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El siglo XVIII: El ideario ilustrado.

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El ideario ilustrado

El siglo XVIII o Ilustración es un siglo que se caracteriza ante todo por la renovación en todos los aspectos de la vida. Esta transformación abarca desde finales del XVII, cuando algunos grupos minoritarios de intelectuales científicos y políticos comienzan a manifestar su descontento ante la situación de la España de Carlos II hasta la Guerra de Independencia de 1808, cuando se produce la frustración y todos esos intentos reformistas se liquidan.


Desde una perspectiva política es un siglo dominado por la monarquía absoluta y centralista (abolición de los fueros, unificación de la corte castellana), lo que significa que el poder del rey aparece fortalecido al máximo y que las instituciones sociales están dirigidas por su círculo de confianza, hombres con una sólida formación intelectual que pertenecían a la burguesía alta.


Son los ilustrados, un grupo privilegiado que configura un nuevo concepto de época, basado, ante todo por los valores burgueses de la nueva clase antidogmática y racionalista.


La burguesía afianza su papel económico, social y político, lo que provoca la disolución del arte cortesano barroco. El gusto burgués domina ilimitadamente. Los mismos ilustrados proceden en general de familias acomodadas burguesas ( comerciantes, militares, burócratas de la Administración Central), que han podido estudiar en universidades españolas y extranjeras y que han viajado por Europa, en viajes incluso subvencionados por el Gobierno. El conocimiento de lo que se publica –ciencia y literatura- en Europa llega a España a través de ellos ( viajes, educación en universidades extranjeras y libros que expanden el saber), aunque la censura inquisitorial pone algunas trabas de importancia: multas, destierros, corrección de “errores”… sobre todo en los libros que suponían un ataque a la religión, la moral o la política. De Francia fundamentalmente se toman, también, sistemas y técnicas para mejorar la economía, la agricultura, etc.


Esto último determina el llamado “afrancesamiento del siglo”. Europa está culturalmente invadida por el pensamiento y la poética francesas, por su lengua y su arte, por su cultura y su ciencia.


Debemos entender que la Ilustración fue ante todo una actitud mental en la que al orden autoritario de la Edad Media, establecido sobre Dios y la salvación, se contrapone la soberanía de la razón.


Su ideología tiene como orientación fundamental el propósito de secularización de la cultura, iniciado por el Renacimiento e interrumpido durante la Contrarreforma y el Barroco, y que se apoya en el perfeccionamiento de las ciencias. Las ciencias proporcionan un dominio del mundo y sobre todo una conciencia de ese dominio. Era la soberanía del hombre terrenal en un mundo terrenal. Así se disocia lo sobrenatural y lo natural y para la esfera de lo humano es la razón la que tiene la última palabra. Y este es el propósito último: disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. Se pone en duda la autoridad de la revelación, la tradición, la teología y la escolásticas como fuentes de conocimiento. Se proclaman como medios para alcanzar la verdad la razón y los sentidos, la experiencia (como base del saber enciclopédico). Se postula la separación entre Estado e Iglesia.


Ello destruye la aspiración de la Iglesia a intervenir en el mundo, y emancipa sectores sociales concretos, liberándolos del control eclesiástico ( aunque en España este proceso se retrasa mucho por la Inquisición).


Los reyes entienden su estado sancionado por Dios, pero determinado por intereses socio-políticos. Se instaura un Derecho natural de Estado, que genera una conciencia de su soberanía y un proyecto encaminado al bien de sus súbditos. La fórmula del Despotismo Ilustrado: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. La palabra clave de los ilustrados es el “reformismo”, reconstrucción interior, que busca ante todo el progreso social.


En este proceso pensamiento y poder se apoyan mutuamente y hacen posible el triunfo de la Ilustración. Un paso previo fue necesario: la expulsión de los jesuitas -porque hacen voto de obediencia a un poder extranjero, el Papa, y porque monopolizan la enseñanza que los ilustrados quieren reformar-. Fueron expulsados sucesivamente de Portugal, Francia y España.


A lo largo del siglo la lucha de neoclásicos e ilustrados no fue contra el poder político establecido – al que apoyaron-, sino contra otros poderes, básicamente la nobleza y la iglesia; también se quejaron de la deplorable situación cultural de la masa del pueblo. Pero ello no quiere decir que se dé una lucha de clases entre burguesía y aristocracia: la burguesía sigue aceptando el modelo del Antiguo Régimen, eminentemente aristocrático, e incluso sigue ambicionando los títulos nobiliarios y la distinción social que comportan.


