Avisar de contenido inadecuado

El sendero de la verdad

{
}

 

El sendero de la verdad

Tenía miedo. Todo estaba oscuro. Miles de lágrimas caían de mis ojos. Oía sirenas de ambulancia y coches de policía. Escuchaba voces de gente misteriosa repitiendo una y otra vez que no había esperanza. Llovía a cántaros y el suelo temblaba cada vez que escuchaba un trueno.

Me hallaba en el sótano. Estaba acurrucada en un rincón enmohecido cubierto de un espantoso olor a humedad. Mi cuerpo entero temblaba sin cesar. Estaba rodeada y cubierta de un líquido espeso. Sangre. La pierna me dolía y me escocía como si me estuvieran clavando miles de cuchillos afilados. No podía moverme. Me di cuenta entonces de que me habían disparado.

Entre las cajas que se hallaban diseminadas por la habitación divise un objeto brillante. Intenté desplazarme a rastras hasta el objeto. Avanzaba lentamente, con dificultad. Quería gritar pero mi garganta solo emitía un débil jadeo. Me encontraba ahora a escasa distancia de mi objeto. Alargué mi brazo derecho con todas mis fuerzas hasta que pude cogerlo. Era una pistola. Sabía con seguridad que se trataba del arma con la que habían disparado a mis padres y me habían herido a mí. Tenía pues ante mí, el arma homicida. Examiné detenidamente la pistola que sostenía con mis manos. No tenía balas.

Fue justo en ese momento cuando escuché golpes procedentes de una ve las ventanas, situada en el jardín trasero y que era la que estaba más cercana a mí. Me estremecí. De pronto el cristal cedió en mil pedazos. Un hombre con la cara cubierta con un pasamontañas atravesó la ventana hecha añicos y se dirigió hacia mí empuñando un revólver.

-No haré daños a nadie más, si me la das; en cambio, si no me la das… te mataré a ti y a toda tu familia- me dijo, agudizando la dureza de su voz, ya de por sí, fría, inexpresiva.

-¡No tengo familia, idiota! Tú has acabado de destruirla- le susurré con voz ronca, mientras mis ojos no paraban de producir lágrimas cada vez más amargas.

-Pues en ese caso- me contestó despreocupado, mientras cargaba su arma- acabaré contigo y con todos tus amigos y conocidos y si no tienes… pues… morirás sola.

La furia me quemaba por dentro. ¡Qué fácil es chantajear cuando tienes un arma a tu disposición!

Sabía perfectamente que las palabras de ese hombre no eran irónicas. Él era capaz de acabar con la vida de tantas personas como quisiera, ya lo había demostrado matando a mis padres.

-No te lo repetiré más, niñata; dame eso o disparo- me amenazó.

En ese instante, un policía abrió la puerta del sótano.

-¡Alto!- gritó el policía- Suelte el arma- continuó.

Desobedeciendo las órdenes del policía, el hombre salió corriendo.

El guarda pidió refuerzos por el “walkie talkie” pero ya era demasiado tarde: el asesino –como la niebla- se había desvanecido.

Me curaron la pierna y me llevaron a la comisaría. Desde allí me enviaron a un orfanato situado a las afueras de la ciudad.

Esta mañana he cogido el periódico. Mientras hojeaba  las noticias del día, un titular llamó mi atención:

“Después de dos años, se cierra la investigación del asesinato de Marcos Navarro y Ana Rodríguez por falta de pruebas”.

Lo arrugué, con todas mis fuerzas. Luego pensé que nadie podía hacer nada más. El asesino se había esfumado y se había llevado con él, la vida de mis padres. ¿Por qué? Nadie, ni siquiera yo misma, sabía la respuesta y estaba segura de que nunca lo descubriría. Ni siquiera tenía un móvil, el motivo que provocó la refriega y la muerte de mis progenitores. ¿Qué quería de ellos? Las preguntas se colgaban a mi boca como mordazas, impidiéndome respirar y sin dejar ningún resquicio que me mostrase el “sendero de la verdad”.

Miré por la venta. Observé a las familias que se paseaban por la calle y un halo de nostalgia me invadió. Me imaginé a mí misma, paseando junto a mis padres, por las calles de la ciudad. Seguí observando a los peatones. Unas gotas empezaron a caer desde el cielo y después de mis ojos. Cerré los ojos y me sumergí en los recuerdos del pasado como si éstos se desentumeciesen y pudiesen volver a través del túnel del tiempo.

Raquel Sánchez Villanueva.

{
}

Comentarios El sendero de la verdad

Un texto interesante, me gusta leer esas historias que escribes.
Besos.

Deja tu comentario El sendero de la verdad

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.