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Taller de literatura. 2º C. Redacción a partir de la frase: -¡Por Dios, que si él lo hace, también lo haré yo!

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-¡Por Dios, que si él lo hace también lo haré yo!- le dijo a Ginés.
Pero él se echó a reír.
-No te atreves. Eres un gallina.
Entonces, cogí los huevos de la nevera y nos fuimos.
Íbamos los tres. Ginés, Álvaro y yo. Nos dirigimos al centro de Gandía. Allí por fin, Álvaro tomó la iniciativa y llamó a una puerta, pero, cuando la mujer abrió, los tres salimos corriendo, mientras nos reíamos.
-Te toca.
Al principio me sentía un poco cohibido, pero, al verlos a ellos, que me estaban mirando, expectantes, me decidí y llamé al timbre. De repente la puerta se abrió y salió aquella chica. Era muy guapa. Yo entonces le dije:
-Te he traído un huevo que representa lo bella que eres. Ella se me quedó mirando un poco confusa y dijo:
-¿Qué queréis? No me molestéis. Y ese huevo no significa nada.
-Yo sólo quería conquistar a una chica guapa- y me quedé mirándola, mientras los ojos se me dilataban y sentía que todo mi rostro se sonrojaba.
-¿En serio?
-Por supuesto.
La chica dijo que se llamaba María y, daba la casualidad, que tenía mi misma edad.
Sin que nos diésemos ni cuenta, ya habíamos pasado a su casa, ya que nos invitó muy amablemente. Una vez dentro, nos ofreció un vaso de fanta y, mientras bebíamos con avidez, nos preguntó por qué habíamos llamado a su puerta.
Yo entonces le dije la verdad, que habíamos llamado para tirarle un huevo.
Ella se echó a reír.
-¡Qué tontitos! ¿No tenéis nada mejor que hacer que ir llamando a los timbres y tirando huevos a la gente!
Ginés, Álvaro y yo nos quedamos mirándonos, algo cortados, pero los tres soltamos la misma respuesta sincera y unánime:
-¡No! ¡La verdad es que no!
La chica era muy simpática, pero se hacía tarde y teníamos que volver a cada ya que era muy tarde. Yo les dije a ellos que se fuesen yendo ellos, que yo los alcanzaría. Justo, antes de irse, Ginés se giró y me guiñó el ojo.
Cuando se hubieron ido, yo le pedí el número de teléfono y, mientras me lo daba, me besó. Fue un beso dulce y espontáneo, uno de esos besos que abren puertas al sentimiento más imprevisible de todos, el amor, que no entiende de puertas ni cancelas.
Alex, 2º C 

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