Por otra parte la Inquisición se convierte en el más eficaz perseguidor de los Ilustrados, penando la tenencia de libros prohibidos y controlando los escritos. Los ilustrados se cuidan mucho a fines de siglo de escribir algo a favor de la Revolución Francesa.
Podríamos dividir a los ilustrados españoles en tres grupos genéricos:


1. Tradicionales. Cadalso, Forner… Están contra las modas extranjerizantes, pero afirman la necesidad de reformas.
2. Cristianos ilustrados: Son la mayoría como, por ejemplo, Feijoo.
3. Revolucionarios extranjerizantes. Son un grupo menor, y cuya influencia fue bastante pobre.


En la última década ( Carlos IV) con la génesis del liberalismo, cambia la vinculación entre ilustrados y monarquía. Las nuevas generaciones ( Quintana, el último Jovellanos…) expresan un nuevo concepto de patriotismo, en el que no se trata de ensalzar a los borbones, sino al pueblo español y su libertad. Se expresa la idea de que España es monárquica, pero si tiene un mal rey que no vele por su pueblo, tiene derecho a vivir sin rey o a gobernarse por sí misma.


El miedo de las clases dirigentes tras la Revolución Francesa produce una involución de la política ilustrada. Las tensiones entre liberales afrancesados y conservadores se acrecientan creando un clima de inestabilidad interna. Es obvio decir que muchos ilustrados serán en esta etapa perseguidos y que muchos acabaron en el exilio. El primer exilio masivo de la época moderna.


La primera parte del siglo es una época de tanteos, aunque ya aparecen personajes como Feijoo y Luzán, máximos representantes del nuevo espíritu. Será pues a mediados de siglo cuando el equipo ilustrado suba al poder y cambie el signo de la época.


En el orden eclesiástico, económico y social, los logros del reinado no fueron despreciables, pero se perdieron en buena parte debido a los acontecimientos de la política europea: El estallido de la Revolución Francesa asustó a nuestros gobernantes - y a los de otros países- y lo que había sido un esperanzador camino de reformas acabó en un movimiento represivo, incluso en una regresión total.


En el campo literario, los frutos de la nueva mentalidad ilustrada y clásica fueron tardíos. Las obras representativas en los géneros de creación – lírica y teatro- se producen en las dos últimas décadas del siglo o dentro ya del siglo XIX, cuando en toda Europa estaban ya en plena acción las nuevas concepciones románticas.
No obstante la herencia del XVIII es más importante de lo que parece: en la prosa del XIX y en el XX continúan lo conseguido en el XVIII ( estilo sencillo, objetivo, claridad) y el teatro neoclásico sienta las bases del teatro burgués.

 

Literatura- Cultura- Enciclopedia- Los valores burgueses


En el siglo XVIII el concepto de literatura se amplia, hasta incluir con carácter enciclopédico casi todas las ramas del saber. De ahí el significado de “literato” o “literatura” como sinónimos de “cultura y culto”. Para los hombres del XVIII la literatura significaba cultura o sabiduría, un conjunto de saberes relativos a las ciencias, las artes, la política, la erudición, la filosofía, etc.

 

Este proyecto de fusión de saberes se da de forma canónica en los enciclopedistas franceses ( Diderot, D´Alambert), que sistematizan el saber. La Enciclopedia es una obra burguesa, suma filosófica del siglo XVIII, opuesta a la Suma Teológica de Santo Tomás, que ensalza los principios forjados por toda una clase social desde el Renacimiento: racionalismo, positivismo y utilitarismo), y a través de éstos se difunde por Europa el racionalismo de Spinosa y Descartes, el experimentalismo de Bacon, el sensualismo y empirismo de Locke, la física de Newton con su idea de la armonía universal, el escepticismo de Bayle, el optimismo y la armonía preestablecida de “el mundo está bien hecho” de Leibniz, etc.


La crítica enciclopedista inspirada en nuevas doctrinas, fue minando progresivamente los fundamentos religiosos y políticos en que hasta entonces destacaba la organización de la sociedad y prepara así el camino de la Revolución Francesa en 1789.
Así pues, arte y ciencia van unidos, de modo que la finalidad de ambos se aproxima. Ello implica necesariamente una despersonalización acusada en la labor creadora. El arte se hace menos subjetivo, menos personal, más uniforme y universal, y se da prioridad a una concepción política del mismo. Esta tendencia anti-individualista deriva directamente de la idea absoluta del Estado.


