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El sueño de Morfeo

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El sueño de Morfeo

Sábado por la mañana. Mi madre hace el intento de despertarme. Chillo que sí, que ahora me levanto, pero… ¡qué va!, me mantengo en la misma pose, sin mover ni un músculo una horita más. En esos sesenta minutos, me quedo durmiendo, totalmente sopa. Sé que ella ha continuado con la odisea de invadir mi espacio, zarandearme y hacer que me levante. Su voz va diluyéndose, como  cola-cao en un tazón de leche caliente. De pronto noto su voz extraña, rara y sé que esa voz no es la suya. Es una voz demasiado fina, para lo grave que ella la tiene, una voz de niña, tal vez la voz de una adolescente de no más de quince años.

Al fin me incorporó y mi primera misión es ir a la cocina, para papear algo. Allí me he topado con una desconocida. Está de espaldas y su cuerpo me produce náuseas. ¿De dónde ha salido ese bicho? La miro fijamente. No tiene dos piernas ni pies. Tiene cuatro. De repente notó que el suelo está pegajoso, casi gelatinoso y estoy a punto de patinar en mi propia cocina. Decididamente esto es muy extraño. El ser que tengo ante mí no tiene pies, descubro que en su lugar tiene un apéndice que desprende un líquido repugnante, que a mí me hace recordar la baba de caracol.  Es un ser tan horripilante, tan horroroso. ¡Es fea, la tía! ¡Feísima! Su fealdad adquiere un aspecto grotesco que me produce escalofríos. Su cara es deforme y tiene ocho ojos. La nariz son cuatro agujeros irregulares y no tiene una boca sino dos.

Si su cara es repugnante, su cuerpo lo es aún más: cinco brazos, cuatro ombligos, seis pechos, y eso sólo en la parte superior. Al final descubro que el apéndice gelatinoso sí que hace las función de un pie, y que le permite moverme muy, muy lentamente y también me doy cuenta de que tiene uñas y  más dedos que un ciempiés.

Pero, ¿qué le digo? ¿Qué debo hacer? Ella no me explica nada. ¿Qué narices está pasando? ¿Dónde está mi madre? Me calmo e intento entablar una conversación. Le explico quién soy, cómo me llamo, cuántos años tengo. Y la miro con cara bobalicona, de niña que no ha roto un plato intentando que ella haga otro tanto. Pero ella no sabe mi idioma. Sólo hace ruidos asquerosos, como si aplastase un insecto con sus bocas: aaaaauuuuuaaauuuu…

No entiendo nada. ¿Qué querrá decir? ¿Qué pretenderá contarme? Después de dos horas inútiles, salgo disparada a mi habitación. Me encierro en ella, me echo sobre la cama, me tapo con la almohada. Todo esto después de haber tenido la precaución de cerrar la puerta con llave. Noto el sopor del sueño como una aguja clavándose en mi sien, una aguja que aguijonea mi cerebro y provoca que mis párpados se cierren; aunque yo, desesperada, intento mantenerme despierta. Tal vez sea mejor así. Tal vez, cuando despierte, ella se haya marchado, y se haya ido por donde ha venido, ese es mi único deseo.

A las dos horas escuchó mi nombre. ¡Carlaaaa! ¡Carlaaaa! ¿Carlaaaaa? Esa sí que es la voz de mi madre, ese sí que es sonido grave de su voz. Como soy sonámbula, le he contado a mi madre todo en sueños. Ella se echa a reír, pero sé que ese último ”aaaauuuuaaaa” le ha provocado un escalofrío, incluso permite que me quede en la cama un ratito más. Ese vagabundeo involuntario se ha convertido en mi tabla de salvación, ahora podré quedarme toda la mañana abrazada al sueño de Morfeo.

 Carla, 2º B

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Comentarios El sueño de Morfeo

Mira que escribes bonito.
Besos.
jaja lo he leído todo, me recordó mucho a dos textos uno lo leí hace mucho, creo que estaba en primario que una de las monjitas del colegio que venía de España nos relató un cuento o historia escrita por un niño ,no sobrepasaba de los 13 años, y era que creía estar despierto estando dormido, uno de esos sueños en los que te despiertas asustado listo para ri al Colegio. Y el otro es de Rubén llamado la larva que describe a una mujer con la cara viscosa, que lo leí en mi intento fallido de estar en las olimpíadas de Español, pero Qué va! Yo no soy para eso, aunque quisiera, soy más general y he aquí mi razón por la que no he elegido una carrera para estudiar, aunque me resta todo el año y bien se que nada de Español puedo estudiar, la paga es malísima! 
Ya que te he contado toda mi semana (jaja) me despido entretenida,
Saludos
Mariau Illescas 
¡Vaya con Carla! ... estupendo relato
Me gusta ... me gusta ...
si, muy bueno
jaja sentí tan real el "Carla Carlaaa"

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