como si nunca hubiese existido!

Los mismos oficiales estaban aterrados con su dureza. Para varios de entre ellos, el país conquistado era como una segunda patria y habían establecido lazos de amistad desde hacia tiempo. Se escondían muchas cosas al rey para no provocar su cólera; se le halagaba, se le distraía lo más posible para mantenerlo fuera de las dificultades, de los roces o de los descontentos. Yo no sé si Alejandro se daba cuenta. A veces lo veía hundido en una melancolía y una apatía profundas. En otros momentos, se lanzaba con un ardor incontenible sobre sus nuevos proyectos y sus preparativos para la vuelta al mundo..."

-¿Cómo ven al personaje? ¿Qué características definen en este momento su personalidad?

Te proponemos también que asistas al advenimiento final, cuando todos desfilan ante sus ojos, para rendir pleitesía a su rey. Observa como el autor relata el desfile de los macedonios. ¿Por qué crees que en ese momento todo el mundo olvida sus diferencias y se postra ante el rey con humildad?

"Caminaban de puntillas....Obedecieron. Se contentaban con murmurar su nombre. Se despedían del Alejandro de antes. "

¿Crees que lo consideran un dios? Razona la respuesta.

 En el párrafo que comienza "Antes mismo de enterrar al rey..." el autor cuenta con crudeza como todos quieren repartirse su imperio. Todos buscan  un trozo de la tarta y para ello no tienen escrúpulos en ensañarse unos con otros. Una de las soluciones pasa por el asesinato de sus familiares más directos.

Piensa en la prensa rosa y en los programas "telebasura" en los que se relatan las intrigas de los famosos. ¿Conoces algún caso similar que haya salido a la palestra?

El texto muestra como el orden es restablecido. Los dioses han castigado a Alejandro, cuya una victoria se traduce en el caos reinante, en el desorden. No se puede alterar el orden antiguo.

Teniendo en cuenta las antiguas religiones, en las cuales no existía un dios, sino muchos y cada uno tenía unos atributos específicos. ¿Qué sentido tiene que el autor cierre el texto explicando porque fracasan los hombres que pretenden alterar el orden? ¿ Qué orden ha pretendido alterar Alejandro?

Por último piensa en una película como La guerra de los clones. El personaje Obi-Wan Kenobi es presentado como  un héroe que poco a poco va sucumbiendo a sus instintos. ¿Podría decirse que este personaje, que en todo momento se muestra presuntuoso en sus acciones, también padece un pecado de soberbia? ¿En qué sentido?

Te invitamos a su vez a que veas la última versión cinematográfica sobre la vida de este personaje Alejandro Magno. Una de las críticas que recibió su director fue que el personaje muestra abiertamente su homosexualidad. Es probable que el director pretendiese en su momento saltad a la palestra de la opinión pública mostrándolo de manera tan obvia. Sin embargo cualquier investigador de la cultura antigua sabe con certeza que en otras civilizaciones como la griega -por ejemplo- la homosexualidad no era cuestionada sino habitual. 

-Agias, me preguntó éste un día, ¿cuánto tiempo sobrevivió Aquiles a Patrocles?

Dudé.

-¡Responde¡ ordenó, impaciente ya.

-¡No mucho tiempo señor!

-¡No¡ no mucho tiempo, dijo con tono soñador. Los sacerdotes me han prevenido, Agias. No me han aconsejado que venga a Babilonia...Ves, he venido a pesar de todo...y hasta ahora, no me ha ocurrido nada....

-Tú eres un dios, le dije, y nada te puede ocurrir.

Mi tono no debió parecerle demasiado convincente, pues me observó con la mirada.

-¿Crees eso?, preguntó.

-Los sacerdotes te lo han confirmado, respondí prudentemente.

Sonrió de forma extraña y movió la cabeza.

-De vez en cuando, dijo, unos hombres dios bajan a la tierra para proporcionar al mundo una nueva faz. Dionisio trajo la vid, Demetrio el trigo, Heracles liberó al mundo de los monstruos y de los malos. He querido crear en la tierra un solo, un glorioso imperio de la cultura griega... Aún lo quiero.

