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El silencio de las sirenas, Adelaida García Morales

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El silencio de las sirenas

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Yo, haciéndo mis primeros pinitos en el Parque Trenor de Torrent. 

fotografodebodaenValencia.http://www.jfrechina.com/

Con esta novela, Adelaida García Morales ganó el Premio Herralde y además obtuvo el Premio Ícaro a la revelación literaria de la temporada. Cuando yo la leí tenía apenas 17 años y estaba estudiando COU, entonces era una de las obras del programa de Bachillerato y si algunos de mis compañeros asumieron el reto de su lectura con desinterés, lo cierto es que yo seguí el trance de su protagonista como si me fuese la vida en ello.

  En su momento se me pasaron las referencias artísticas, su consciente intertextualidad, pero me quedé hondamente impresionada, por la  perenne historia de amor que sume a Elsa en tal vorágine de sueños e irrealidad, que acaba matándola, destruyendo el poco aliento de vida con el que intenta moverse por un mundo que parece sumido en un perpetuo silencio.

    El tema central del libro es la ensoñación que produce en Elsa el amor que siente por Agustín, un amor irreal que construye un castillo de naipes que termina derrumbándola. La propia cita que abre el libro ya debería darnos las pistas necesarias para poder interpretarlo con solvencia. Es una cita de Pessoa:

  “Pues Dios permite que lo que no exista sea intensamente iluminado”.  

 La cita abre el camino de la introspección. Sabemos que para Elsa los sueños son más tangibles que la propia realidad. Ella se inventa un amor y le infunde vida, como si una criatura nueva se tratase. En este sentido la obra nos muestra cuánto dolor puede retenernos, impidiéndonos caminar; sobre todo, si el sueño nos desnuda, nos  grita a la cara cómo somos, cuáles son nuestros sentimientos más íntimos; un sueño tan tangible que lo vivimos hasta en nuestras entrañas y que consigue confundirnos.           

De hecho Elsa se incomunica voluntariamente, ella no desea que el resto controle o descubra sus intimidades. Ese desamor es una tenaza que la conducirá a la muerte, una tenaza que aparece reflejada a la perfección en esa atmósfera que la asfixia, en esa niebla que encierra el pueblo en el que vive. Sólo a través de la hipnosis consigue expulsar sus demonios más íntimos, para ella es como una pantalla que vivifica lo irreal, dotándolo de sentido. El amor no es real, pero eso no es lo que importa, lo importante es reivindicarse la inconsciencia, crearse un sueño a su imagen y semejanza.

   La autora trasmite las citas y referencias intertextuales necesarias, para que el lector instruido (no una adolescente, como era yo en su momento) reconozca lo que está pasando y acierte en el ensamblaje de las piezas del puzle.  Señala a Kafka, pues el título proviene de un cuento del autor, nos recuerda conscientemente a los protagonistas de Las afinidades electivas de Goethe, pero también al archiconocido mito de Ulises y las sirenas. Por si no fuera suficiente Adelaida introduce otras imágenes extraídas de las artes plásticas (Goya, el retrato de Goethe, Paolo Ucello), etc.  Con todas esas referencias es normal que el lector inexperto se sienta perdido, mientras que el experimentado goce con los pilares con los que ha construido la historia. 

 La reproducción del cuadro de Paolo Ucello nos muestra a San Jorge y el dragón. San Jorge representa a Agustín y el dragón es Elsa. San Jorge consigue matar a ese dragón y de este modo libera a la doncella. Por su parte, la reproducción del retrato de Goethe encuentra su eco en la litografía de Goya titulada “Nadie se conoce” que reproduce a un hombre inclinándose sobre una mujer con antifaz. Simboliza la incomunicación, la frustración ante la ausencia de diálogo. Finalmente el cuento de Kafka nos muestra a Ulises- Agustín cuando se tapa los oídos para no oír a la sirena Elsa que muere de amor y soledad en la nieve de la montaña.

  Lo que en definitiva  pretende Gqrcía Morales es mostrarnos de qué manera las mujeres asumimos el amor que hierve en nuestras entrañas, aunque éste sea pura entelequia. Se trata de un amor forjado en soledad, que no necesita identificación. Agustín es apenas un mero pretexto, un juguete en manos de la autora que lo sitúa siempre detrás del biombo, que apenas aparece como persona de carne y hueso; él es un ensueño y cómo tal debemos forjárnoslo en la mente, si queremos comprender el estado de ensimismamiento que destruye a Elsa.

  La narración comienza con una breve nota que Elsa le deja a María y en la que menciona una serie de objetos simbólicos, pequeñas entelequias que nos ofrecen en última instancia los frutos de ese amor inexistente. Ella es una forastera encerrada en el laberinto de la desolación que encuentra a María, la profesora que llega al pueblo de Las Alpujarras – donde vivió la propia autora- y con la que mantiene un diálogo esclarecedor sobre el mundo que succiona su locura. Es Elsa la que le pide a María que la hipnotice, pues cree que tiene poderes especiales. María sabe que eso no es cierto, pero su fascinación por Elsa es tal que acepta, pues de este modo podrá descubrir lo que oculta en ese pozo insondable, en esa burbuja ficticia que ella cree que la protege, cuando en realidad la está consumiendo.

