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Reseña de La ladrona de libros de Markus Zusak

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Cualquier amante de la literatura pondría la mano en el fuego para defender el poder de las palabras, el enorme magnetismo que podemos transmitir si las dominamos a conciencia, si sabemos emplearlas adecuadamente. Las palabras son un arma de doble filo, pueden servir para construir un mundo mejor, pero también pueden mover a un pueblo a la histeria colectiva y provocar un alzamiento, una guerra, una masacre, si el que las pronuncia sabe cómo introducir el veneno para que las semillas crezcan y consigan  adherirse a la piel de los que las escuchan, hasta imantarlos para que borren la conciencia de lo que son.

Este el juego al que nos enfrentamos cuando leemos “La ladrona de libros” del joven escritor australiano Markus Zusak. El consigue que reflexionemos  sobre cómo el efecto de las palabras mueve a los personajes de su novela. La obra nos desvela el terrible preámbulo de la Segunda Guerra Mundial, el deterioro de un pueblo (cercano a Munich), cuyas gentes viven en sus propias carnes el miedo, la soledad, la amputación de los seres queridos y el terror ante los bombardeos,  la conciencia de que sus vidas puedan estallar de un momento a otro, sin que puedan hacer nada para mantenerse en pie.

El escritor,  pese a su juventud, se arriesga con esta versión que despeja  la incógnita que otros han obviado por desconocimiento o simplemente, porque era mucho más fácil cargar las tintas en la maldad de todo un pueblo, sin concesiones.  Lo cierto es que fueron sus padres los que le hablaron desde la otra orilla: en la Alemania nazi, existieron personas disconformes con el régimen,  que vivieron la contienda con el pánico a ser descubiertos, con la supuesta traición a cuestas a su raza. Personas que escondieron a judíos en sus propias casas, que odiaban lo que estaba sucediendo y que se mostraron ecuánimes, justas y abiertas con el pueblo masacrado y les dieron cobijo, alimentos, autoestima.  En el fondo esté el corazón de esta historia, ésta es la propuesta de Markus, y desde luego, ha acertado, pues la novela ha conseguido un reconocimiento unánime de crítica y público.

La novela  se muestra atípica desde la primera a la última página y logra mantenerle el pulso al lector.  Desde la primera página nos sentimos  atraídos por la muerte, la narradora cálida, que se despoja de su apariencia de frialdad para contarnos  el macabro espectáculo de los cuerpos a los que abraza una y otra vez, para cortar el débil hilo que los mantiene con vida y llevárselos con ella.  En una de esas visitas, percibe que la niña que aferra a su hermano, la ve, escruta sus ojos;  una extraña desazón la invade entonces. Así que decide contarnos su historia,  de esa niña, la ladrona de libros, una niña de nueve años, desamparada y triste a la que el mundo se le echa encima. Liesel Memiger pierde a su madre y a su hermano y es obligada a quedarse en casa de los Hubermann, su nueva familia. En el trayecto, asiste al entierro de su hermano y roba su primer libro aunque todavía no sabe leer. El manual del sepulturero, será el primero, después robará otros, incluso los salvará del fuego destructor.

Su nueva familia la adora, aunque al principio Rosa la trata con dureza. Continuamente parece exasperada y malhumorada, siempre dispuesta a golpearla  con una cuchara de madera por cualquier descuido.  Pero a poco descubrimos que actúa así para protegerse de la vida de miseria que le ha tocado.   Sera Hans, su padrastro, el elemento unificador, el que la trata con ternura, él es quien  entiende su frustración, su terrible tristeza o esas pesadillas que la asaltan de noche, cuando vuelve a ver a su hermano. Siempre esboza una palabra cariñosa o una caricia, y siempre procura aleccionarla con sabiduría y paciencia. Descubre que no sabe leer ni escribir y le enseña,  refrescando su propia memoria, los pobres conocimientos adquiridos en la escuela. Liesel  penetra en mundo de las palabras  por curiosidad y poco a poco esas palabras la ayudan y reconfortan, la protegen de todo lo que sucede a su alrededor.  De forma premeditada comienza a robar libros; primero sola, después en compañía de Rudy, su amigo inseparable, el poderoso imitador de Jesse Owen, capaz de pintarse todo el cuerpo de negro para emularlo y enfrentarse al Führer. Estos son dos de los tres pilares indiscutibles de la novela. Las relaciones que se establecen entre ellos están narradas con un lenguaje sencillo, pero a la vez lleno de poesía y trasparencia. Los momentos climáticos se suceden y crecen las raíces de las emociones, cada vez con más fuerza, hasta llegar a entrelazarse, hasta llegar a rozar sus intimidades.  Pero, evidentemente falta el  judío, ese personaje debilitado por las circunstancias, que permanece en el sótano y comparte sus vidas, su comida, y su desánimo con ellos. Pese al miedo inicial que siente a que la niña se vaya de la lengua, la relación entre Liesel y Max se estrecha. Nos  ofrece una vuelta de tuerca más, toda una lección de humanidad, de  compromiso mutuo por taparse uno al otro los fantasmas que los agreden, por sentirme vivos y arropados por el otro.

