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Reseña de la trilogía El círculo secreto de Libba Bray

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Libba Bray, El círculo Secreto.

Todo aquello que vemos o que parece que vemos

no es más que un sueño sin sueño.

                                                    Edgar Allan Poe.

 Libba Bray ha dado el salto al fin. Auspiciada por su marido (Barry Boldblatt)  agente de libros infantiles, la escritora  ha lanzado al  mercado su trilogía El círculo secreto, compuesta por La orden de la Academia Spence, Ángeles rebeldes y Dulce y lejano, consiguiendo un gran éxito. Libba repite la fórmula del éxito, la que hoy en día prima en la literatura juvenil: la perfecta simbiosis entre el romanticismo y la fantasía; una unión que encandila a los adolescentes y que ha logrado sagas tan exitosas, como la iniciada por Sthephenie Meller y sus acólitos.

Narrada en primera persona por Gemma,  una joven de la alta sociedad que lucha contracorriente, la historia nos sitúa en dos universos paralelos: la rígida  sociedad victoriana de finales del XIX y los Reinos, un mundo situado en otra dimensión que parece sacado de nuestros sueños o pesadillas: sirenas, Gorgonas, centauros,  hombres- Amapola, espectros e Intocables, todos ellos conforman este lienzo fascinante y peligroso.

La trama en la que se basan los acontecimientos es sencilla: Gemma, una joven que ha vivido la pérdida traumática de su madre y que vive una situación personal complicada (su padre se hunde peligrosamente por culpa de su adicción al láudano, su hermano Tom y su abuela sólo se preocupan de su reputación), es enviada a Spence, una Academia para señoritas que debe pulir su irascible personalidad y extraer el diamante, esa educación rígida y remilgada, que le sirva para afrontar su papel en la vida, que se reduce a buscarse un marido acaudalado y formar una familia.  La autora desenmascara en la novela algunas de las apabullantes lacras de la sociedad victoriana: la asfixia de las jóvenes, encorsetadas por una rígida educación que las convierte en escaparate de feria y que Gemma odia; las aún débiles protestas de los trabajadores, que luego constituirán la lucha social; el arañazo de los débiles, obligados a subsistir de la inmundicia que pueden extraer de las márgenes del río Támesis, etc.

La escritora Libba Bray consigue un daguerrotipo veraz a través de los ojos rebeldes de Gemma y del resto de personajes que conforman este curioso círculo, no siempre bien avenido y por el que se pasean no sólo las compañeras de la escuela ( Ann, Felicity, Pippa), sino también la directora de la Academia, el resto de profesoras, y algunos personajes secundarios,   personajes remilgados, que nos ofrecen un mosaico grotesco y frívolo del entorno en el que desenvuelve.  Es justo en este certero retrato de las idas y venidas de las pobres chicas, obligadas a aprender buenos modales, o cómo hacer una genuflexión ante la reina, donde la autora consigue la empatía con el lector, pues despliega con maestría los elementos, caracteres, ambientes y decorados para la fiesta de las vanidades.

La otra historia, la que mueve el engranaje de los acontecimientos y estira de él, nos obliga a seguir a Gemma y a sus amigas (Ann, Felicity, Pippa), a los Reinos, pues entre todas deben restaurar el orden, atar la magia y conseguir que se cierren las heridas, las disputas entre las diversas tribus que amenazan salpicar el pacífico mundo de la realidad. Aunque la versión oficial reza que Victoria (la madre de Gemma) ha muerto en la India, víctima del cólera, a la joven le remuerde la conciencia, pues ella ha tenido una visión, ha visto cómo su propia madre se quitaba la vida para protegerla. Gemma descubre que es la elegida, la que debe traspasar la frontera y restablecer un orden en un mundo que hasta ese momento sólo conocía por las historias infantiles y los cuentos de princesas, trasgos y hadas. Ante ella se yergue una realidad que la amenaza continuamente: Circe, la antigua amiga de su madre la persigue; no es  la única, pues también la persigue  Kartik y el resto de los  Rakshana, hasta los seres de ultratumba, las górgonas de la noche, los espectros y las hadas encerradas en las columnas y cuadros de la Academia. Todos ellos la asaltan cuando cierra los ojos, todos ellos amenazan con herirla e incluso se ceban en sus seres queridos (su padre, su hermano, sus amigas).

