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Selección poética: Mi nube azul

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Selección poética Mi nube azul


Creí que me había equivocado,
luego pensé
que estoy bien aquí en mi nube azul.
Fito Pitipaldi


Ven a bailar - dices-
y saltas a la pista decidido.
Te vuelves ritmo,
aire en el aire.
¡Puro equilibrio!
¡Estás envenenado,
hechizada tu piel!
Los ojos de la gente
se beben tus piruetas,
y miran atónitos tus saltos,
tus giros eléctricos.
Es una sensación múltiple:
tu mente en blanco...
se cruzan los cables de tu razón
y echan ¡CHISPAS!
De hiedra la música,
de vértigo, tú.
-¡Ven! - y me alzas.
Tus manos aladas se enredan,
giran, danzan...

Ahora me estrechas,
ahora me curvas.
De viento tus pies,
de risa mis ojos.

Horizontal te miro.
y dices: - ¡Ven!
¡Cúrvate! ¡Aléjate!
Vuela, cual cohete.
Vuela, cual estrella.
Ya eres sublime, humo.
Desnúdate del mundo.
¡SOMOS TÚ, YO Y LA PISTA!
¡Sofoca el miedo!
-¡Ay que me lío...!
-¡Ay que no sé!
-¡Ay que me voy a caer...!
¡DÉJAME!


Que yo prefiero otro baile.
Que yo prefiero
bailar en tu alma, ¿ves?
¡Eso sí sé!

 

Te siento
en el más pequeño rincón
de mi persona.
Tímido y decidido
a recoger pedacitos de mí.
Eres como una sombra pálida
que se asusta de mi soledad.
Parece que temes
mi silencio sordo
que te muerde
en los labios.
Pero tienes ternura
Pero tienes belleza limpia
Y te siento
en el más pequeño rincón
seguro.

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Voy a decirle a ella
que no me sé
cuando empecé
a amarte,
que fue un ayer lejano
cuando sentí
que te quería.
Y cuando esté contigo
ella sabrá que yo
ya respiraba por ti.

Si ella te ama, sabrá cómo te amaba.
Si ella te besa, sabrá cómo besaba.
Si ella te siente, sabrá cómo sentía.
Si ella te quiere, sabrá cómo quería.

Y sabrá cuántos días y noches eternas
lloré en tus brazos.
Y sabrá que me alimenté de tu sueño
que yo no te conocía y ya te quería.


Y sabrá que por su culpa,
yo te maté,
que por ella que perdí de ti
todos los lazos.

Y ahora ella no te reconoce,
ni sabe quién has sido
ni cómo te comportarás mañana.

 

¿Te vas? Oye, escucha...
Mañana oiré el silbido del viento.
Te veré maullar. Te sentiré al alba.
Me abrazarás, mío, único, suave: Hielo.
Me besarás. Contigo sentirás que vibro.
Me salvarás de la rutina. Te contaré
lo que sentía cuando te ibas.
Sabrás
que veo tus palabas en los cristales.
Sabrás
que estás conmigo cuando caigo o lucho
en la vida de corcho, calles salvajes.
AULLIDOS
Y
SILENCIO.

La penumbra del sueño, acabados besos.
Ahogarás los dedos en la piel de mis ojos
y estará el tiempo roto
de tanto perderse en recuerdos.
Vaho, niebla
y lloré.

Sabrás, sí oirás
que recuerdo lo que gritas.
Si te vas, no podrás acabar con el amor,
te llevará la soledad al pánico
y sentirás la ternura
que ahoga la ciudad
y te hace volver sobre tus pasos.

 

Corre, date prisa.
Ven pronto y no tardes.
Aquí estoy yo,
todavía esperándote.
Pronto llegará a su fin
la inútil mecha que prendí.

No te detengas ante nada
sé libre, ven a mí.
La ira del viento,
el oleaje,
te impulsa dentro.
Hondo, hondo es el amor.
Dulce almíbar.
¡Qué extraño eres!
¿Te detienes?
¡Volátil eres!
¡Niña, que te caíste otra vez!


Espero que vivas
soñando conmigo.
Arquearía el sentimiento
y te lo diría
si fueses mi amigo fiel.
No me sonrojaría
ni bajaría los ojos
cuando soñases conmigo.


Te vi entre una multitud
y quise gritarte que me habías hecho daño
pero helaron mis ojos tu ternura.
Sonreías. Hablabas de ti y es que era inútil
hablar de nosotros.

Me marché sigilosa. Leí en tus ojos
que ya no recordabas mi recuerdo.

De repente vi tus sueños. Aquellos besos...
Sentí la caricia del silencio, la sentí.
—¿Te acuerdas? — di—.
—¿Te acuerdas? —.
Pequeño bálsamo tus detalles
mientras bebíamos de nosotros
con avidez.
No hubo fuego pero las caricias
de tan altas deslumbraban.
Y lloraban tus ojos. Yo cogía tus lágrimas
con la yema de mis dedos
y las besaba despacio.
Y cuando tú te ibas a tu mundo,
yo te seguía fiel. No preguntaba.
Sólo te acompañaba.

