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Taller de literatura: Accidente o prodigio.

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Accidente o prodigio


No lejos de Valencia, vivían unos adolescentes que eran pareja. Habían pasado por muchos momentos –buenos y malos- pero seguían queriéndose. Cuando llevaban un año, la chica lo celebró en su casa y ¡cómo no!, invitó a todos sus amigos. Alex- el novio- invitó también a algunos amigos mayores y estos llevaron bebidas alcohólicas.


Pasadas dos horas la fiesta se calentó y subió de temperatura. Casi todos estaban enrollándose con sus amigas o novias. Alex y Nisa, no eran una excepción, ellos tuvieron su primera experiencia sexual esa tarde, aunque ninguno de los dos, debido al alcohol,se acordó después de lo sucedido.


Pasaron tres meses. Nisa descubrió que su cuerpo se transformaba. Se sentía extraña e irritable y no sabía por qué…. No lo supo hasta que, preocupada porque no le venía la regla, se hizo la prueba: el accidente –como ella lo llamaba- a su embarazo, destrozaría su vida para siempre. Quiso abortar, pero sus padres se lo impidieron: no se puede destrozar de esa manera lo que uno hace; si haces algo, luego debes apechugar con las consecuencias.
Era una niña, pero la madre no sintió ningún apego a ella. No la quería. Volvió a llamarla accidente y la dejó en adopción. Los nuevos padres consideraron que les había llovido un ángel del cielo y la llamaron Linda. Para ellos era un prodigio en todo: lista, hermosa, dulce. Ella era todo lo que habían deseado. Nada malo podía esperarse de su comportamiento, ella la bondad personificada.


Cuando Linda cumplió 18 años y, después de meditarlo durante mucho tiempo, los padres se sentaron con ella y le dijeron la verdad: que era una niña adoptada. Ella se quedó petrificada, incluso traicionada en un primer momento. Pero, poco a poco comprendió su dolor y fue calmándose, ya que ellos se lo habían dado todo. No quería dañarlos, ni herirlos, porque la habían cuidado, protegido y querido toda su vida. No obstante, y tras meditarlo mucho, quiso saber qué había sido de sus padres verdaderos.


Fue al hospital e hizo las pesquisas necesarias: habló dulcemente con las personas que trabajaban en los archivos, con médicos, enfermeras y todo el personal sanitario. Al final lo averiguó e incluso pudo ver una cinta en la que aparecía el rostro de su madre. ¡Qué feliz se sentía! Ahora que sabía quién era la encontraría. Fue entonces cuando la oyó decir que ella había sido un accidente, un burdo y desgraciado accidente. En ese momento fue como si todo su mundo se hundiera. Quería desaparecer, que su existencia se eclipsase de la faz de la tierra.


Y así creció el odio, poco a poco, tímidamente. Decidió que –puesto que era un accidente- su única misión sería encontrarla, para que viese en qué se había convertido, lo querida que era por sus padres adoptivos y la maravillosa vida que llevaba.


Pero no pudo conocerla. Cuando consiguió averiguar dónde vivía y fue a verla, se dio cuenta de hasta qué punto el destino es caprichoso e irracional. Su madre estaba muerta. Según decía el periódico, le habían asestado 22 puñaladas. Una por cada uno de los años que tenía, una por cada uno de esos momentos de desamparo, ira o rabia, una por cada una de las veces que había visto junto a su verdadera madre la cinta y por todas esas veces que Ana le había quitado el puñal, mientras ambas la observaban abrazar a sus hijos a la salida de la escuela y por los mil y un besos con los que madre, su verdadera madre, había cubierto sus lágrimas.

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