Bray consigue mantener la atención del lector, no le permite que baje la guardia: los personajes transmutan, los que parecen buenos, al final resultan ser malvados, las fieles amigas llegan a conspirar en su contra,  de hecho su  propia madre  resulta ser una sacerdotisa poderosa, capaz de realizar un sacrificio humano para lograr sus propósitos. Poco a poco vamos despejando las incógnitas y retos que propone la lectura. Tal vez el universo paralelo ofrezca un retrato demasiado alambicado y de difícil credibilidad, pues introduce en la olla mágica, demasiados mitos, sin permitirnos solaz: espacios como las Tierras Invernales o la Cueva de los Suspiros, la Torre donde vive Pippa y sus condiscípulas, el Árbol de las Almas; todo un acopio de materiales excesivamente almidonado, y que no termina de resultarnos creíble, por las fisuras. Una de esas fisuras que no termina de convencernos es la presencia constante de Pippa, un personaje que llega a resultar monótono y cuyas maquiavélicas conspiraciones terminan por cansar al lector.

 La historia tal vez hubiera sido más consistente si la autora hubiera acotado el mundo paralelo, en vez de presentar esa amalgama de seres, espacios y desencuentros, que zigzaguean a nuestras espaldas y logran cansarnos en ocasiones. Por otra parte, es obvio que el valor que adquiere los ritos mágicos es excesivamente simple y manido, pese a la insistencia de la narración; en realidad Gemma consigue poco con la magia que posee, es más el azar y las distintas disquisiciones e intercambios de papeles de los protagonistas los que resuelven las situaciones dramáticas.  Creo además que el perfil de algunos personajes es un tanto difuso y plano: Kartik, por ejemplo, un personaje tan importante para el desarrollo de los acontecimientos, está poco perfilado, sus rasgos se pierden en generalizaciones, en una nebulosa que pierde consistencia. Y eso mismo le sucede a otros personajes, como Eugenia Spence, o las señoritas Moore o McCleety; todos ellos fluctúan en sus decisiones y pueden resultar determinantes para los hechos, pero los rasgos de caracterización aportan poco, son banales o poco definitorios.

Creo que si la autora hubiera reducido el número de personajes y de situaciones, en lugar de multiplicarlas continuamente, hubiera logrado un ritmo narrativo más fluido, una narración de mayor consistencia. Aún así  reconocemos los logros de la narración: el imán que nos impulsa a seguir las idas y venidas de Gemma, el estado de permanente alerta con el que asistimos a ese pulso vital de la protagonista, ya sea por el convulso mundo de la realidad o de los sueños.

  Aghata

Ángeles rebeldes, Lliba Bray

 

(…) Dejo a mis compañeras con sus risas e historias y doy un paso hacia el arco del barco, para sentarme en el extremo de nuestra extraña nave.

La Gorgona siente que estoy allí.

-¿Estás bien, Su Excelencia?

Esa resbaladiza lengua negra me ha pillado con la guardia baja.

-Estoy indispuesta… Estaré bien en un momento.

-Tienes que respirar profundamente. Así se te pasará.

Tomo aire varias veces. Parece funcionar y pronto tanto el río como mi garganta parecen más calmados.

-Gorgona –pregunto cuando encuentro el coraje-. ¿Hay más criaturas como tu?

-No- llega la respuesta-, soy la última de mi especie.

-¿Qué les pasó a las otras?

-Fueron destruidas o desterradas durante la rebelión.

-¿La rebelión?

-Fue hace mucho, mucho tiempo –dice la Gorgona, con voz cansada-, Antes de las runas del Oráculo.

-¿Hubo un tiempo antes de las runas?

-Síiii. Era un tiempo en el que la magia estaba perdida dentro de los reinos, libre para que cualquiera pudiera usarla. Pero fue también una época oscura. Había muchas batallas, ya que las criaturas luchaban entre ellas para tener más poder. Durante ese tiempo el velo entre vuestro mundo y el nuestro era muy fino. Éramos capaces de entrar y hacer allí lo que quisiéramos.

-¿Podíais venir a nuestro mundo? – pregunto.

-Oh, sí. Un lugar muy interesante.

Pienso en cuentos que he leído, historias de hadas, fantasmas, criaturas marinas mitológicas, que engañan a los navegantes y los llevan a la muerte. De repente, ya no parecen meras historias.

-¿Qué pasó?

-Lo que pasó fue la Orden- dice la Gorgona.

No puedo decir si su tono es de enfado o de alivio.

-¿La Orden no había existido siempre?

-En la forma, sí. Era una de las tribus. Sacerdotisas, curanderas, místicas, videntes. Balsearon espíritus a través del mundo del más allá. Eran las que dominaban el arte de hacer ilusión. Su poder fue siempre grande, pero creció y se hizo fuerte con el tiempo. Se rumoreaba que habían encontrado la fuente de toda la magia dentro de los reinos.

