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Ponte en mi lugar: "Un viaje inesperado"

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Un viaje inesperado.
Era un viernes de buena mañana, cuando Raúl, un chico normal como todo el mundo, que trabajaba, comía y dormía se levantó después de una agitada noche en la que había tenido pesadillas. Se sentía inexplicablemente mareado y, al levantarse, solo veía tierra y más tierra. Como estaba asustando intentó salir de ese lugar.
Empezó a caminar, pero lo que tenía delante de él era un pasillo interminable, un pasillo que lo llevaba a otro pasillo y éste a otros tres más.
Cuando llevaba un tiempo caminando vio un rayo de sol que entraba por el agujero, así que se dirigió hacía allí con la esperanza de poder abandonar el lugar. Finalmente lo logró pero, al salir fuera, notó los rayos de sol con tanta intensidad, como si hubiera estado encerrado durante mucho tiempo.
Al salir contempló la gran espesura, cualquiera diría que la hierba no había sido podada en mucho tiempo. Tanta maleza había que apenas podía ver lo que había a su alrededor. No obstante, siguió caminando hasta que divisó una mansión, tan grande, como siete mansiones. Nunca había visto una casa como esa.
Empezó a subir por unas escaleras gigantes y entonces descubrió que era ágil escalando, una habilidad que desconocía. Pronto se topó con una puerta gigantesca, muy alargada y, al atravesarla, descubrió un espejo que parecía un edificio.
En cuanto vio su reflejo en el cristal, se desmayó. ¡¡¡Era una hormiga!!!
Al levantarse tenía un hambre tremenda, así que se fue a la cocina, no sin antes tener que atravesar demasiados obstáculos. Casi se pierde en una selva de lana y pensó que era la alfombra. Después tuvo que vérselas con un perro gigante, el perro del vecino que era un chihuahua con muy mala leche. Al final pudo llegar al armario y lo que vio le pareció un manjar propio de la cena de un rey. Había de todo y era enorme.
Se quedó toda la noche en el armario y, al despertarse a la mañana siguiente se dio cuenta de que volvía a estar en su cama, todo había vuelto a la normalidad.
Al darse cuenta de que la vida de una hormiga era muy dura, decidió poner su granito de arena, para ayudar a las que bien pudieran haber sido sus compañeras de aventura. Así que todos los día se aproximaba a su madriguera y les dejaba algo de comida.
Un día un amigo suyo le preguntó:
-¿Dónde has estados estos días?
Y él, enigmáticamente y con una media sonrisa, le respondió:
-De viaje.
Hamlet, primero B

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