    Gracias a las sesiones de hipnosis se produce entre ambas un contacto, un raro intercambio de fluidos vitales que ayudan a María en su desconcertante investigación sobre Elsa. Ella le muestra su romántico amor por Agustín Valdés, aunque sólo se trate de una fantasía, una fantasía que podemos acomodar al sentimiento que une a Eduardo y Otilia en Las afinidades electivas. Sólo ha visto en dos ocasiones a este profesor de Filosofía, pero han sido suficientes; con esta sustancia, ya tiene el caldo de cultivo necesario para forjarse un ser que le permita ensoñarse. 

La historia se convierte en un globo aerostático que le permite subir a las nubes, sin escuchar la voz de María que quiere ayudarla. De ahí que diga: “He aprendido a escuchar tu voz sin que me hables”.  María sabe que esas abstracciones y estados de trance son peligrosos, pero es incapaz de hacerla volver a la realidad dolorosa. De hecho, cuando María arregla una cita, Elsa se niega a acudir, permanece en su cómoda burbuja, sin que nadie pueda empujarla al exterior. María es quien nos cuenta su lucha interna, es testigo de lo que sucede e intenta quitarle la venda de los ojos, pero no puede porque cuando parece capaz de conseguirlo Elsa corta el cortón umbilical que las une y se encierra en sí misma.

  Entre las dos se sitúa Matilde, una anciana del pueblo, apática y misteriosa que cierra el círculo y que se convierte en un instrumento más para las sesiones de hipnosis, y además nos ayuda a forjarnos una idea de la atmósfera que envuelve a los rostros del pueblo en el que se sitúan los hechos. Un lugar simbólico que representa el silencio y la muerte y donde la nieve hace acto de presencia silenciando el movimiento de los seres humanos que transitan por sus calles. El silencio de la montaña apelmaza la inmovilidad de sus personajes y hace que sintamos la claustrofobia de su protagonista como un sentimiento más auténtico. Mientras el pueblo simboliza esa muerte interna, la casa de Elsa es sin duda el territorio de los sueños, el espacio que desboca sus sueños. Ese ambiente de irrealidad lo llena todo: el tiempo, el espacio, las conversaciones de las protagonistas.

 En cuanto a la estructura, observamos que la obra está dividida en diecisiete capítulos encauzados por la cita de Pessoa que se ajusta como el guante a la mano. Podemos dividirla en tres partes:

 

La primera (capítulos 1-4) sirve para introducir el marco, nos habla del pueblo en el que se sitúan los hechos, de sus tradiciones, paisajes y gentes.

La segunda parte (el núcleo de los hechos, capítulos 5-16) nos presenta la historia de Elsa, nos habla de su relación con Agustín Valdés; una relación que al principio parece real, pero que poco a poco se va contaminando por el ensueño.

Por último, la tercera parte (capítulo 17), nos ofrece el triste desenlace, la muerte de Elsa.

 Asistimos a un doble proceso: por una parte, la ensoñación romántica de Elsa; por el otro, el intento de María por recomponer el puzle y hacerla volver a la realidad, un intento que  acaba fracasando. La autora utiliza la retrospectiva como técnica, una técnica cinematográfica que conoce muy bien, pues ella misma estudio Guión Cinematográfico y sabe como drenar los acontecimientos, como ensamblarlos para que resulten verosímiles. El ritmo es lento, porque le interesa desdibujar el camino íntimo en el que se mueven los personajes, envueltos por una niebla que impide que establezcan los puentes necesarios que permitan la huida. 

 Adelaida consigue de este modo que se despierte el lirismo intrínseco a la descripción de los estados del inconsciente y va envolviendo las palabras, infundiéndoles vida propia, soplando a contra-reloj,  para insuflarles vida.  El lector sigue el hilo de los acontecimientos, como si formásemos parte de ese cuadro imperecedero que ha dibujado, una obra que se mantiene incólume, imperturbable en nuestra memoria.

 Otras obras de la autora que conforman su bibliografía son: Archipiélago (19819,  El sur (1985), que fue adaptada al cine, Bene ( 1985), La lógica del vampiro ( 1990), Las mujeres de Héctor ( 1994), Mi tía Águeda ( 1995),  Nasmiya ( 1996),  El secreto de Elisa ( 1999), El testamento de Regina ( 2001) y   Una historia perversa  ( 2001).  En todas ellas asoma el equilibrio íntimo de una escritura inteligente y precisa, que ahonda en la psicología de los personajes, quitándoles el antifaz y consiguiendo que su desnudez nos deje perplejos, atrapados desde la primera hasta la última de sus páginas.  


Ella guardó silencio, como si de verdad estuviera sumida en una profunda oscuridad. De pronto, sin atender a mis preguntas, comenzó a hablar.