Pero no son los únicos personajes que aparecen en la obra: otros son esbozados, con trazos precisos, en algunos casos muy leves o tenues, pero reveladores. Nos encontramos con la mujer del alcalde a la que al principio Liesel le roba los libros por despecho, cuando ésta los servicios de lavandería que le ofrece su madre.  Liesel descubre al fin, que la mujer sabe que le roba los libros y que para ella, esas visitas son una puerta a la realidad, el reconocimiento de que alguien piensa en ella, de que al menos alguien la necesita. Por eso la niña reconocerá su error y estrechará los lazos, cruzando una frontera que al principio parecía insalvable.  Otros personajes aparecen, trazados en sus rasgos más significativos a través de pinceladas precisas y reveladoras (Erik Vandengurb, Franz Deutscher, frau Holtzapfel, etc.). Incluso la propia muerte nos ofrece pinceladas precisas e intenta que la veamos con otros ojos más amables.

La fuerza de la historia reside en las palabras, actos y lazos que unen a los personajes. No son estos, no obstante, los únicos logros de la novela, pues si fuera así, seguramente no hubiera tenido la misma trascendencia. Pasaría a engrosar la lista de los otros, los libros que hablan de lo mismo (Ana Frank, El niño con un pijama de rayas), las comparaciones podrían dejarla en desventaja. Tal vez por eso el autor juega con otros procedimientos que la singularizan, dicotomías sabias que huyen de la linealidad y rompen la estructura narrativa, provocando la extrañeza, manteniéndolo en vilo continuamente. Los más significativos nos descubren a un autor que sabe sacarle punta a la punta; sin alambicamientos, pero con eficacia. Así encontramos continuas intromisiones de la Muerta, adelantando los funestos acontecimientos, que al principio exasperan al lector y lo confunden, pero no evitan que siga leyendo, incluso con más interés. Aparecen a su vez alternancia de códigos y tipografías: negrita, cambios de letras, sangrías, pictogramas y dibujos, historias en el marco de otra historia, definiciones de diccionario, algunas curiosas, reveladoras. Muchas de esas definiciones y algunas de las frases lapidarias que aparecen en la obra no son más que pequeños atisbos filosóficos, enseñanzas para el recuerdo, llenas de ternura.  

Sé que algunos críticos ven ahí los fallos. No estoy de acuerdo. Pienso que esas incursiones del autor por otros territorios concomitantes a la narración, nos ofrecen el caldo de cultivo necesario para la relectura. Reconocemos ahí la maestría, el tono, el estímulo de una narración que seguramente permanecerá en la memoria. No se derribará el árbol, éste permanecerá ahí, creciendo, descubriendo nuevos universos narrativos, ramas fuertes bien alimentadas.

Aghata

 

La ladrona de libros

El siguiente bombardeo fue real.

La noche del 19 de septiembre, el cucú avisó por la radio. A continuación, una voz grave y desapasionada que anunció Molching entre los posibles objetivos.

Himmelstrasse volvió a convertirse en un sendero de gente y Hans volvió a olvidarse el acordeón. Rosa le recordó que se lo llevará, pero él se negó.

-No me lo llevé la última vez y sobrevivimos- explicó.

Estaba claro que la guerra confundía los límites entre la lógica y la superstición.

Una inquietante sensación los siguió hasta el sótano de los Fiedler.

-Creo que esta noche va en serio- comentó el señor Fiedler.

Los niños enseguida se dieron cuenta de que sus padres estaban más preocupados que en la anterior ocasión. Reaccionando de la única manera que sabían, los más pequeños empezaron a chillar y a llorar cuando la habitación pareció tambalearse.

La amortiguada sintonía de las bombas llegó incluso hasta el sótano. La presión del aire los aplastó como si el techo les cayera encima, como si quisiera estamparse contra el suelo. Las desiertas calles de Molching recibieron un mordisco.

Rosa apretaba furiosamente la mano de Liesel.

El machacón llanto de los niños perforaba los oídos.