-¿El Templo?

-Síii- fue la resbaladiza respuesta de la Gorgona-. El Templo. Se dice que la orden bebió de su agua, y así la magia se convirtió en parte de ellas. Vivió en ellas y se hizo más fuerte con cada generación. Ahora tenían más poder que nadie, y si algo no les gustaba, buscaban la manera de corregirlo. Empezaron a limitar las visitas de las criaturas a vuestro mundo. Nadie podía entrar sin su permiso.

-¿Fue entonces cuando construyeron las runas?

-No- responde la Gorgona-. Eso fue su venganza.

-No lo entiendo.

-Algunas criaturas de cada tribu se congregaron. Estaban resentidas por el poder que la Orden ejercía sobre ellas y no querían tener que pedir permiso. Un día, mientras algunas de las jóvenes iniciantes de la Orden jugaban en el jardín, las cogieron desprevenidas, se las llevaron a las Tierras Invernales y allí las mataron a todas. Fue entonces cuando las criaturas descubrieron un horrible secreto.

Mi boca se ha quedado seca con la historia.

-¿Y cuál era el secreto?

-El sacrificio de una de ellas les concedía un poder enorme.

El agua acomete bajo nosotras y nos lleva hacia delante.

-En su rabia y pena, la Orden construyó las runas como forma de sellar la magia. Cerraron las fronteras entre los mundo para que así sólo ellas pudieran entrar. Lo que estuviera en cualquiera de los lados de la frontera permanecería allí para siempre.

Pienso en las columnas de mármol de Spence, con esas criaturas atrapadas allí como piedras.

-Y así fue durante muchos años. Hasta que una de vosotras traicionó a la Orden.

-Circe- digo.

-Síii. Ofreció un sacrificio y le dio el poder a los espíritus oscuros de las Tierras Invernales una vez más. Cuantos más espíritus llegaban a su lado, más poderosos se hacían. Y más débil se volvía el sello de las runas.

-¿Y por eso pude romperlas?- pregunto.

-Quizá-. La respuesta de la Gorgona es como un suspiro. Quizá, su Excelencia.

-¿Por qué me llamas Su Excelencia?

-Porque sé quién eres.

Las otras están en el otro lado del barco. Se turnan para aguantar las cuerdas de las velas, dejando que sus cuerpos hinchen contra la fuerza del viento. La alegre risa de Pippa resuena por encima del balbuceo del agua. Quiero hacer una pregunta, pero tengo miedo de decirla en voz alta, miedo de cuál pueda ser la respuesta.

-Gorgona- empiezo- ¿es verdad que los espíritus de nuestro mundo deben cruzar al otro lado?

-Así es como ha sido siempre.

-Pero ¿hay algunos espíritus que se quedan para siempre?

-No conozco ninguno que no se haya corrompido e ido a vivir a las Tierras Invernales.

El viento se lleva la guirnalda de Pippa. Ella la persigue, riendo, antes de agarrarla firmemente en sus manos.

-Pero todo es diferente ahora, ¿no?

-Síiii- silba la Gorgona-. Diferente.

-Entonces, quizás haya una manera de cambiar las cosas.

-Quizá.

-¡Gemma!- me llama Pippa-. ¿Cómo te encuentras?

-¡Mucho mejor!- chillo.

-Entonces, ¡vuelve!

Dejo mi lugar al lado de la Gorgona y me uno a las otras.

-¿No es precioso el río?- dice Pippa, haciendo muecas exageradas. Parece una gloriosa cerceta azul-. Oh, os he echado mucho de menos. ¿Me habéis echado vosotras terriblemente de menos?

Felicity corre a abrazarla y Pippa la estrecha con fuerza.

-Pensaba que no os vería nunca más.

-Nos viste hace dos días- le recuerdo.

-Pero apenas he podido aguantar. Es casi Navidad- dice-. ¿Ya habéis ido a algún baile?

-No- responde Ann-. Pero la madre y el padre de Felicity están organizando su baile de Navidad.

-Supongo que será magnífico- dice Pippa, poniendo mala cara.

-Voy a llevar por primera vez un vestido de fiesta- continua Ann.

Describe el vestido con detalle. Pippa nos pregunta cosas sobre el baile. Es como si estuviéramos otra vez en Spence, sentadas en el gran pasillo, en la habitación de Felicity, chismorreando y haciendo planes.

Sin dejar de sonreír, Pippa da vueltas alrededor de Felicity mientras el barco cruje despacio y baja por el río.

-Estamos juntas. Y no tenemos que separarnos nunca.

-Pero tenemos que volver- digo.

