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Reglas de acentuación

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-Dispárale, Sirio- gritó- Yo no puedo hacer nada…

El monstruo alzó una de sus zarpas y la descargó sobre su atacante, tirándola al suelo y colocándose sobre ella. Durante unos instantes, Dahud se debatió inútilmente, tratando de liberarse. Se oyeron varios disparos, cuyos fogonazos  iluminaron como relámpagos el techo de la caverna. Sin embargo, la férrea presión del monstruo sobre la cintura de Dahud no se debilitó. Con un escalofrío de espanto, la joven oyó brotar de la ansiosa boca de la bestia un estridente cacareo que recordaba una carcajada. Una vez más, concentrando toda su energía en sus manos, trató de desprenderse de la garra que amenazaba con asfixiarla.

-A la bóveda- exclamó, tan alto como se lo permitían sus escasas fuerzas-. Siro, dispara a la roca de la bóveda

El secreto de If, Ana Alonso y Javier Pelegrin. Ed. SM

 

 

Así dijo, y enseguida apareció Eos, la del trono dorado. Me vistió de túnica y manto y ella, la ninfa, se puso una túnica grande, sutil y agradable, echó un hermoso ceñidor de oro a su cintura y sobre su cabeza puso un velo. Entonces recorrí el palacio, apremiando a mis compañeros con suaves palabras, poniéndome al lado de cada hombre:

“Ya no durmáis más tiempo con dulce sueño; marchémonos, que la soberana Circe me ha revelado todo”.

Así dije, y su valeroso ánimo se dejó persuadir. Pero ni siquiera de allí pude llevarme sanos y salvos a mis compañeros. Había un tal Elpenor, el más joven de todos, no muy brillante en la guerra ni muy dotado de mientes, que, por buscar la fresca, borracho como estaba, se había echado a dormir en el sagrado palacio de Circe, lejos de los compañeros. Cuando oyó el ruido y el tumulto, se levantó de repente y no reparó en volver para bajar la larga escalera, sino que cayó justo desde el techo. Se le quebraron las vértebras del cuello y su alma bajo al Hades:

Cuando se acercaron los demás les dije mi palabra:

Seguramente pensáis que ya marchamos a casa, a la querida patria, pero Circe me ha indicado otro viaje a las mansiones del Hades y la terrible Perséfone para pedir oráculo al tebano Tiresias.

Así dije, y el corazón se les quebró, sentáronse de nuevo a llorar y se mesaban los cabellos. Pero nada consiguieron con lamentarse.

La Odisea, Homero. Ed. Cátedra.

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Comentarios Reglas de acentuación

Pues a mí, el sólo y el solo me traen loca perdía. Pufff con los acentos, ¿quién los inventaría? :-)
Se acentúa cuando  es adverbio y puede sustituirse por todavía.
Ejemplo: Sólo te lo prestaré a ti.
No se acentúa cuando es adjetivo: Está solo en casa.
 Espero que te haya quedado claro, mi querida amiga.
Un beso gigante.
Gracias Aghata nos viene bien estas lecciones de acentos gràficos.
besos y feliz inicio de semana 
Maggie 

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