Jamás dije: —¡Sé mío! —.
Y fui tuya.
Y cuando borraste el amor
yo supe que era inútil atrapar el viento
y te dejé marchar libre.
Y tú pintaste un álgido beso en mi frente
y me dejaste
toda la libertad del mundo.
Ahora sé para qué me la diste.

Para que te olvidase y fuese de nácar
tu recuerdo.

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Ya está aquí el fin de semana y vas a venir.
¡Qué fiesta! ¡Qué risa! ¡Qué sed de ti!
Apresúrate amor, apresúrate...
Cuelga el cansancio en la percha,
deja ya las espinas, la toalla de sangre
y ven a mí.
Y mi foto mírala. ¡Qué descarada!
Cómo ríe, cómo baila
en el hueco de tu mirada.
Pero venga date prisa,
que mi cuerpo se está poniendo
el traje de fiesta: las medias negras,
la blusa, la falda que más te gusta.
Y mi pelo lo estoy peinando de gemas:
estirado, revuelto, libre ya mi melena
de las gomas, los moños,
describe tirabuzones de seda.
Pero apresúrate amor, apresúrate...
que yo estoy escribiendo
todos los sueños, los besos y las caricias
que van a cubrir tu piel.
Mientras me estoy vistiendo
y me empino para pintarme
los ojos y los labios, mi foto
¡qué traviesa! atraviesa el espejo
y no quiere que te vayas.
Pero tú ya la has besado y te marchas.
Mi foto se queda helada, triste
y tendrá celos de mi boca y de mi risa
como si no te tuviera ella todos los días
mientras yo estoy tan sola.
Pero apresúrate amor, apresúrate....


Esta mañana cuando salías de casa
te seguí como el viento sigue a la mañana
o la espuma sigue al oleaje.
No quería abandonarte
y mi silueta se disolvió en la tuya
y abrochó mis pasos a tus pasos.
Detrás de tus sueños me vi,
idéntica a como tú habías querido pintarme
con el punzón de tus recuerdos.
y borré con migas de pan
el hastío y el cansancio.
Tenías frío y yo te abrigué con mi aliento.

Te di toda la energía que tú habías vertido
y pinté de risa
los cristales de tus ojos.
Tracé una y otra vez tu nombre
y ebria de ti, dibujé mis ojos, mi cuerpo…
Y entre las calles presentías mi respiración.
Te preguntabas si era mi olor, mi perfume,
mi recuerdo, lo que tiraba de ti
lo que no te abandonaba.
Y te aseguro que no era
ni mis risas ni mi cuerpo
era todo mi aliento que no te abandonaba.

 

Estoy corriendo hacia ti desesperadamente.
Luchando por olvidarme de él, por romperle los ojos.
Luchando por friccionar el adiós, por volverme a ti: nuevo.
Luchando por desgastar los dementes recuerdos.
Mil espumas de sueños locos.
Mi alma nívea ahoga mi inocencia
en tu pasado.
Jamás veleta del vértigo
Jamás si llegas tú a mí.
Tú si vienes retornarás esa manía
de ser de hiedra, el bosque
que pueble tu alma de hojas.

 

Quiero gritar que te quiero
pero mi garganta está seca
y en un puño de angustia
se rebela contra mí.
Me separa de ti una incertidumbre ciega
como ciega es la soledad en la sombra.
Te alejas de mí, sintiendo que te oprimo.
Me crees quizá demasiado
para tus ojos dulces.
Estás demasiado cercano
a esa dicha opresora.
Demasiado alejado
de mi humilde soledad.
No, no te puedo buscar.

Ya no soy esa amiga
que se siente fría o herida.



Esta noche soñé
que tú mirabas mis ojos
y me decías: Te quiero.
Soñé que yo te hablaba sin complejos
y tú me contestabas sonriendo.
Soñé que los dos mirábamos el cielo
y nos fundíamos en un beso.
Soñé que tú decías: Mira, somos libres,
como las gaviotas, libres para querernos,
libres para ser felices, ya nada te separa de mí
No temas cariño mío, ¡al fin estamos juntos!
Sí. Yo te escuchaba con los ojos
bañados por las lágrimas,
lágrimas que sólo eran rosas
que se abrían poco a poco.
Tú callabas,
me acariciabas los cabellos
y me decías: mírame a los ojos.
Yo reía, mis ojos eternamente reían
ya sin miedo volaban a ti,
con todos mis pensamientos.
Y así sonreías,
te gustaba mi llanto
porque era alegre,
te gustaba mi voz
porque cantaba alegremente.
¡Me querías tanto!
Soñé que me cogías de las manos
y unos ángeles cantaban
a nuestro alrededor.
Soñé que veía el rostro de Dios
y él nos sonreía dulcemente.
Y esta mañana
cuando el jilguero me despertó
con su amargo canto,
todavía te veía,
todavía soñaba,
todavía mi persona
aspiraba ese canto.


Rápidamente aparto.
el retrato de todo lo pasado
lo sumerjo
hasta ver como se ahoga.

Sin embargo, es inútil
el esfuerzo.
Notas el sabor amargo
a sentimiento.