El dolor en los ojos de Pippa me hiere.

-Pero, cuando forméis la Orden, vendréis a por mí, ¿verdad?

-Claro que vendremos- dice Felicity.

Se cae con Pippa cuando ésta pasa de nuevo, feliz de estar cerca de ella.

Pippa abraza a Felicity y reclina la cabeza en su hombro.

-Sois mis mejores amigas, en todo el mundo. Ho hay nada que pueda cambiar esto, nunca.

Ann se une al abrazo. Al final, yo también pongo mis brazos sobre Pippa. La rodeamos como pétalos y yo intento no pensar en lo que nos pasará una vez encontremos el Templo.

A los lados de la aguda curva, el río se abre y nos ofrece la vista más majestuosa de la orilla y las cuevas del acantilado que se alzan en lo alto, sobre nosotras. Hay diosas talladas en las rocas. Están, posiblemente a cincuenta metros de altitud, adornadas con tocados en forma de cono. Sus cuellos están ornados con joyas. Aparte de esto, están desnudas y son muy sensuales: caderas generosas, un brazo descuidadamente colocado detrás de la cabeza, y los labios curvados en una sonrisa. La decencia me dice que debo apartar la mirada, pero me doy cuenta de que sigo mirándolas.

-¡Oh, qué gracioso!- dice Ann, mirando hacia arriba  e inmediatamente abajo.

-¿Qué son? – pregunta Felicity.

- Las Cuevas de los Suspiros. Ahora sólo son ruinas abandonadas, habitadas tan sólo por los Hajim, los Intocables.

-¿Los Intocables?- pregunto.

-Síii- Hay uno. – La cabeza de la Gorgona se vuelve lentamente hacia la derecha y algo sale disparado entre los matorrales a lo largo de la orilla-. Bichos asquerosos.

-¿Por qué se llaman los Intocables?- pregunta Ann.

-Siempre ha sido así. La Orden los desterró a las Cuevas de los Suspiros. Nadie va allí ahora; está prohibido.

- Bueno, eso no es justo- dice Ann. Su voz se eleva- No es nada justo.

Pobre Ann. Ella sabe lo que es ser una intocable.

-¿Para qué se usaba antes la cueva?

-Era un lugar donde la Orden llevaba a sus amantes.

-¿Amantes?- pregunta Felicity.

-Sí.- La Gorgona hace una pausa antes de añadir-: Los Rakshana.

No sé qué decir.

-¿Los Rakshana y la Orden eran amantes?

La voz de la Gorgona suena lejana.

-Así era.

Felicity chilla.

-¡Mirad eso!

Señala al horizonte, donde una pesada niebla cae del cielo como virutas de oro y oscurece lo que hay delante. Ruge como una cascada.

-¿Vamos a pasar a través de eso?- pregunta Ann, preocupada.

Pippa le da un empujón.

-No tengas miedo. Todo saldrá bien, estoy segura, además la Gorgona no nos lleva allí, ¿verdad Gorgona?

-Sí, claro- digo. Intento no parecer tan aterrada como en realidad estoy, ya que no tengo ninguna idea de lo que será de nosotras-. Gorgona, no puedes hacernos ningún daño, ¿no es así?

Pero mi pregunta es ahogada por el implacable martilleo de la cascada de oro. Nos agrupamos en el suelo del barco y Ann cierra los ojos firmemente. Mientras nos abrazamos, también cierro mis ojos; tengo miedo de saber lo que va a pasar después. Con el denso rugido en nuestros oídos, pasamos a través de esta cortina de humedad, emergemos en el otro lado y vemos una isla verde en la distancia. Estamos a salvo.

-Estamos vivas- dice Ann.

Las dos nos sentimos sorprendidas y aliviadas.

-Ann- dice Pippa, mira, ¡ahora eres una chica de oro!

Es verdad. Hay copos de oro en nuestra piel. Felicity hace movimientos con sus manos, y ríe contenta mientras mira cómo brillan.

<!--[if !supportLists]-->-          <!--[endif]-->Oh, estamos bien, ¿verdad? ¡Ningún problema!

Pippa se ríe.

-Os dije que no tuvierais miedo.

-La magia es fuerte – dice la Gorgona.

-Gemma- pregunta Pippa-, ¿por qué tenemos que atrapar la magia?

-¿Qué quieres decir? Pues porque está perdida dentro de los reinos.

-¿ Y qué pasa si eso no es tan terrible? ¿Por qué no podría todo el mundo usar su poder?

No me gusta el cariz que está tomando el asunto.

-Porque podrían usarla para entrar en nuestro mundo y causar estragos. No habría sentido del orden ni control sobre él.