Se interrumpió, tomó una pequeña cuerda que estaba a su alcance, hizo un nudo y lo deshizo.

-Eso es abandonar la tierra muy pronto debe ser el destino de los hombres- dioses. La mano de Demetrio no tuvo tiempo de hacer fértiles todos los desiertos, Heracles no pudo destruir a todos los malvados, y Dionisios no dio a todos su sonriente euforia. Pero el reino de Alejandro....

Se interrumpió y se echó a reír:

-Alejandro es el hijo favorito de Zeus. Realizaré mi sueño. Aún tengo tiempo. ¡Y aún no tengo más que treinta y dos años!

A pesar de esas palabras optimistas, me pareció que acababa de invadirle el presentimiento de su muerte.

En la desembocadura del Eufrates, los barcos estaban listos para izar velas. Se había fijado la fecha de la partida.

Cinco días antes, el epirota Medio, vino a invitar al rey a un banquete de adiós. Alejandro dudó: hacia varios días que nos e sentía bien y no le apetecía nada. Pero Medio era su hombre de confianza en lo tocante a finanzas; había reorganizado el sistema fiscal persa y Alejandro tenía la costumbre de decir que le era más importante que cinco de sus generales juntos. Como Medio insistía, acabó por aceptar.

Los días eran ya de una temperatura estival, únicamente al atardecer soplaba un viento fresco en las palmeras. La casa de Medi, la más bella de Babilonia, después del palacio de Alejandro, poseía una terraza situada sobre el Eufrates. Entre los oficiales invitados figuraba, además de Tolomeo, un joven muy ambicioso, Perdicas, cuya influencia desde la muerte de Hefaistón, no dejaba de aumentar. Estos fueron los que condujeron a Alejandro al banquete y los que, a la mañana siguiente, le acompañaron al palacio.

 El rey ofreció un sacrificio, como acostumbraba todas las mañanas, y se acostó.

-Estoy enfermo, declaró. La fiebre me ha vencido. Mañana ya no quedará ni rastro. Tiene que acabar...Aparejamos dentro de cuatro días....

Efectivamente, la fiebre descendió. Pero al tercer día volvió; más violenta que antes y acompañada por una debilidad tal que Alejandro fue incapaz de mantenerse en pie. No era posible partir.

-Hay que retrasar la salida, dijo a regañadientes. Retrasarla algunos días...

Se veía en sus ojos una extrañeza casi pueril. No comprendía que los dioses se opusiesen a sus deseos, que, le parecía a él, coincidían con los deseos de los dioses.

Se comenzó a buscar un médico. Fue difícil encontrar uno. Después de la ejecución de aquel que había cuidado de Hefaistón, la mayoría de los colegas habían abandonado la ciudad donde residía Alejandro. Finalmente Perdicas envió uno: un griego de Halicarnaso. Este ordenó baños y una sangría. La fiebre subió más y la debilidad aumentó.

El quinto día, Medio, terriblemente impresionado, apareció en el palacio.

-¡Van a decir todos que ha sido envenenado en mi casa¡ gimió. Y sin embargo juro por todos los dioses y por la misma Hécada...

-¿Vive todavía? Gritó una voz excitada desde la antecámara. ¿Vive todavía? ¡Mis hombres pretenden que ya está muerto!

Era el joven Seleucos, el jefe de los epigonos.

-Sí, vive...

Los macedonios quieren verlo, dijo Krateiros, que, él también había venido a por noticias. Quieren ver si aún está con vida. Pregúntale si pueden verle....

Preguntamos. Alejandro sonrió débilmente:

-¡Mis macedonios! Sí. ¡Qué vengan! Todos...

Vinieron.

Todos. Una procesión interminable. Los viejos a la cabeza, los que habían luchado con él en el Gránico; los veteranos de Isos y Gaugámeles; los que se habían amotinado junto al Hyfaso y que sin embargo le habían seguido a través del país de los malios y del desierto de Gedrosia. Todos los que estaban en Babilonia. No creo que uno sólo de entre ellos se abstuviese.