 

Cada vez que observo tus ojos
no comprendo por qué me sonrojo
y siento que quiero que sueñes conmigo.
Sin conocerte me pregunto
en qué sueña tu sueño
en qué piensas.

En esa vida soñada
lo efímero es eterno.

Arqueo el sentimiento
y respiras vida
dentro de los sueños.

 

El velero se rompe
y yo me voy a estrellar
contra los arrecifes
del salvaje litoral.

El velero se rompe
y una cara compone el tiempo
y las perlas serenas
transportan las sirenas de tus ojos.

Ya estrellé mis miradas de cristal
calentado por ansias
pero inerte ha caído a tu mar
porque entre otros veleros
lo dejaste escapar.

 

Contigo o sin ti.
Estoy contigo
cuando la barrera de la verdad
lo traspasan los sueños.
Y estás ahí, a mi lado.
Ya la niebla se ha desdibujado
y las dudas ya no son sólo mías,
son también tuyas
y se ríen de lo pasado.
Ya el quizás el tus ojos
amanece a mi lado,
ya no tiemblan los dedos,
ya no siento los ojos de los gatos.
Sólo te veo a ti. No siento tu oscuridad.
Sólo siento las luces de la verdad.
Pero luego, ¡amanece! ¿A dónde vas?
¿Marchaste? ¿Ya me equivoqué otra vez?
¿Acaso dudé?
Se ha desdibujado tu mágica mirada,
vuelve el quizás al vaho de la ventana
y sin ti me sumerjo
en un día más.
Pero sigues conmigo. No, ¡ya te fuiste!
¿Por dónde te has marchado? ¿Volverás?
Tu mirada es la diosa del quizá
y sin ti, se sumerge en un día más.
Pero sigues conmigo. No, ya te fuiste.
¿Por dónde te has marchado? ¿Volverás?
Y tu mirada diosa pisa las calles
y sigue a mi mirada bebiéndose mis sueños.
Ya que no puedo besarte a ti, beso esa sensación,
la sensación de que estás cuando no estás.
Todo son simulacros, tan iguales a ti
y te veo venir y te siento gritar ¡Te quiero!,
como gritaste anoche
cuando estabas conmigo.
Y abrazada a mi pánico
no quiero verte, pero te veo
y estoy sin ti, pero estás conmigo.


Envuelta en tu recuerdo
despierto cada día
y nuevamente al alba
me miro en mi agonía.

Me daña ver tu ausencia
y sentirte tan lejano
pero más me atormenta
sentir que en tus ojos
no hay recuerdos que vivan.

Un murmullo de ecos
me guía hasta ti.


Tú trituras mis ojos
cuando intento acercarme
y te alejas muy lejos
cuando intento mirarte.


Yo tengo en mi garganta
tu rostro dibujado
y siento que me miras
sonriendo al pasar.

Pero todo son sueños
que al día siguiente mueren
porque tú no me quieres:
amargo despertar.


Ay!, que de aquellas horas de alegría
le quede al corazón sólo un gemido,
¡y el llanto que al dolor los ojos niegan
lágrimas son de hiel que el alma anegan! (…)
Espronceda

La burbuja de agua
Cuando te besaba
no quería preguntarte si me querías
intuía la verdad
pero no quería oírla de tus labios.
Yo sabía que tú no me querías
que tarde o temprano te marcharías
pero yo te quería más que a nada
en el mundo,
me obsesionaba
lo imposible,
la idea de que tú y yo
escribiéramos nuestra biografía.

Y me engañaba
si no ibas a mi encuentro,
te perdonaba al instante
y dejaba creer
que tú me querías
que el tiempo
todo lo curaría.

El segundo estalló al fin.

Ya no me darías tus besos,
tus besos serían para ella.

Te juro que quise entenderlo.
Te juro con el corazón en la mano
que te esperé.

Envoltura de lágrimas
el día de tu muerte,
Fue una pena ¿no crees?
que se rompiera tan pronto
la burbuja de agua.

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Pues, “ que te vaya bonito”, es lo que  diría.

Me lo ha dicho una flor emocionada.
Me lo ha dicho una niña morena.
Me lo ha dicho.
Tú, que un día te fuiste a puerto lejano
que apenas dejaste una estela de tu amor.

Tan sólo estambres, besos
cuchillos de lágrimas,
palabras vacías.

Quedaron aquí:
esas baladas que eran mis palabras,
el suave cáliz agridulce de tu voz,
esos ojos profundos, cristalinos,
ojos repletos de sentimientos
que hablaban
mil veces más
que hablabas tú.

Me lo ha dicho
y me he quedado ensimismada.
Alegría y tristeza han estallado
al unísono.


No me has olvidado.
No ha muerto mi rostro.
Me llevas, perfume de rosas
en tu pensamiento.

Me llevas…
y quieres volver a ser mi aliento y mi voz.

Me ciegan las luces de llanto,
las horas tristísimas que pasé allí
anhelando respuestas,
anhelando tu dicha,
ese amor que cortaste
y yo dejé morir
aquel amargo día en que tú
te marchaste
y yo auguré que un día volverías
¿recuerdas?

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