 

Incluso Rudy estaba completamente rígido, fingiendo despreocupación, tensando los músculos para combatir la tensión. Brazos y codos luchaban por hacerse sitio. Algunos adultos intentaban calmar a los niños. Otros ni siquiera conseguían calmarse a ellos mismos.

-¡Haz callar a ese crío!- gritó frau Holtzapfel, aunque su voz no fue más que otro desventurado reproche en medio del frenético caos del refugio.

Mugrientas lágrimas asomaban a los ojos de los niños y el olor a alientos nocturnos, el sudor de sobaco y ropa sucia de varios días se mezclaba y bullía en lo que en esos momentos era un puchero donde flotaban humanos.

A pesar de que estaban una al lado de la otra, Liesel no tuvo más remedio que alzar la voz.

-¿Mamá?- Insistió-: ¡Mamá, me estás destrozando la mano!

-¿Qué?

-¡La mano!

Rosa la soltó y para sustraerse al barullo del sótano, Liesel abrió uno de sus libros y empezó a leer en busca de consuelo. El primer libro de la pila era El hombre que silbaba y lo leyó en voz alta para concentrarse. El primer párrafo llegó entumecido hasta sus oídos.

-¿Qué has dicho?- rugió su madre, pero Liesel la ignoró  para no perderse ya en la primera página.

Al pasar a la siguiente, Rudy reparó en ella. Se fijó  en lo que estaba leyendo y llamó la atención de sus hermanos con un golpecito en el hombro para que hicieran lo mismo. Hans Hubermann se acercó y pidió silencio. La calma se abrió paso en el abarrotado sótano. A la tercera página, todo el mundo estaba en silencio menos Liesel.

El crujir de las páginas los cautivó.

Liesel continuó leyendo.

Compartió la historia durante veinte minutos. Su voz tranquilizó a los niños más pequeños y los demás imaginaron al hombre que silbaba huyendo de la escena del crimen. Liesel no. La ladrona de libros sólo veía la mecánica de las palabras, sus cuerpos varados en el papel, derribadas a golpes para que ella pudiera pisotearlas. En algún lugar también estaba Max, en los espacios entre un punto y la mayúscula siguiente. Recordó cuando le leía mientras estaba enfermo. ¿Estará en el sótano? ¿U otra vez al acecho de un pedacito de cielo?, se preguntó.

UN PENSAMIENTO AGRADABLE

    Ella era una ladrona de libros.

            Él asaltaba el cielo.

Todo el mundo esperaba el temblor del suelo.

Seguía siendo inevitable, pero al menos ahora la chica del libro los tenía distraídos. Uno de los niños pequeños pensó en echarse a llorar pero Liesel paró un momento e imitó a su padre, o a Rudy, elegid. Le guiño un ojo y retomó la lectura.

Sólo se interrumpió cuando las sirenas se colaron en el sótano.

-Ya pasó- anunció el señor Jenson.

-¡Silencio¡- ordenó frau Holtzapfel.

Liesel alzó la cabeza.

Sólo quedan dos párrafos para acabar el capítulo- informó.

Y continuó leyendo sin mayor énfasis. Sólo palabras.

DICCIONARIO DE DEFINCIONES

         DEFINICIÓN Nº 4

Wort- Palabra: unidad de lenguaje con significado/ una

 promesa/ un comentario, una afirmación o una conversación.

   Palabras relacionadas: término, nombre, expresión.

 

Por respeto, los adultos obligaron a que todo el mundo guardara silencio hasta que Liesel finalizara el primer capítulo de El hombre que silbaba.

En el momento de salir, los niños pasaron a su lado como un vendaval, pero casi todos los mayores  -incluso frau Holtzapfel y Pfiffikus (qué apropiado teniendo en cuenta el título del libro)- agradecieron a la niña la distracción a medida que pasaban junto a ella, con ganas de salir de la casa para ver si Himmelstrasse había sufrido algún daño.

Himmelstrasse estaba intacta.

El único indicio de guerra era una nube de polvo que viajaba de este a oeste, escrudiñando las ventanas para encontrar un lugar por el que colarse. A medida que se espesaba y expandía, convertía la estela de humanos en apariciones.

Ya no había gente en la calle.

Sólo rumores arrastrando fardos.

 

En casa, Hans se lo contó todo a Max.

-Hay niebla y cenizas… Creo que nos ha dejado salir demasiado pronto. –Miro a Rosa- . ¿Crees que debería ir a ver si necesitan ayuda donde han caído las bombas?

Rosa no se dejó impresionar.