Los representantes del clasicismo oficial quieren poner freno a la libertad artística, a los gustos personales. Exigen un arte de validez general: nada que sea arbitrario, raro o peculiar, misterioso, sino claro y racional.


Esto configura un ideal de arte útil, una creación con una finalidad práctica: se persigue la utilidad y la enseñanza. El arte por el arte rara vez tendrá defensores, puesto que la actividad artística no debe estar aislada de las preocupaciones humanas. El arte debe servir al compromiso de construir una sociedad mejor. Literatura comprometida, como responsabilidad pública.


Así pues, el arte del siglo XVIII se pone al servicio de las ideas ilustradas: el progreso, la estimación del trabajo, el hombre práctico, la virtud, la felicidad, la novedad.
El modelo de hombre no es heroico ni discreto (en el sentido de Gracián) sino práctico: un hombre formado en el conocimiento más verdadero de la realidad : la ciencia, es la única que permite medir la realidad.


La superstición es un síntoma de este falseamiento de la realidad, que proviene de la ignorancia: de ahí el rechazo de la creencia en la magia y de los falsos saberes próximos a ella: la astrología, la quiromancia, etc. (Feijoo)


Los ilustrados tienen una concepción providencialista y optimista del hombre: La idea de que el hombre es un lobo contra el hombre, es una realidad que define el estado degradante al que han llegado los seres humanos y la filosofía tiene la función de superar esa condición, reeducando al hombre, infundiéndole las virtudes que lo harán capaz de convivir con los demás. Son términos absolutamente dieciochescos los de sociabilidad e insociabilidad.


De estos dos términos se sigue otro: la urbanidad, término sobre el que Feijoo escribirá un largo discurso.


Todo ello conduce al progreso, entendido como marcha hacia adelante. El progreso implica perfeccionar la condición humana. Se confía en la educación cívica y progresiva, capaz de hacer progresar al individuo en una sociedad más sabia y feliz. Es la utopía del progreso indefinido, conseguido a través de la razón.


Para alcanzarlo los hombres deben ocuparse de las actividades económicas : el plano de la aplicación práctica rige todo el pensamiento de los ilustrados. En la educación física, en la enseñanza de las artes, en la de las ciencias, en el estudio de la historia… hay que estar atentos a la utilidad, y tomar sólo aquello que sea útil a la sociedad, todo aquello que contribuya a dar comodidad y culto a la vida, que son los fines a los que se dirige el saber humano. De ahí la veneración de los ilustrados por los trabajos útiles a la república y de ahí el empuje que se le da a los trabajos sobre economía: la reforma económica se supedita a lo demás.


El elogio del trabajo, la afirmación de los placeres corporales, de los bienes de la abundancia, y por encima de todo, del orden es lo que comporta el pensamiento ilustrado, el pensamiento burgués. El principio axiológico fundamental de esta mentalidad es la búsqueda de la felicidad que aparece mundanizada, relacionada con el epicureísmo, en cuanto a la tranquilidad, o la defensa del espíritu. De ahí que abunde tanto la defensa de la naturaleza y del placer de las escenas campestres. Felicidad es lo que con frecuencia pretenden dar los ilustrados al pueblo, pero en sentido de bienestar material.


Y para ello, es necesario un pacto social, hay que convencer a los hombres de que les es más conveniente perder parte de la libertad, en la que se encuentran en un Estado natural ( donde no existen leyes ni jueces) que padecer los daños que esa misma libertad produce, dejándolos expuestos a los injustos y egoístas apetitos de otros. El hombre es un ser natural y libre, pero tiene la necesidad de vivir en sociedad. Esa sociedad deberá construirse según principios naturales ( derecho natural) para poder lograr la integración y la felicidad – que es derecho del ser humano- de los hombres insertos en ella: tolerancia, beneficencia, virtud social… Parte de la libertad humana es delegada en los gobernantes de la sociedad, quienes tienen la obligación de conseguir la realización de los derechos naturales de los individuos. Este gobierno- rey debe garantizar la libertad personal, de movimiento, de comercio, de industria, la igualdad ante la ley, el derecho a la educación y la enseñanza. La política, en cambió, será patrimonio del rey y de los hombres de su confianza, hombres cultos, ilustrados. Hay pues tolerancia, pero no libertad de pensamiento ni de religión. Este sistema político es el Despotismo Ilustrado: el Estado es el centro absoluto de poder. De esto deriva la virtud que no es, por lo general, una virtud religiosa, sino laica y ciudadana. 

