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Reseña de "El gato sobre la cacerola de leche hirviendo" de Manuel Varela

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CIPIÓN.- Así es la verdad, Berganza, y viene a ser mayor este milagro en que no solamente hablamos, sino en que hablamos con discurso, como si fuéramos capaces de razón, estando tan sin ella que la diferencia que hay del animal bruto al hombre es ser el hombre animal racional, y el bruto, irracional.

El coloquio de los perros, Miguel de Cervantes

Pongámonos en situación: se abre el telón y un grupo de personajes –que desconoce su identidad- pretende averiguar a qué alucinógeno relato les ha enviado el autor, un autor que en apariencia se esfuma del relato, se duerme sin explicarles cuál es su papel, sin siquiera darles un nombre que los singularice. El vacío provoca desconcierto y el grupo se disgrega, para seguir a aquellos que se esgrimen como los líderes: sumisión o anarquía son las consignas irreconciliables que se barajan.  Los personajes son muñecos de guiñol, en este teatro de marionetas. Se muestran incapaces de elegir un nombre, se adhieren unos a otros y siguen la corriente como piezas de un mecanismo que late sin conciencia, sin voz ni voto. Mientras un grupo idolatra al líder y queda subyugado a la vacuidad; el otro, sigue únicamente sus instintos primarios: se aparea, se alimenta, explora.

 Detrás del caleidoscopio se sitúa el autor en su omnisciencia selectiva; él es el engranaje que dirige la función, un maestro de ceremonias que no oculta su pasmo ante el oscuro devenir de un ser humano vapuleado, herido, encadenado, un Segismundo incapaz de despertar del letargo al que le ha conducido la existencia. Bastante explícitas son las referencias al paso del tiempo y su angustia, las preguntas encadenadas que denuncian la privación de libertades de los regímenes totalitarios que se pasean en este laberinto de espejos.  Inquietantes preguntas astillan los ojos del lector: ¿es posible destruir el poder? ¿Es lícito que el personaje denuncie el monopolio de un autor que lo ha abandonado a su suerte? ¿Puede el autómata, darle cuerda a su vida? ¿Puede participar en el juego con sus propias ideas?

Las referencias al arte expresionista entroncan con la literatura comprometida (Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, 1984 o Rebelión en la granja de Orwell) En la primera, aparece la obstinación del poder por acabar con la libertad del pensamiento, lo que –en ese caso- conduce a la quema de libros. Montag –al igual que hace Sirfrido y Ginebra- se refugia en el bosque. Por su parte las obras de Orwell recuerdan el despropósito de los totalitarismos, la férrea crítica a ese Gran Hermano opresivo.

Es evidente que Manuel Varela nos sitúa en la diáspora que separa la lucha entre la verdad y la ficción. Si en una novela –pese al auto-convencimiento de los personajes-  es el autor el que despliega los hilos, el que forja la trama y condena o salva al personaje; en la vida real, es el propio ser humano el que debe asumir su destino. Para que la vida cobre sentido, debemos construir mil y un rostros, responder a sus retos, atrincherarnos en el convencimiento de nuestra valía. El ser humano debe permitir que estallen sus argumentos, que explosionen sus ideas y darle a la lengua.

Sin duda, El gato sobre la cacerola de leche hirviendo,  de este “juntapalabras”, que es Manuel Varela, es una novela divertida y fresca en un panorama obsoleto y falto de ideas, una obra que no se agosta en su irreverente declaración de principios. Aunque él insista en su futilidad, en su ausencia de argumento, en esta cacerola no sólo hierven los maleables rostros de la ficcionalidad y sus personajes; también hierve el deseo de que despierte nuestra consciencia y rompa todas las cadenas.  

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Comentarios Reseña de "El gato sobre la cacerola de leche hirviendo" de Manuel Varela

Que buena onda Aghata, una lecciòn de lenguaje que nos viene mucho bien, como digo siempre leerte es un baño de cultura.
un abrazo amiga y un beso grande
Maggie 
gracias  por   enseñarnos  tantas  cosas  buenas  eso  no   se  olvidara   kuidate.
Entrar en tu espacio es como amanecer en el Edén ...
... tienes arco iris ... luz ... ramilletes de estrellas ... árboles llorones ... todo lo que los ojos pueden abarcar
Pero sobre todo ... sabiduria
Querida amiga ...
Estoy deacuerdo con Maggie leer es una leccion de cultura y enseñanza, me encanta leer.
Besos.
Paloma
me gusta da interrogantes diversos y eso es bueno hace pensemos

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