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Relatos de fantasmas. La leyenda de la Hondanada Dormida. Washington Irving

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Relatos de fantasmas. La leyenda de la Hondanada Dormida.

Washington Irving

En la orilla oriental del río Hudson, y situado en el interior del estado de Nueva York, hay un pueblecito conocido como Tarry Town. A menos de tres kilómetros de él hay un vallecito que es uno de los parajes más tranquilos del mundo. Por el discurre un arrroyuelo que apenas si produce un mormullo. El canto ocasional de una codorniz o el repiqueteo de un pájaro carpintero son los únicos sonidos que rompen su silencio. Este lugar tranquilo se conoce desde hace mucho como la Hondonada Dormida.

Dicen que el paraje está embrujado, y que los que habitan sufren trances y tienen visiones, y oyen música o voces en el aire. Entre ellos son frecuentes las pesadillas, y la tradición local está llena de historias curiosas, supersticiones extrañas y cuentos de aparecidos.

El espíritu más horrible que frecuenta esa región es un jinete sin cabeza. Dicen que fue un soldado al que le había arrancado la cabeza una bala de un cañón. Los campesinos lo veían cabalgar en la oscuridad de la noche, buscándola. Se le conocía como el Jinete Descabezado.

Un año fatal llegó al pueblo un maestro de Connecticut llamado Ichabod Crane. Era alto y flaco, con los hombros estrechos y unas manos que le colgaban un palmo de las bocamangas, y unos pies que más parecían palas que otras cosas. Tenía la cabeza pequeña, las orejas enormes, el cuello flaco y una nariz larga y ganchuda como un pico. Viéndole a lo lejos un día de viento, con las ropas tremolando, podría creerse que se trataba de un espantapájaros.

Cada semana Ichabod se alojaba en casa de una familia diferente. A cambio de cama y comida hacía trabajos caseros y contaba historias. Las que más le gustaba contar eran las que se referían a fantasmas y brujas. Después de la escuela, se tumbaba sobre la hierba y leía relatos monstruosos de ésos hasta que se ponía el sol.

Luego, al atravesar el bosque de regreso a su casa de turno, se le disparaba la imaginación. En la oscuridad creciente, cada susurro de hojas se convertía en un espíritu que le acechaba furtivamente; cada luciérnaga, en un ojo de demonio. Para Ichabod, los graznidos y los gorjeos eran chillidos de almas en pena. No se atrevía a mirar hacia atrás por miedo a lo que  pudiera estar acercándosele.

Para ahuyentar tales pensamientos, Ichabod entonaba salmos, que se difundían en el aire de la Hondanada Dormida.

A la gente le gustaba tanto su modo de contar que decidió que les diese lecciones. Su alumna favorita era Katrina van Tassel, hija de un riquísimo granjero. Era una joven de dieciocho años, de mejillas sonrosadas y modales encantadores. Ichabod imaginaba lo maravilloso que sería tenerla por esposa, y lo doblemente maravilloso que podía ser heredar la hermosa propiedad de su padre.

Pero no era Ichabod el único admirador de Katrina. La dama recibía también las solicitudes de un hombre recio y fornido llamado Brom Bones. Brom era el héroe del lugar. Tosco y amable, era siempre el principal responsable y protagonista de todas las bromas y jaleos. A él y a su pandilla de cuatro amigos se les podía oír pasar por delante de las casas, cantando  y vociferando en mitad de la noche. Los vecinos miraban a Brom con miedo y admiración.

Cuando llegaba Brom Bones, la mayoría de los hombres se retiraban. Ichabod Crane no. Ichabod estaba enamorado de Katrina y recurría a todas las excusas imaginables para  estar con ella.

Brom era demasiado orgulloso para atacar directamente a Ichabod. En vez de eso, le hacía blanco de numerosas bromas. Unas veces le taponaba la chimenea de la escuela, de manera que se le llenaba de humo. Otras le ponía los muebles patas arriba. El pobre maestro empezó a pensar que se habían reunido allí todas las brujas de la región.

Así siguieron las cosas durante un tiempo. Luego, un buen día, Ichabod recibió del padre de katrina una invitación a la fiesta que iba a dar en su casa. Esa tarde Ichabod tardó en acicalarse una hora más de lo acostumbrado. Cepilló su único traje para la ocasión. Incluso pidió prestado un caballo a fin de acudir a la fiesta como una persona distinguida. No le importaba que el tal caballo fuera un jamelgo desgalichado.

Ichabod llegó a la fiesta al atardecer, cuando la mansión van Tassel rebosaba de comida, música y jolgorio. Ichabod y Katrina bailaron mientras Brom Bones permanecía sentado en un rincón.