Por último, un término que fue surgiendo a media que avanzaba el siglo XVIII es el de patriotismo y nación. Patriotismo es la fuerza moral que asegura la cohesión, la conservación y la grandeza de las naciones. No obstante, junto a todo este sistema de valores y principios aceptado por la generalidad de los ilustrados, está presente una vía que posibilita la dialéctica de este siglo, el contraste: este contraste parte del concepto muy valorado en el neoclasicismo del hombre sensible. No es justa la imagen de hombres fríos, carentes de espíritu o sensibilidad artística que se tiene de los ilustrados. El hombre neoclásico se apoyó tanto en la razón como en la sensibilidad y la emoción. La razón normativa por una parte y la emoción, la sensibilidad por otra, son los polos de la dualidad dialéctica dieciochesca. Ambas virtudes se potencian mutuamente y conviven durante el siglo en las obras de todo género ( en la comedia sentimental y neoclásica, en la prosa discursiva, en la lírica…).
El ilustrado es un hombre partido por dos, un hombre en realidad frustrado pues percibe la incompatibilidad existente entre el laicismo que preside las nuevas ideas y sus arraigas y tradicionales creencias religiosas, un hombre que ve como los grandes ideales estoico-cristianos son desdeñados en una Europa laica que se va alejando de la tradición.

Temas y motivos literarios:


a) La naturaleza. El naturalismo como ideal. El hombre es naturaleza y la domina. La naturaleza se muestra como bella y noble y el hombre expresa en ella lo mejor de sí mismo. El tema de la naturaleza arrastra diferentes motivos: uno de ellos es el buen salvaje, el del hombre primitivo, cuya bondad era elogiada. Otro aspecto es la experiencia del viajero ilustrado, el descubrimiento de nuevas culturas que muestran nuevos avances. Estos motivos conducen a otro. El mito de la Edad de Oro. Se piensa que llegará un día en el que los hombres, perfeccionados por la razón y la naturaleza, y unida la familia del género humano en sentimientos de paz y amistad, se establecerá el imperio de la inocencia y se dará cumplimiento a los altos fines de la creación humana.   ( Jovellanos)


b) El tema del hombre de bien, tema específico del siglo XVIII. Esbozado por Luzán y después por Cadalso en sus Cartas marruecas. Es la virtud y su código moral los únicos que pueden dar al hombre la felicidad y convertirle en un hombre de bien. Este hombre de bien es generoso, tiene una tendencia racionalista en lo religioso, subordina el yo a la sociedad y concibe la felicidad como meta alcanzable por todos los hombres a través de la tolerancia y la compresión mutuas. Únicamente entre los hombres de bien existe la verdadera amistad ( tema de la amistad y la fraternidad de Noches lúgubres), por eso, son amigos los tres personajes de las Cartas marruecas, a pesar de las diferencias de edad, religión o educación. Su virtud es una virtud moral, cívica, social. No basta ser bueno para sí y para unos pocos, es preciso serlo para el total de la nación y poner las propias cualidades al servicio de la patria. Alcanzar todos estos valores es más importante para Cadalso, que adquirir un conocimiento científico o literario.


c) El tema del filósofo, es el hombre que actúa siempre con el instrumento de la razón y la crítica. Representante del ilustrado.


d) El tema de la alabanza de la ciencia, las artes y las instituciones: importancia del pensamiento pragmático. La poesía se dedica, por ejemplo, a cantar los avances técnicos y científicos, porque los hombres están entusiasmados por el progreso y prefieren la aventura del saber a la épica guerra. Por otra parte, es importante el idealismo que considera la cultura como fuente de felicidad.


e) El tema del vulgo: este tema barroco por excelencia se renueva y amplia. El vulgo ignorante no es sólo el pueblo, sino también la nobleza, el clero, los profesores universitarios y todos aquellos que no han entrado en los presupuestos ideológicos del siglo de las luces. Este vulgo es preocupación constante de los ilustrados y ven en él a un hermano menor de edad, que es preciso proteger, fuente de supersticiones y carente de razón. Unos, la mayoría, confían en la posibilidad de promocionarlo y educarlo; otros, como Sarmiento, creen que la necedad es imposible de curar. Cadalso, por su parte, piensa que lo más prudente es no remover sus creencias pues, si el vulgo se metiese a filósofo y quisiera indagar en la razón de cada cosa, podría llegarse a una desestabilización político-social.