Avanzaban de puntillas. Era emocionante ver sus esfuerzos para amortiguar el ruido de sus pasos. Se les había dicho de no hacer ruido y hablar bajo. Obedecieron. Se contentaban con murmurar su nombre al pasar por delante, y levantar la mano para posarla un instante sobre sus mantas. Mirándolo le mostraban sus ojos llenos de lágrimas. Todas las diferencias habían sido olvidadas. Se despedían del Alejandro de antes, del inolvidable Alejandro parecido a un dios de la primavera, el hijo del viejo rey Filipo, ese Alejandro que le había llevado de victoria en victoria, de riquezas en riquezas.

-Alejandro, susurraban, Alejandro

Estaba demasiado débil para responderles. Sólo levantó la mano para un último adiós. Pero hasta ese gesto le cansó e hizo una seña para que le sujetasen el brazo.

-Alejandro, Alejandro....Alejandro....

Al día siguiente, al amanecer, Alejandro había muerto.

No tengo mucho más que contar.

Antes mismo de enterrar al rey estallaron las diferencias. Hoy todavía no se han calmado. Perdicas mostró el anillo real y afirmó que Alejandro, al tenerlo por el más fuerte, lo había nombrado regente. Tolomeo hizo valer sus derechos sobre Egipto y pretendía que Alejandro se lo había dejado como herencia, para que fundase un imperio independiente en ese país que siempre había sido su predilecto. Roxana, la "hija de la luz", reunió a su alrededor a sus amigos y parientes bactrianos, y mandó rápidamente asesinar a sus rivales, la reina Stateira y su joven hermana, viuda de Hefaistón. La infantería intentó poner sobre el trono un abúlico, pariente del rey Filipo, el macedonio Arrideo. La caballería se decidió por el pequeño Alejandro, hijo de Roxana. Pero como ni uno ni otro estaban en estado de reinar, cada oficial intentó ganarse a las tropas con promesas y a precios elevadísimos, para ascenderse al rango de regente.

Peukestas se retiró a Persia. Seleucos reunió a su alrededor sus 30.000 epigonos y esperó un momento favorable para formar su propio reino. La vieja reina Sisygambis, previendo luchas y miserias sin fin, rechazó todo alimento y murió cinco días más tarde.

Roxana y el pequeño Alejandro fueron conducidos a Macedonia, pero allí encontraron la muerte a consecuencia de intrigas que rondaban la sucesión al torno. La reina Olimpias, madre de Alejandro, corrió la misma suerte.

Era una época en que todos luchaban contra todos. Una época de crímenes, de traiciones, de luchas inútiles y sangrientas por el poder y la riqueza. Alejandro había destruido el antiguo orden establecido en el mundo. El nuevo orden aún no había nacido, y allí donde pensaba haberlo creado era tan frágil que se hundió con él. Había querido fundar un inmenso imperio de derecho divino que abarcaría toda la tierra. Y lo que dejó fue el caos.

Sólo los dioses son creadores. Nosotros, los hombres, deberíamos considerarnos dichosos de poder cuidar lo que ha sido creado, proteger lo que ha germinado y tener el derecho de poder dirigirlo un poco, como un jardinero que ata o corta las ramas de un árbol o de una viña.

Cuando pretendemos destruir el orden antiguo para sustituirlo por un orden nuevo, penetramos en el terreno sagrado de los dioses. Y lo único que cosechamos entonces es el desorden.

III Fragmento

Como contrapartida te presentamos el texto de Charles Chaplin, una arenga en contra de la lucha y a favor de la paz. Texto extraído de la película El gran dictador, en el que el genial cómico parodia a Hitler y hace un llamamiento para que los soldados no luchen y prevalezca la paz.

El alegato parte de una afirmación categórica "Lo siento, pero yo no quiero ser emperador". Charlot comienza atacando el racismo, alega que el progreso nos ha vuelto más inhumanos, tanto que parecemos máquinas  incapaces de comunicarnos, pese al progreso y el avance de las comunicaciones. (Pensemos en las nuevas tecnologías y todo lo que conlleva)  Pide a los soldados que se nieguen a luchar, que no se conviertan en instrumentos de muerte, puesto que no son máquinas ni animales sino hombres que deben luchar por la libertad y para ello esgrime un texto bíblico, y les exhorta a que luchen por la democracia.