Después del baile, Ichabod se mezcló con los demás invitados. Se unió a un grupo que intercambiaba maravillosas y extrañas consejas sobre la Hondanada Dormida. Naturalmente, el tema favorito era el del Jinete Descabezado. Lo habían visto hacía poco rondando por el campo. Se decía que ataba el caballo entre las sepulturas del cementerio de la vieja iglesia.

Y es que el aislamiento en que se encuentra la pequeña y encalada iglesia parece haberla convertido en un lugar muy a propósito para ser frecuentado por atormentados espectros. La iglesia se levanta sobre una pequeña loma en medio del bosque, y de ella desciende un camino que conduce hasta un rápido riachuelo. Un viejo puente de madera salva este río por su parte más oscura y profunda, tanto el camino como el puente están cubiertos por las sombras espesas de los árboles, si de día ofrece el puente un aspecto sombrío, de noche resulta por completo tenebroso. Este era naturalmente, el lugar favorito del jinete sin cabeza.

Un viejo que no creía en absoluto en los fantasmas contó como un día fue detrás del jinete, hasta que llegaron ambos al puente. Una vez allí, de repente, el jinete se transformó en esqueleto, arrojó al viejo al río y salió disparado por encima de los árboles, acompañado del estallido de un trueno.

Brom Bones, que siempre tenía una historia que superaba a las demás, contó cómo había desafiado al jinete a una carrera por un tazón de ponche. Brom había ido delante todo el tiempo, pero cuando los dos participantes se acercaron a la iglesia, el jinete se desvaneció en el aire como por ensalmo.

Eran las doce de la noche, hora mágica, cuando Ichabod emprendió sólo el regreso a Tarry Town. La oscuridad era cada vez mayor. A su cerebro acudían todas las historias de fantasmas y duendes que acababa de escuchar.

En el centro del camino había un árbol enorme. Descollaba como un gigante por encima de todos los demás. Sus ramas fantásticas y nudosas se doblaban casi hasta el suelo, y luego se curvaban hacía arriba otra vez.

Cuando Ichabod se acercó a este árbol tremendo, se puso a silbar. Le dio la impresión de que contestaba a su silbido. Pero no: era sólo la brisa entre las ramas secas. Al acercarse más, le pareció ver algo fantasmal colgando en el centro del árbol: pero era sólo una cicatriz del tronco causada por un rayo. Y entonces oyó un gemido. Le castañearon los dientes y apretó la rodilla contra la silla del caballo. Pero sólo se trataba de dos pequeñas ramas que se restregaron una contra otra al pasar él.

Dejó el árbol atrás sin percance. Pero nuevos peligros le aguardaban.

Había recorrido Ichabod un pequeño trecho, cuando su fino oído captó un levísimo ruido. En una sombra espeja junto al camino, vio una silueta enorme, negra, destacada. No se movía, pero parecía un monstruo gigantesco a punto de saltar.

Ichabod sintió que se le erizaban los cabellos. Era demasiado tarde para dar media vuelta y echar a correr. Así que empezó a entonar salmos. En ese instante, la silueta oscura echó a andar también.

En la oscuridad, Ichabod vio que parecía una persona montada sobre un poderoso caballo negro. El desconocido se situó junto a Ichabod, y adoptó su paso.

El mutismo del desconocido era insoportable. Ichabod intentó reanudar su salmodia, pero tenía la boca seca de miedo. El acompañanate seguía a su lado. Ichabod fingió no ver al desconocido.

Al poco rato llegaron a lo alto de una cuesta, donde daba la luna. Entonces comprobó Ichabod que su acompañante tenía un estatua descomunal, y que iba envuelto en una capa. ¡El terror le heló la sangre al descubrir que no tenía cabeza!¡Es decir, en vez de tenerla sobre los hombros, la llevaba sobre la silla!

No pudiendo resistirlo más, ichabod aguijó al caballo con la esperanza de dar esquinazo a su compañero, pero el fantasma siguió al galope tras él.

Allí corrían desalados, haciendo saltar piedras y chispas a cada golpe de herradura. En sus ansias por huir, Ichabod estiraba su cuerpo largo y flaco por encima de la cabeza del caballo.

Llegaron al camino que bajaba hacia la Hondonada dormida; y entonces, de repente, el caballo de Ichabod torció y llevó al aterrado maestro al puente sombrío que daba acceso a la iglesia encalada.

Todavía le seguía el jinete, y se acercaba cada vez más. Cuando Ichabod se encontraba a mitad del camino de la Hondonada se rompieron las cinchas de su silla, y pudo notar como la silla se resbalaba del lomo del caballo. Trato de sujetarla por el pomo, pero fue en vano. Se salvó abrazándose al caballo en el momento en que la silla caía al suelo, y al instante oyó como la pisaba el caballo del jinete sin cabeza.

Ichabod se agarraba al cuello del caballo con desesperación. Era todo lo que podía hacer para sostenerse. Un claro en los árboles le reveló que el puente de la iglesia estaba ya cerca.

