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Realismo: Características generales.

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Características del Realismo:

Los conceptos básicos que definen la estética realista ya fueron postulados por Aristóteles cuando menciona la mímesis (imitación de la realidad) y la verosimilitud (referir sucesos que podrían haber acecido realmente).

El realismo es pues un movimiento literario que aparece en la segunda mitad del siglo XIX y que se manifiesta sobre todo en el género narrativo. Como movimiento se caracteriza por el rechazo al idealismo romántico que será sustituido por un arte inspirado en la naturaleza entendida como realidad en la que unos seres humanos se mueven en un entorno determinado. En cierto sentido deriva del costumbrismo romántico. Autores que se sitúan en la diáspora serían Fernán Caballero o Pedro Antonio de Alarcón, en cuyas tramas narrativas van apareciendo diversos cuadros vivos de costumbres. La novela realista alcanzó su apogeo en los años ochenta, influenciada por la tradición novelística española de los siglos XVI y XVII (Cervantes y la picaresca) y también, por supuesto, por los autores franceses en boga del momento (Zola, Flaubert).

Se caracteriza por el análisis objetivo de situaciones y personajes frente al subjetivismo romántico. El escritor aplica el método científico al estudio de la realidad: observación, descripción y clasificación de situaciones y personajes que intentan conferir unas leyes generales sobre las reglas inquebrantables que rigen los comportamientos humanos. Su voluntad ética reside en la idea de que el arte es un medio veraz, una plataforma donde poder denunciar las injusticias y desigualdades humanas.

Se centra en una clase social dominante, la burguesía, clase social con la que se identifica y que además se convierte en su asiduo público lector.

Los temas se extraen de la realidad cotidiana, por lo que se prescinde de                 la imaginación y la fantasía. La novela plantea los conflictos entre el individuo y      la sociedad; son conflictos mayoritariamente ideológicos, pero a su vez fehacientemente marcados por los problemas laborales que deben asumir las clases sociales pobres. El mundo interior del individuo y sus procesos psicológicos (como la falta de integración social, las enfermedades, la melancolía asociada a la locura y la pasión insatisfecha), aparecen retratados detenidamente. También son frecuentes conflictos provocados por la necesidad de dinero y los conflictos conyugales debido al ostracismo social que asfixia las aspiraciones de las mujeres, provocando su evasión.

Punto de vista de la narración: Es un narrador omnisciente que actúa como cronista (puesto que conoce minuciosamente la realidad externa) y a la vez es un demiurgo (porque es capaz de mostrarnos el mundo interior de los personajes). A veces el narrador se convierte en un autor implícito ya que intenta orienta al lector para que sepa reconocer la sicología de los personajes, o bien, muestra la ideología de la que parte.

El tiempo de la narración es el coetáneo al autor ( su misma época histórica, no como el romanticismo que se remontaba a épocas pretéritas como la Edad Media).
La novela está íntimamente ligada a su público. Es la época del desarrollo industrial, lo que supone el desarrollo concomitante de la burguesía. Esto permite la formación de un público lector que, cansado de aventuras románticas, demanda temas que reflejen su entorno y personajes con los que pueda identificarse.


La novela realista tiene como telón de fondo la sociedad y los conflictos políticos, económicos y sociales; por ejemplo, el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado, las luchas sociales y los sistemas políticos (la Revolución del 68, la Primera República y la Restauración monárquica). En la trama se inmiscuyen acontecimientos históricos documentados y ficcionales.

Por otra parte, el compromiso del autor es patente y de ahí el carácter didáctico de muchas de estas historias. De hecho en muchas historias los autores defienden sus posiciones ideológicas, sean conservadoras o liberales, son las llamadas novelas de tesis. El tiempo interno abarca unos cuantos años cruciales en la vida de un personaje. Suele comenzar in media res, partiendo de un conflicto. Después, realiza una retrospección para resumir el pasado del personaje y, a continuación, retoma el conflicto inicial, en busca de una posible solución que muchas veces no existe porque el protagonista es incapaz de adaptarse al medio en el que vive.
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El espacio es realista, verosímil y aparece descrito minuciosamente. Predominan los espacios urbanos, que es donde vive la burguesía y el proletariado, esos centros urbanos donde se fragua el progreso. En ocasiones nos describe entornos rurales, aunque muchas veces estos entornos son vistos desde un prisma negativo, ya que nos muestran ambientes apegados a las tradiciones e incapaces de asumir el evolucionismo.


También suelen describirse escenarios interiores (casas, fábricas…), para dotar de realidad y mostrar la relación implícita que subyace entre el individuo y su medio. En el naturalismo estos ambientes se recrudecen, son espacios sórdidos y miserables que abogan al fatalismo y conducen a la miseria, no sólo física, sino en ocasiones también moral del personaje.

Los personajes evolucionan, condicionados por las circunstancias. Junto a ellos aparecen toda una nómina de personajes planos, trazados esquemáticamente, que sirven para obstaculizar o que, en cambio, se transforman en ayudantes, en hacedores de sus deseos y motivaciones. Así encontramos un nutrido número de personajes afín a la realidad de la época (burgueses, funcionarios, comerciantes, obreros, criadas, religiosos, seductores). La nomina nos muestra una visión variopinta pero fiel de la realidad.

La caracterización del personaje se ofrece a través del retrato físico y moral que presenta el narrador, los diálogos, los monólogos, el lenguaje, etc. Son frecuentes el uso de técnicas novedosas como el estilo indirecto libre y el monólogo interior.

El lenguaje que se utiliza es un lenguaje coloquial, ya que retrata cómo hablan los personajes. No obstante se torna más culto y sutil para reflejar la atmósfera social o el ambiente.

El naturalismo, por su parte, supone un recrudecimiento del realismo y esboza una tétrica visión de los personajes influenciados por medio social y biológico que los asfixia, impidiéndoles evolucionar.


Los personajes, condicionados por su herencia genética (enfermos, tarados, locos) o por su medio social (alcohólicos, prostitutas, miserables), son incapaces de salir de su ambiente marginal. Al determinismo de los seres humanos (herencia, medio, selección natural), se suma una concepción materialista en la que los instintos condicionan las conductas del personajes. En el plano ideológico se denuncian ciertos aspectos sociales (hipocresía, corrupción política, explotación).

El escritor experimenta con los personajes, como si estuviera estudiándolos en un laboratorio científico, con la finalidad de constatar que su comportamiento está indisolublemente unido a la herencia y el medio.
Las técnicas utilizadas son parecidas a las del Realismo, de hecho se trata de una especie de realismo extremo. Los naturalistas practican un objetivismo basado en la observación y la documentación para describir ambientes, espacios y personajes. De ahí la presentación de tipos individuales dominados por <<el temperamento>> y el <<medio>>. El lenguaje y el estilo son sencillos y expresivos, con abundancia de léxico científico y vocablos de diferentes jergas.

Sin embargo, en España el naturalismo no llegó a cuajar y produjo personajes menos crudos, aunque no por ello, exentos del germen de inmundicia que había instigado su creador, el escritor francés, Emile Zola.

 

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