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Raquel, Isabel-Clara Simó: Textos para talleres literarios

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Te presentamos este fragmento duro Perteneciente a la novela Raquel de Isabel-Clara Simó. En ella, la protagonista, una estudiante de Barcelonesa de COU, escribe en su diario acerca de la muerte (por cáncer) de Montse, su mejor amiga. Reflesiona en él sobre los sentimientos que le provocan este hecho  incomprensible. Evidentemente la joven se siente trastocada,  ida y es por eso que no quiere aceptar la ceremonia religiosa. Se rebela, porque siente que, aunque su amiga ya no sufre, es una crueldad su muerte; cuando aún está, ¡en la flor de la vida! Es un texto con que el seguramente te sentirás identificada / o.  puesto que ese  dolor  fluye del corazón,  y que no te resultará difícl entender.

 Te proponemos que escribas una continuación ... que dejes fluir tus sentimientos, que vuelvas a trazar los recuerdos de los momentos vividos en común y  que os pertenecen. Deja que cobren vida los secretos que  intercambiaste con ella,  deja que salga lo que escondía su corazón, aunque ya no te pertenezca. Una chica normal, con sus sueños, sus manías, sus defectos y virtudes, como cualquier otra, cuya vida se ha truncado desgraciadamente por ese cáncer que no puede arrebatarte lo vivido, pero si te ha arrebatado  su sonrisa, el bálsamo de su compañía.

Montse ha muerto.

Murió ayer. Esta mañana a las doce, la han enterrado. Yo he ido una clase, como todos los días Y después he quedado con mamá en Sancho de Ávila. Estaba en clase como narcotizada. Pero, a la hora del recreo, la tutora ha venido y nos ha dicho si queríamos ir todos juntos al entierro de Montse. Ha sido muy fuerte, porque no sólo ha querido ir nuestro COU, el de Montse, sino todos los COUS del  instituto, profesores incluidos. Todos en masa. Yo he pensado que mucha gente aprovecharía para irse a casa y ahorrarse las clases, pero qué va: todo el mundo, o al menos la mayoría, ha acudido, incluso los que no la conocían de nada. Éramos una multitud impresionante. En Sancho de Ávila no cabíamos todos, y hemos ocupado todo el pasillo, toda la entrada y toda la explanada de fuera.

Yo estaba entre todos, como aturdida. Pero mamá me ha encontrado y me ha llevado cogida por los hombros, una empujones entre la gente, hasta el primer banco de la capilla, donde estaba La familia. La madre de Montse me ha mirado y me ha sonreído, con unos ojos llenos de tristeza. Había muchos parientes a los que no  conocía. Y, en medio, estaban el ataúd y el cura diciendo chorradas. Luego el cura ha leído algo que no tengo ni idea de qué era, pero que era precioso, y me ha parecido que los rituales religiosos si tienen algún sentido. Un sentido tribal, si queremos, pero alguna especie de sentido. Al menos han conseguido reunir  a aqeuella muchedumbre alrededor de un féretro que contiene los restos de mi amiga.

He pensado en ella y en si le hubiera gustado que todo el instituto estuviese allí, apretado y sudando. Y he pensado que ya no sufre. Que la muerte es tambien un descanso. Pero entonces me he dado cuenta de que no era yo quien pensaba esas cosas, sino el cura quien las decía. Y me he rebelado interiormente: ¡todo eso eran sólo palabras! ¡Tenía dieciocho años y muchos más podia vivir! ¡Es una injusticia y una crueldad! Y si existe un dios, es un dios que se recrea haciendo sufrir a sus criaturas. Sí, claro, ha dejado de sufrir. Pero también ha dejado de disfrutar. Ya no la veré nunca más. Nunca más. Siento una profunda rabia, y hubiera escupido a la cara del cura, con sus estúpidas esperanzas de vida eterna. ¡Es esta  vida la que queremos! No queremos promesas, ¡queremos vivir! La religión es, simplemente una exaltación de la muerte. Y Montse no ha podido vivir. Que ahora me vengan con que era tan buena persona,  tan generosa l y a alegría de su familia y de tus amigos me da asco. Era una tía normal. Con ilusiones, con días buenos y malos ... una chica normal. Una chica que vivia y ahora ya no vive. La vida es un engaño.

No he llorado. No. Montse, no lo he hecho. No se por qué pero siento que te lo debía. Y su madre tampoco. Al acabar la ceremonia, nos hemos mirado, ella y yo, un momento. Y nos hemos comprendido: las dos nos partíamos satisfechas por no haber llorado.  Una ceremonia tribal puede tener  un sentido, pero los sentimientos íntimos son  íntimos e intrasferibles.  Son privados. Las lágrimas auténticas  no pueden no ser el adorno de una ceremonia.

He llegado a casa como sonámbula. Me he tendido en la cama y he dejado mi mente en blanco.

Y entonces sí. Entonces te he llorado. Desde el fondo de mi corazón, Montse.

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Comentarios Raquel, Isabel-Clara Simó: Textos para talleres literarios

si se pierde algo duele el corazon es la rebeldia de mirar al cielo no quieres palabras que das desespero dentro de tu alma que sacas lo fiero  no quieres palabras
Es verdad Lucia, no quieres palabras, ni consuelo, quieres que vuelva la persona que desaparecio, aquella a la que cercenaron su vida, en pedazos. Pero la vida, loca, loca, loca, no atiende de edades, ni de sentimientos o seres queridos, todo se esfuma.
no se...
ola ola 14/12/2009 a las 21:27

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