<< ¡Ahí es donde desaparece el jinete!>>, pensó Ichabod. << Si consigo llegar al puente, estoy salvado!>>.

Y en ese instante oyó al corcel negro jadeando y resoplando detrás. Incluso le pareció notar su caliente aliento en el cogote. Otra patada en las costillas, y su viejo jamelgo saltó al puente. Atronaron las pezuñas sobre las tablas, y en menos que canta un gallo Ichabod se hallaba al otro lado del puente.

Ahora Ichabod se atrevió a volverse para ver si el jinete sin cabeza se desvanecía con una llamarada como decían. Pero en vez de eso, vio que el monstruo se enderezaba sobre los estribos y le arrojaba la cabeza. Ichabod intentó esquivar aquel horrible objeto, aunque demasiado tarde: le golpeó en su propia cabeza con horrendo chasquido, y cayó al polvo al tiempo que el corcel negro y su jinete fantasma pasaban como un torbellino.

En el pueblo no volvieron a ver nunca más a Ichabod. Todo lo que quedó, como testimonio de lo ocurrido, fueron unas profundas huellas de herradura en el camino, el sombrero de Ichabod y, al lado, una calabaza aplastada.

Algún tiempo después de la desaparición de Ichabod se casaron Brom Bones y Katrina van Tassel. Y cada vez que alguien hablaba de la extraña desaparición de Ichabod, una expresión de satisfacción asomaba al semblante de Brom. Siempre soltaba una risotada cuando oía mencionar la calabaza. Algunos sospechaban que sabía bastante más del asunto de lo que estaba dispuesto a decir.

Argumento

1. ¿Cómo es el lugar conocido como la Hondanada Dormida y cómo son sus gentes? ¿En qué consiste la leyenda del Jinete Descabezado?

2. Tanto el maestro del pueblo como Brom Bones, un rudo hombretón, están enamorados de Katrina van Tassel. ¿Por qué el valiente Brom no se enfrenta directamente a Ichabod? ¿Qué bromas le gasta Brom a Ichabod?

3. Un día, Ichabod asiste a una fiesta en casa de Katrina y baila con ella mientras Brom los observa. ¿Cuál es el principal tema de conversación del grupo al que se une Ichabod? ¿Qué historia cuenta Brom?

4. Ichabod emprende sólo el regreso a Tarry Town. Pero el maestro tiene una imaginación desbordada. ¿Cómo transforma su imaginación un árbol muy grande del camino? ¿Cómo actúa Ichabod ante el jinete del caballo negro? ¿Qué hace Ichabod cuando descubre que su mudo acompañante carece de cabeza? ¿Qué le arroja el jinete a Ichabod y qué cree el maestro que le han tirado?

Comentario

1. El maestro Ichabod Crane es un curioso personaje. Aunque le gusta contar historias de brujas y fantasmas, paradójicamente pasa mucho miedo cuando tiene que atravesar el bosque cercano al pueblo. ¿Por qué tiene tanto miedo a viajar de noche? ¿Cómo intenta evitar el miedo?

2. Brom, para quitarse de en medio a su rival en el amor, decide gastarle la última broma. ¿Por qué crees que en la fiesta Brom cuenta una historia sobre el Jinete Descabezado? En realidad, ¿quién es el jinete que luego persigue a Ichabod?

3. Brom Bones acaba casándose con Katrina van Tassel. ¿Por qué se ríe Brom cuando la gente se pregunta por la desaparición de Ichabod? ¿Qué sabe Brom sobre ese asunto? ¿Crees que si ichabod no tuviera tanto miedo y una imaginación tan desbordada habría huido del pueblo? ¿Te parece correcta la manera de actuar de Brom para conseguir el amor de Katrina?

Expresión

1. En el cuento se trazan retratos de Ichabod, Katrina van Tassel y Brom Bones. En un retrato, el autor describe el físico y la manera de ser del personaje. ¿Cómo es cada uno de los personajes? Compara los diferentes retratos y di en qué se parecen y en qué se diferencian.

2. La descripción que se hace de Ichabod se llama caricatura porque exagera y ridiculiza rasgos de su apariencia física y aspectos de su personalidad, cómo la imaginación y el miedo. ¿Qué rasgos físicos exagera? ¿Por qué crees que el autor lo hace? Invéntate y escribe una caricatura de Brom Bones.

3. El autor relaciona el estado de ánimo de Ichabod (el miedo) con el paisaje (el bosque), con la realidad. El miedo que siente el personaje le hace ver y oír que no hay. Escribe una situación parecida, donde un personaje transforme la realidad en algo que le asuste, por ejemplo, un niño que antes de dormir piensa que los juguetes o los árboles y plantas del jardín tienen vida propia y comienzan a moverse.

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