f) Junto a esto está el tema de la crítica de la nobleza ociosa (Feijoo, Cadalso, Jovellanos, Meléndez…), que no es un ataque al estamento social como tal, sino a los que no son dignos de él, a su degeneración . Tema de la nobleza de mérito frente a la nobleza hereditaria. Ello va unido al tema de la educación de la nobleza.


g) La mujer: la elevación del nivel de vida, el deseo de comunicación, la intervención de la mujer en la vida social, son temas afines. La mujer es la destinataria y la heroína de las novelas y de ella habla los periódicos. Es preocupación importante en Cadalso, Jovellanos, Iriarte, Moratín. Feijoo llega incluso a defender la igualdad de la mujer y del varón (aunque esto sea únicamente una teoría, como demuestran las comedias del siglo). Moratín reconoce el derecho de la mujer a una educación libre y honesta. Preocupa la vocación religiosa de la mujer, no muy aceptada por los ilustrados, pues la mujer es necesaria para la formación de las familias, unidades sociales esenciales. En el amor la mujer aparece por primera vez como sujeto activo, y en la sociedad como portadora de la ideología básica para la educación de los hijos y el ambiente familiar. La mujer ese l nuevo público y no sólo es lectora sino que se dan algunas escritoras de cierta importancia: Beatriz Cienfuegos, Josefa Amar.


h) El tema de las corridas de toros: se ataca la crueldad y barbarie de la fiesta nacional, como sucede, por ejemplo, en Cartas marruecas.

La poética neoclásica:

El Neoclasicismo tiene su origen en Francia ya en el siglo XVII.


En Francia las tendencias barrocas eran arrolladas por un gusto basado en la razón y en los modelos grecolatinos. Surge una literatura medida, sin grandes atrevimientos ni desigualdades ( medida, igualdad, equilibrio entre las partes, armonía: principios aristotélicos). Se busca la contención.


El afrancesamiento provoca la influencia de estas tendencias en toda Europa, de ahí, esa interpretación racionalista de las normas artísticas usuales en las poéticas de la antigüedad. La obediencia a las reglas es condición indispensable para que una obra obtenga la aprobación de los doctos, que no contentos con el goce de la belleza, exigen que el arte responda a un fin didáctico. El afrancesamiento no estuvo exento de polémicas, puesto que durante este siglo comenzó a forjarse el espíritu nacionalista.

Fruto del afrancesamiento, los ilustrados contraponen el latín, lengua en la que se expresan de forma hinchada los falsos sabios y el francés, lengua en la que se halla el saber verdadero y útil, tanto en lo relativo a la sociedad como a la naturaleza. Esta idea es propagada por Feijoo.


Junto al interés por la incorporación a las corrientes europeas, existe también el esfuerzo por reactivar las raíces del espíritu nacional, se investigan – por ejemplo- los orígenes de la grandeza española en la Edad Media y sobre todo, en el XVI. Estas dos posturas complementarias servirían de base para que la Generación del 98 forjase sus ideas de regeneración de España. 

En el terreno artístico, encontramos el corsé de las reglas sujetando la inspiración. Si hay leyes para la Naturaleza, también debe haberlas para el arte, que es imitación de la Naturaleza. La imaginación es considerada como un manantial de ilusiones que es preciso disciplinar. El genio artístico es aquel en el que confluyen los ideales científicos y los artísticos. Es importante el estudio en la configuración artística. Sobre estos temas se llegó a polemizar. Es la llamada disputa entre antiguos y modernos o entre la tradición y el progreso, la razón y la emoción.


Esta disputa se centro en la polémica sobre las relaciones entre las reglas y el genio, entre la imitatio y la inventio, o entre los modelos clásicos y el arte contemporáneo.
El barroco había asumido la teoría aristotélica del docere et delectare, pero con una diferencia: la obra de arte tenía que responder a la idea del artista y no ser mera copia de la naturaleza.


El arte ilustrado, en cambio, acentúa el dócere, desnuda la retórica y la imitatio, como en el Renacimiento. El docere se convierte de este modo en la piedra angular del arte dieciochesco. Por lo tanto los partidarios de las reglas y la imitatio consiguen vencer.
Existen en España dos aspectos básicos de esta polémica:

a) La interpretación de las reglas como un conjunto de peculiaridades que conducen a la calidad poética por sí mismas.

b) La presentación de las reglas como condición sine qua no para la existencia de verdadera poesía, por el valor objetivo que les concedían los racionalistas

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