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Reseña de "La chica con pies de cristal", Ali Shaw

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La chica con pies de cristal

Igual que las ramas de los árboles, que se doblaban con torpeza al agitarlas el viento, y las hojas, quebradizas, se rompían como el pergamino viejo. Igual que un halcón que Ida había visto volar sin gracia alguna, como mecánico batir de alas. Parecía que eso fuera lo que hiciera aquel archipiélago: agarrotar las cosas, agotar su vitalidad.

Realmente no es extraño que  un lector impaciente y siempre ávido de historias que le lleguen al corazón, se sienta hechizado tras la lectura de esta novela. No es únicamente por la historia en sí de una innovación cautivadora, sino también –como siempre ocurre con las historias que perduran-, por la extraordinaria pericia a la hora de contarla. Resulta extraño que Ali Shaw, un autor tan joven y que todavía no cuenta con un elenco de obras que avalen su trayectoria, consiga una perfección tan sublime con su primera obra, hasta el punto de hacernos sentir en todo momento la subversión de un mundo que va desmoronándose mientras sus personajes se debaten entre la determinación y la abulia.

Ida Maclaird regresa al archipiélago de Saint Hauda, un microcosmos asfixiado por los ecos de sus propias historias; historias, personajes y paisaje se mimetizan hasta detenerte, hasta congelarse como el negativo de una fotografía. A ese lugar regresa la joven Ida, acuciada por la necesidad de encontrar soluciones a su extraña enfermedad: sus pies han adquirido la frágil consistencia del cristal; una mímesis que avanza inexorable, una parálisis dolorosa que presagia una muerte inminente.

Los personajes se confunden con un paisaje sobrecogido por una naturaleza salvaje, que acota los sucesos en un espacio melancólico, afín a esas historias mágicas y envolventes que nos hechizaban cuando éramos niños. Una marisma helada, unos animales que escapan al objetivo de la cámara, un bosque que parece embrujar a todos aquellos que se adentran en su espesura, un silencio cortante y doloroso que impide que avancen las palabras, que detiene la pulsión de los sueños y ahoga las emociones. Tanto Midas Crook, el joven fotógrafo con el que Ida mantiene una relación no exenta de fugas y retrocesos, como el resto de los personajes (Carl Maulsen, Emiliana, Henri Fuwa), se debaten en un mundo oscuro, atrapado en su propia desidia. Un mundo que no es más que una cárcel y dónde todos parecen alimentarse por el suero de una verdad que no quieren creerse, de los errores, las trampas y las dudas que los abalanzan una y otra vez a lo que ya se ha ido, y les impiden avanzar. Así le sucede a Midas, con el recuerdo de su padre, que se abalanza una y otra vez sobre su cuerpo, impidiéndole dirigir sus pasos hacia esa tenue luz iridiscente que es Ida, una luz sobrecogedora pero al mismo tiempo imprevisible y triste por su naturaleza enfermiza.

         Es llamativo que el autor esté a la altura de la historia que plantea, que abra interrogantes, que juegue con el flashback o nos describa un espacio con tal luminosidad que casi nos obliga a tocarlo, el joven Pulgarcito le pisa los talones al gigante Andersen. La musicalidad, la perfecta adecuación entre el universo mágico y el abismo vivificante de la palabra consigue su objetivo. Una vez acabada la historia, los interrogantes son como llaves que nos son entregadas, teclas que deseamos volver a tocar. Apenas hemos cerrado el cofre del tesoro y ya deseamos introducir nuevamente la llave, queremos mimetizarnos, confundirnos con los personajes, plantar otros árboles, despejar las incógnitas, ¿y no es eso en definitiva lo que le pedimos al hacedor de historias, al narrador que nos cuenta su historia al oído?

Aghata

Eso era lo que aquel sitio estaba haciéndole a ella.

Fuera de casa se sentía a gusto. Prefería tener el cuerpo frío que el corazón. Se llevó a los labios la taza del termo con sopa de tomate caliente, deleitándose con el agrio humo que entraba por sus orificios nasales. Se había puesto unos mitones de lana y una bufanda rojos para combatir el blanco y negro isleño. Pero ésa la historia de aquel lugar y de sus habitantes, acartonados y monocromáticos como los platós y las estrellas de la televión antes del color. Midas, por ejemplo: ¿qué hacía que una persona fuera rígida en todos los aspectos?

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Comentarios Reseña de "La chica con pies de cristal", Ali Shaw

Muy bonito texto, escribes muy lindo.
Besos.
Este libro es de los nuestros, ¿verdad? ... creo que me atrapará hasta la última letra
Como siempre tus resumenes son concisos, breves, y dejando ese ligero gusto a querer más ... apoderándose del libro
Un beso querida amiga ... con los pies en la tierra.
Gracias Luci. Te lo recomiendo encarecidamente. Te gustará este libro.
Un abrazo
Paloma, no soy yo es la emoción que ha provocado este libro en mí, las sugestiones que he sentido.
Un abrazo

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