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La raposa y el cuervo, Arcipreste de Hita

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La raposa y el cuervo   Arcipreste de Hita

Un día la raposa, con gran apetito andaba,

cuando vio a un cuervo negro que en un árbol se hallaba:

un gran pedazo de queso en la boca llevaba,

ella con su lisonja, muy bien lo saludaba.

 

<<¡Oh cuervo tan apuesto, del cisne eres pariente

con blancura y donaire, hermoso, reluciente;

mejor que cualquier ave cantas, más dulcemente,

si un cantar tú dijeres, valdría como veinte.

 

Mejor que la calandria, mejor que el papagayo,

mejor gritas que el tordo, el ruiseñor y el gallo,

si cantases ahora, todo el peso que traigo

me quitarías presto, más que cualquier ensayo>>.

 

Creyose, pues, el cuervo que su buen gorjear

placía a todo el mundo más que cualquier cantar,

creía que su lengua y su mucho graznar

alegraba a las gentes más que cualquier juglar.

 

Comenzó así a cantar y su canto a ejercer,

y el queso de su boca se le llegó a caer;

la raposa en el acto, se lo vino a comer;

el cuervo, por el daño, se hubo de entristecer.

 

Falso honor, vanagloria, reír de modo falso

dan pesar y tristeza y daño, sin retraso,

muchos piensan que guarda el viñador el paso,

pero es un munequillo puesto sobre el cadalso.

 

Raposa: zorra.

Lisonja: alabanza.

Vanagloria: orgullo excesivo de uno mismo, jactancia.

Munequillo: espantapájaros.

Cadalso: lugar donde se ajusticiaba a los condenados a muerte.

 

El Arcipreste recoge aquí una vieja fábula, que aparece en diversos textos medievales, por ejemplo, en El conde Lucanor.

Es evidente que la narración pretende transmitirnos una enseñanza. En este caso, los personajes son animales, como en las fábulas de la Antigüedad, a los que se les identificaba con cualidades humanas: aquí, la raposa es inteligente, mientras que el ciervo es un mentecato, incapaz de darse cuenta de  la verdad: la raposa apela a su vanagloria para arrebatarle la comida.  El texto tiene una doble finalidad: por una parte, nos divierte o entretiene con la historia; por otra, nos adoctrina, gracias a la moraleja: quienes aceptan las falsas lisonjas, pueden perder sus haberes, se convierte en un pele, un pobre incauto.

El Arcipreste reelabora la fábula con inteligencia: el artículo determinado, nos indica que los personajes son prototipos o estereotipos, que ya poseen unos rasgos estipulados por la tradición. Son personificaciones de actitudes que pueden reconocerse fácilmente en el ser humano: la astucia y la presunción o arrogancia.

El texto, escrito en verso, utiliza la cuaderna vía prescriptiva del Mester de Clerecía, es decir, cuatro versos alejandrinos con rima consonante. El lenguaje es sencillo, ya que se pretende que la fábula sea entendida fácilmente, de manera que pueda seguir el hilo del argumento. En el fragmento encontramos algunos recursos literarios, fácilmente comprensibles, como la comparación o la enumeración, con los que la raposa expresa sus halagos y que se adecúan a la perfección con la naturaleza del relato: Mejor que la calandria, mejor que el papagayo,/ mejor gritas que el tordo, el ruiseñor y el gallo.

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