-No seas imbécil, te asfixiarás con tanto polvo –contestó-. No, no, Saukerl, tú te quedas aquí. –Algo le pasó por la cabeza y miró a Hans muy seria. En realidad, tenía el orgullo escrito en su rostro-. Quédate aquí y explícale lo de la niña. –Alzó la voz, apenas ligeramente-. Lo del libro.

Max le prestó una atención especial.

-El hombre que silbaba –le informó Rosa-. Capítulo uno.

Le explicó con pelos y señales lo que había ocurrido en el refugio. Liesel estaba en un rincón del sótano. Max la miraba fijamente y se pasaba la mano por la mandíbula. Personalmente, creo que ese fue el momento en que se le ocurrió el tema para su siguiente cuaderno de dibujos.

El árbol de las palabras.

Imaginó a la niña leyendo en el refugio, compartiendo las palabras, literalmente. Sin embargo, como siempre, también debió de ver la sombra de Hitler. Puede que ya oyera sus pasos acercándose a Himmelstrasse y al sótano.

Al cabo de una larga pausa, parecía que estaba a punto de hablar cuando Liesel se le adelantó.

-¿Has visto el cielo esta noche?

-No- Max señaló la pared. Miraron las palabras y el dibujo que había pintado hacía más de un año: la cuerda y el sol chorreante-. Hoy sólo este.

Esa noche ya no hubo más palabras, sólo pensamientos.

No puedo hablar por Max, Hans o Rosa, pero sé que Liesel Meminger estaba pensando que si las bombas caían alguna vez en Himmelstrasse,  Max no sólo tendría menos oportunidades de sobrevivir que los demás, sino que también moriría completamente sólo.

Markus Zusak

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Comentarios Reseña de La ladrona de libros de Markus Zusak

me parece precioso por la reseña has dado por como hablas de la palabra arma de dos filos que puede crear bondad o maldad  eres unica en tu campo haces la gente se interese muestre atencion claro esta aquien gusta el arte de la palabra

No es por mí, es el libro, es esa sensación que descubres conforme avanzas la lectura. A veces no me convencen este tipo de libros, pero éste me lo regaló mi marido para mi cumpleaños y me ha gustado mucho.
Un beso muy fuerte, dulce amiga.

No es por mí, es el libro, es esa sensación que descubres conforme avanzas la lectura. A veces no me convencen este tipo de libros, pero éste me lo regaló mi marido para mi cumpleaños y me ha gustado mucho.
Un beso muy fuerte, dulce amiga.

No es por mí, es el libro, es esa sensación que descubres conforme avanzas la lectura. A veces no me convencen este tipo de libros, pero éste me lo regaló mi marido para mi cumpleaños y me ha gustado mucho.
Un beso muy fuerte, dulce amiga.

No es por mí, es el libro, es esa sensación que descubres conforme avanzas la lectura. A veces no me convencen este tipo de libros, pero éste me lo regaló mi marido para mi cumpleaños y me ha gustado mucho.
Un beso muy fuerte, dulce amiga.

lo que hace el autor es muy importante
arriesgar, asi es como se llega a cosas importantes....

lo que hace el autor es muy importante
arriesgar, asi es como se llega a cosas importantes....

Hola.
Esta interesante.voy a ver si consigo al autor en mi país. chau cuidate.

Adoro ese libro tanto, pero tanto...que incluso yo me robé mi copia. XD
jajajajjajajajajajaja.....claro que a quien se lo robé ya se enteró (y bendita sea mi suerte, es mi amiga y me quiere mucho pese a ella misma) y ha decidido que no me dará regalo alguno por algún tiempo a modo de castigo.
En fin....Zuzack....ahhh...suspiro!!
La muerte más humana que alguna vez alguien haya pensado conocer.

Saludos despues de mucho tiempo!!!

Muchísimas gracias Broeke, justamente en ese arriesgarse estriba su éxito y el reconocimiento posterior
Un beso

Espero que lo consigas amigo, porque estoy convencida de que el libro te gustará, la historia tiene corazón. Es fantástica
Un beso

Espero que lo consigas amigo, porque estoy convencida de que el libro te gustará, la historia tiene corazón. Es fantástica
Un beso

Hola, Ireth, ¡cuánto tiempo! Celebro enormemente que te guste el libro, es un libro genial. Espero que tu amiga se desmoquee.
Un beso

la verdad est libro es el mejor q e leido ya q es conmobdor , es trajico y sobre todo deja un exelent mnsag sobre el valor d las palabras s los recomiendo a todos

julieta julieta 24/01/2011 a las 00:19

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