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Roald Dahl, Boy (Relatos de infancia)

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El capitán Hardcastle

El capitán Hardcastle ostentaba un bigote del mismo color que el cabello. ¡Y qué bigote! Una visión realmente aterradora. Un seto espeso de color naranja que le brotaba y florecía entre la nariz y el labio superior y le cruzaba enteramente la cara de mejilla a mejilla. Pero no era uno de esos bigotes como cepillos de uñas, recortados, hirsutos y punzantes. Ni tampoco un mostacho largo y caído como los de las morsas. Nada de eso. Llevaba las gulas rizadas espléndidamente hacia arriba como si se hubiera hecho en él la permanente, o tal vez, como si se lo rizara con tenacillas calentadas todas las mañanas en un infiernillo de alcohol. Sólo había otra forma de conseguir aquel rizado, decidimos los chicos, y era peinándolo intensamente hacia arriba con un cepillo de dientes duro, frente a un espejo, todas las mañanas.

Detrás del bigote habitaba un rostro enardecido y fiero con una frente profundamente fruncida que denotaba una inteligencia muy limitada: <palestra peligrosa. Todos los hombres son enemigos, y los niños son insectos que se volverán y te picarán si no los enganchas tú antes y los aplastas bien aplastados>>.

El capitán Hardcastle jamás se estaba quieto. Su anaranjada cabeza se agitaba y movía sin cesar de un lado a otro como a tirones, de un modo muy alarmante, y a cada brusco movimiento acompañaba un leve gruñido que le salía de la nariz. Había combatido en la Gran Guerra, y de ahí, por supuesto, le venía el título de capitán. Pero hasta pequeños insectos como nosotros sabíamos que el capitán no era un grado muy elevado, y sólo un hombre con más de que alardear podía presumir de él en la vida civil.

Corría el rumor de que los constantes mareos y sacudidas de cabeza y los bufidos que lo acompañaban tenían por causa algo denominado neurosis de guerra, pero no estábamos muy seguros de que era eso. Suponíamos que significaba que había estallado un artefacto muy cerca de él con una fuerza explosiva tan enorme que le había hecho saltar por los aires y no había parado de saltar desde entonces.

Por alguna razón que jamás pude comprender del todo, el capitán Hardcastle la tomó conmigo desde el día mismo que puse mis plantas en St. Peter´s. Tal vez fuese porque él enseñaba latían y a mí no se medaba muy bien esa lengua. O quizá porque ya, a mis nueve años, era casi tan alto como él. O acaso más probablemente porque desde el primer momento me inspiró aversión aquel bigotazo de color naranja y con frecuencia me sorprendía mirándole fijo, y a buen seguro con una sonrisita burlona mal disimulada por mí. Bastaba con que pasase a dos metros de él por el pasillo para que me lanzara una mirada fulminante y me gritara:

-¡Anda derecho, jovencito! ¡Echa los hombros atrás!

O bien:

-¡Sácate esas manos de los bolsillos!

O

-¿Se puede saber qué es lo que te hace tanta gracia? ¿De qué te ríes?

O lo más insultante de todo:

-¡Tú, como te llames, a la tarea!

 Roald Dahl, Boy (Relatos de infancia)

 

¿Quién narra la historia?

¿Qué rasgos físicos del capitán Hardcastle se describen?

¿Qué sabemos, por lo que describe, de su carácter y personalidad?

¿Es una descripción objetiva o subjetiva?

¿Podemos decir que se trata más de una caricatura humorística? Razona la respuesta con ejemplos del texto.

A partir de lo relatado, relata un altercado que se produzca en la clase entre el protagonista y su temible profesor, el capitán Hardcastle.

Explica el significado de las palabras subrayadas en el texto.

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