-¿Qué significan los términos dictadura y democracia?

-Asume el papel de demócrata en la sociedad actual. Escribe un alegato a favor de la paz basándote en los conflictos bélicos actuales. Busca información en los periódicos actuales y céntrate, para la redacción, en un conflicto bélico próximo. Puedes tener en cuenta este poema mandado a la revista Luke de Internet sobre los atentados en el metro de Madrid.

Un mundo para todos

" Nos pueden arrebatar la vida, pero jamás la libertad"

                                                                        William Wallace

 Lo siento, pero yo no quiero ser emperador. Este no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible, judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres.

El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestros conocimientos nos han hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos, cínicos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad; más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres de todo el mundo, amillones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme les digo. ¡ No desesperéis!. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.¡El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo, y así, mientras el hombre exista, la libertad nos perecerá!

¡Soldados! ¡No os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os  esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, que pensar y que sentir!¡Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón! ¡No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡No sois ganado!¡Sois hombres!¡Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones, no el odio!¡Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos!

¡Soldados!¡No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad! En el capítulo XVIIde San lucas se lee: "El reino de Dios está dentro del hombre" ¡ No de un hombre, ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres!¡En vosotros!¡Vosotros, el pueblo, tenéis el poder!¡El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad!¡Vosotros el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura!¡En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos!¡Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble , que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro y a la vejez, seguridad!

¡Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder!¡Pero mintieron!¡No han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán!¡Los dictadores son libres, sólo ellos, pero esclavizan al pueblo!¡Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido! ¡Todos a luchar para liberar al mundo, para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia!¡Luchemos por el mundo de la razón!¡Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad!

¡Soldados! ¡En nombre de la democracia, debemos unimos todos!

Artículo para Luke  Revista de Internet  www.espacioluke.com

Revista dirigida por el editor y poeta Kepa Murua.

 

 

¿Cuántas veces han de volar las balas del cañón

antes de ser proscritas para siempre?

¿Cuántas muertes serán necesarias

para dar a conocer que han muerto demasiado?

                                                                                                                      Bob Dylan

 

 

¿Cuántos juguetes volarán por los aires antes de que podamos cerrar los ojos a la barbarie? ¿Cuántos cuerpos cubrirán la fosa común antes de que nos sintamos desdichados? Nosotros, los  habituados al miedo. Nosotros. a quienes  los muertos miraron por última vez.   Nosotros los tiznados, los  mutilados, queremos acompañar a los fantasmas para que se alcen quienes han hipotecado nuestro futuro, quiénes se han  atrevido  a sembrar de odio nuestra alma. ¿Quiénes gritan más fuerte que nosotros?

 ¡Las palabras de  miles de muertos¡ ¡ Los de aquí, los de allí¡ Los que empuñan las bombas se han dormido. Ni siquiera podemos preguntarles dónde está el capitán. Ni siquiera podemos preguntarles porque estaban esperando para matarnos si somos inocentes. ¿Quién será tan fuerte como para profanar las sombras de los muertos y pedir perdón? ¿Quién será tan fuerte, como para tranquilizarse? ¿Cuántos humanos estarán dispuestos a abandonar las armas para siempre? ¿Cuántos? ¿Cuántos?

Aghata.

Te pedimos seguidamente que reflexiones sobre el contenido de los poemas de Oscar Hahn. En su magnífico libro Poemas de la era nuclear,   el autor describe la deshumanización de las guerras, el sentimiento de impotencia que sienten los seres humanos.

La desolación, la tristeza, la falta de solidaridad...son los cimientos de esta fantasmagórica escalera que conduce a los seres humanos a destruirse unos a otros despiadamente. ´

 

ADOLFO HITLER MEDITA

EN EL PROBLEMA JUDÍO

 

    A los niños de Auschwitz

 

Toma este matamoscas y extermina a los ángeles,

después con grandes uñas arráncales las alas.