-Tú no sabes si los habitantes de los reinos le darían ese uso.

Ella no ha oído la historia de la Gorgona, ¿cómo podría pensar de ese modo, si no?

-¿No lo sabemos? ¿Recuerdas esa criatura que capturó a mi madre?

-Era aliada de Circe. Quizá no son todas así- reflexionó Pippa.

-¿ Y cómo decidir quién puede tenerla, en quién se puede confiar?

Nadie tiene una respuesta para eso. Meneo la cabeza.

-No hay nada más que hablar. Cuanto más tiempo esté la magia perdida, más peligro habrá de que, aquí, esos espíritus se vuelvan corruptos. Debemos encontrar el Templo y atar la magia de nuevo. Entonces reformaremos la Orden y mantendremos el equilibrio en los reinos.

Pippa bosteza, y tiene la irritante buena fortuna de estar guapa mientras lo hace.

-Muy bien. De todas formas ya casi hemos llegado.

El río vuelve a estrecharse. Estamos entrando en un lugar lleno de árboles altos, gruesos y verdes. Cientos de candiles cuelgan de sus ramas. Me recuerdan a Diwali, el festival de luces de la India. Mi madre y yo nos quedábamos despiertas hasta muy tarde para ver florecer las calles con vela s y candiles.

El barco atraca en la arena suave y húmeda de la isla.

-El Bosque de la Luz- dice la Gorgona-. Estad en guardia. Contad vuestra misión a Philon y sólo a Philón.

El tablón del ala desciende y nosotras saltamos a la alfombra de hierba y arena suave que se desvanece entre los robustos arbustos moteados por las grandes flores de loto blanca. Los árboles son tan altos que no se distinguen y forman un techo verde oscuro. Si miro hacia arriba me mareo. Las luces se agitan y se mueven. Una viene hacía mí, hacia mi cara, y me hace gritar.

-¿Qué ha sido eso?- susurra Ann, con los ojos entrecerrados.

-¿Qué está pasando?- pregunta esta vez Felicity.

Algunas de las luces han descendido hasta su cabeza. Su cara entusiasta está iluminada por una brillante corona.

Las luces se congregan hasta formar una bola que flota sobre nosotras,  mostrándonos el camino.

-Parece que quieren que las sigamos- dice Pippa maravillada.

Los pequeños duendecillos luminosos, si se puede llamar así, nos conducen hacia el interior del bosque. El aire tiene un olor a tierra muy rico. El musgo crece en los enormes árboles como una suave piel verde. Miro hacia atrás. Ya no veo  a la Gorgona. Es como si hubiéramos sido absorbidas por el bosque. Quiero salir corriendo y volver atrás sobre todo cuando oigo el ritmo suave de los enganches que se acercan. La bola de luces estalla y las pequeñas luminiscencias vuelan lejos desordenadamente, hacia el interior del bosque.

-¿Qué es esto? – chirría, mirando con aire salvaje alrededor.

-No lo sé- dice Pippa.

La palpitación parece venir de todas partes. Sea lo que sea, estamos rodeadas (…)

Libba Bray

 

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Comentarios Reseña de la trilogía El círculo secreto de Libba Bray

Muy apropiada la frase inicial de Edgar Allan Poe
Por lo que cuentas y trasladas del libro ... parece de una condensación excesiva
Y como siempre ... un placer leer tus comentarios tan frescos, amenos, de fácil comprensión  ...
Un placer para los ojos ... besos de rastro de miel.
me ha gustado mas a mi todo lo misterioso o original fantasia  etc me llama la atencion de todas maneras veo agahta  que mueves con tus resumenes la curiosidad  recreas el afan de hacer leer de interesar el mundo de los libros
Bueno, la trilogía está bastante bien.  A María le encantó y por eso decidí leerlos y subir el post, pero a veces me he sentido un poco perdida, ante tantos mitos y tradiciones, que por otro lado son fascinantes, pero que a veces pierden el hilo en los acontecimientos y te da la impresión de que todo está un poco deshilvanado, como si no te llevase a ningún sitio. Aún así, la trilogía esta bien... Aunque para ver y sentir la época, hay libros mejores... Pero me cuesta hacerle leer a María los clásicos... Es terca como una mula, aunque no puedo quejarme porque ella lee mucho. A todo el mundo no le encanta un libro como "Luces de bohemía", por ejemplo.
Un beso gigante
Sí Lucy, me fascina los mundos mágicos y también los mitos y tradiciones.
Un beso gigante
Un texto mágico, fantástico, me encantó leerte
besos  y buenas noches
Maggie 

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