-La sala está vacía. La pared es de madera. Me acerco a la ventana, a través de ella contemplo un paisaje que me resulta muy familiar, así como el tacto de las cortinas. Son de terciopelo verde. Puedo percibir su olor a polvo.

Después de unos instantes, durante los que parecía haber sido abandonada por sus imágenes, continuó con ansiedad:

-Estoy en un jardín. Hay una luz muy clara, sin sombras. Está amaneciendo. Siento frío. A lo lejos descubro a Eduardo. Camina con mucha prisa. Le llamo pero no me oye. Me acerco corriendo, asfixiándome. El me mira y no se detiene. Pasa bajo un porche de columnas de mármol cubiertas por enredaderas. Allí le alcanzo. Grito su nombre. No puedo soportar su mirada irritada y distante. Mecánicamente dirijo mis ojos al suelo. El, inmóvil ahora frente a mí, no me dice nada, no hace ningún gesto de acercamiento. En la mano derecha lleva una cartera negra, de cuero. La reconozco. En ella guarda sus escritos. Está escribiendo un libro. Ahora lo recuerdo. Está vestido con un abrigo largo de color oscuro y cubre parte de su rostro con una bufanda blanca. Yo tampoco digo nada. No puedo hablar. Comienzo a llorar desesperada, sin poder controlarme. Por un camino cercano se aproxima un coche de caballos. Eduardo corre a su encuentro sin despedirse de mí, sin decirme ni una sola palabra. Me abandona. Ni siquiera vuelve la cabeza para mirarme cuando alguien, desde el interior, le abre una puerta. Lo veo subir y desaparecer.

Elsa tenía los ojos cerrados pero no dormía, su expresión era vigilante. Esta vez el silencio fue más prolongado. Pensé que debería despertarla y terminar ya la sesión. Pero ella, sin ser interrogada, habló de nuevo:

-La playa está vacía y hace mucho frío. En la arena, junto a mí, hay láminas de hierro cubiertas de robín. Están agujereadas. Presiento algo horrible… Un dolor insoportable. No veo nada… Se me van todas las imágenes… Ahora llega Eduardo. Ha envejecido muchísimo. Su pelo, muy alborotado, se ha vuelto blanco, sus mejillas están muy afiladas, sus ojos se mueven inquietos de un lado a otro con una mirada desapacible. Es la locura. Ese es precisamente su aspecto: el de un loco. Apoya sus manos en la balaustrada blanca que tiene delante. Desde allí contempla una playa donde se ven restos desperdigados de barcos destrozados. Allí he muerto yo. Lo sé. Y por eso él contempla ese lugar cada día. Mi muerte ha sido horrible. Él lo sabe. Pero yo no puedo recordar nada. Sólo tengo impresiones vagas y lejanas que me asustan.

Elsa hablaba en voz muy baja, casi imperceptible. Finalmente se agotaron sus visiones y se abandonó a la total laxitud. Esperé durante unos minutos antes de empezar a contar hasta el número diez. Cuando di una palmada, señal que la devolvería a este mundo, ella abrió los ojos y se quedó muy quieta mirando el fuego, sin interesarse por todas aquellas escenas que había ido nombrando en voz alta y que yo, a petición suya, había escrito con detalle. Rechazó los folios que le tendía alegando que no necesitaba leer nada, pues recordaba con precisión todo cuanto había visto. Me pidió con sequedad que la dejase sola. Se encontraba muy cansada y deseaba estar en silencio y dormir pronto. Me marché entonces dejándola prendida a unas imágenes que evidentemente estaba incorporando a su memoria como si fueran recuerdos muy profundos, como si constituyeran un pasado que le pertenecía.

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Comentarios El silencio de las sirenas, Adelaida García Morales

Hoy estoy un poco espesita ... no consigo dormir y estoy muy cansada
... he leido tu página y me ha encantado ...
Besos y abrazos ... amiga de Alma ... cuidate.
Querida Ágatha, enhorabuena por tan trabajado blog. El próximo viernes 11 de junio haremos un breve comentario del mismo e nuestro Blog literario Asamblea de palabras, para que nuestras lectoras y lectores lo conozcan.
Un saludo.
Francisco Cenamor Francisco Cenamor 04/06/2010 a las 16:52
esta precioso y eres unica por que ya con tu relato cuentas la trama  desmenuzas la esencia la haces asequible  a cualquier lector
María, estoy convencida de que este libro te encantaría.  Te lo recomiendo.
Muchísimas gracias Francisco por tus palabras, quedo a tu disposición
Saludos desde Valencia
-Gracias Lucy, como siempre por tus palabras y tu cariño.
Un beso gigante.
hola, soy Viviana, una china que estudia español por el momento. y en este septiembre voy a seguir mis estudios en la Universidad de Santiago de Compostela. muy contenta en visitar tu página. me gusta muchísimo tu estilo de escritura. podríamos hacernos amigas?  jajajaja

espero que  me escribas muy pronto.

añádeme como tu amiga en MSN

tumisuipian@hotmail.com

muchos besos 

                                                                                      Viviana TY 
Viviana TY Viviana TY 25/06/2010 a las 02:30

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