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Redacciones: 1º C

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¡Animáos, Chicos! ¡Creatividad!

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Era 23 de abril de Julio cuando un grupo de amigos decidieron ir de excursión al bosque. Se adentraron en la naturaleza e iban caminando cuando vieron a lo lejos una casa que parecía estar abandonada. La casa estaba junto a un árbol exageradamente ancho. En una de las ramas, la más resistente, se hallaba un columpio.
Uno de los niños propuso ir a verla, todos lo siguieron excepto Ana, que era la única chica del grupo que parecía asustada.
Como todos querían entrar menos Ana, decidieron que ella se quedaría fuera, en el columpio mientras el resto del grupo echarían un vistazo y saldrían enseguida; sin embargo, nada salió como ellos esperaban.
En cuanto entraron, la puerta se cerró de un portazo. Ana desde fuera intentó abrirla, pero no podía. Los chicos también lo intentaron sin conseguirlo. De pronto escucharon pasos y voces. Se oían lejos, pero poco a poco se iban aproximando.
En un instante, la luz se encendió sola; horrorizados, vieron que las paredes estaban llenas de arañazos. Ana, por su parte, no desistía en su intención de abrir la puerta para que sus amigos saliesen. La golpeaba con unas ramas que había cogido del árbol gigante.
Fue en ese momento cuando descubrió que el columpio se balanceaba solo. Aterrorizada, se echó a llorar, mientras gritaba con todas sus fuerzas, esperando que alguien la escuchase. Sus amigos, que la oían desde dentro, estaban desesperados.
La oían gritar y llorar desconsoladamente. Uno de los chicos cogió carrerilla y se lanzó contra la puerta, consiguiendo finalmente abrirla. Así que salieron de aquella casa. Al principio creyeron que su amiga había desaparecido ya que no la veían por ninguna parte. Fue la mejor amiga de Ana la que, al levantar la vista, la vio. Estaba en lo más alto del árbol y sus ojos eran extrañamente negros, tan negros como la pez. Estaba a punto de tirarse al vacío.
Todos intentaron convencerla para que no lo hiciera. No pudieron impedirlo. La chica no les hizo caso y se lanzó al vacío. Afortunadamente cayó encima de unas plantas, que amortiguaron la caída y sólo se rompió dos costillas.
Los chicos fueron a ayudarla y se dieron cuenta de que allí no había nadie. Ana estaba junto a las motos de la entrada del bosque, esperando a sus amigos que tardaron bastante en verla, pues la buscaban por los alrededores de la caída, sin comprender qué había sucedido.
Finalmente la vieron y pudieron abrazarla. Todos querían saber cómo había llegado hasta las motos. Ella les contestó que no se había movido de allí.
Entonces, ¿quién los había ayudado? ¿Quién era la chica de ojos, como la pez, que se había lanzado al vacío? ¿A quién pertenecía ese árbol extrañamente ancho que tanto les había llamado la atención?

Lucía Victoria Rodríguez.

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