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Y por supuesto, qué decir de La Celestina.

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Sin duda una de mis obras preferidas.

He aquí el quid de la cuestión: aquí se quita la máscara Calisto y muestra cuáles son sus verdaderas intenciones.

 

Melibea. -¡Oh, mi señor, no saltes de tan alto, que me moriré en verlo! Baja, baja poco a poco por la escala. ¡No vengas con tanta presura!

Calisto.- ¡Oh angélica imagen! ¡Oh preciosa perla, ante quien el mundo es feo! ¡Oh mi señora y mi gloria! En mis brazos te tengo y no lo creo. Mora en mi persona tanta turbación de placer que me hace no sentir todo el gozo que poseo.

Melibea. –Señor mío, pues me fié en tus manos, pues quise cumplir tu voluntad, no sea de peor condición por ser piadosa que si fuera esquiva y sin misericordia. No quieras perderme por tan breve deleite, y en tan poco espacio; que las cosas mal hechas, después de cometidas, más presto se pueden reprender que enmendar. Goza de lo que yo gozo, que es ver y llegar a tu persona. No pidas ni tomes aquello que, tomado, no será en tu mano volver. Guarda señor, de dañar lo que con todos los tesoros del mundo no se restaura.

Calisto.- Señora, pues por conseguir esta merced toda mi vida he gastado, ¿qué sería, cuando me la diese, desecharla? Ni tú, señora, me lo mandarás ni yo podría acabarlo conmigo. No me pidas tal cobardía. No es hacer tal cosa de ninguno que hombre sea, mayormente amando como yo. Nadando por este fuego de mi deseo toda mi vida, ¿no quieres que me arrime al dulce puerto a descansar de mis pasados trabajos?

-Melibea. -¡Por mi vida, que aunque hable tu lengua cuanto quisiere, no abren las manos cuanto pueden! ¡Está quedo, señor mío! ¡Bástete, pues ya soy tuya, gozar de lo exterior, de esto que es propio fruto de amadores; no me quieras robar el mayor don que la natura me ha dado! Cata que del buen pastor es propio trasquilar sus ovejas y ganado, pero no destruirlo y estragarlo.

-Calisto.- ¿Para qué, señora? ¿Para qué no esté queda mi pasión?¿Para penar de nuevo? ¿Para tornar el juego de comienzo? Perdona, señora, a mis desvergonzadas manos, que jamás pensaron de tocar tu ropa con su indignidad y poco merecer; ahora gozan de llegar a tu gentil cuerpo y lindas y delicadas carnes.

 

La Celestina, Fernando de Rojas

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Comentarios Y por supuesto, qué decir de La Celestina.

Bella historia ... la leimos en el colegio cuando tenía nueve años
... pero desgraciadamente es de los libros que no he recuperado para mi biblioteca
Prometo firmemente (sonrio) hacerme con un ejemplar
Gracias por compartir ... y estar
Te quiero.
precioso lo que es el arte de la palabra para conseguir un fin yo creo que de eso trata de el y de la vieja ya lo dice el reflan contra mas viejo ahora bien la vida que tenemos de egoismo hoy el joven no da a la zaga vamos sin emociones o muy cambiantes damos en un constante variar de estimulos  con lo cual el que mas creencia marca mayor sale perdiendo
Yo la tengo, yo la tengo!. La celestina es unos de los libros clasicos que nos recomendaban y estudiabamos en el cole, es precioso y yo aun lo conservo.

Otro que me gusto mucho fue 'La dama de las camelias", ese lo lei en mi adolescencia.

Un besote Aghata! 
luzdeluna1 Inma 05/10/2010 a las 16:12
Que bonito libro, hace un monton de tiempo que lo lei y la verdad me gusto mucho.
Besos
Paloma

es.funscrape.com

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