Ya veo sus muñones, ya los veo arrastrarse:

desesperadamente tratan de alzar el vuelo.

Toma este insecticida. Oigo sus toses blancas

prenderse y apagarse. Una puesta de sol

o una puesta de ángeles es lo mismo sin duda

porque la noche ahora levanta su joroba

y ellos se van hundiendo lentamente en el suelo.

Levanta el pie despacio. Así mismo. Tritúralos.

Que les saquen las plumas con agua hirviendo y pongan

esos cuerpos desnudos en las friambrerías.

Ahora me van pasando sudarios de juguete

y ataúdes con cuerda. Ahora me van pasando

las cruces más pequeñas, para que se entretengan

los infantes difundos. Pásame el insectario,

los alfileres negros. Toma este matamoscas

y extermina a los ángeles.

Oscar Hahn

 

 

 

FAMILIA AMERICANA

Padres blancos y rubios

y de ojos azules

 

visitan Disneylandia con sus hijos

de rasgos árabes o asiáticos

 

Bombardean Hanoi

Bombardean Bagdad

Bombardean Kabul

 

Pero ellos son piadosos

y adoptan a los huérfanos

 

Oscar Hahn

Te proponemos que comentes esta frase del libro "Llámalo X" de Marinella Terzi y que nos de tu opinión. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación o no? 

"Para sentirte persona no basta con saber que lo eres; además, tienes que verte persona en los ojos del que te mira"

-¿Qué opináis de el lema que se difundió durante la guerra fría?

"Si quieres la paz, prepara la guerra"

-Define que es para ti el racismo y la xenofobia. ¿Crees que existe en nuestro país?

¿Por qué?

Comenta el siguiente poema de Belén Reyes.

EN MI CASA VIVIAN MAGREBIES

En mi casa vivían magrebíes.

Se fueron sin pagar, dice el casero.

La portera me paró en el descansillo:

-qué bien que hayas venido, tú no sabes.

lo guarros que eran estos moros.

Vivían un montón y entraban y salían,

recogían muebles de la calle,

no sabes que trajín tenían..

 Y como no tengo nada que hacer,

mas que poner cara de que voy con prisa...

Me despido educadamente de la gorda portera

... Y pienso. Pienso mucho porque es gratis

y se me da de perlas. ...

Yo también tengo muebles recogidos en la calle.

Pelusas por el pasillo.

y me siento extranjera.

Vivo sola,

pero tengo un trajín de gente dentro,

donde el pecho.

Pienso...

cojo una manzana y mientras muerdo el mundo...

sueño con una bonoloto, en lo que haría...

invitarle este verano a la portera

a un paseito en patera.

Asciende a 125 el número de inmigrantes rescatados en las últimas horas.

 

Otros textos de los que podemos extraer fragmentos para comentar:

Diario Ana Frank

Déjame ir mamá. Helga Schneider.

Películas.

La vida es bella Roberto Benigni

La lista de Schindler  Steven Spielberg

{
}

Comentarios Talleres literarios. Alejandro Magno Gerhart Ellert

Gracias preciosa. Era increible Alejandro, pero claro tenía el defecto de los déspotas.
En fin, que todo no se puede tener.
pedazo de post¡¡¡¡

mil besos arlequini, valenciana super currante¡¡¡¡¡

(lamento ke perdieras un hijo) mil besos desde barcelona, para arlekini ¡¡¡¡¡¡¡¡
esta parece un libro en una solo hoja guuuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaooooooooooo.

te invito al mio.
Es imposible que no aprendan tus alumnos, pero sobre todo sacarán muchas conclusiones que les servirá para la vida cotidiana...
Un abrazo, de Corso
corso Corso 02/10/2008 a las 17:52
Gracias por tus comentarios, para mi es un halago, interesante blog, lo leeré con atención. Besos
luzdeluna Luz 02/10/2008 a las 18:25

Deja tu comentario Talleres literarios. Alejandro Magno Gerhart Ellert

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