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“Mi sueño salvado por la valentía.”

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Con el lema: "Si puedes soñarlo, puedes contarlo", cada año la compañía Coca-Cola convoca a todos los alumnos de 2º de la ESO de España a su concurso Jóvenes Talentos - Premio

 

Texto, ganador del Concurso, Jóvenes Talentos. Relato Corto, convocado por Coca-Cola con el lema “Si puedes soñarlo, puedes contarlo”.

 

“Mi sueño salvado por la valentía.”

 

Siempre había tenido un sueño, el de ser inventor. No es un oficio muy visto, pero si importante.

 

Y cuando digo no muy visto, me refiero a que lo consideran un oficio de aficionados, de personas raras. Y ese fue mi gran problema. Ser inventor o querer serlo, significaba tener un modo distinto de actuar y pensar, y en mi clase yo era el raro. Unos querían ser futbolistas, otras modelos... cosas más normales, pero yo quería ser inventor, y por eso vivía discriminado. Todos mis compañeros, todos, no se salvaban ni uno, se burlaban de mí. Casi podía considerarlo acoso escolar. Pero a pesar de eso, no dejaba que me afectara a mi sueño. Iba hasta el mediodía al instituto, por necesidad y obligación. Después iba a casa, comía y me metía en mi cuarto a pensar en inventos. En casa tampoco cambiaba tanto. Era mi padre quien no aceptaba mi sueño de ser inventor.

 

 Él, cuando era joven, era el más popular, y quería que yo fuese igual, pero no era así. Era como si me despreciara. Sin embargo, mi madre me apoyaba en todo momento, me animaba y creía que triunfaría en un futuro. Todo era soportable, hasta un día. Participé en un concurso de ciencias, y quise aprovechar para exponer uno de mis inventos. Estaba muy contento, pensaba que me saldría bien, y a lo mejor conseguía ganar. Pero llegó el momento en que los jueces fueron a observar y calificar los inventos, y cuando llegaron al mío... Empezaron a saltar chispas, a moverse destrozando lo de su alrededor... Me descalificaron y me sancionaron con no volver a participar en ningún otro concurso de ciencias. Me cabreé muchísimo. Funcionaba a la perfección... Y entonces fue cuando vi a mis compañeros reírse. Tras tanto tiempo, estallé, y me encaré a ellos. Lo único que conseguí es que yo quedara peor aún delante de todo el mundo. Corrí hacía mi casa, llorando. Siempre había soportado la discriminación hacia mí hasta ese día. Quería morirme. Estuve encerrado en mi cuarto mucho tiempo, hasta mi padre intentó hablar conmigo, pero yo no quería relacionarme ni con nada ni con nadie. Empecé a pensar que no valía para nada, que había perdido mi vida...

 

Una noche, al dormirme, soñé una cosa muy extraña. Salía un hombre, sentado frente a una mesa, parecía que estaba pensando en algún invento, puesto que, en la pared habían trozos de periódicos que tenían de título “Nuestro inventor, Positivo Montones, ha vuelto a triunfar con otro de sus inventos”, entre más títulos. Y desperté.

 

Estuve muchos días pensando que había sido todo muy extraño. Le daba vueltas al por qué de ese sueño, quien era ese hombre... Hasta que se me ocurrió buscarle por Internet. “Positivo Montones, 14-11-76, nacido en Asturias, inventor.” Ni más ni menos, había soñado con algo real, y pensé que si soñé con esa persona, significaría algo. Seguí buscando, y encontré su e-mail: positivom@nadaesimposible.com. Enseguida se me ocurrió la idea de mandarle un correo:

 

“Estimado señor Montones, soy Carlos Ruiz, estudiante de 4º ESO, y aficionado a la invención...”

Escribí todo lo ocurrido, y por supuesto, mi sueño. Lo envié, y llegué a la conclusión de que, no servía de nada haberle mandado ese correo que nunca leerá o responderá...

 

Una semana después, probé a mirar si me había contestado y... ¡Si lo había hecho!

 

 “Hola Carlos, no soy del tipo de inventor usual, soy más bien como tú. Cuando fui un niño, soñaba con ser inventor, y también me discriminaban. Llegué a estallar y encerrarme en mi cuarto, pero, ¿sabes de qué me di cuenta? ¿Por qué hacer caso a los que me discriminaban? Las modelos, cuando les sale una arruga, ya no las necesitan. Los futbolistas, cuando cumplen treinta años, ya no los consideran buenos jugadores. ¿Y los inventores? Cuanto más ancianos, mejor, más conocimientos, más lecciones... Ser inventor te dura toda la vida. Así que no me eché atrás.

 

Volví al instituto, y con mi valentía me hice de respetar, incluso hice amigos. Me gradué, fui a fiestas... Todo lo típico de un adolescente. Y ya me ves, soy famoso, y tengo buenos inventos. Estoy casado y tengo dos hijos, y todos los sábados me voy de cena con mis amigos. ¿Mi consejo? Sé fuerte, lucha por tu sueño, sé valiente. Intuyo que tienes futuro. Espero algún día conocerte, antes de que me quites la fama.

Saludos.”

 

Creo que lloré de la emoción. Al día siguiente, me desperté, me lavé la cara, me arreglé, y volví al instituto. Todos se reían, me giré y les dije “hoy os reís de mí, mañana yo de vosotros.” Se quedaron asombrados por mi valentía. ¡Lo había conseguido! Ya era valiente.

 

Las discriminaciones acabaron ese día, y sabía que iba por buen camino.

 

Nerea Romero Gómez,alumna del IES, Auxiàs March de Gandía.

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